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Esto no es Cataluña

Ignacio Martínez | 18 de julio de 2010 a las 12:13

Esto no es Cataluña. Si Andalucía fuese Cataluña, el Banco de España no se habría permitido adjudicar la caja de Córdoba en contra del criterio unánime del conjunto de las fuerzas políticas y sociales. Y si lo hubiese hecho, se habría formado un escándalo planetario. No se pierdan el interesante debate que hoy publicamos en las páginas de Andalucía, entre los economistas del Grupo Joly. Hay opiniones para todos los gustos y algunas distintas a la de este cronista. Pero me quedo con una reflexión del profesor Aurioles: hay un tremendo vacío de Madrid para abajo en el nuevo mapa de bancos y cajas de España.

Y no vale decir que Cajasur se ha adjudicado al mejor postor. El Banco de España ha tutelado, ordenado o manejado todos y cada uno de los movimientos de fusiones. Y ha dejado un enorme vacío de Madrid para abajo. Hay una España rica y una pobre, y el señor Fernández Ordóñez las consolida con su nuevo mapa. Un deliberado error. También del Gobierno, más preocupado por su suerte o por la de Cataluña, que para eso protesta, para que le hagan caso. El presidente ha dejado a los pies de los caballos a sus correligionarios andaluces, que han iniciado una curva descendente en el aprecio popular, de difícil recuperación.

Hay más. El consenso unánime mostrado por el conjunto de fuerzas políticas y sociales llegó tarde. Si es verdad, como ha dicho el presidente Griñán, que Cajasur dejó de ser andaluza cuando los canónigos se negaron a fusionarse con Unicaja, este magnífico consenso debió producirse entonces, para impedir el suicidio de los curas que habían quebrado con su gestión la caja de Córdoba. Pero entonces no hubo unanimidades de ningún tipo. El PP estuvo a favor, en contra o se abstuvo a conveniencia; Comisiones votó en contra en el consejo Unicaja, y UGT se abstuvo. En fin, que los curas no son los únicos culpables. Su reino no es de este mundo, pero si el canónigo Gómez Sierra quisiera decir la verdad, sería de mucho interés saber por qué hizo lo que hizo.

Dicho todo lo cual, no nos vendrá mal ver operar a unos vascos en Andalucía, con su eficiencia y su experiencia industrial. Aprenderemos muchas cosas. Esto no es Cataluña, como queda dicho. Ahí nos duele.

Un equipo, un país

Ignacio Martínez | 11 de julio de 2010 a las 11:25

Más de un millón de personas asistieron ayer tarde a la manifestación a favor del Estatut en Barcelona, según la guardia urbana. Reivindicaban que Cataluña es una nación, aspecto éste que el fallo del Tribunal Constitucional lima con intensidad. La víspera de la manifestación se ha producido un hecho que los organizadores se han tomado como una afrenta. El Constitucional publicó el viernes las 881 páginas de la sentencia. No encuentro dónde está el agravio: quienes hemos criticado con dureza la lentitud del Tribunal para emitir su dictamen, no podemos rasgarnos las vestiduras porque se den prisa en dar a conocer los pormenores del texto.

Más allá de la fineza del fallo, que valida en la práctica el modelo de financiación, excluye toda vigencia jurídica al término nación y no admite que el catalán sea de uso preferente sobre el castellano, con Estatut o sin él estábamos ante un texto efímero. El problema con los nacionalistas cuando piden de momento un sistema de financiación determinado, o reclaman de momento un modelo preciso de blindaje competencial, no son ni la financiación ni las competencias de la coyuntura. Sino los de momento, que generan desconfianza. Y más en un mundo que camina hacia la integración en sentido contrario, en el que Europa es la nación bajo cuya bandera se defienden nuestros intereses comerciales, industriales, agrícolas o monetarios, incluso los de seguridad.

Algunos gestos nacionalistas resultan anacrónicos. A Carod Rovira, antiguo jefe de Esquerra, le preocupa que pueda haber más banderas de España en los balcones de Barcelona, por el entusiasmo con la selección de fútbol, que señeras catalanas. Puigcercós, su sustituto al frente de ERC y, sin embargo enemigo, ha dicho una frase histórica: sin los jugadores catalanes la selección sería muy poca cosa. Y esa es justamente la lección: que catalanes como Piqué, Puyol, Xavi, Busquets o Capdevila, asturianos como Villa, castellano manchegos como Iniesta, madrileños como Casillas o Torres, andaluces como Ramos, Navas o Marchena, canarios como Pedrito o Silva, navarros como Llorente y vascos como Alonso, forman un equipo. Un equipo y un país que serían mucho menos sin alguno de ellos.

