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El mercado del fútbol

Ignacio Martínez | 13 de septiembre de 2011 a las 17:32

Un amigo, catedrático de Derecho y abogado en ejercicio, siempre se mofa de esos famosillos de la televisión basura por un asunto que al común de los mortales nos pasa desapercibido. Esta fauna ibérica dedicada a la maledicencia tiene entre sus hábitos cotidianos querellarse entre sí constantemente. Y se amenazan unos a otros con una frase que parece sacada de un culebrón sudamericano: ¡hablaré con mis abogados; atente a las consecuencias! Mi amigo sostiene que con un abogado van que chutan y se pregunta qué es eso de “mis abogados”. Lo mismo pasa modernamente con los mercados.

Hasta que se hundió el sistema capitalista, entre 2007 y 2008, como consecuencia entre otras cosas de la enorme factura de las guerras que inició el señor Bush para vengarse del ataque a las torres gemelas hace ahora diez años, siempre se hablaba del mercado y sus reglas. Ahora hablamos de los mercados como de un fantasma y nos preguntamos quién está detrás, quién maneja los hilos, qué clase de especuladores sin escrúpulos nos han arruinado. Podríamos añadir que nosotros mismos. También mueven la prima de riesgo los inversores particulares que deciden en masa vender bonos españoles a 10 años y pasarse al cupón alemán, menos remunerado, pero con un mercado mucho más grande y más líquido en el que operarán con enorme comodidad.

El mundo del fútbol nos ofrece esta semana un caso práctico. No es nada difícil saber quién controla el mercado de retransmisiones de televisión. Básicamente dos empresas. Y también es fácil saber quiénes son los principales beneficiarios: los dos grandes clubes del país, que se quedan con la mayor parte del pastel. Los destinatarios de las facilidades son los mismos. Los dos errores arbitrales más sonoros de la jornada han sido un penalty a favor del Madrid, que no era, y un balón despejado con la mano por Busquets cuando entraba en su portería por lo que no le sacan la tarjeta roja.

En España el club que más cobra recibe doce veces más que el que menos. En el Reino Unido la diferencia es algo menos del doble, en Alemania un poco más del doble. En Francia, tres veces y media. Ha hecho muy bien el Sevilla en convocar a los clubes de Primera esta semana en la capital de Andalucía para plantear un sistema más justo a partir de 2014. Y han estado a la altura los otros tres clubes andaluces, que no han faltado a la cita. Los mercados no son tan malos. Malas son algunas normas. Y quienes no las cambian.

Combustible para el odio

Ignacio Martínez | 11 de septiembre de 2010 a las 17:57

Llega su noveno aniversario y el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York es todavía una herida abierta. Lo es la Zona Cero, el lugar donde estuvieron las torres. Y donde, a sólo dos manzanas, un inversor egipcio quiere construir un centro islámico bautizado con el nombre de nuestra Córdoba. La Cordoba House pretende ser un lugar para el entendimiento. Una mezquita para 500 personas, además de salas de conferencias y exposiciones. El nombre de la ciudad andaluza pretende evocar una época modernizadora y culta del mundo musulmán. Pero una parte importante de la opinión pública americana se lo ha tomado como una provocación.

El salvaje atentado, con 2.871 muertos, se realizó en nombre del islam. Pero los genocidios no necesitan para nada al fanatismo religioso. En los años 40, los nazis alemanes exterminaron a unos seis millones de judíos en campos de exterminio. En los 70, una especie de maoístas camboyanos, los jemeres rojos, mataron a dos millones de personas, en su empeño por acabar con la civilización urbana. En los 90, la violencia tribal africana provocó en Ruanda una matanza de tutsis a manos de las milicias hutus, con un millón de muertos.

Y en esto, aparece un pastor protestante de un pequeño pueblo de Florida, armado de su pistola y su Biblia, dispuesto a quemar el Corán como una venganza por el 11-S. El reverendo Terry Jones parece sacado de una película del Oeste, con su bigote y sus patillas; sólo nos falta verle en el saloon pidiendo un whisky. Pero, a pesar de su aspecto de pobre hombre, ha armado la mundial. Las autoridades americanas consideran, con razón, que una quema del libro sagrado de los musulmanes sería una provocación que pondría aún más en riesgo a sus tropas (y las nuestras) en Afganistán y a toda suerte de ciudadanos occidentales en países islámicos. El reverendo está encantado de haberse conocido. Comparece ante la prensa, como un vulgar chantajista, y ofrece deponer su actitud si le llama el mismísimo presidente de los Estados Unidos.

Lo malo del asunto es que Jones tiene la comprensión de no pocos americanos, incluida la ex candidata a la vicepresidencia por el Partido Republicano, Sara Palin. Y la simpatía de numerosos colectivos en todo el mundo. El fundamentalismo ha provocado una corriente de islamofobia en el planeta. La inmensa mayoría de los 800.000 musulmanes residentes en España son tolerantes y occidentalizados. Sólo un 5% son radicales, a pesar de lo cual un 53,6% de la población se muestra contraria a los fieles de esa religión. En todo caso, los problemas de convivencia no los resuelve el fuego. Ni la quema de libros en la Alemania nazi, ni las hogueras de herejes de la Inquisición, ni las torres en llamas hace nueve años resolvieron nada. Fueron combustible para el odio. Como los coranes del reverendo Jones.