Conmoción y dignidad

Ignacio Martínez | 16 de diciembre de 2012 a las 13:16

Nos conmueven muertes lejanas retransmitidas por televisión e internet. Y más si hay niños de guardería entre las víctimas. Un joven aparentemente normal se hace con dos pistolas y un fusil semiautomático de uso militar que su madre había comprado con la ingenua ilusión de proteger a su familia. El asesino elimina primero a su progenitora y luego va a su antiguo colegio y mata a 26 personas más. Luego se suicida. Ha sucedido en Newtown, en el Estado de Connecticut, Estados Unidos. Un país en el que se pueden comprar armas como en un supermercado. Están locos estos americanos.

La Asociación Nacional del Rifle, que se fundó hace siglo y medio, tiene cuatro millones de socios que reclaman la libertad de comprar armas para defensa personal y actividades recreativas. El presidente Obama pretende acabar con ese sinsentido. Aunque esta vez no ha hecho mención a cambiar las leyes, sí lo hizo en 2011 tras un tiroteo en Tucson que dejó seis muertos. Entonces planteó la necesidad de una conversación nacional sobre las armas de fuego. Asunto pendiente.

En Andalucía también hemos tenido motivos ayer para estremecernos por un asesinato múltiple. Mucho más cercano en la distancia, aunque lejano en el tiempo: ocurrió hace 75 años. Tres de las 17 víctimas se llamaban Ramona y otras tres Manuela. Había dos Granada, madre e hija, y dos parejas de hermanas, Rosario y Natividad, y Tomasa y Josefa. Las otras cinco eran Trinidad, Ana, Dolores, Antonia y Eulogia. Tenían entre 20 y 70 años. Una estaba embarazada de siete meses. Las recuerdan como las diecisiete rosas de Guillena, pueblo sevillano a veinte kilómetros de la capital, donde fueron capturadas en la guerra civil por el delito de ser familiares de milicianos republicanos. Estaban locos aquellos españoles.

Hace diez meses sus cuerpos fueron rescatados de una fosa común en Gerena y ayer recibieron sepultura en un panteón que lleva las palabras verdad, justicia, reparación. Un acto lleno de dignidad. La reparación a las víctimas de la guerra es una conversación nacional pendiente en este país. Emociona ver, sin embargo, que la tenacidad de algunos descendientes tiene éxito.

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