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Bipartidismo cainita y estéril

Ignacio Martínez | 16 de mayo de 2012 a las 12:10

No doy crédito. Leo que Javier Arenas reprocha los ajustes presupuestarios al Gobierno andaluz. Es un desahogo; la Junta ha seguido el guión impuesto por el Gobierno del PP, en donde Cristóbal Montoro está con el mazo en ristre sacudiendo a toda autonomía gastosa. Pues nada, ayer en Ronda el político más votado en las pasadas elecciones ha calificado la medida de “recortazo”. Y lo ha explicado; esto viene de una agenda oculta que tiene el bipartito. (No de la necesidad y de las imposiciones del directorio europeo). Pero, eso sí, al mismo tiempo presume de que España hace sus deberes y que está en cabeza de los países cumplidores con los compromisos europeos. ¿En qué quedamos? No hay pudor.

Ni imaginación. Sacas a los políticos de este pim pam pum y se quedan en nada. Miremos a la acera contraria. Como un ataque preventivo contra el adversario, la presidenta del PSOE andaluz dio una rueda de prensa el lunes para ponerse el parche antes de que le saliera la herida. Rosa Torres atribuyó los recortes que ayer al “asalto y la imposición” del Gobierno del PP, culpable de una política de crispación contra Andalucía. Esto es lo que hay. El mundo hundiéndose y los dos grandes partidos preocupados en cómo echarle la culpa al otro. No hay vergüenza.

El vicepresidente Valderas tampoco desentona. Ayer en una entrevista en Canal Sur Radio dijo que los recortes en el presupuesto regional vienen obligados por el ajuste impuesto por el Gobierno central. Añadió que se podría conseguir el reequilibrio en las cuentas públicas combatiendo el fraude y la economía sumergida. De acuerdo. Pero una parte importante de las medidas anunciadas ayer por el Gobierno andaluz vienen de algo que PSOE e IU han obviado en sus excusas ante la opinión pública, que la Junta hizo un presupuesto imaginario para 2012 que preveía que la economía iba a prosperar y está haciendo lo contrario. El recurso no es nuevo, ya lo hizo Griñán siendo consejero de Economía y Hacienda en el presupuesto de 2009.

La invocación de Valderas a la economía sumergida es pertinente. España tiene el récord europeo en la materia detrás de Grecia. Pero es un problema difícil de combatir, porque depende del grado de conciencia cívica y responsabilidad ciudadana. En el corto plazo es imprescindible hacer ajustes. Todo el mundo está de acuerdo, con una pequeña salvedad: nadie quiere que le recorten a él. Los dos grandes partidos siguen tomando por tontos a los ciudadanos. Pero deberían mirar a Grecia en donde el bipartidismo cainita y estéril ha quedado laminado; Nueva Democracia y Pasok no controlan ya ni la mitad del Parlamento heleno. También vale el caso de Alemania. En los años 50 democristianos y socialdemócratas sumaban el 88% de los votos. En las elecciones de 2009 el 57%. Si PSOE y PP siguen jugando a las trincheras acabarán igual. Pronto.

Todo puede empeorar

Ignacio Martínez | 13 de mayo de 2012 a las 11:13

Es una de las leyes de Murphy. Toda mala situación es susceptible de empeorar. Hay que recortar 2.700 millones de los 32.000 del presupuesto andaluz de este año. No es un capricho del Gobierno, ni culpa de los especuladores. Es más simple: no hay dinero. La economía andaluza está en depresión y el producto regional bruto será este ejercicio un 2% menor que el pasado. Se reducirán los ingresos, la capacidad de endeudamiento está limitada y cualquier emisión de deuda de una comunidad autónoma española en solitario es una operación muy arriesgada. Así que la consejera Aguayo no tiene por delante el sudoku de Solbes de 2009, sino un samurái.
Pero todo puede empeorar. Sin ir más lejos, los 27 socios comunitarios están preparando los presupuestos de la Unión Europea para los siete años que van de enero de 2014 a diciembre de 2020. Un billón de euros. Muy poco si se relaciona con las ayudas que por todos los conceptos le han dado los estados europeos a sus bancos: cinco veces más. El presupuesto anual de la UE es el equivalente al 1% de su PIB, unos 145.000 millones. Muy poco si lo contrastan con el de Andalucía, es cuatro veces y media mayor. Poco.
Y aun así, Alemania ya lo mira con recelo. Decididamente los tiempos del canciller Kohl se han terminado. El ministro de Exteriores de Merkel y antiguo jefe del partido liberal alemán, Guido Westerwelle, ha dejado claro que el presupuesto de la UE no va a aumentar. Así que si hay que hacer un plan de crecimiento se debe sacar el dinero de la caja de Bruselas. Le parece una aberración que se hayan destinado fondos a hoteles rurales con encanto o a negocios de day spa. Propugna menos gasto y más austero. Y utilizar el Banco Europeo de Inversiones para proporcionar financiación directa a las pequeñas y medianas empresas.

Andalucía recibe ahora al año más de 2.000 millones para infraestructuras, formación y desarrollo rural o pesquero. Y más de 1.700 millones para la producción agraria. Casi 4.000 millones que se reducirán en 2014. La cifra tiembla ante la diatriba de Westerwelle. En pocos meses sabremos cuánto disminuye. Ya ven que toda situación es susceptible de empeorar. Y mucho.