Borrasca catalana

Ignacio Martínez | 30 de junio de 2010 a las 10:40

Los catalanes se distinguen, entre otras virtudes, por su pragmatismo y sentido común, por lo que cuando pase la borrasca que se está formando en el nordeste de España el asunto del Estatut no dejará detrás inundaciones. Es lo que uno espera. La moderada, salomónica y tardía sentencia del Constitucional no lamina el Estatuto de Cataluña. Tampoco le da la razón a la oportunista reclamación del PP, que pretendía descoser por completo lo tejido por el 88% de los diputados del Parlamento catalán.

Ahora amenaza tormenta, que se va a concretar en una gran manifestación en Barcelona el sábado de la próxima semana. Es un recurso democrático, aunque desgraciadamente las democracias no lo tienen en exclusiva. Perón y Franco también llamaban a manifestarse en nombre de la patria. A quienes hoy pretenden defender en la calle a la nación agraviada, habría que recordarles que sólo el 48% de los catalanes votaron el Estatut y sólo el 74% lo hizo a favor. Lo que significa que estamos ante una ley fundamental, aprobada por un tercio del censo. O sea, que a los ciudadanos el asunto no les quitaba el sueño entonces, ni ahora.

Se hizo el Estatut con dos grandes premisas: nación y financiación. La segunda sale bien; el nuevo modelo de financiación territorial es el que pretendía Cataluña, y sobre las inversiones del Estado en infraestructuras en función del PIB per cápita hay una interpretación del TC. El tema de la nación queda menos airoso, pero tampoco es un drama. Que se diga que el término no tiene efectos jurídicos es lo lógico, por eso estaba en el preámbulo. Que nación sea un elemento retórico es también compatible con su origen romántico. En el lado opuesto, está la indisoluble unidad de la nación española, subrayada por el Constitucional. Pero con el tiempo funcionará la unidad de la nación europea, como ya ocurre con los asuntos monetarios. En la Liga mundial, la nación catalana es una idea tan respetable como retórica y romántica.

Mi colega Enric Juliana advertía ayer que España necesita a Cataluña. De acuerdo. Pero añadamos de inmediato que Cataluña necesita al resto de España, en donde tiene la mayor parte de su mercado. Es el momento de la prudencia y el análisis. Sin ánimo de poner en cuestión a la España de las autonomías, este proceso se ha desmandado. No hemos sido capaces de eliminar viejas instituciones, a la vez que se creaban las modernas. Los solapamientos son evidentes e insostenibles. Y el fervor por el nuevo Estado es escaso. Sin ir más lejos, menos de un tercio del censo andaluz votó a favor del Estatuto de 2007. Y una de las razones por las que el partido en el poder no convoca elecciones andaluzas separadas de las generales es por el pánico que le da al PSOE que una abstención masiva ponga en entredicho la legitimidad del sistema. Es hora de revisar muchas cosas. Con pragmatismo. A la catalana.

Urbanismo: vuelve la barra libre

Ignacio Martínez | 20 de junio de 2010 a las 9:09

Felipe González celebra que tras el fracaso del mercado, en plena crisis, se haya reclamado la vuelta de la política al primer plano del escenario público. Pero el ex presidente lamenta que la política no tenga la suficiente autoridad para reformar el sistema financiero mundial. Al presidente Griñán le gusta también reivindicar el papel de la política en la gestión de los intereses colectivos. Un discurso fácil de compartir, siempre que no sea retórico. Por ejemplo, me temo que la política no tenga la suficiente autoridad para reformar el sistema urbanístico regional.

En los locos años 2000, nos acostumbramos a justificar el desenfreno inmobiliario con un argumento de que generaba riqueza y puestos de trabajo. Una riqueza mal repartida, concentrada en el bolsillo de los especuladores del suelo. Quien tenía la técnica, la desenvoltura o el desahogo para recalificar un terreno comprado por dos pesetas, era rico al día siguiente. Su suerte y fortuna dependían del lápiz de un concejal. Con grandes esfuerzos y dudas, por fin la Junta empezó a establecer una serie de normas urbanísticas y a limitar los crecimientos desmesurados del territorio construido y de la población de una localidad.

