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Pitufos andaluces

Ignacio Martínez | 15 de junio de 2011 a las 11:29

La realidad supera a la ficción. Una marea del PP ha inundado España y ha coloreado de azul casi todo el mapa nacional. Y, como si fuese un símbolo del fenómeno, en la Serranía de Ronda han pintado entero de azul un pueblo del Valle del Genal. Se trata de uno de esos preciosos pueblos blancos situados en la franja que desciende desde la ciudad del Tajo hasta la Bahía de Algeciras. No se ha salvado ni el campanario. No es broma, han pintado las 170 casas de Júzcar de azul porque mañana se celebra allí el estreno mundial de la película en 3D Los pitufos, realizada por la multinacional Sony.

El alcalde convocó a los 250 vecinos para hacerles la propuesta. Y aceptaron. Ahora se ha convertido en un polo de atracción para el turismo de fin de semana. El domingo pasado ya hubo medio millar de visitantes. Tanto que hay quien piensa que quizá resulte rentable dejar las casas de azul y no volver al blanco tradicional. Un parroquiano idea ponerle a su bar la Cueva de Gargamel. Claro que en este campo actúan con ventaja: en Júzcar hay ayuntamiento de mayoría absoluta socialista. Con lo que se cumple el viejo adagio de que el hábito no hace al monje. En este caso lo pueden hacer sin complejos; a lo mejor a un alcalde de Arenas le habría dado pudor.

Pero esta estrategia de marketing, además de la variable de color, entre el azul y el rojo, tiene la componente del tamaño. ¿Somos los andaluces pitufos del escenario mundial? Depende para qué. Nuestras exportaciones industriales son escasas, y entre las agroalimentarias prima la materia prima en fresco sobre la elaborada. Somos los líderes mundiales en aceite de oliva. Pero sólo exportamos embotellada una quinta parte de nuestra producción, que es casi la mitad del total del planeta.

En la vida el Banco de España habría osado en adjudicarle en pública subasta una caja vasca a un licitador andaluz, pero al revés no tiene apuro en entregarle Cajasur a una caja vasca. Y nadie chista en esta región de pitufos. En Cataluña, jamás a una de las grandes familias productoras de cava se le ocurriría vender su negocio tradicional y líder en el mercado español a una multinacional francesa, es un suponer. Pero aquí vendemos la cervecera líder sin ningún complejo, y Cruz Campo pasa a manos de Guinness y después de Heineken.

No todo es así, por supuesto. Tenemos industrias punteras exportadoras, con buenos patrones de empresa como Paco Cosentino, Pepe Moya, Antonio Hernández o Felipe Benjumea. Pero no hay muchas Cosentino, Persan, Ebro o Abengoa. En realidad seremos pequeños si nos vemos pequeños, si tenemos menos ambición que otros. Y esa tendría que ser una actitud colectiva si no queremos que la ficción pitufa supere a la realidad.

Abengoa no parece de aquí

Ignacio Martínez | 25 de septiembre de 2009 a las 8:13

”Felipe

 

Abengoa es una empresa tan moderna y eficiente que no parece de aquí. Es una compañía andaluza, con sede en Sevilla, pero además es una multinacional que opera en 70 países, pionera en energías renovables, cuyos servicios en ese campo se anuncian en los grandes diarios internacionales, que cotiza en el Ibex de las 35 empresas más importantes de España, y en el Nasdaq o el Dow Jones de Nueva York. Acaba de inaugurar de la mano del Rey su nueva sede corporativa en Sevilla y en Sanlúcar la Mayor (Sevilla) la mayor planta termosolar de torre del mundo, capaz de producir energía suficiente para abastecer a 10.000 hogares. La energía del futuro: limpia y almacenable.

Se trata de una sociedad cotizada, con una capitalización bursátil de 1.500 millones de euros. Que factura más de 3.100 millones de euros al año y tiene 23.000 trabajadores, de los que 14.000 están en el extranjero. Sus principales accionistas son los herederos del fundador, el ingeniero sevillano Javier Benjumea Puigcerver, que procedía de una familia con historia. (Dos de sus tíos fueron grandes personajes. Rafael Benjumea Burín, conde de Guadalhorce, es una leyenda malagueña: se casó con una Heredia Loring, construyó una central hidroeléctrica y el pantano del Chorro y fue ministro de Obras Públicas con Primo de Rivera. Y Joaquín fue ministro de Agricultura, Trabajo y Hacienda con Franco entre 1939 y 1942). Los hijos de don Javier mantienen en la actualidad una de las costumbres instauradas por su padre: no dar entrevistas a la prensa. La discreción es marca de la casa, hasta el punto de que han hecho -sin el más mínimo ruido- una transición desde la copresidencia de los hermanos Javier y Felipe Benjumea Llorente hasta el liderazgo claro de Felipe, que se visualizó de manera ostensible en los actos con los Reyes del miércoles.

