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Happy birthday, Mr. President

Ignacio Martínez | 20 de enero de 2010 a las 15:11

 

El más famoso happy birthday, mister president de la historia es el que cantó Marilyn Monroe en el Madison Square Garden de Nueva York en mayo de 1962, en la celebración del 45 aniversario de John Fitzgerald Kennedy. Un acontecimiento al que no asistió Jacqueline, harta de los devaneos del presidente con la estrella de Hollywood. Relación contada con pelos y señales por François Forestier, crítico de cine de Le Nouvel Observateur, en Marilyn y JFK, libro que acaba de publicar Aguilar.

El cumpleaños de hoy tiene menos glamour o menos morbo, pero mucho más interés: Obama cumple un año en la Casa Blanca, la cuarta parte de su mandato. Poco tiempo para un examen, pero suficiente para detectar un sentimiento de decepción. Normal: Obama no era un dios infalible, ni un político inoxidable. Su popularidad en Estados Unidos ha bajado 20 puntos en un año. En el plano interno le ha perjudicado su empeño en aplicar una reforma sanitaria, que está lejos del modelo universal europeo, pero que ha generado enormes resistencias en la sociedad americana. El progreso de los republicanos les ha permitido ayer hacerse con el escaño por Massachusetts del fallecido Ted Kennedy: los demócratas han perdido la mayoría de 60 escaños necesaria para aprobar grandes reformas, como la sanitaria, sin la obstrucción republicana en el Senado.

En el plano externo hay claros y oscuros. Obama ha enviado 30.000 nuevos soldados a Afganistán, una guerra que calificó de justa, a la usanza de Bush, en la entrega del premio Nobel de la Paz, un galardón inmerecido. Ni el contencioso con Irán, empeñado en fabricar la bomba nuclear, ni el conflicto que enfrenta a Israel con los palestinos, han experimentado progreso alguno. Sí lo hubo en otros campos. Por ejemplo, el presidente ha renunciado a la guerra de las galaxias o escudo antimisiles, lo que ha facilitado su entendimiento con Rusia. También ha mejorado la relación de Estados Unidos con China y, desde luego, con Europa.

Capítulo aparte merece el despliegue militar americano en Haití, ordenado por Obama, criticado por Sarkozy y defendido por el vicepresidente Chaves ayer en Los Desayunos de TVE a preguntas de Ana Pastor. Al contrario que en los conflictos armados de Iraq o Afganistán, aquí la diplomacia obamiana tiene la oportunidad de ejercer sus mejores principios, al liderar una operación de orden, coordinación y reconstrucción del país devastado. Esta ayuda a Haití sin imposición, es un consuelo para el destino de este pequeño país, el segundo en proclamar su independencia en América y el primero en abolir la esclavitud, pero condenado a la miseria desde entonces. Y también es una buena oportunidad para que Obama interprete un repertorio inédito en su primer año de mandato.

Jomeini a Bayón, hace 30 años: “La religión islámica puede ser misericordiosa en el momento justo”

Ignacio Martínez | 23 de junio de 2009 a las 18:14

Mi querido amigo y colega Félix Bayón estuvo en Teherán hace 30 años. Contó para El País la caída del sha, la llegada de Jomeini y el triunfo de la revolución islamista. También entrevistó a Jomeini en Qom a finales de noviembre de 1979. Nuestro amigo José Antonio Montano ha colgado algunas de esas crónicas en su blog y ha creado un enlace con las crónicas de Bayón desde Teherán. Periodismo con mayúsculas. Recomiendo la visita al blog de Montano. Pero no me resisto a colgar aquí la entrevista a Jomeini, que se titulaba como pone más arriba.

 

Jomeini fue, desde 1953, la «bestia negra» del sha Mohamed Reza Pahlevi. El pobre clérigo que, en ese año, se negó a saludar al emperador, es el hombre que, veintiséis años después, derribó su trono. Desde su modesta casa de Qom salen las decisiones de las que puede depender una guerra mundial o, al menos, una paralización del mundo industrial de Occidente. El pasado jueves, 29 de noviembre, el iman Jomeini recibía en la ciudad santa de Qom al enviado especial de EL PAIS.

