El soufflé nacional

Ignacio Martínez | 25 de septiembre de 2012 a las 11:25

España era una amable macedonia y ahora es un violento soufflé. Era una ensalada de frutas desigual, en cuyo diseño se cometieron muchos errores. De alguno se habla poco: por ejemplo del concierto vasco o del convenio navarro, cuya continuidad aseguraba hace escasas fechas el secretario de Estado Beteta en Bilbao. Error su inclusión como disposición adicional primera de la Constitución y mayor aún el cálculo del cupo. De otros errores ni se habla. ¿Necesitábamos 17 comunidades autónomas? ¿Cantabria o Rioja, el puerto de Castilla y la cuna de la lengua castellana tenían que convertirse en unidades de gasto, con parlamento, tribunal de justicia, defensor del pueblo, etcétera, con 300.000 habitantes?

Pero no se hace una revisión crítica de cómo hicimos la macedonia. Estamos en la fase de inflar el buche, de sacar pecho. Oímos bienintencionadas ideas, como las del presidente andaluz: consenso, sentirnos cómodos, proyecto compartido o igualdad en la diversidad, que suenan desfasadas porque Cataluña ya ha roto el consenso constitucional. El soufflé empezó con la reforma del Estatut. Primero Zapatero dijo que aprobaría cualquier cosa que mandara Cataluña. Después los hermanos Maragall y compañía hicieron un Estatut maximalista. El Congreso no hizo honor al compromiso de ZP, pero dejó un texto razonable. Entonces el PP aportó su granito de arena a los despropósitos y recurrió el Estatut ante el Tribunal Constitucional. El TC planchó algunos aspectos simbólicos para el nacionalismo, que sacaron a la calle a decenas de miles de manifestantes. Y todos cabreados.

Empezamos esta etapa conflictiva con una crisis económica interminable: antes de dos años no remontará la economía. Con una inestabilidad política superlativa y la clase política sumida en el desprestigio. Y Cataluña apunta en todas direcciones. El domingo en La Vanguardia, Enric Juliana, disparaba contra los privilegios de vascos y navarros: “como consecuencia del armisticio de las guerras carlistas del siglo XIX, el País Vasco y Navarra, hoy las dos comunidades más ricas de España, no aportan nada a la caja común, mientras el resto del país se pelea a grito pelado sobre el reparto de los esfuerzos”. Hay muchas maneras de calcular las balanzas fiscales, pero en la mayoría el saldo vasco y navarro es positivo. Están subvencionadas por las otras regiones.

El presidente andaluz debe pronunciarse sobre el concierto vasco, y sobre qué estaría dispuesto a ceder a Cataluña, si está dispuesto a ceder algo en su federalismo cooperativo. Pero llegó a presidente del PSOE después de apoyar a Carme Chacón en el congreso de su partido. Y Chacón y el PSC pidieron un cupo como el vasco en las elecciones de 2008. Insisto, la dualidad de sus responsabilidades resta a Griñán margen y eficacia en la defensa de los intereses generales de Andalucía.

  • scéptika

    La constitución -y sigo sin poner mayús- nació cuando nació y como nació. A su mayoría de edad -en el 96, no estaba el horno para bollos- y sin embargo ya se veía necesaria su reforma. En el 2003, con veinticinco añitos y el pepe con mayoría absoluta, no hubiera sido mal momento para los retoques quirúrgicos que precisara.
    Ahora que va a cumplir treinta y cuatro, como una madre nulípara, se le está pegando el arroz. Todo el mundo coincide en que no es momento de tocarle en los bajos. Y yo discrepo: cuanto antes, mejor. Y si andan las aguas revueltas, qué le vamos a hacer. Peor estaban en el 78.

    Pero va siendo hora de todo deje de estar tan turbio. Faltan testiguillos. (testes, -is: testigo. Aplíquesele el diminutivo).

  • Hispalense

    Dice el articulista:Entonces el PP aportó su granito de arena a los despropósitos y recurrió el Estatut . Discrepo absolutamente, este recurso es lo único sensato que ha hecho el PP en este tema. Ojalá el PP actualmente actuase con autoridad ante Mas y no de la manera pusilánime en que lo está haciendo Rajoy. Por lo demás la “Macedonia” hacía ya mucho tiempo que estaba pasada. Y muchos no queremos ni macedonia, ni soufflé , sino que simplemente queremos fruta. O dicho de otro modo, un estado más centralizado y donde las autonomías, empezando por la andaluza, tengan recortadas sus competencias, por ejemplo en educación.¿O no cree que si las competencias de educación las hubiese conservado el estado no se estaría dando la enseñanza sesgada y antiespañola que se da en Cataluña, el Pais Vasco , e incluso, en menor medida en Galicia y Canarias?