Con la crisis se reclamó el protagonismo de la política. Ahora, la Junta acaba de hacer una excepción a su reciente doctrina urbanística. Si un campo de golf es de interés turístico, el residencial que lo acompañe no necesita cumplir los límites al crecimiento exprés. Porque los campos de golf generan riqueza y puestos de trabajo. Se repite la canción. Entre tanto el ciudadano común asiste atónito a los acontecimientos. En Marbella se organizan cursillos para aprender a traducir las expresiones de su nuevo plan de ordenación urbana. El criptolenguaje es muy difícil de entender, incluso para los técnicos. Y en Zahara de los Atunes, muy cerca del cuartel de la Guardia Civil, el propio Ayuntamiento ha hecho una explanada para un aparcamiento, en una zona rodeada de dunas, que tiene toda la pinta de ser servidumbre de protección del dominio público marítimo terrestre. Una franja, por más señas, competencia de la Junta. Este año lo están urbanizando, con cemento y adoquines.

A veces parece que lo que vuelve no es la política, sino la barra libre.

Diputaciones: patada a seguir

Ignacio Martínez | 13 de junio de 2010 a las 12:25

José Blanco, número dos del PSOE y ministro de Fomento, no para de sorprender a la afición. Se le quiso poner la etiqueta de tonto y ha resultado listo y largo. Así hemos pasado de Pepiño a don José; la víctima ha acabado beneficiada por la campaña de desprestigio, al hacer la comparación entre la caricatura y la realidad. Ya ha habido otros casos en la política española similares, como el del ministro de Exteriores Fernando Morán, un hombre culto aunque de humor variable, al que se le pretendieron adjudicar todos los chistes de tontos que había en la tradición popular. Fue un buen jefe de la diplomacia española, que lideró la fase final de las negociaciones para la entrada de España en la Comunidad Europea, hace justo 25 años. Tuvo un inconveniente histórico: que lo sustituyera Francisco Fernández Ordóñez, el mejor ministro de Exteriores de la democracia. Y su referencia se empequeñeció.

Blanco consiguió la semana pasada reunirse con un centenar de empresarios de la construcción para darles malas noticias, como el retraso o la suspensión de muchas obras públicas importantes. Y, sin embargo, a la salida todo el mundo comentaba lo bien que había estado el ministro. Lo que demuestra que cuando uno es serio y cuenta las cosas como son, aunque el contenido no sean grato, el interlocutor lo agradece. Sobre todo porque tocar la tierra con los pies siempre da seguridad. Blanco, desde que la crisis se llevó por delante la popularidad y la sonrisa del presidente del Gobierno, no ha dudado siquiera en ir a programas rosas de la televisión, buscando audiencias masivas, para tratar de trasladar confianza a los ciudadanos.

Y como él también ha cogido confianza, se atreve a decir en público lo que mucha gente reconoce en privado sobre la reforma institucional que necesita el país. Y ha soltado una patada a seguir al balón de las diputaciones: se ha preguntado en voz alta si sirven para algo en la España de las autonomías. Algunos llevamos años proclamando que los gobiernos regionales han solapado la función de las diputaciones. He oído de sus labios a Joaquín Almunia que llegó a plantear su desaparición a la ejecutiva del PSOE cuando era el secretario general. Pero hasta ahora nadie lo había dicho en público. Las diputaciones de España cuestan 23.500 millones de euros al año y las ocho andaluzas 2.000 millones. Ya ven que hay muchos millones de razones para seguir este debate.

Europa: 25 años en el club

Ignacio Martínez | 12 de junio de 2010 a las 8:50

Tal día como hoy, hace 25 años, se firmó en Madrid el Tratado de adhesión de España a la Comunidad Europea. Así, casi sin darnos cuenta, Andalucía se convirtió en el 3% del territorio, el 2% de la población y el 1% del PIB de la Europa de las libertades y el progreso. Sólo hacía 10 años que había muerto el dictador y había empezado una rápida transición a la democracia. Era un país lleno de ilusión, que todavía conservaba sus miedos. Muchas personas de avanzada edad pensaban, cuando Franco murió, que vendría otra guerra. Hubo provocaciones de la extrema derecha, que asesinó a cinco abogados laboralistas vinculados a Comisiones Obreras y al PCE, y condujo un fracasado golpe de estado. Y provocaciones de la extrema izquierda, si se puede llamar así a los terroristas de ETA y Grapo, que secuestraban y mataban. Pero nada de eso destempló al país.