«Pienso que la postura de Estados Unidos obedece a otras razones diferentes a las humanitarias cuando se niega a conceder la extradición de ese criminal. Hasta ahora no hemos visto ningún rasgo de humanitarismo ni en Carter ni en los suyos. Si actuasen por razones humanitarias, no pensarían en sacrificar a 35 millones de seres humanos a cambio de uno solo. Tampoco hubieran iniciado un boicot económico con el que pensaban matar de hambre a estos 35 millones de personas que habitan Irán, ni prepararían el comienzo de una guerra que puede dañar a su propio país y causar un baño de sangre en otras partes del mundo.» El imán Jomeini ha ido recitando en farsi estas palabras, sin interrumpirse ni levantar los ojos del suelo. Sólo nos ha mirado durante medio segundo cuando entró en la habitación. Sin embargo, parece dotado de un tercer ojo que nos vigila en toda la entrevista. Sólo levantará la vista en dos ocasiones: cuando interrumpimos la traducción de una de las preguntas para añadir una observación y, ya al final, cuando parece molestarse por el ruido del motor de la cámara fotográfica. Han sido dos miradas breves, fulminantes y de significado bien claro.

La entrevista tiene lugar en una pequeña habitación, modestamente enmoquetada de celeste y con dos mantas dobladas como únicos asientos. Hace tiempo que se empapelaron las paredes y en algunos lados se adivina la pintura verde que, tiempo atrás, cubrió los delgados tabiques de la habitación.

Dos cámaras y un equipo de video grabarán toda la entrevista, que fue transmitida la noche del jueves para todo el país. Detrás del imán hay dos cortinas de color naranja que tamizan la débil luz grisácea que pasa a través de la ventana. A la derecha de Jomeini, una vitrina empotrada guarda los objetos más diversos: un radioteléfono, un micrófono a través del cual un joven dirige pequeños discursos al millar de Fieles que, desde el amanecer, esperan fuera de la casa con el deseo de ver al imán; un pulverizador, cartas, periódicos, un altavoz desconectado, un teléfono rojo y seis estuches vacíos que, alguna vez, contuvieron alguna bisutería. A la izquierda de Jomeini, una docena de curiosos y algún niño sirven de testigos a la entrevista.

«Las razones de Estados Unidos», prosigue Jomeini, «no son, pues, humanitarias. Son de otro tipo. La más fuerte, probablemente, es que saben qué crímenes ha cometido este hombre corrupto [el sha]. Ellos conocen que varios de los crímenes que cometió Mohamed Reza Pahlevi no son conocidos por nadie, excepto por los presidentes de Estados Unidos. Ni sus Goblernos ni el nuestro los conocen. Carter está aterrorizado, lleno de miedo, pensando que si Mohamed Reza es juzgado y le interrogamos, podremos probar, además de sus crímenes, los crímenes de los que fueron, en su tiempo, presidentes de Estados Unidos, y especialmente de Carter.»

«Así como hemos pedido, y seguímos pidiendo, someter a Mohamed Reza a las leyes divinas, también podemos pedir el juicio de los presidentes que colaboraron en sus crímenes, sea cual sea su situación actual. Tanto si se trata de Carter, como de Nixon o Johnson… Carter teme que lo que salga a la luz en el juicio de Mohamed Reza, le quite posibilidades de ser reelegido presidente.»

«A veces no pasa un solo dia», continúa Jomeini, «sin que reciba una, dos o tres notas del Ministerio de Asuntos Exteriores, comunicándome que diversos países ruegan la libertad de los rehenes y cosas de este tipo. Nuestra experiencia dice que la principal superpotencia, e incluso otros países con menos poder, no prestan ninguna atención a los seres humanos, incluso a aquellos que viven en su propia nación… tan sólo miran sus propios intereses… Hay gente que por ser presidente durante unos pocos años son capaces de destruir a otros pueblos e, incluso, a una parte de su propio pueblo, sin importarles nada. »

«Hace pocos días escuché que Carter había ido a la iglesia para rezar por la libertad de los rehenes. Creo que sus rezos son como los de Mohamed Reza, que iba a veces a rezar a Mashad [ciudad santa, venerada por los chiltas, en la que está enterrado el octavo imán]. A ellos les viene bien la frase de Obeyd Zakan, cuando decía que se extrañaba de que un gato pudiera ser un ser piadoso. Ahora le toca a Carter decidir y ver qué es lo correcto para él. Puede hacer estallar la guerra y destruir su propio país. No es probable que la ganase… también puede actuar con cordura y conceder la extradición de ese asesino que durante cincuenta años ha cometido crímenes, ha matado a nuestros jóvenes, se ha apropiado o destruido nuestras fuentes de riqueza y ha hecho caer a nuestro país en el nihilismo.»

Poco después de que los estudiantes islámicos seguidores del imán se hicieran con la embajada, Jomeini dijo que guardaría silencio hasta el 5 de diciembre. Nunca ha sido fácil acceder a su casa de Qom y menos aún estas últimas dos semanas. De hecho, ésta era la segunda entrevista concedida a la prensa escrita en los últimos tiempos. Jomeini desconfía de los periodistas.

