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Silvio Berlusconi cada vez se parece más a Jesús Gil

Ignacio Martínez | 12 de septiembre de 2009 a las 12:05

 

Ya he escrito otras veces sobre el parecido extraordinario entre Jesús Gil y Silvio Berlusconi, salvo en la estética personal: el uno era un gordo en bermudas y el otro un pretendido dandi. En todo lo demás son idénticos, incluida su ideología o ausencia total de ideología. Es un consuelo para Marbella: si un país como Italia se ha dejado seducir por un patán como Berlusconi, que avergüenza incluso a los suyos, qué podemos reprochar a los marbelleros. Su rueda de prensa con Zapatero del jueves merece ser editada en DVD y comercializada: se llegó a autocalificar como el mejor primer ministro italiano en 150 años.

Por cierto, que el presidente del Gobierno español cayó en una trampa de este truhán: lo llevó a tomar un café a la famosa finca sarda en la que organizaba sus fiestas con velinas y prostitutas. Este encuentro se mantuvo en secreto, pero un diario propiedad del primer ministro italiano no ha tardado ni 24 horas en rentabilizar la sorprendente visita. Lo que no quisieron contar el jueves fuentes gubernamentales españolas lo contó ayer en exclusiva el diario Il Giornale, propiedad de Berlusconi, en primera página, con el título El mito de los progresistas legitima Villa Certosa. Según fuentes diplomáticas españolas, ambos líderes viajaron en un helicóptero militar desde La Magdalena hasta la mansión, situada a unos 20 kilómetros. La visita duró media hora y Zapatero estuvo acompañado por el malagueño Bernardino León Gross, secretario general de Presidencia, y por personal de seguridad, pero no por los ministros que participaron en la cumbre bilateral.

Il Giornale mete su puñal hasta el fondo: “¡Qué golpe para la izquierda italiana, que desde hace meses pinta Villa Certosa como un estudio del Satyricon de Fellini! ¡Qué golpe descubrir que quien ha visitado este lugar de perdición sea el líder más amado de la izquierda europea, uno de los más morigerados, uno que se ha ganado el apodo de Bambi y que como máxima transgresión sueña con ir a escuchar a su mujer a cantar en el coro!”.

Toda una burla de Berlusconi al presidente español.

Elecciones europeas: Un día para dudar

Ignacio Martínez | 7 de junio de 2009 a las 12:54

Si usted ha sobrevivido a esta campaña en la que los antagonistas se han despreciado con un ardor propio de enemigos. Si usted ha soportado la tesis de que el único culpable de la crisis es Zapatero; o, por el contrario, que los responsables son Bush, Aznar y sus amigos neoconservadores. Si ha superado las pruebas de fuego del Falcon de ZP, los trajes de Camps, la hija de Chaves o las profecías galácticas de Pajín. Si ha resistido las letanías sobre el aborto o la píldora del día después. Debo decirle que ha hecho el esfuerzo para nada.

Porque los diputados que hoy elija el pueblo español en las listas del PSOE y del PP para el Parlamento Europeo votarán lo mismo en siete de cada diez casos en Estrasburgo. No es una manera de hablar, sino pura estadística: el PPE y el PSE se pusieron de acuerdo en el 69,9% de los temas votados en la pasada legislatura. A eso añadan que ambos partidos, que tan sucia campaña han desarrollado, tienen el mismo candidato a la Presidencia de la Comisión Europea, Durao Barroso. Curioso, que este amigo de Bush y Aznar, anfitrión de la reunión de las Azores en la que se decidió la guerra de Iraq, sea el candidato de Zapatero. Vistos desde Bruselas, ni los populares son una pesadilla, ni los socialistas son zafios. Contradicciones de la vida.

En el camino se han quedado asuntos de trascendencia, como del futuro institucional de Europa, la energía, la inmigración o el estado del bienestar, que nuestros próceres han preferido evitar. Era más fácil señalar que el PP es partidario de la pena de muerte o del despido libre, aunque no sea cierto. O acusar al PSOE de machacar a la agricultura española, lo que tampoco es verdad. El tremendismo, la hipérbole, han acaparado los focos, los titulares. Se trataba de movilizar a los más próximos, a los incondicionales, dando por supuesto que los tibios hoy no votarían.

Si usted ha sobrevivido a todo esto, desde luego se ha ganado el derecho a dudar si vale la pena votar. Pero si necesita un argumento para decidirse, piense que tiene la posibilidad de ajustar las cuentas a los dos partidos frentistas: hay opciones para todos los gustos, lejos del reducido mundo bipartidista.