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El deporte nos regala un baño de autoestima

Ignacio Martínez | 25 de junio de 2012 a las 10:30

El pasado viernes emitieron La lista de Schindler en TVE. La excelente película de Spielberg, basada en hechos reales, cuenta cómo un empresario de origen alemán, que pertenece al partido nazi, salva a 1.100 judíos polacos de la muerte. Conmueve el holocausto cada vez que nos lo muestran la televisión, los libros, las películas. En realidad la Segunda Guerra Mundial fue una carnicería: 36 millones y medio de muertos, sólo en suelo europeo. Más de la mitad, civiles. Para que no se repitiese esa barbarie nació la actual Unión Europea. Conviene no olvidarlo, ahora que la crisis parece colocarnos en el peor de los mundos. Ha habido uno mucho peor y muy reciente.
Cuando Robert Schuman propuso la creación de la CECA el 9 de mayo de 1950, en su histórico discurso en el salón del reloj del Quai d’Orsay, la sede del Ministerio de Exteriores de Francia, empezó su exposición con estas tres palabras: “La paz mundial…”. El viernes, en Twitter, comenté que esto empezó como un proyecto de paz y no como un mercado. Y mucha gente contestó que la CECA era un mercado común de carbón y acero. Pero hace falta saber que el acero y el carbón eran la materia prima para fabricar armamento convencional. Y de hecho se medía la capacidad de un país para hacer la guerra por su producción siderúrgica y por su población, su potencial para disponer de divisiones.

Insistir en que la Unión Europea es en origen un proyecto de paz no es baladí, si se tiene en cuenta la ancestral afición de los pueblos europeos a hacer la guerra unos contra otros. Y los recelos y desprecios, cuando no odios, que van surgiendo entre los países ricos y los pobres o de los intervenidos hacia los más poderosos. Así es como empiezan a acunarse los conflictos. Mientras que todo quede en los cánticos despreciativos de los hinchas de Alemania y Grecia, el mismo viernes en Gdansk…
Esto no supone desdeñar la importancia del mercado. Al contrario, no se trata de eliminar alguna de las cuatro libertades sobre las que se basó el progreso de Europa en las últimas décadas: la libre circulación de personas, mercancías, servicios y capitales. Eso sí, todo el mundo está de acuerdo en que hay que regular mejor alguna de ellas, en particular las transacciones financieras, para continuar con el euro, una divisa a la que seguimos masivamente vinculados.

No sabemos en qué va a terminar el auge de los egos nacionales. A los que les va bien, por reafirmar su superioridad, su mayor capacidad económica, su mejor gestión de los asuntos públicos y privados. Y a los que nos va peor, por darnos un baño de autoestima. De momento este fin de semana dos Alonsos nos han alegrado la vida a los españoles. Xabi con sus dos goles a Francia en Ucrania y Fernando con su extraordinaria carrera en Valencia. ¡Nos hacía falta!

Brindis de Unicaja

Ignacio Martínez | 25 de julio de 2010 a las 18:27

El vino y las rosas para los que no encuentra destinatario mi amigo Alejandro Víctor, en el post anterior, seguro que serían de utilidad en el universo Unicaja. A la entidad financiera puntera de Andalucía le ha pasado esta temporada como al Ferrari de Fernando Alonso, que tenía buena marca y, sin embargo, los imponderables lo dejaban en la cuneta una y otra vez. Hasta hoy. Los imponderables y quizá algún error por su parte. Alonso lo ha reconocido públicamente. De Braulio Medel hay poca noticia pública en los últimos meses. No se prodiga, el hombre.

La suerte de Unicaja parece haber cambiado, como la de Alonso. Las pruebas de solvencia y resistencia a las que han sido sometidas toda la banca y las cajas españolas nos permiten establecer una clasificación homogénea sobre la salud y prosperidad de unos y otras. Y después de tantas malas noticias, con el fracaso de la absorción de la caja de Castilla La Mancha, el fiasco de la fusión con la caja de Córdoba, y la non nata oferta conjunta por Cajasur en comandita con Cajasol, el ánimo de la tropa de Unicaja era bajo. Y el de su dirección, aún peor.

Pero resulta que aunque su ánimo estuviese decaído, en la prueba de estrés sale estupenda Unicaja, según la clasificación que anunció el viernes por la tarde el Banco de España, banco amigo de los intereses de Andalucía, como ustedes saben bien. Las cuentas que hacen las entidades financieras sobre su morosidad y fortaleza tienen trampa algunas veces. Tanta, que después de enviarlas al supervisor y de camino a la prensa, se pueden rectificar ante el Banco de España, sin advertir a los medios. Así que está bien publicar un ranking con los mismos criterios para todos.