La España a la carta

Ignacio Martínez | 5 de mayo de 2012 a las 9:27

Después de abrir decenas de frentes en cuatro meses y reformar, recortar o amenazar por tierra, mar y aire, el Gobierno ha sacado bandera blanca. Resulta que con tanto desavío los mercados no se calman y, por el contrario, la retaguardia amenaza galerna. Una retaguardia que empieza por los que no son de obediencia debida; léase catalanes, vascos, andaluces y canarios. Así que el Gobierno ayer nos sorprende con una oferta de ¡diálogo! Ahí es nada, en este país de capuletos y montescos.
Quiere el PP evitar que los socialistas utilicen sus mismas armas en las dos últimas legislaturas; o sea, irse por la calle de en medio al Tribunal Constitucional. Y ha pedido al PSOE negociar la reforma de la Administración, para evitar que le lluevan los recursos. País Vasco, Andalucía, Canarias y Cataluña están en contra de varias reformas impuestas por el directorio central, en materia laboral, educativa o sanitaria. Incluso Galicia. Toda una revuelta regional. Unos y otros anuncian que no aplicarán en su territorio éste o aquel dictado del Gobierno.
Vamos camino de una España a la carta. Cada autonomía acepta unas leyes y recurre otras. Y, ya que estamos, ¿por qué no los ciudadanos? El Gobierno ha lanzado un globo sonda sobre un posible peaje en las autovías. Se puede extrapolar la idea a otros ámbitos, y que sólo los que tengan hijos paguen por las escuelas o que los usuarios de la sanidad privada no tributen por la pública. Si España está en bancarrota porque mucha gente ha vivido por encima de sus posibilidades, los que no tengan deudas deberían tener una prima. ¡Impuestos a la carta! Y en vez de ciudadanos, clientes. Un despropósito.
Hay que refundar el Estado de bienestar sobre otras bases, pero con más prudencia. No sólo falta diálogo, sino también un profundo debate en el Congreso sobre el conjunto de reformas. Que todos los grupos expliquen cómo lo harían. Y abordar asuntos que ahora están fuera de la agenda, como las administraciones públicas. Es un tema planteado esta semana por Mariano Rajoy en la cumbre del Banco Central Europeo. El presidente dijo que será preciso “eliminar duplicidades innecesarias y solapamientos indeseables, con supresión de entidades y organismos que no resistan una prueba de utilidad o cuyo coste resulte desproporcionado”.
De acuerdo, por completo. Pero el propio Rajoy no admite la duplicidad provocada por una administración territorial del primer tercio del XIX, que cohabita con otra de finales del XX. Diputaciones y autonomías se solapan. Y el Senado como segunda cámara legisladora, sobra. Todo lo que enmiendan los senadores, vuelve a manos del Congreso. Es bastante inútil. Sin embargo, ambas cosas exigirían un acuerdo entre PP y PSOE, y una reforma de la Constitución. Así que no se harán. La España a la carta no está tan lejos.

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El virus Sarkozy

Ignacio Martínez | 8 de abril de 2012 a las 12:36

Hay muchas maneras de hacer campaña electoral. Los profesionales de la política, el marketing y las encuestas dirán que la buena es la que gana: todo vale para gobernar. Tengo mis dudas. Veamos un ejemplo de fuera, que nos afecta: en dos semanas, el 22 de abril, se celebra la primera vuelta para elegir al inquilino del Palacio del Elíseo. Y el 6 de mayo es la elección definitiva, previsiblemente entre el actual presidente francés y el candidato socialista François Hollande.

Hasta hace poco, Nicolas Sarkozy, viejo lobo de mar de la política francesa, iba por detrás en las encuestas. Justo hasta los atentados del mes pasado en Toulouse en los que murieron cuatro civiles y tres soldados, además del terrorista. El marketing le funcionó bien al presidente que pasó a encabezar las encuestas para la primera vuelta, gracias a su forzado protagonismo. Buena jugada.

Pero todavía está lejos de poder ganar el 6 de mayo. Así que los aprendices de brujo que le rodean han elegido otro recurso con gancho para animar a los simpatizantes. Y no han encontrado otra cosa que España y su asfixiante situación económica. Y aquí estamos ahora, aguantando un chaparrón de descalificaciones del candidato al que el rey Juan Carlos concedió hace tres meses un Toisón de Oro, la más alta condecoración de la Corona española. El último ataque de Nicolas fue ayer mismo. Es como un virus. Antes dispuesto a infectar la política de inmigración europea y ahora la estabilidad del euro.

Con los recortes en los presupuestos dejando la economía nacional en el hueso y los mercados reticentes a invertir en deuda pública española, lo último que necesitamos es al jefe de Estado de la segunda potencia continental todo el día diciendo lo mal que anda España. Pero lo hace. Sostiene que su rival colocaría a Francia en el nivel de Grecia o España. Somos el paradigma del mal.

Así, con dos ideas negativas, se está haciendo la campaña el buen hombre. Me recuerda a Arenas, empecinado durante meses en el monotema de la corrupción socialista con los eres falsos y el hartazgo de los 30 años. Cierto, pero insuficiente. Hay que poner algo más encima de la mesa para ganar. Algo positivo. Pero ni aquí Arenas, ni Sarkozy en Francia siguen esa receta. Sino la rancia de que lo importante es ganar. Como sea.

La Junta tendrá que ajustar su presupuesto en 2.500 millones

Ignacio Martínez | 8 de abril de 2012 a las 12:19

El ajuste llega a las cuentas regionales. Andalucía debe recortar su presupuesto para el año en curso en unos 2.500 millones de euros. Y tiene que hacerlo por tres motivos. Porque la previsión de crecimiento del 1% del PIB, con la que se redactó el presupuesto de la comunidad autónoma para 2012, era un voluntarismo que a día de hoy es imposible de cumplir. Porque el déficit del ejercicio anterior fue del 3,22% del PIB y éste no puede rebasar el 1,5%. Y porque las transferencias del Estado se van a reducir drásticamente.

