Hugo, Florentino y Cristina: la ocupación del poder

Ignacio Martínez | 1 de octubre de 2012 a las 19:10

Veo en la televisión a Hugo Chávez decir convencido que es imposible que pierda las elecciones presidenciales del domingo en Venezuela. Y comparto su certeza. Un gorila como él no lo consentiría nunca. Puede incluso que tenga planeada la manera, si no lo consigue con los votos. Por si acaso ha advertido que habrá una rebelión popular si gana Capriles. Una declaración de intenciones. Gorila es un americanismo: la cuarta acepción del diccionario de la RAE define así al individuo, casi siempre militar, que toma el poder por la fuerza, según la voz popular en Venezuela.

En 1992 Chávez fracasó en su intento de llegar al poder por la fuerza de las armas, en un golpe contra el presidente Carlos Andrés Pérez. Pasó sólo dos años en prisión por ese delito y fue amnistiado. Así que pudo tranquilamente presentarse a las presidenciales de 1998 y ganarlas. Y aquí está, catorce años después, exportando revolución y petróleo barato a sus amigos, y vendiendo sus reservas de oro para pagar las importaciones. Cuando, por las buenas o por las malas, deje el poder, Venezuela será un país más empobrecido. La demagogia populista es una gasolina que se quema rápido.

La tentación de perpetuarse en el poder no ocurre sólo en política. Sin ir más lejos, el presidente del Real Madrid consiguió ayer que mil compromisarios en representación de los 70.000 socios mayores de edad de su club aprobasen un traje a medida para que nadie le moleste en la próxima elección presidencial. Se vuelve al voto por correo por conducto notarial, con el que Florentino Pérez ganó sus primeras elecciones, que provocó un litigio judicial y acusaciones de fraude; se aumenta de 10 a 20 años la antigüedad de un socio para que pueda ser candidato, y se sube a la friolera de 80 millones de euros (13.300 millones de pesetas) el aval personal para poder optar a la candidatura. Todo hecho en nombre del juego limpio y la conducta ejemplar, para más inri. El poder produce muchos síndromes, pero el más notable son estas ganas de mantenerlo.

La presidenta argentina y su difunto esposo son un ejemplo de profesionalidad en la conquista y permanencia en el poder en la última década. Cristina Fernández de Kirchner, que lleva un año sin conceder ruedas de prensa, se insolentó hace unos días con dos estudiantes de Harvard, venezolano y argentino, que le hicieron preguntas molestas. Insinuó que se las habían dictado malévolos periodistas. La presidenta está en guerra con el grupo de prensa Clarín al que acusa de ejercer un perverso monopolio en su país. Monopolio que no fue malo a sus ojos y los de su cónyuge hasta 2008. Todo cambió cuando empezaron a recibir críticas.

La ocupación del poder tiene este lado oscuro: usar la fuerza, cambiar las normas o silenciar a los críticos. En todas partes cuecen habas.

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