Y ahí ha encontrado Braulio Medel un motivo de alegría, después de tanto desaire. Está en el podium nacional de los mejores, tras la BBK vizcaína y la Kutxa guipuzcoana, y por delante de todos los demás. Tanto de los grandes, tipo Caixa o Caja Madrid; como de posibles novios, del estilo de Ibercaja o Cajasol. A la presunta otra media naranja de la gran caja andaluza le gana por tres a dos en el test de estrés. En Málaga ya hay quien le saca a eso rendimiento. Con vino y rosas.

¿Jugamos contra Holanda?

Ignacio Martínez | 12 de julio de 2010 a las 18:10

Mundial2

 

¿Jugamos contra Holanda o contra Italia? Leo en L’Equipe que Cruyff ha declarado que Holanda estuvo sucia, dura y vulgar. Dice más cosas, todas ellas negativas, pero me quedo con estas tres. No me puedo creer que estos leñadores fuesen holandeses. Sucios, duros y vulgares, renunciando a jugar al fútbol, cazando a golpes a los españoles y quejándose al árbitro inglés a cada momento. Una decepción de equipo esta Holanda, mucho peor que Alemania sin comparación. Y el árbitro un perfecto desastre. Cruyff opina que debió expulsar al menos a dos jugadores holandeses. Esta patada en el esternón de Alonso por parte de Nigel de Jong sólo fue amarilla para mister Webb. Establecido un precio tan barato por la integridad de los españoles se impuso la barra libre holandesa, en especial de un tipo alto y leñero llamado Van Bommel. Este sujeto jugaba, como todo su equipo, a la italiana, duro, marruñero y oportunista, un perfecto heredero de Materazzi. Afortunadamente, esta vez ganaron los buenos, como en las películas.

Hogareños

Ignacio Martínez | 9 de febrero de 2009 a las 0:10

 Se ha publicado que en 2008 subió la venta de libros en España un 3%. Ya lo había oído, pero pensé que era una leyenda urbana. Porque leer no es una de las aficiones favoritas de los españoles: un 45% de la población no lee ni una línea. A pesar de eso, la media nacional es de nueve libros al año por persona. No está mal. Si es cierto que los libros se venden más que antes de la crisis, hay que creerse que también se vende más carne. La gente se queda en casa; sale menos a comer en restaurantes.

Es posible que a los vídeoclubes les vaya bien, porque el personal no va al cine. Prefiere ver las películas en familia; sale más barato. Aunque Ángeles González Sinde, la presidenta de la Academia de la cosa, denuncia que los españoles hicimos el año pasado 350 millones de descargas de películas en internet, lo que ha provocado que se vendan unos 52 millones de entradas menos. Por cierto que la consultora que ha hecho el estudio sostiene que se descargaron además dos mil millones de canciones y 50 millones de vídeojuegos.

La crisis nos ha vuelto ahorradores, pero los creadores están que trinan con la piratería. También parece que los españoles de la nueva era son más prudentes y hogareños. Y esto tiene su lado bueno, no crean. En la convención demócrata de 1988, en Atlanta, Ted Kennedy atacó al candidato republicano George Bush. Se inventó una cancioncilla que acabaron cantando todos. Fue enumerando los escándalos de la presidencia de Reagan, en las que Bush padre era vicepresidente. Y tras cada episodio recitaba: “y cuando eso ocurría, ¿dónde estaba George?” Al día siguiente el estado mayor del aludido contestó con desdén apuntando al lado mujeriego y bebedor de Kennedy: “Seguramente, George estaba en su casa, sobrio, con su mujer, viendo la televisión”. Y le dieron la vuelta al tema, con la alusión al carácter hogareño de la familia Bush.

Nuestros políticos no son familieros en su ámbito público. Les cuesta la misma vida llevarse bien o pactar algún asunto. Duran i Lleida ha propuesto unos pactos de la Moncloa como los del 77 para salir de la depresión. José Antonio Alonso, portavoz del PSOE en el Congreso, le agradece su talante constructivo, pero cuando Javier Arenas plantea lo mismo en Andalucía, los socialistas autóctonos no le hacen caso. Por su parte, Arenas prepara una gran manifestación el domingo en Málaga, para protestar por la crisis. No veo al pueblo llano acudir en masa a la cita. Más bien mediará el flete de decenas de autobuses en las ocho provincias para arrimar personal. Es sorprendente ver a los dirigentes del PP de manifestación, con la que le dieron a ZP por “pancartero” en los últimos años del imperio de Aznar. Este divorcio entre socialistas y populares, además de dañino para un atribulado país, es poco hogareño. Lo contrario que los nuevos tiempos.