Los recortes supondrán una recaudación menor de los tributos cedidos, un descenso notable en las transferencias corrientes y de capital desde la Administración General del Estado, y un menor techo de gasto. Esos elementos suman alrededor de 2.500 millones, según los cálculos efectuados por este periódico, con la ayuda de varios especialistas. El presupuesto autonómico sería similar al de 2007, año en el que empezó la crisis económica y financiera mundial en Estados Unidos. Entonces alcanzó un montante de 29.187,7 millones de euros. Y el aprobado en diciembre pasado fue de 32.020 millones.

Tras la primera reunión de las delegaciones del PSOE e Izquierda Unida para la formación del nuevo Gobierno, José Luis Centella, secretario general del PCE, declaró que las prioridades de su organización son el empleo, el cambio de modelo productivo, la regeneración de la vida pública andaluza, y el freno a la política de recortes. Pero la última de esas cuatro premisas no depende de los socios parlamentarios.

Queda mucho hilo por hilvanar en estas conversaciones, pero inevitablemente la mayoría de izquierdas tendrá que abordar dos elementos capitales: con qué dinero se cuenta y de dónde se recorta. Porque no le quedará más remedio que ajustar. El producto regional bruto en el año en curso decrecerá al menos un 2% según todos los expertos consultados. Una cifra asumida o al menos no negada por las autoridades regionales. Pero los Presupuestos de 2012 se redactaron con el horizonte de un imaginario crecimiento del 1%.

Es cierto que hasta el verano el ritmo de la economía mundial fue distinto al del segundo semestre de 2011. Y que algunos servicios de estudios bancarios, como el de Unicaja, Analistas Económicos de Andalucía, preveían un leve incremento del PIB regional este año. Pero todos esos expertos coinciden ya en que habrá una depresión del producto bruto. Y que estará tres puntos por debajo de las expectativas del presupuesto aprobado por el Parlamento en diciembre. Si se calcula sobre 145.451 millones de euros [PIB de 2011], suponen 4.363,5 millones menos de actividad económica en Andalucía.

Hay economistas, como el profesor Francisco Ferraro, que sitúan como mínimo en la mitad de esa cantidad el ajuste necesario en el presupuesto andaluz, lo que equivaldría a unos 2.200 millones. Una cifra similar, por cierto, sale de la limitación del techo de gasto con una simple operación. El déficit en 2011 fue de 3,22% del PIB y este año no puede rebasar el 1,5. La diferencia porcentual, de 1,72, supone 2.502 millones de euros.

Un cálculo más preciso sale de la reducción en cinco capítulos. Tres impuestos, IRPF, IVA y Especiales, según una estimación realizada por el profesor José Manuel Domínguez. Y dos fondos, el de Garantía y el de Suficiencia, con los que el nuevo sistema de financiación ampara la población ajustada y las competencias de las comunidades autónomas. La suma de estos cinco capítulos podría situarse en torno a 1.700 millones de euros.  

Las transferencias corrientes y de capital que no vendrán a Andalucía por los recortes en los Presupuestos Generales del Estado significarán otra merma en las cuentas de la Junta. Un somero repaso de lo que se ve supera los 600 millones de euros. Se han producido rebajas en numerosos programas concretos, no territorializados. El más notable en las políticas de Empleo, que puede suponer una pérdida para los presupuestos andaluces de 350 millones. En  Dependencia, la eliminación del fondo nacional de 283 millones, significará un recorte de 70 millones para la región, que absorbía una cuarta parte del total.
Hay, además, cantidades diversas de menos cuantía en desarrollo sostenible, educación, salud pública, guarderías, becas y otras que suman más de 100 millones de transferencias que desaparecen. Y también se rebaja el Fondo de Compensación Interterritorial en unos 100 millones para toda España: la parte de Andalucía eran 38. Como mínimo de momento la Junta cuenta con dos rebajas importantes en los ingresos que preveía en diciembre: 1.700 millones por una parte y más de 600 por otra. Lo que supondría un ajuste por encima de los 2.300 millones.

El tijeretazo definitivo puede ser aún mayor. El Gobierno se ha reservado en los PGE una cantidad de 4.495 millones para usarla más adelante si se le dispara el déficit. Técnicamente ha provisionado una ‘inejecución presupuestaria’ por esa cifra, que a lo largo del año puede costarle mucho dinero a las cuentas andaluzas. Quedan otras zonas de sombra que generarán nuevos contenciosos entre Junta y Gobierno, que se sumarán a los tres ya interpuestos durante el mandato del anterior Gobierno. 

Habrá pleito, por ejemplo, con un capítulo no transferible al presupuestario autonómico: la inversión regionalizable del Estado del 17,8% incumple el Estatuto en 400 millones.  Con estos elementos tendrá que lidiar el nuevo Gobierno andaluz, que más allá de sus ambiciones tendrá que hacer frente al mayor recorte en las cuentas públicas en 30 años de autonomía. Junto a la prioridad para las políticas sociales, la consejera Martínez Aguayo o su sustituto tendrá como principal desafío la austeridad.

Andalucía no está mal en el tablero financiero español

Ignacio Martínez | 2 de abril de 2012 a las 11:33

Cada vez hay menos jugadores en el tablero financiero. Las bazas tienen más tamaño. Y la acción se acelera. Este fin de semana terminaba el plazo dado por el decreto 2/2012 de 3 de febrero para el saneamiento del sistema bancario nacional. El Gobierno exigía a todas las entidades financieras un plan de solvencia que debe cumplirse antes de fin de año. Para el conjunto del sector, significaba aumentar en 52.000 millones de euros sus provisiones. Y en dos meses, a final de mayo, se cumple un segundo plazo: debe anunciarse al Banco de España cualquier intento de concentración que pretenda acogerse a los beneficios de este decreto validado en el Congreso el 16 de febrero, con el amplio respaldo de PP, PSOE, CiU, CC y UPN.