Los gobiernos de Adolfo Suárez y Felipe González negociaron la adhesión, que se completó tal día como hoy y se materializó el 1 de enero de 1986. Al principio, Europa era dinero. Nos ayudaban los países ricos. Bien es verdad que una buena parte de esos fondos era una compensación por el mercado único sin aranceles. Pero dinero, vino muchísimo. Con lo que hay programado hasta finales de 2013 la cuenta suma 80.000 millones de euros sólo para Andalucía, por todos los conceptos. Al cambio, 13,3 billones de pesetas, que se dice pronto. España pudo construir más autovías y ferrocarriles de alta velocidad que nadie.

Pero Europa era mucho más que dinero, es mucho más que dinero. Fue, en origen, un proyecto de paz, surgido del horror de la segunda guerra mundial. Nada menos que 36 millones y medio de muertos en suelo europeo, más de la mitad civiles indefensos. Fue después un proyecto de revitalización de la agricultura, para garantizar la alimentación de la gente, fijar población en el mundo rural y evitar el éxodo a las ciudades. Y más tarde, un proyecto solidario con las antiguas colonias. Se lanzaron proyectos de desarrollo tecnológico y se soñó con una política exterior y de defensa común.

Europa es también la patria del euro, una moneda única desde Finlandia hasta Andalucía, que hasta ahora nos había parecido la panacea contra todos los males. El dinero era tan barato y fácil, que pensamos que podíamos comprar el mundo. Y nos endeudamos hasta las cejas. Y vino una crisis tremenda que nos ha dejado planchados. Del sueño europeo hemos pasado a maldecir al euro, que no nos deja devaluar nuestra moneda. Habrá ahora que apretarse el cinturón varios agujeros. Pero Europa seguirá siendo un referente de libertades y progreso, por mucho que ahora estemos deprimidos. Porque, diga lo que diga el presidente del Gobierno, estamos deprimidos. Aunque Europa siga siendo una ilusión.

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El debate de los jefes: Regreso al futuro

Ignacio Martínez | 10 de junio de 2010 a las 18:54

Buen discurso de Griñán, ayer en la sesión de la mañana del debate sobre el Estado de la Comunidad Autónoma andaluza. Un discurso felipista, sobre lo global y lo local, lo general y lo concreto. El mundo visto desde Andalucía; con las luces largas, según expresión textual del presidente. Un toreo de salón de muy buena factura, al que no le ha faltado, sin embargo, algún desliz típicamente zapaterista, como la pretensión de que la sociedad andaluza es madura, fuerte, seria, tenaz, rigurosa y cohesionada. Demasiada poesía. Por el contrario, fue mucho mejor en la filosofía final, marca de la casa Griñán. Tras anunciar un ahorro fiscal de casi 1.600 millones de euros este año, sacó sus consecuencias: “Hemos comprobado que la especulación no es ninguna fuente de riqueza; que la economía no puede ser un casino; que el dinero no es una mercancía; que no se puede vivir vendiendo humo o sin afrontar el pago de las deudas. Es la hora de volver a la senda de la estabilidad, de vivir a la altura de nuestras posibilidades”.

Toreo de buena factura que pudo seguir ejecutando cuando salió Arenas como un toro, a la taurina hora de las cinco de la tarde. Y el ejemplo es también textual. Dijo el jefe popular que lo que había hecho por la mañana su adversario era como aquel chiste, en el que a un torero lo coge el toro, se lo llevan para la enfermería, y su peón de confianza le dice “vaya corná que nos han dado maestro”. A lo que el interesado contesta “mayormente a mí”. Arenas empezó afeando a Griñán sus responsabilidad en el “gran fracaso” de la economía andaluza en esta crisis. Llegó incluso a sugerirle que pida perdón por sus errores.