Felicidades a Hamilton

Ignacio Martínez | 2 de noviembre de 2008 a las 21:22

 

 

Me cae mal este Hamilton, pero ha ganado el campeonato del mundo y le felicito. Me cae mal porque tengo la convicción de que el año pasado, siendo un novato, empezó a hacer pucheros y a patalear en el garaje de McLaren para que le hicieran más caso que a Alonso. Y se lo hicieron. Perdieron el mundial, porque estaban más pendientes de que no ganara Alonso que de parar a los Ferrari. Por eso genera tanta antipatía en España: Una web ‘pinchalaruedadehamilton.com’ se desbordó con 35.000 mensajes en un par de días, con españolitos que deseaban con todas sus fuerzas que perdiera hoy. En fin, no nos cae bien.

Este año ha ganado por los pelos, en la última curva, hasta tal punto que la familia de Massa y la de Hamilton celebraron la victoria al mismo tiempo. Lo siento por los brasileños: Me cae más simpático el padre de Massa que el de Hamilton, qué se le va a hacer. A este tipo de argumentos siempre es fácil replicar que es un argumento racista. Eso es lo que dicen en el Reino Unido, en donde como se sabe no tienen la más mínima tradición en este odioso campo. Se equivocan. Es como cuando dices que la ministra Aído es ‘cortita con sifón’ y te dicen machista. Hombre no. Hamilton será negro, pero también es negro Obama y quiero que gane el martes. Hamilton es un joven engreído, pero condenadamente bueno al volante. Sería estupendo ver a Alonso con un Ferrari compitiendo contra él. Y hay consejeras en la Junta y mujeres militantes en el PSOE manifiestamente más preparadas que Aído para ser ministras, pero no han piropeado a Zapatero en los mítines con el mismo ángel. Ahí está el detalle.

En fin, que Hamilton debe estar levitando, como en esta foto previa al Gran Premio de Turquía de este año. Que lo disfrute. A ver si Alonso recupera el Mundial pronto. 

Felicidad en tiempos de crisis

Ignacio Martínez | 27 de octubre de 2008 a las 1:16

De acuerdo, el mundo no volverá a ser lo que era. La Bolsa vale la mitad que hace un año y sube el paro. Pero quedan muchos motivos para ser feliz. En primer lugar, por comparación. Un amigo, que acaba de volver de Senegal, intenta explicar lo que es la miseria extrema. Pero no consigue hacerse entender. Después está la salud. He seguido las operaciones quirúrgicas que ha sufrido Severiano Ballesteros. Un deportista rico, guapo, triunfador, joven a sus 51 años. Sobrecoge la fragilidad de la salud humana y la escasa utilidad del éxito o la riqueza en esas circunstancias.

Y en tercer lugar, hay un sinnúmero de actividades gratuitas o muy baratas que están al alcance de todos y producen enormes satisfacciones. Darse una vuelta con los amigos, a pie o en bici. Una buena tertulia. La amistad, el amor (y, dicho sea de paso, el sexo). Contemplar la naturaleza, el sol que se levanta por el horizonte en el mar, una puesta de sol tras las montañas. Oír la música que nos emociona; en el peor de los casos, siempre nos quedará la música. Leer un libro apasionante, o un buen periódico, que los hay. Oír nuestra radio favorita. Ver un buen programa de televisión, que los hay. Hacer un trabajo, remunerado o no, bien terminado. Ir al cine, navegar por internet, realizar alguna tarea altruista y solidaria, hacer senderismo, preparar una paella para la familia…

También hay acontecimientos que nos producen grandes alegrías, aunque no hayamos aportado esfuerzo alguno. Por ejemplo, los triunfos deportivos de nuestros atletas o equipos preferidos. Como los que tuvo Seve Ballesteros y ahora un Nadal, un Fernando Alonso, una selección nacional de fútbol o baloncesto, un Cajasol que le gana ayer al Real Madrid en Madrid, un Betis que escapa de la cola con su segundo triunfo, un Málaga que encadena cuatro victorias seguidas y se mete en zona Uefa, un Huelva que consigue un empate ante el imponente Valencia.

Cada uno puede añadir de su cosecha otros motivos para ser feliz. Personalmente me complacen cosas muy diversas: un bebé que venga al mundo y pueda salvar la vida de un hermano incurable; un juez que castigue con multas millonarias la intromisión de los medios basura, que los hay, en la vida privada de la gente; o que vaya por delante en las encuestas un candidato como Obama, que hará historia si llega a la Presidencia de Estados Unidos.

Ahora que lo pienso, esta historia ya está escrita desde 1927, dos años antes de la gran depresión del siglo pasado. Y mucho mejor, por cierto. Por Max Ehrmann en su famosa Desiderata, alrededor de la idea de que el universo marcha como debiera.

“Aun con toda su farsa, penalidades y sueños fallidos, el mundo es todavía hermoso. Sé alegre; esfuérzate por ser feliz”.

Eso es.