Si en los últimos tres años todos han hablado con todos, en los últimos meses la frecuencia e intensidad de los contactos se ha acrecentado. Ha habido conversaciones de un peso extraordinario, que no han prosperado. Por ejemplo, La Caixa con Bankia. Hubo otras que han tenido diversos recorridos. Banca Cívica con Ibercaja, Liberbank o Banco Mare Nostrum. Y muchas más: hace un año se llegó a publicar como inminente la fusión de BMN con Caja España Duero. Finalmente se ha producido la integración de Cívica (donde está integrada Cajasol, presidida por Antonio Pulido) en Caixabank, creando la primera entidad financiera española y la primera andaluza. El consejo de Unicaja ha completado este viernes su fusión con Caja España Duero, aprobando las últimas modificaciones al contrato de integración del grupo castellanoleonés. Esta es la situación del tablero con los últimos movimientos. ¿Y ahora qué?

Las posibilidades son muchas. El asunto no es que hablen todos con todos. Es que se ven con mucha frecuencia. Los seis miembros de la comisión ejecutiva de la Confederación Española de Cajas de Ahorro se reúnen al menos una vez al mes en la sede de la CECA: el tercer miércoles de cada mes, en la calle Alcalá de Madrid. Isidro Fainé, de La Caixa, Rodrigo Rato, de Bankia, Braulio Medel, de Unicaja, Amado Franco, de Ibercaja, Mario Fernández, de Kutxa, y Carlos Egea, de Banco Mare Nostrum. En este selecto grupo están las entidades susceptibles de convertirse en compradores de otras. Quizá con la excepción de Bankia, a pesar de su tamaño y de que ha presentado su plan de solvencia al Banco de España. Se considera que entre un 10% y un 15% de los 52.000 millones de provisiones suplementarias corresponderán a esta entidad.

En el consejo de administración de CECA hay dirigentes de otras seis entidades. De ellas, sólo una está en condiciones de cumplir individualmente las condiciones del decreto, Liberbank, formada por Cajastur, Caja Extremadura, Caja Cantabria y Castilla-La Mancha. Las demás son Banca Cívica y España Duero, ya integradas en La Caixa y Unicaja; las catalanas nacionalizadas Unim y Catalunya Caixa, la primera adjudicada a BBVA y la segunda en espera de que se sustancie su subasta; y Nova Caixa Galicia, también nacionalizada y cuya privatización se aplaza de momento. El decreto 2/2012 no lo dice, pero las autoridades monetarias desean grupos solventes y con tamaño, por este orden. En la primera fase de concentración de entidades financieras se puso el suelo en 50.000 millones de activos. Ahora se habla de 100.000, 150.000, 200.000 millones… En definitiva, pasar de la docena de bancos nacionales que tenemos en la actualidad a siete u ocho. Y esto por varios motivos. Con la recesión hay menos actividad, menos ahorro, menos negocio. Menos sitio, en definitiva, lo que obliga a tener menos operadores. También supone que la estructura interna de las empresas debe ser más ligera, con menos personal y menos puntos de venta.
En el sector, la media docena de interlocutores consultados por este periódico para confeccionar este reportaje insiste en que lo importante es la solvencia y no el tamaño. Uno de ellos pone un ejemplo deportivo: “Es como si a un atleta muy fuerte le falta oxígeno, no puede moverse y puede hasta morir. Mientras que otro con menos musculatura, pero más en forma y perfectamente ventilado puede hacer un récord de beneficios”. Sea como fuere, todos se miran convencidos de que el Banco de España y el Ministerio de Economía quieren ofrecer al Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional la simplificación del mapa bancario español como uno de los primeros logros de las reformas. Las autoridades hacen hincapié en el criterio del tamaño, junto al de solvencia. La teoría es que a más tamaño, más facilidad de acceso a los mercados internacionales y mejor precio para los créditos. De momento, la banca española ha tomado una quinta parte del billón de euros que el BCE ha prestado a las entidades europeas al 1% durante tres años. Un dinero que no acaba de llegar ni en cantidad ni en precio a empresas y particulares. Se queda en los saneamientos, compra de deuda pública o simplemente en depósitos en el propio banco central en Fráncfort.

Se puede vivir en solitario como un pequeño banco local. Es el caso de las cajas de Onteniente y Pollensa; conservadas como especies en peligro de extinción. Pero para jugar las grandes ligas de las apuestas estratégicas y el desarrollo regional, todo el mundo conviene que el tamaño es deseable además de la solvencia. Es el papel que tiene jugar ahora Caixabank en Andalucía, con la fortaleza de su cuota de negocio regional. Hasta el punto de invertir aquí ahorro de fuera. Es el papel que ya juega Unicaja y debe aumentar en el próximo futuro. Y no hay que olvidar a los otros dos operadores regionales. Mario Fernández, presidente de la Kutxa, dijo en un Foro Joly en diciembre que pretendía convertir a Cajasur en el primer banco de Andalucía y que su grupo esperaba duplicar sus 74.000 millones de activos antes de 2013. Y está también Banco Mare Nostrum, liderado por Carlos Egea, presidente de Caja Murcia y secretario general de la CECA, en donde está integrada Cajagranada, presidida por Antonio Jara. BMN ha pujado con fuerza en la subasta por Banco de Valencia, que tiene unos 20.000 millones de activos. Y espera conseguir la adjudicación. Eso le daría la implantación territorial más homogénea de todas las integraciones que se han producido en España, con 90.000 millones de euros en activos. (También está Cajamar, que desde Almería está concentrando cajas rurales de toda España).

