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Derecho de admisión

Ignacio Martínez | 19 de junio de 2011 a las 9:27

Cuando en 2004 Manuel Pimentel fundó el Foro Andaluz, en vísperas de las elecciones autonómicas, se empeñó en que una organización de nuevo tipo debería ser abierta y casi asamblearia, frente al asfixiante control de los aparatos sobre lo que se hace, se decide y hasta se piensa en el interior de las fuerzas políticas clásicas. La idea era noble, pero poco práctica. Se metieron en el Foro muchos andalucistas moderados, de buena fe, que añoraban la existencia de algo nuevo, pujante. Pero, de camino, se colaron personajes descarriados, rebotados de otros partidos, cuando no expulsados por corrupción. Eso frenó el impulso de su fundador y la aventura quedó en nada.

A los jóvenes indignados les ha pasado algo parecido. Si no está reservado el derecho de admisión, y el movimiento asambleario no controla a quién tiene en sus filas, basta un pequeño grupo de incontrolados violentos para cargarse una imagen que había levantado la simpatía ciudadana. Es difícil discutir que tenemos una democracia poco representativa, que los más débiles son los que más sufren las consecuencias de la crisis y que los causantes -los banqueros, sin ir más lejos- se han ido de rositas. Pero si el movimiento del 15 de mayo representaba un soplo de aire fresco para la sociedad española, la violencia ejercida en las puertas del Parlamento catalán el miércoles genera el sentimiento contrario.

Cualquier sana iniciativa social puede convertirse en un acto antisistema, con una argucia perversa. Y esto no sólo atañe a los proyectos alternativos. Esta semana han dimitido tres magistrados del Tribunal Constitucional, indignados por la incapacidad de PP y PSOE para ponerse de acuerdo en el Congreso para renovar cuatro puestos vacantes en la institución desde el mes de noviembre. En el Senado se acumuló un retraso de tres años. Ahora, como entonces, los populares están empeñados en colocar en el puesto a un juez que los socialistas consideran que no cumple con los requisitos de antigüedad y ecuanimidad. En el PP dicen que media una enemistad personal del portavoz del PSOE José Antonio Alonso. Ya ven, el derecho de admisión provoca comportamientos antisistema por doquier. Nadie se libra.

15 M: Un valor precioso

Ignacio Martínez | 22 de mayo de 2011 a las 12:54

Esta ha sido una campaña electoral sosa, rara, en la que los dos grandes partidos se han dedicado más a descalificar a su eterno rival que a ilusionar a su afición. Los dos con la mirada puesta en el Gobierno de la nación, más que en ayuntamientos o autonomías. Una campaña en la que todo el mundo parecía triste, a la altura de la ruina económica que vive el país y del estado de depresión de los ciudadanos. Y, de pronto, casi al final, ha surgido una sorpresa que ha polarizado la última semana y tiene desconcertados a los políticos.

La primera cuestión que uno se plantea no es por qué surge este movimiento del 15-M, sino cómo no ha aparecido antes. En Andalucía, más de la mitad de los jóvenes entre 16 y 25 años que buscan trabajo, no lo encuentran. Son 200.000. En España, de las 256.000 personas que perdieron su empleo en el primer trimestre de este año, ¡el 90%! eran jóvenes menores de 35 años. Así que esta generación ha decidido manifestar su estado de desesperación. Si no fuera por las redes familiares, muchos de ellos estarían al borde de la exclusión social.

Este movimiento surgió antes de la publicación hace dos meses en España del panfleto ¡Indignaos! escrito por Stéphan Hessel, nonagenario nacido en Berlín en 1917, nacionalizado francés en 1947 y uno de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el 48, en plena posguerra europea. Pero aunque empezó antes, sigue la línea marcada por ese librito que ha vendido unos dos millones de ejemplares en Francia.

Hessel llama a la juventud a la rebeldía, con el argumento de que la indiferencia es la peor de las actitudes, alienta una insurrección pacífica al estilo de Mandela o Martin Luther King, sostiene que lo verdaderamente inaceptable son las injusticias. Y pone en la diana a los famosos mercados financieros: concluye que amenazan la paz y la democracia, y tutelan los estados. La obra pretende transmitir un optimismo natural, con la filosofía de que todo lo deseable es posible.

En eso estamos. Este movimiento, es similar en una cosa al del 68 en Europa Occidental y Estados Unidos, al del 89 en Europa del Este, a las recientes revueltas árabes: una protesta espontánea ante una realidad política muy insatisfactoria. Se quejan del paro, de bajos salarios, de trabajos precarios, de la corrupción, de un sistema electoral poco representativo. Ponen en la picota a políticos y banqueros. Podría haber surgido fuera de época electoral, y de hecho tendrá poca incidencia en las elecciones de mañana. Pero hay algo nuevo en el escenario, que puede ser decisivo en las elecciones del año que viene.

Los jóvenes reivindican un catálogo de utopías, que van a dar más de un dolor de cabeza. Saludable. Como diría Hessel, la indignación es un valor precioso.