La altura y ligazón del discurso presidencial en la sesión matinal a quien primero dejó en evidencia, según los viejos del lugar, fue a Manuel Chaves. Los discursos del anterior presidente, producto de un aluvión de textos fabricados en las distintas consejerías, y redactados por varios amanuenses, eran estructuras heterogéneas cosidas. Por el contrario, Griñán ha preparado un discurso con un hilo conductor, en el que se repasaba la situación mundial, europea, española y andaluza. Anunció aumentos en diversos impuestos y reducción del gasto público, para terminar con un pensamiento de la escuela del presidente Obama, a quien citó varias veces: “Con austeridad, confianza y responsabilidad vamos a ganar el futuro”.

Once veces lo interrumpieron los suyos con aplausos durante la hora y doce minutos de discurso. Algunas de las ovaciones parecían previstas de antemano en un guión. Los diputados socialistas rompían a aplaudir al unísono, en cuanto el presidente llegaba a un punto y aparte determinado, como avisados por un regidor. El primer aplauso se produjo cuando dijo que las comunidades autónomas han tenido un papel relevante en la construcción del modelo de Estado de mayor éxito de cuantos ha tenido este país. Argumento avalado después por Arenas, por cierto. Los socialistas aplaudieron con fuerza la criticas al derrotismo popular, las nuevas leyes locales, y el aumento de impuestos, en especial el de las motos acuáticas. Este último, fue acompañado de ciertas risas, que sólo se explican con la atribución de esa afición en exclusiva a militantes y simpatizantes del PP.

Arenas empezó aznarista. Aquello parecía el regreso al futuro, el uno felipista y el otro aznarista. No en balde ambos han sido ministros de varias cosas con Felipe González y José María Aznar, cuyos nombres salieron a pasear en repetidas ocasiones. Arenas estuvo en su arranque duro y contundente, como había anunciado. Acusó a Griñán de mentiroso, de equivocarse en sus diagnósticos, de tener una empanada mental, expresión que sabe que molesta especialmente al presidente y por eso repite una y otra vez. También hizo una alusión sarcástica al impuesto sobre las bolsas de plástico de un solo uso. El jefe popular se había traído de casa la versión adaptada de la fórmula ¡váyase señor González!, pero se la guardó por alguna razón. Lo previsto es que dijese que el de ayer iba a ser el primer y último debate sobre el estado de la comunidad de Griñán, cuyo liderazgo no iba a durar.

Su cambio de tono permitió uno de los debates menos broncos y más profundos de los que ha tenido el Parlamento andaluz en lo que va de año. Lo que no significa que Arenas estuviese tibio en sus críticas. Hizo todo un catálogo de incumplimientos del Gobierno regional, en materia de vivienda, educación o sanidad. Se alarmó de que Canal Sur cueste 180 millones de euros a los contribuyentes, que la Junta tenga hasta 25 delegados de distintos organismos y consejerías en cada provincia o que se haya recolocado a la mitad de los altos cargos recién eliminados en el organigrama de la Administración autonómica.

Pero lo más relevante es que, por primera vez en lo que va de legislatura, el jefe popular ha cambiado el registro pensando en el electorado que puede conquistar en esta coyuntura. Desde luego que elogió el trabajo de los funcionarios, se preocupó por los pensionistas, hizo de defensor de los intereses de los autónomos, de los dueños de los chiringuitos, de los agricultores y ganaderos, del sector de la construcción y hasta del único que no va mal este año, el turístico. El afán electoral del jefe popular ha podido sobre su tradicional tendencia al juego duro y el regate corto.

Arenas tuvo ayer raptos del perfil de estadista que tiene que adoptar si quiere ganar por mayoría absoluta las elecciones. Y eso moderó su discurso, lo hizo más razonable. Y eso, a su pesar, le permitió a Griñán quedar por delante en el envite. Pero la victoria a los puntos del presidente no fue gratis. La tuvo que sudar contra el reproche de que no se ocupa de los intereses andaluces en Europa, a pesar de lo mucho que habla de ella. O de que, si tanto cree en la autonomía, que se comprometa a celebrar elecciones separadas de las generales. Griñán que entró a todos los toros, dejó pasar este miura sin mirarlo. El ventajismo socialista en este campo le ha dado demasiados réditos como para renunciar a ellos. Y tampoco tienen un argumento razonable en defensa de elecciones simultáneas.