En todas las demás hay dispersión. Liberbank tiene Asturias y Cantabria por un lado y Extremadura y Castilla La Mancha por otro, Kutxa está en el País Vasco y en Andalucía; Ibercaja, en Aragón, Burgos y Canarias después de absorber a Caja 3… Unicaja, bien implantada en Andalucía y las dos castillas, sería otra excepción. Pero BMN presume de que su zona operativa es el Mediterráneo español en donde se concentra el 70% del PIB nacional. Para que el aserto sea cierto del todo tienen que conseguir la adjudicación del Banco de Valencia, por el que también parece que pujan Banco Popular, Ibercaja y la Kutxa. El territorial es otro factor importante que se suma, en el escenario actual, a los dos criterios básicos de tamaño y solvencia. Hay varios más. La estabilidad institucional y el liderazgo claro en el gobierno corporativo es otro fundamental. Este requisito lo cumplen todos los operadores que están en este momento de compras en el mercado: Unicaja, BMN, Kutxa e Ibercaja. Y Liberbank, liderada por el asturiano Manuel Menéndez. Y hay un quinto elemento esencial que es la gestión operativa. En BMN ya tienen el mismo sistema informático Caja Murcia y Sa Nostra, en los próximos días se sumará Caja Granada y antes de tres meses Penedés. Esta es una tarea que ya ha completado el 19 de marzo Cajasur con el Grupo de BBK y que ahora deben afrontar Unicaja con Caja España Duero y Caixabank con Cajasol y el resto de Banca Cívica.

El viernes, en Almería, Braulio Medel, dijo que Unicaja está abierta a nuevas integraciones. Esta frase, como la de que todos hablan con todos, es recurrente. Ya lo expresaron formalmente Unicaja y el grupo Espiga cuando cerraron su fusión hace pocas semanas. La clave es quién y cuándo. Lo primero es más complicado, pero para lo segundo hay un plazo preciso. Las entidades que se quieran acoger a las ventajas del decreto de febrero deberían de comunicar su intención a las autoridades antes de fin de mayo. Eso supondría firmar al menos un protocolo de intenciones. A esta cuestión los interlocutores de este diario han coincidido en una misma evasiva: “no hay prisa alguna”, “sin precipitación; no es necesario”. Es la misma prudencia con la que los grandes se tomaron un proceso de fusiones, en la que casi ninguno de los velocistas sigue en la carrera como cabeza de una entidad.

Hay quien opina que en el último tramo del proceso de concentración de entidades, la variable territorial va a resultar decisiva. Puede ser, por ejemplo, la última oportunidad para Andalucía, pensando en una hipotética fusión entre Unicaja y BMN que sumaría una implantación nacional de las más completas, de la que sólo estaría excluido Aragón y todo el norte de España. Y tendría un peso andaluz mayoritario, que estaría entre el 45% y el 50%. Hay quien adorna la idea. Braulio Medel no es malagueño, sino sevillano. El presidente de Caja Murcia, Carlos Egea, sin embargo, sí tiene raíces malagueñas por su segundo apellido Krauel. El patriarca de esta dinastía española, descendiente de unos vinateros alemanes establecido en Málaga en 1803, se llamaba precisamente Carlos (J. Krauel), como el presidente de BMN. Antonio Jara presidente de Cajagranada es murciano, de Alquerías. Eso sí, estaríamos ante una operación delicada, que habría que afrontar por interés económico y sin presiones políticas. “Con altura de miras”, resume uno de los interlocutores. Hay muchos aspectos sensibles, Murcia lidera ahora un proyecto nacional, pero no lo haría en el grupo nuevo. Y la alusión a la necesidad de evitar las interferencias políticas es pertinente: los gobiernos regionales son de distinto signo. El hecho de tener una entidad con una fuerte presencia andaluza es un elemento estratégico; una vertebración económica y financiera es imprescindible para el desarrollo regional. Si, por fin, Andalucía comienza a tener una política económica que apueste por sectores precisos, se especialicen los territorios y empiecen a cooperar, los créditos locales serán decisivos. Andalucía es muy grande como para no tener una entidad cuando el mapa financiero español se recorte a esas siete u ocho entidades finales.

De Guindos conoce el sector perfectamente por fuera y por dentro y está encargado de la reestructuración del sistema financiero, una de las tres patas fundamentales de la política reformista encarada por el Gobierno, junto al ajuste de las cuentas públicas y la reforma laboral. Sobre los tres capítulos hizo leyes Zapatero, pero Rajoy está yendo más lejos y es más contundente. La reforma De Guindos plantea que quienes no puedan cumplir los criterios de solvencia exigidos en el plazo de un año no podrán seguir solos. Las provisiones deben salir una parte de reservas y otra contra resultados. Quienes están en un proceso de integración tienen seis meses más para cumplir los requisitos, y pueden hacer toda la provisión con cargo a reservas y quien lo necesite puede utilizar el FROB. Hay quien no tiene claro si se redactaron los requisitos y luego se miró quien los cumplía, o se hizo la lista de los comprables y luego se redactaron los criterios. Sea como fuere se estableció una línea que separaba las entidades consolidadas de las que había que consolidar, de la que queda fuera Bankia por su peculiar tamaño y solvencia.