La primera empresa andaluza no se dedica al ladrillo ni a la especulación urbana. Es una compañía que tiene un liderazgo global en campos como la energía solar y los biocarburantes, pero también en otros con menos foco mediático como el tratamiento de residuos de acero, el reciclaje de aluminio o la construcción de grandes plantas de desalación.

Felipe Benjumea es un empresario tan moderno que no parece de aquí. De hecho, piensa que el ensimismamiento y la complacencia, tan tradicionales en Andalucía, conducen a la decadencia. Insiste en que el riesgo es necesario para el éxito. Y en que tenemos generaciones de jóvenes bien formados, capaces de competir en el mundo; pero en la sociedad civil andaluza priman otras cosas. Su meta es convertir nuestras tradiciones en algo que nos arraigue, sin que nos entretenga permanentemente y nos bloquee. Una filosofía que no se corresponde con el estereotipo de lo andaluz atrasado y subvencionado. Un modelo de la Andalucía que queremos para el futuro.

Abengoa, un modelo de la Andalucía que queremos

Ignacio Martínez | 24 de septiembre de 2009 a las 10:40

 

 

Abengoa es una empresa tan moderna y eficiente que no parece de aquí. Pero es de aquí. Una multinacional, pionera en energías renovables, cuyos servicios en ese campo se anuncian en los grandes diarios internacionales, que cotiza en el Ibex de las 35 empresas más importantes de España y entre las 100 más importantes del Nasdaq de Nueva York. Ayer inauguró en Sanlúcar la Mayor (Sevilla) la más importante planta termosolar de torre del mundo, con más de mil espejos de 120 metros cuadrados cada uno, que produce energía suficiente para abastecer a 10.000 hogares. Una energía limpia y almacenable. Y también se produjo la apertura oficial de su nueva sede corporativa junto a la S-30 de Sevilla capital, un moderno complejo de siete bloques de oficinas de cuatro alturas, agrupados en dos edificios, con 50.000 metros cuadrados construidos. Una construcción que generará dos tercios de la energía que consuma. Tan moderno y eficiente, que no se corresponde con el estereotipo de lo andaluz atrasado, subvencionado y dependiente. Un modelo de la Andalucía que queremos para el futuro.

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Falta liderazgo y sociedad civil

Ignacio Martínez | 3 de junio de 2009 a las 7:24

En esta campaña tan sucia, Rajoy ha dicho solemnemente que estamos ante el peor presidente del Gobierno de la democracia. Es posible que don Mariano tenga razón, pero se le olvida lo peor: que estamos también ante el peor jefe de la oposición de la democracia. Ahí está el detalle, que este país está falto de liderazgo por donde quiera que se le mire. Por eso, además de sucia, esta campaña electoral ha sido tan necia. No se ha discutido sobre la ampliación a nuevos países miembros, ni de una política migratoria común, ni del nuevo orden financiero internacional, ni del futuro de nuestra agricultura, ni de una política de seguridad que no sea sólo antiterrorista, ni de las antiguas ambiciones de Maastricht de una política exterior y una defensa colectivas, ni de una nueva agenda que sustituya a la de Lisboa y garantice el estado del bienestar europeo.

Esto del liderazgo es algo inmaterial, difícil de definir. Un líder da confianza y seguridad, estimula la autoestima de los ciudadanos, lanza desafíos a la sociedad, resuelve las tensiones que se originan… No vale cualquiera. Ahí tienen al Barcelona antes y después de la llegada de Guardiola. Eso es un líder. Leo que Lopera está triste, roto de dolor. El hombre no entenderá cómo, con el interés que él ha puesto, las cosas no han funcionado más que un año de los 17 que lleva como dueño de la mayoría de las acciones. Al barco del Betis le falta patrón y el liderazgo no se compra con dinero. Es otra cosa: orden, estabilidad, equipo.

