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Un puesto de verduras en el Congreso

Ignacio Martínez | 3 de abril de 2009 a las 11:52

En los primeros años de la Transición, Iñaki Gabilondo puso de moda un eslogan en la SER: “Siéntase orgulloso de ser andaluz”. Aquellas cuñas de la radio relataban glorias históricas o artísticas. Dos diputados por Málaga, del PSOE y el PP, hicieron un alarde de lo contrario el miércoles en un pleno del Congreso de los Diputados. Aquello acabó con un ataque de cólera y un espectáculo vulgar protagonizado por la ex alcaldesa de Málaga Celia Villalobos (PP). En las webs de internet los comentarios son muchos y subidos de tono: lo más general que le dicen a la buena mujer es verdulera.

El diccionario traduce esta palabra como “mujer descarada y ordinaria”. Es cierto que el ataque de cólera de Villalobos le sobreviene porque el diputado malagueño del PSOE Miguel Ángel Heredia insinuó que el alcalde de Málaga es un ladrón, porque se ha gastado un dinero para un cartel colocado en el paseo marítimo de poniente, en el que denuncia que el Gobierno no quiere prolongarlo.

Hay dos matices que hacer: es conocida la escasa simpatía que Celia tiene por su sucesor y cómo consiguió que su amigo Álvarez Cascos lo ninguneara cuando era ministro de Fomento. Por eso el ataque de cólera para defender el honor de De la Torre (PP) tiene algo de impostura. Pero la acusación de Heredia no es de recibo. Un alcalde debe informar a los ciudadanos sobre los asuntos trascendentes. Por el contrario, el PSOE está acostumbrado a inaugurar todo tipo de obras de Fomento en Málaga sin ni siquiera avisar al regidor de la ciudad. Claro que el alcalde, tan acostumbrado a los feos de Cascos, todavía podría pensar que ahora le tratan mejor.

Heredia dijo en el pleno, en referencia a De la Torre, una cursilería: “Quien tiene impunidad para robarte un céntimo, la tiene para robarte hasta el último”. Y Celia, inflamada, pidió la palabra por alusiones y porfió, con el descaro marca de la casa, con la vicepresidenta primera de la Cámara, Teresa Cunillera, que presidía la sesión. La diputada socialista por Lérida intentó, primero con aplomo y después alterada, calmar los ánimos de la ex alcaldesa. Sin éxito. Y la llamó al orden cuando gritaba desde su escaño a Heredia: “Ladrón tú, en Alcaucín, el pueblo donde gobernabas, eres un diputado indigno”. Como colofón, a la salida del hemiciclo soltó una última fresca: “Es que los socialistas ponen a cualquiera de presidente”.

En ese lado la han golpeado los comentarios de internet: “Los populares ponían a cualquiera de ministra de Sanidad”, “hemos pasado del caldito al plato de verduras” o “podía poner al lado del taquígrafo un puesto de verduras”. Ayer, más calmada, pidió disculpas a los socialistas. Pero lo hizo con otra impostura: “Esta no es mi forma de ser”. En fin, no fue un día para sentirse muy orgulloso de ser andaluz. Estas no son las efemérides que contaban las cuñas de Iñaki en los 70.

 

Alcaucín: modo de empleo

Ignacio Martínez | 5 de marzo de 2009 a las 11:03

Un amigo, que fue concejal socialista en un pueblo de Málaga, me explica su teoría de por qué ocurren estos casos de corrupción sin que el aparato del partido reaccione. “Si los secretarios de las agrupaciones locales son los alcaldes; ¿quien controla al alcalde?” Es una teoría guerrista que está bien pensada: si el partido mantiene una organización separada de la institucional, puede tener perspectiva para controlar las cosas. El problema es la profesionalización de la política. ¿Quién le paga al secretario local, si no tiene medios de vida? Pues el ayuntamiento. Y cómo va a decidir medida alguna el aparato local si en cualquier caso tendría perjudicados entre sus miembros. 

Por cierto, que Ramón Triviño publicaba el lunes pasado en Málaga hoy la información de que un concejal del PSOE denunció irregularidades en el Ayuntamiento de Alcaucín a la dirección de su partido. Sin éxito. Como en Estepona. Tolerancia light.

Tolerancia 0,0

Ignacio Martínez | 4 de marzo de 2009 a las 10:38

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Las casas ilegales de Alcaucín suman una superficie equivalente a 34 campos de fútbol, según contaban Esperanza Codina y Maite Cortés el lunes en los diarios del Grupo Joly. Son 350.000 metros cuadrados mal contados; una superficie inabarcable a simple vista, en el último pueblo andaluz en el que se ha descubierto un caso de corrupción ligada al urbanismo. Esta vez toca alcalde socialista. Y se repite la consabida parafernalia: expulsan del partido al prócer local, que resulta ser albañil y flamenco, y los preclaros líderes dicen que aplican la conocida doctrina de la tolerancia cero con la corrupción. Falso.

Los alcaldes socialistas de la comarca malagueña de la Axarquía montaron un motín contra las medidas de regulación urbanística de la consejera Concha Gutiérrez y su equipo en la pasada legislatura. Los amotinados contaron con la inestimable comprensión del aparato del Partido Socialista en los locos años 2000, en un momento en el que parecía que el urbanismo era la panacea que iba a curar todos los males de la economía andaluza. La consejera era una talibana peligrosa según los amotinados y sus comprensivos dirigentes. Ahí es donde la tolerancia empieza a no ser cero. Esto es como la cerveza sin alcohol. La sin tenía normalmente 0,5, 0,2 o 0,1% de alcohol, hasta que San Miguel sacó la 0,0. La tolerancia contra la corrupción más bien habría que ponerla en el capítulo de las cervezas light; la de Cruzcampo tiene un 2,4% de alcohol, la mitad que una normal. Así sí.

Al aparato regional socialista no le pareció mal que Barrientos tuviera de lugarteniente en Estepona a José Ignacio Crespo, el mismo que lo había sido con el hijo de Jesús Gil. Los dos acabarían imputados en la Operación Astapa. Eso es tolerancia light en el mejor de los casos. ¿Y saben por qué ocurre? Porque hay que presentar a los compañeros que sacan votos, hay que ganar alcaldías, conseguir el poder en las diputaciones, auténticas maquinarias de colocación y articulación de los partidos. Es evidente que lo del dinero debajo del colchón no se sabía. Pero las posturas conocidas en Alcaucín y otras localidades deberían hacer recapacitar a un partido que presume de la tolerancia cero.

Lo peor del asunto es que estos munícipes están equivocados. Piensan que la construcción va a garantizar el desarrollo de sus pueblos, pero dos catedráticos de Economía, Sánchez Maldonado de Málaga y Suárez Pandiello de Oviedo, han establecido en un trabajo reciente que el urbanismo genera el 32% de los ingresos municipales, pero supone un gasto equivalente al 36%: agua, calles, carreteras, alumbrado, basuras, bomberos, jardines, autobuses… La planificación urbana es imprescindible, aunque un alcalde consiga muchos votos dejando hacer a sus vecinos. Necesaria, aunque los aparatos dejen hacer a sus alcaldes. Pero ya que dejan, por lo menos cuando los pillan, deberían evitar decir lo de tolerancia cero. Por pudor, más que nada.