Medel sostiene que el tamaño de Unicaja de 81.000 millones de activos es confortable: “A día de hoy una dimensión de más de 50.000 millones de activos es más que suficiente”. Y, pensándolo bien, la posición estratégica de Andalucía no es mala en comparación con muchas comunidades autónomas que no tienen sede de una entidad financiera con más de 50.000 millones. No tienen ni Galicia, ni Navarra, ni la Rioja, ni Castilla y León, ni Extremadura, ni Castilla-La Mancha, ni Baleares, ni Canarias, ni Valencia. Nueve a ocho. Sí la tienen Cataluña, Cantabria, País Vasco, Aragón, Madrid, Murcia, Asturias… Y, aunque cada vez haya menos jugadores, Andalucía sigue en el tablero.

Falta humor en la política andaluza. ¡Viva lo blando!

Ignacio Martínez | 24 de marzo de 2012 a las 12:31

Si hay algo que un servidor ha echado de menos en esta campaña electoral, que no será recordada por sus aportaciones a la historia de Andalucía, es la falta absoluta de sentido del humor. No hubo campaña más crispada, bronca, huera, decepcionante que esta que terminó anoche. Leo en un periódico que sonreír ante algo es proporcionar una alternativa, y pienso que pocas alternativas nos ha proporcionado esta lluvia de pedradas que acaba de terminar. Ni una ironía, ni un sarcasmo, ni una sonrisa.
Un famoso humorista francés, Coluche, anunció en 1981 que se presentaba a la elección presidencial que acabó ganando Mitterrand. En la explicación de su campaña lanzó un eslogan imbatible: “Coluche, el único candidato que no tiene ningún motivo para mentir”; consiguió un 16% de expectativa de voto. El viejo Mitterrand se inquietó y encargó a amigos del artista que le disuadieran. Ya lo hizo De Gaulle en 1965 cuando se presentó Pierre Dac, héroe de la Resistencia además de humorista. Creó el Movimiento Ondulatorio Unificado (MOU) y su lema era “los tiempos son duros, ¡viva lo blando! (mou en francés)”. Se retiró.

Aquí un tipo del corte de Gila haría estragos. Y Santiago Segura en un debate parlamentario llamaría la atención. No crean que es simple teoría. Sin ir más lejos, hace un par de años en Islandia un famoso humorista montó un partido protesta y en seis meses conquistó la Alcaldía de Reikiavik. El Partido Mejor desplazó a las siglas tradicionales con un programa que se declaraba abiertamente corrupto y aseguraba que no cumpliría sus promesas electorales. En España lo más cerca que tenemos es el Partido del Karma Democrático, fundado en Vizcaya por otro humorista, que sacó más de mil votos en las municipales de 2007 en Bilbao. Sus principios ideológicos eran fomentar el humor, el tapeo, el amor y la condonación de la deuda del Tercer Mundo. Su más conocido eslogan fue: “PKD el voto inútil. El voto como tú”.
Sin necesidad de acudir a ejemplos raros, en el propio Parlamento andaluz ha habido ilustres ejemplos de portavoces con fina ironía y buen sentido del humor. Por ejemplo el recordado Juan Santaella del PP, o Pepe Caballos del PSOE, o las ocurrencias de Antonio Romero del PCA, empeñado en la primera legislatura en mencionar a su pueblo en los discursos, para que Humilladero figurase en el Diario de Sesiones o los pildorazos de humor jerezano de Pedro Pacheco del PA. Pero más allá de las personas, nuestro Parlamento regional dio la vuelta al mundo con un ataque de risa colectivo acaecido en noviembre de 1994 bajo la presidencia de Diego Valderas, cuando primero Chiqui Gutiérrez del Álamo y después el mencionado Santaella fueron incapaces de articular palabra para llamar a los diputados a una votación nominal.

En nuestra política regional falta humor. Y, por ende, alternativas.

Antonio Luque: “Los localismos y personalismos han bloqueado el desarrollo andaluz”

Ignacio Martínez | 19 de marzo de 2012 a las 11:56

Hojiblanca no existía en 1982; se empezó a gestar en el 84. Para ponerla en marcha, cuando se constituyó en 1987, los presidentes de las cooperativas fundadoras decidieron contratar a un ingeniero recién titulado, nieto de aceiteros por los cuatro costados. Antonio Luque (Antequera, 1958) aspira a convertirla en un líder mundial.

-¿Qué hacía usted en 1982?

-Terminar la carrera de ingeniero agrónomo en Córdoba.

-¿Tenía alguna aspiración sobre la autonomía?

-En aquel momento, ninguna. Y ahora deberíamos plantearnos la situación, la verdad.

-¿Qué fue lo mejor de los 30 años?

-La esperanza de que podíamos mejorar.

-¿Cómo era el sector del aceite de oliva en 1982?

-Un sector totalmente regulado e intervenido, donde no se potenciaba la calidad. Se producía pensando en el precio de intervención.

Han sido 30 años de vértigo.

-Sobre todo desde la entrada en la Comunidad Europea en 1986. Ha habido un desarrollo espectacular de nuestras producciones, al amparo de una buena PAC en los primeros años de nuestra incorporación; la producción ha pasado de 500.000 a 1.400.000 toneladas.

-Habla de España.

-Sí. Andalucía ha pasado de 420.000 a 1.240.000 toneladas.

-¿Por qué Andalucía, la primera potencia mundial en aceite de oliva, sigue vendiendo el 80% de su producción a granel?

-Por nuestra propia desorganización y porque no hemos sido capaces de estructurarnos para participar en la comercialización.

-¿De quién es la culpa?

-Nuestra y de todos los que han frenado, y frenan, cualquier intento de superar esta situación por intereses personales o políticos.

-Señale a alguien.

-Ha frenado el propio sector y otra gente. Estoy pensando en delegados de Agricultura de la Junta en alguna provincia, en responsables de determinadas cooperativas, en dirigentes de alguna organización agraria. De todo ha habido, es un colectivo muy amplio.