¿Qué es lo que hay de dictatorial aquí?

«Siento que el Occidente», se queja el imán, «con todo el autobombo que se ha dado con su civilización y su humanitarismo, pueda decir en sus medios de comunicación cosas sobre Irán que nunca han ocurrido. ¿Qué clase de países son estos, que tienen una prensa como esa? Dicen que hay una dictadura en nuestro país, pero ¿qué es lo que ven de dictatorial aquí? Hace cinco meses que tenemos completa libertad, y esta gente nos traiciona y conspira contra nosotros. Después hemos sabido que hay periodistas que colaboraban con los espías norteamericanos; estos mismos nos lo han dicho.»

En los últimos meses han abundando las críticas al nuevo régimen iraní, que ha sido calificado, entre otras cosas, de caótico. ¿Qué se puede responder a esto?

«El caos», afirma Jomeini, «es inevitable cuando un régimen reemplaza a otro. Francia es tenido por uno de los países más civilizados, y ¿qué ocurrió allí después de su revolución? ¿Cuánta gente ha muerto aquí? Y bien, ¿cuánta gente murió en la revolución rusa y en otras revoluciones? Nosotros decimos que nuestra revolución fue única en el mundo, porque era una revolución islámica, y, al ser islámica, toda la gente de este país participaba en ella. No ha sido una revolución en la que simplemente un régimen ha reemplazado a otro; ni tampoco ha sido un golpe militar. Ha sido la revueta de una nación que, al ser musulmana, defendía su propia moralidad. Nuestra revolución se ha hecho en calma, porque seguíamos las reglas islámicas.» “Aquí no ha habido caos”

«Los traidores», prosigue el imán, «no fueron fusilados inmediatamente. Se les detenía, se les trataba correctamente y, si parecían culpables, se les llevaba los tribunales. Según los crímenes cometidos, se les condenaba. Aquí ha habido menos caos que en otras revoluciones. Aquí, se puede decir, no ha habido caos. »

Qom festeja la primera Ashura de la República Islámica. Desde las ocho de la mañana, las calles están llenas de gente que marchan en procesión, al son de bombo y platillos, golpeándose rítmicamente las espaldas con unas cadenas o haciendo sonar los puños sobre el pecho.

La gran mezquita, de cúpula dorada, está completamente llena. Muchos han venido de muy lejos. Hay kurdos, turcos, baluchis, hombres con rasgos mongoles…; de cuando en cuando, un fugaz cortejo fúnebre entra en la mezquita. Así, se dice, se facilita la entrada del muerto en el paraíso. El modesto ataúd, destapado, corre entre la multitud, mientras el cortejo se empeña en llevar el mismo paso. No se ven caras tristes. La muerte tiene aquí un significado muy diferente.

En Qom hay también mujeres que se guardan más aún de las miradas que el resto de las iraníes: un tupido velo negro les tapa toda la cara. Entre las procesiones se ven jóvenes cubiertos por un mandil blanco. Así se ha vestido siempre a los muertos; es una forma de decir que están completamente dispuestos a ofrecer su vida. La situación se ha seguido en Irán sin ningún tipo de histerismos: a nadie parece extrañarle ya que la televisión dedique un programa de hora y media a mostrar la utilización del fusil ametrallador.

En los accesos a la modesta vivienda de Jomeini, estrechamente vigilada por los Pasdaran (guardias islámicos), no se escucha la charanga de las procesiones; sólo los eslóganes que rítmicamente van gritando los que pasarán todo el día frente a la casa, con la vana esperanza de ver al imán: «Hemos venido para verte, Jomeini». Y, de cuando en cuando, nuevamente: «Muera Carter.»

«El artículo 26 de nuestra Constitución», continúa Jomeini, «dice que todos los partidos, comunidades, asambleas o minorías religiosas son libres, con la condición de que no conspiren contra el país, contra nuestra nación o contra la República Islámica, y no violen las leyes. Desde el principio de la revolución la gente gritaba: “Ala akbar.” (“Alá es grande”), y “Queremos una república islámica”. Esto era lo que quería el pueblo. Desde el comienzo de la revolución, varios grupos comenzaron a crear problemas. Unos decían que querían sólo una república; otros, que querían una república democrática, y otros, una república islámica democrática. El 98,2% de nuestro pueblo votó a favor de la República Islámica. Los grupos que se repartían el 2% restante comenzaron a crear problemas. ¿Qué quieren, los que conspiran contra la República Islámica cuando dicen que no se les ha dado espacio para sus actividades? Si no violan la Constitución, tendrán libertad.» .

Visto desde Irán, la situación de los rehenes no parece tener fácil solución. ¿Es posible a última hora una medida de clemencia?