Los liderazgos no son tan importantes cuando hay una potente sociedad civil. Que no es el caso de Andalucía. Hace una semana lo ponía de manifiesto Felipe Benjumea, presidente de Abengoa y primer empresario de la región, en un acto del centenario de la Asociación de la Prensa de Sevilla. Éstas son algunas de sus ideas: el ensimismamiento y la complacencia son actitudes que conducen a la decadencia. El riesgo es necesario para el éxito. Tenemos generaciones de jóvenes bien formados, capaces de competir en el mundo; pero en la sociedad civil andaluza priman otras cosas. Tenemos que convertir el mundo en nuestra casa, como lo fue en los siglos XVI y el XVII, y convertir nuestras tradiciones en algo que nos arraiga, pero sin que entretenga permanentemente y nos bloquee.

En fin, una sociedad moderna tiene que vivir de su esfuerzo y su capacidad de riesgo, de productos originales que se vendan en los mercados mundiales. Y dado que los dos grandes partidos nos han demostrado en esta campaña que están a lo suyo, es la propia sociedad la que debe generar el espíritu de una nueva economía, que nos haga más fuertes y más desarrollados en el futuro. Ese espíritu es también inmaterial. Es como aquel anuncio de un desodorante: no se notará si usted lo usa, pero sí se notará si no lo usa. Ahora, se nos nota.

Felipe Benjumea reclama otra Andalucía, que crea en el riesgo y el esfuerzo

Ignacio Martínez | 30 de mayo de 2009 a las 9:05

Felipe Benjumea, el patrón de Abengoa y primer empresario de Andalucía, intervino el jueves en el Alcázar de Sevilla en un acto relacionado con el centenario de la Asociación de la Prensa. Mi amiga María José Apellániz me cuenta que la cosa iba de energías renovables, pero como verán más abajo, tambien de sociedades renovables. Lo tienen entero, por si les interesa, en http://www.asociacionprensa.org/es/index.php?option=com_content&task=view&id=217. Benjumea hace un canto al riesgo y al esfuerzo. Y reclama una sociedad civil que luche contra el ensimismamiento y la complacencia. Pero aquí en Andalucía priman otras cosas: hay que evitar que nuestras tradiciones nos asfixien. Ya era hora de que alguien dijera estas cosas así de claras en público. ¡Bravo! Para muestra, un botón:
 

Nuestra sociedad civil sevillana debe reaccionar contra la cultura de lo fácil, del sólo conservar lo que tengo, del “yo ya con esto vivo bien, disfrutemos de la vida”. Esa actitud nos lleva a ir retrocediendo poco a poco y a que se lleven la peor parte aquellos que no disfrutan de comodidades y que no disponen de capacidades para mejorar las cosas. El ensimismamiento y la complacencia son,  desde mi punto de vista, actitudes que conduce a la decadencia y no al progreso, a la desigualdad y no al desarrollo colectivo.
 
El riesgo debe ser valorado como elemento que puede conducir al fracaso pero que es necesario para el éxito. El progreso viene de las iniciativas que uno tome y eso siempre conlleva un riesgo que por supuesto hay que minimizar y combatir con tesón,  pero el mayor riesgo es no asumir ninguno. Nuestro futuro depende de la realidad del presente, del esfuerzo y del sacrificio diario de todos nosotros.
 
No es un problema de recursos humanos o de formación. Tenemos generaciones de jóvenes bien formados en nuestras universidades, capaces de competir en el mundo. Más bien ocurre que estos jóvenes están privados de esa posibilidad en nuestra tierra porque en la sociedad civil sevillana y andaluza primamos otras cosas.
 
Pensar que el gobierno de turno, el Estado o la administración nos va a traer el desarrollo está tan fuera de la realidad como pensar que nuestra historia, nuestro pasado o nuestros monumentos nos van procurar bienestar para todos. Nuestra sociedad  tiene que reaccionar contra la cultura del inmovilismo y generar oportunidades saliendo de si misma. Tenemos que convertir el mundo en nuestra casa como lo fue en el siglo XVI y durante el esplendor del XVII, y convertir nuestras tradiciones en algo que nos arraiga pero no en algo en lo que vivamos permanentemente y en algo que nos bloquea.  Como raíces nos tienen que fortalecer pero el desarrollo económico y social sólo son posibles proyectándose hacia fuera y aceptando retos.