¿Cómo se puede conseguir que el valor añadido se quede aquí?

-Con empresas de dimensión suficiente, dueñas de marcas potentes, que inviertan en promoción y desarrollen innovación. Optimizando recursos públicos, olvidándose de localismos y personalismos. Y si sus dueños son los olivareros, mejor.

-Es consejero de Cajamar. ¿Cómo ve el sistema financiero andaluz?

-En cajas de ahorros, no sé si quedará alguna andaluza o habrá algún banco más global. Las rurales tienen solvencia, pero les puede faltar dimensión. Lo ideal sería que se vayan uniendo en un grupo cooperativo lo más grande posible.

-¿Una caja única habría sido buen instrumento para el desarrollo?

-Habría sido positivo una caja con tamaño y dimensión, respaldando proyectos empresariales. Pero los personalismos y los localismos han lastrado también este sector.

-¿Cuáles son las cifras de Hojiblanca?

-Facturamos 400 millones de euros. El grupo, empresas participadas y cooperativas tienen unos 1.500 empleos. Hay cooperativas de Jaén, Málaga, Córdoba, Sevilla, Cádiz, Granada, Ciudad Real, Badajoz y Toledo. En aceite tenemos 94 socios, en ganadería tres y en aceituna de mesa 22, muchos de ellos comunes: 50.000 familias de agricultores y ganaderos.

-Usted presidió muchos años las cooperativas agrarias de Andalucía. Un sector minifundista.

-Espero que en el futuro tendremos menos cooperativas con mayor facturación; sólo hay que mirar el modelo del norte de Europa. El problema eran los localismos. Pero ahora son más los personalismos.

-¿Qué dimensión deberían tener las grandes cooperativas?

-La suficiente como para ser líderes en su sector. En el sector oleícola, lo ideal sería una cooperativa que tenga un 25% de la producción mundial; tendría un protagonismo totalmente diferente en el mercado. Andalucía necesita grandes cooperativas agroalimentarias. Es la única manera de conseguir una buena internacionalización, un adecuado trabajo en I+D+i y el marketing necesario.

-Si produjese el 25% del aceite mundial, ¿cuánto facturaría?

-Unos 2.000 millones de euros.

-Y ¿cuánto sería embotellado?

-Tres cuartas partes de la producción. Directamente o a través de empresas que fuesen propiedad de la cooperativa, en Estados Unidos, China…

-¿Le dará tiempo a hacerlo?

-En los últimos nueve años hemos doblado producción y facturación cada tres años. Los tres próximos van a ser más difíciles, pero lo vamos a intentar.

-¿Cuáles son los principales logros de la autonomía?

-Las mejoras en infraestructuras y servicios; hospitales, universidades, carreteras…

-¿Y los inconvenientes?

-Tengo la duda sobre si se ha hecho la mejor gestión económica posible. A pesar de la cantidad de dinero público, seguimos siendo la segunda región más pobre de España y de las primeras europeas en paro. No ha habido espíritu emprendedor. Los personalismos y localismos han bloqueado el desarrollo.

-Uno de los pilares de la política económica ha sido la llamada concertación social.

-No conozco en profundidad los beneficios que haya podido tener para Andalucía. Las ayudas deberían darse directamente a empresas y trabajadores para generación de empleo en proyectos viables.

-¿Cree que se ha producido un desarrollo compensado entre las diversas provincias?

-Ha habido comarcas con desarrollos diferentes.

-En Málaga hay un sentimiento de agravio por el ‘centralismo sevillano’. ¿Habría ocurrido lo mismo con Antequera de capital?

-Quizá hubiera servido para evitar muchos de los problemas que hemos tenido. No obstante, en 2012 tenemos que pensar en el futuro. Si concebimos un gran proyecto, en un mundo global, no podemos imaginar cada territorio como el centro del universo. En Andalucía no hay empresas con tamaño suficiente para vender en todo el mundo.

-¿Ha habido demasiado peso de lo público en la economía andaluza?

-Es posible que en muchos casos haya habido intervencionismo. Y en algunos momentos ha pesado más la política que la rentabilidad y viabilidad de los proyectos.

-En 26 años en la UE han venido a Andalucía 38.700 millones de euros para producción agraria. ¿Han generado desarrollo?

-Han mejorado la situación en muchos pueblos y han permitido mantener población en el medio rural. Pero no está tan claro que hayan servido para mejorar estructuras comerciales con pocos grupos cooperativos, que garantizaran en el futuro el nivel de renta de miles de agricultores y ganaderos andaluces.

-¿Qué hay que hacer para tener una industria agroalimentaria potente en Andalucía?

-Apoyar decididamente proyectos viables, serios y consolidados que luchen por generar riqueza en el territorio. Todo el mundo habla de que ir a integraciones y a empresas de mayor tamaño, pero todos apoyan su empresa, su territorio, su comarca, o su grupo controlado políticamente o donde tiene su puesto.

-Taifas.

-Hace poco le oí al consejero delegado de Deóleo que su facturación de 1.000 millones de euros es pequeña. Que tenían que crecer. En Andalucía, justificamos procesos de integración de empresas de 20 a 50 millones de euros, sin percatarnos de que con eso fomentamos reinos de taifas. Así no podremos tener grandes grupos con marcas españolas y mundiales, que inviertan en I+D+i, en internacionalización, y que, en definitiva, sean motor económico de Andalucía

La paradoja de la satisfacción

Ignacio Martínez | 19 de marzo de 2012 a las 11:17

Las subvenciones han mejorado Andalucía y a la vez la han parado, escribía ayer Enric Juliana en el más importante periódico catalán, La Vanguardia. Mi colega se ocupaba en las primeras páginas de Política de la cita electoral del 25 de marzo y titulaba con una definición del prestigioso sociólogo andaluz Manuel Pérez Yruela, “Andalucía ante la paradoja de la satisfacción”.