«La religión islámica puede ser misericordiosa en el momento justo», comenta el imán. «Si los rehenes son culpables y se prueban sus delitos, serán condenados. En algunos casos, le corresponde a los líderes religiosos la posibilidad de perdonar. Si América devuelve al criminal y todas sus propiedades, incluyendo las que están guardadas en los bancos, entonces la autoridad será misericordiosa, y esta gente [los rehenes] tendrán la oportunidad de meditar su propia culpabilidad.»

“El Papa debería comportarse como se comportaría Cristo”

«El Papa mandó aquí a un enviado, y su punto de vista era que pusiéramos en libertad a los rehenes que habíamos capturado en el ‘nido de espías’. Nosotros informamos al Papa de los crímenes que se habían cometido aquí, ya que podía no estar informado. Le explicamos al Papa que, ya que se considera santo padre y vicario de Cristo, el mesías, en la Tierra, debería de comportarse como se comportaría Cristo. Si Cristo estuviera aquí, ni el Papa ni las jerarquías religiosas dejarían que Cristo se pusiera del lado de Carter, olvidando a las naciones oprimidas… Es cierto que Carter tiene poder, tanques y municiones; pero los países, tanto si son cristianos como judíos o zoroastrianos, tienen que estar de acuerdo con nosotros», añade el imán.

«Nosotros», concluye, «queremos ser amigos de todos los Gobiernos. Pero si un Gobierno no quiere estar con nosotros e intenta interferir en nuestros asuntos, no podrá contar con nuestra ayuda. A nuestros amigos les daremos petróleo, si lo necesitan, y si nos hace falta algo, será a ellos a quienes se lo pidamos.»

 

El hombre predestinado

Ignacio Martínez | 17 de diciembre de 2008 a las 12:37

 

Treinta días y 30 noches después de su congreso, Izquierda Unida ha anunciado que tiene un nuevo coordinador general, que sustituye a Gaspar Llamazares. Parece un hombre predestinado. Cayo Lara, auspiciado por el aparato del Partido Comunista, ha ganado la elección a dos candidatos cuyos nombres no les ayudaban a convertirse en líderes nacionales. España no es la América de Obama. Los otros eran Eberhard Grosske y Joan Josep Nuet. Estados Unidos puede tener un presidente negro, pero quizá en la España actual los obreros, los despedidos de sus trabajos, los jóvenes hipotecados y los que ansían la igualdad, a quienes se dirige el nuevo jefe de IU, no están en disposición de entusiasmarse por un señor llamado Eberhard o Joan Josep. Desgraciadamente. Aquí somos de nombres más corrientes, como Adolfo, Felipe, José María o José Luis. Hasta el clásico Leopoldo fue un accidente.

Por su sonido, Cayo tampoco ayuda en el terreno de los significados. Puede confundirse con callo, término que ofrece contradictorias interpretaciones. Por el lado oscuro, dureza, fealdad o cicatriz. Por la vertiente positiva, dar el callo es trabajar mucho; y en Cuba, no doler ni los callos quiere decir gozar de muy buena salud. Pero con la y griega que le corresponde, su nombre tiene un significado más simbólico: un cayo es una isla rasa, arenosa, frecuentemente anegadiza y cubierta en gran parte de mangle, muy común en el mar de las Antillas y en el golfo mexicano. Y eso es IU en el actual océano político español. Una isla rasa, anegada por un sistema electoral que castiga a un partido que saca un millón de votos y tiene dos diputados, mientras el PNV con 300.000 votos consigue seis escaños.

Las raíces de la división en la familia comunista no tienen nada que ver con los arbustos antillanos, sino con una tradición que está muy explicada en Bucarest. Este documental es un homenaje de Albert Solé sobre la memoria perdida de su padre, Jordi Solé Tura, antiguo dirigente comunista y uno de los padres de la Constitución, que está enfermo de Alzheimer. Uno de los momentos más simpáticos de esta tierna película es el protagonizado por los hijos de dos de los máximos dirigentes catalanes del siglo XX, el escritor Sergi Pàmies, hijo de Gregorio López Raimundo, y Albert Solé. Pàmies cuenta que si entran cuatro comunistas en una habitación, a la media hora hay una escisión.

Eso sería antes; Cayo no tiene tanto margen. Precisamente, su nombre evoca tiempos pasados. Se llama igual que Cayo Julio César, el patricio militar y político que acabó con la república en la Roma imperial. Pero sobre todo, suena a antiguo su discurso invocando la huelga general. Pasionaria, de la que es un admirador, y Carrillo se llevaron toda la dictadura de Franco soñando con la huelga general política. Y Cayo Lara, el hombre predestinado, empieza por ahí.