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Las matriuskas de la crisis

Ignacio Martínez | 4 de febrero de 2009 a las 7:46

Hay una imagen plástica para definir la crisis que nos embarga: la matriuska rusa. Ya saben, esa muñeca de madera pintada, hueca en su interior, que alberga otra y otra, hasta cinco. Pues la crisis internacional alberga en su interior a la española, que a su vez comprende a la andaluza. Y así sucesivamente. Uno de los muñecos podría ser la crisis de los medios de comunicación. No la económica ni la tecnológica, sino la ética. Un diario nacional se ha superado a sí mismo participando, por activa o por pasiva, en el robo de un Goya; el que le dieron a la película Bucarest, de Albert Solé. En elmundo.es se mantuvo toda la tarde y la noche del lunes una noticia destacada: “Se busca este Goya”, cuando a esas horas ya lo tenía el periódico en su caja fuerte, porque se lo había entregado quien se lo llevó. Es una buena imitación del secuestro de un fugitivo de la policía en la película Primera plana.

Esta historia ha coincidido con otra similar: el falso vídeo que el Gran Wyoming y su equipo han fabricado en su programa de La Sexta, para mandárselo a su rival Intereconomía como un robado con teléfono móvil. El vídeo simulaba una bronca humillante del director del programa a una supuesta becaria. La idea era que los de Intereconomía se creyeran al denunciante anónimo, colgaran la grabación en YouTube y criticaran a Wyoming. Lo hicieron todo, de carril. Un perfecto despropósito que ha procurado al programa un récord de audiencia. El presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid, Fernando González Urbaneja, ha criticado con dureza la broma, por lo que supone de trampa y engaño, y la bronca entre los dos medios por el desprestigio que supone para la profesión periodística. Ahí tienen a la cuarta matriuska de la crisis, antes cuarto poder.

Hace 20 años en Moscú vendían unas matriuskas singulares: no eran campesinas sino los jefes del partido comunista. Gorbachov era el primer muñeco, que traía dentro a Breznev, Kruchev, Stalin y Lenin. Aquí en España podríamos hacer una con los cinco presidentes del Gobierno: ZP, Aznar, González, Calvo Sotelo y Suárez. Tendría un efecto terapéutico, para allanar duelos sectarios. Unos dentro de otros, todos con la misma responsabilidad, las mismas debilidades. Zapatero, a quien el semblante se le está oscureciendo, se desayunó ayer con 200.000 parados más que hace un mes. La crisis que nunca llegaría arroja ya 3.327.801 parados en España. De los que 744.956 son andaluces. O sea, que el 22,38% de los españoles sin empleo están aquí. El portavoz de la Junta tuvo que bailar ayer con semejante pareja y dijo que el dato positivo era que el paro crecía en Andalucía menos que en España. Elemental: donde hay más desempleo es más difícil que aumente. Groucho Marx diría que es la parte buena de la parte mala. O una matriuska buena dentro de la mala.

El hombre predestinado

Ignacio Martínez | 17 de diciembre de 2008 a las 12:37

 

Treinta días y 30 noches después de su congreso, Izquierda Unida ha anunciado que tiene un nuevo coordinador general, que sustituye a Gaspar Llamazares. Parece un hombre predestinado. Cayo Lara, auspiciado por el aparato del Partido Comunista, ha ganado la elección a dos candidatos cuyos nombres no les ayudaban a convertirse en líderes nacionales. España no es la América de Obama. Los otros eran Eberhard Grosske y Joan Josep Nuet. Estados Unidos puede tener un presidente negro, pero quizá en la España actual los obreros, los despedidos de sus trabajos, los jóvenes hipotecados y los que ansían la igualdad, a quienes se dirige el nuevo jefe de IU, no están en disposición de entusiasmarse por un señor llamado Eberhard o Joan Josep. Desgraciadamente. Aquí somos de nombres más corrientes, como Adolfo, Felipe, José María o José Luis. Hasta el clásico Leopoldo fue un accidente.

Por su sonido, Cayo tampoco ayuda en el terreno de los significados. Puede confundirse con callo, término que ofrece contradictorias interpretaciones. Por el lado oscuro, dureza, fealdad o cicatriz. Por la vertiente positiva, dar el callo es trabajar mucho; y en Cuba, no doler ni los callos quiere decir gozar de muy buena salud. Pero con la y griega que le corresponde, su nombre tiene un significado más simbólico: un cayo es una isla rasa, arenosa, frecuentemente anegadiza y cubierta en gran parte de mangle, muy común en el mar de las Antillas y en el golfo mexicano. Y eso es IU en el actual océano político español. Una isla rasa, anegada por un sistema electoral que castiga a un partido que saca un millón de votos y tiene dos diputados, mientras el PNV con 300.000 votos consigue seis escaños.

Las raíces de la división en la familia comunista no tienen nada que ver con los arbustos antillanos, sino con una tradición que está muy explicada en Bucarest. Este documental es un homenaje de Albert Solé sobre la memoria perdida de su padre, Jordi Solé Tura, antiguo dirigente comunista y uno de los padres de la Constitución, que está enfermo de Alzheimer. Uno de los momentos más simpáticos de esta tierna película es el protagonizado por los hijos de dos de los máximos dirigentes catalanes del siglo XX, el escritor Sergi Pàmies, hijo de Gregorio López Raimundo, y Albert Solé. Pàmies cuenta que si entran cuatro comunistas en una habitación, a la media hora hay una escisión.

Eso sería antes; Cayo no tiene tanto margen. Precisamente, su nombre evoca tiempos pasados. Se llama igual que Cayo Julio César, el patricio militar y político que acabó con la república en la Roma imperial. Pero sobre todo, suena a antiguo su discurso invocando la huelga general. Pasionaria, de la que es un admirador, y Carrillo se llevaron toda la dictadura de Franco soñando con la huelga general política. Y Cayo Lara, el hombre predestinado, empieza por ahí.