Se trata de un relato de los 30 años de autonomía en el que se nota la huella documental de la Radiografía de Andalucía 1982-2012, que hemos publicado en los nueve diarios del Grupo Joly. Verbigracia, cómo los 72.500 millones de euros de ayudas europeas que han venido a Andalucía por todos los conceptos, desde 1986, no han sacado a la región del segundo lugar por la cola del desarrollo español.

El PIB andaluz ha aumentado entre 1981 y 2010 en un 122,5%, se ha erradicado el analfabetismo, hay mucha más gente con estudios, más personas trabajando, “la mujer se ha emancipado de la casa de Bernarda Alba”, la atención sanitaria es muchísimo mejor, espléndidas autovías libres de peaje trenzan la región, los seis aeropuertos reciben veinte millones de viajeros al año y un tren de alta velocidad conecta Sevilla y Málaga con Córdoba y el centro de la península.

El periodista concluye que la mejora es rotunda, inapelable, pero Andalucía sigue ocupando el penúltimo lugar en el PIB per cápita español sólo por delante de Extremadura. En 2010, como en 1982, estaba veinticinco puntos por debajo de la media española de renta. Y pone como ejemplo de incapacidad para crear valor añadido a su riqueza natural el del aceite de oliva, argumento que ustedes ya han leído en estas páginas: Andalucía es la primera productora del mundo y ha recibido desde 1986 más de 15.000 millones de euros de subvenciones, pero sigue exportando a granel el 80% de su producción de aceite de oliva. Juliana lo atribuye al acomodo.

Deambula mi colega por el porcentaje de empleo público en Andalucía, 17%, frente al 15 de Madrid, 12 del País Vasco, 11 de Valencia y 10 de Cataluña, que ignoro si son datos homogéneos, para terminar conviniendo que la región oscila de cara al 25 de marzo entre el deseo de cambio y el miedo al futuro. Y atisba un reflejo defensivo respecto a la reforma laboral y las severas noticias que llegan de Cataluña. La tesis final es que a partir de un umbral, las ayudas frenan. Y no lo dice, pero el martes 13 el presidente de la Generalitat explicó que el saldo fiscal negativo de Cataluña con España es de 16.400 millones de euros, un 8,4% de su PIB. Hay muchas maneras de calcular las balanzas fiscales. Se antoja excesiva la cifra. De ser cierta, sería superior la contribución neta catalana a las arcas de la Hacienda nacional que la de Alemania al presupuesto comunitario. Todo esto completa el cuadro de recortes futuros. Vienen tiempos interesantes. Y tensos.

Minifundismo municipal

Ignacio Martínez | 17 de marzo de 2012 a las 10:59

Hay dos outsiders en estas elecciones que pueden darnos una sorpresa el 25 de marzo. Las encuestas coinciden en que PSOE y PP van a intercambiar sus posiciones en el Parlamento y que IU quedará mejor de lo que está. Sobre UPyD y PA hay división de opiniones. Hay quien no les da nada, quien le da escaño a los de Rosa Díez por Sevilla, como el Barómetro de este diario, y quien se lo da a Pilar González, como la encuesta de la Ser de ayer. Mañana escribiré sobre estos dos pequeños competidores que están en la frontera del ser o no ser y que animarían la próxima legislatura si entran en el Parlamento. Hoy me quedo con una propuesta novedosa de UPyD que coincide con la campaña, pero que como casi todos los ingredientes del debate político de estos días está en clave nacional.
Rosa Díez propugna la desaparición de las diputaciones, como instituciones obsoletas en la España de hoy. Cada vez somos más los que planteamos esta posibilidad, que no es nueva. Sin embargo, UPyD ha sacado otra propuesta complementaria, la fusión de los ayuntamientos más pequeños. No es un capricho: uno de cada ocho municipios españoles tiene ¡menos de 100 habitantes! No es una errata, cien. Hay en total 1.037 ayuntamientos en España con capacidad de gasto, autonomía y estructura municipal, cuya población total cabe en dos autobuses. Pero no queda ahí la cosa, más de la mitad de los municipios nacionales, 4.861 de los 8.114 que hay en total, tiene menos de mil habitantes.
En resumen, tenemos un minifundismo municipal que resulta insostenible de costear. Y que obliga, además, a mantener a las diputaciones provinciales para darle servicio a estos pequeños pueblos. En paralelo, hemos creado una potentísima estructura territorial, que son las comunidades autónomas. Hemos solapado todo, y no sólo no se ha reducido lo anterior sino que hemos engordado la estructura de las instituciones precedentes. UPyD propone fusionar municipios andaluces y pasar de 774 a 351. Se trataría de crear municipalidades con varias comunas que conserven el nombre tradicional de cada pueblo. Mientras que el análisis del problema está bien enfocado, parece excesivo el ahorro de la desaparición de diputaciones y la fusión de pequeños ayuntamientos: 8.700 millones en Andalucía y 45.000 millones en toda España, según UPyD. En todo caso, ahí queda la idea.
Hay pocos casos de minifundismo municipal como el español en Europa. Italia quizá, y hace poco el Gobierno de Monti dispuso la desaparición de las provincias de menos de 300.000 habitantes o 3.000 kilómetros cuadrados y los ayuntamientos de menos de mil habitantes. Así que ya hay un antecedente de racionalización de la administración local en eso que llamamos países de nuestro entorno. A ver si cunde el ejemplo, como en Galicia.

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