Arenas propuso varios pactos, en especial uno presupuestario para 2011, lo que provocó los celos de IU. Griñán se sintió cómodo en la centralidad política y en el control de la situación. Buenos discursos los de ambos y buen debate. De los que dan seguridada la afición.

Las cosas son lo que parecen

Ignacio Martínez | 9 de junio de 2010 a las 11:17

Las apariencias acaban dando carácter a las cosas y a las personas. Todos acabamos siendo, en cierto modo, lo que parecemos. Las instituciones, también. La Junta pretende hacer una excepción a la disciplina urbanística, la limitación al crecimiento de un municipio, en el caso de los campos de golf. Aunque no se termina de atrever. Después de años evitando urbanizaciones en un terreno rústico estupendo con la excusa de que son un residencial adosado a un terreno de golf, se levantaría la veda. No era un capricho, se trataba de que las viviendas, cercanas a un golf, en medio de un monte o donde quiera que se pretendiese levantarlas, tuvieran antes de construirlas los servicios de carreteras, infraestructura, transportes, agua, electricidad, saneamiento y demás, instalados por cuenta del promotor. Esto no pasaba en los locos años 2000. Se ponían las infraestructuras a posteriori, con cargo al erario público, y todos tan contentos.

Contentos y blindados. En Marbella no se ha tirado ninguna de las más de 30.000 viviendas ilegales que dejaron construir los miembros de la banda de Gil y Gil. Ni 30.000, ni 18.000, ni 1.500, ni una sola. Y ahora, pasada la página de las responsabilidades, se inaugura una nueva fase: aparecen oportunidades de negocio otra vez. Relajar la disciplina urbanística, con las cautelas que se quiera, es olvidarse del desenfreno, la corrupción y la barra libre que imperó en el sector y en tantos ayuntamientos de la costa en los últimos años. Pero estamos en crisis y se pretende que tire de la economía lo de siempre.

Todo esto ocurre después de que haya desaparecido la Consejería de Ordenación del Territorio. Desaparecido del nomenclátor de la Junta. Que el urbanismo no figurase en el nombre de la Consejería de Obras Públicas y Transportes, siempre la convirtió en una maría, una asignatura menor en la responsabilidad de la Administración autonómica. Rescatado el asunto, llegó a encabezar una cartera ministerial en el Gobierno regional: Ordenación del territorio y Vivienda. El acordeón institucional la ha hecho desaparecer del mapa de nuevo. Y el nombre de la nueva consejería de Obras Públicas y Vivienda es arriesgado. En Europa los ministerios son de transportes. Las obras públicas construyen infraestructuras, pero el servicio al ciudadano es el de Transportes. Aquí le damos más valor a lo que nos gastamos en la carretera o en el ferrocarril que tener el transporte donde se necesita y puede ser eficiente y rentable.

Y lo mismo pasa con la vivienda: lo fundamental es la ordenación del territorio, la planificación de necesidades y servicios. Así las viviendas acabarán estando donde exista una demanda objetiva, sean asequibles y haya infraestructura para soportarla. No donde quieran los promotores. La Junta debería medir muy bien sus excepciones. Porque estas cosas acaban siendo lo que parecen. Las carga el diablo.

Dramática acordeón

Ignacio Martínez | 6 de junio de 2010 a las 10:36

La operación acordeón para reducir los 317 organismos y empresas públicas de Andalucía, va a ser dramática. La prueba práctica la encontramos en Cataluña, donde ya se intenta, con dudoso éxito. El Gobierno catalán cogió el toro por los cuernos; estableció una serie de criterios de desburocratización. Y, muy a la europea, encargó a un grupo de expertos un plan de racionalización de su sector público. Los expertos han establecido que de los 240 organismos y entidades de la Generalitat, se pueden suprimir 104 y fusionar otros 44. Sólo se salvan 97. El tripartito se ha quemado con la patata caliente del informe técnico. Total, que han anunciado la reducción de 63 empresas públicas solamente. Los expertos, han llegado a recomendar al Govern que modifique sus propios criterios, porque los incumple reiteradamente.

Al margen del número de empresas afectadas y de la dificultad de cerrar unos organismos con miles de empleados en la actual situación del país, el informe tiene unas consideraciones que son un buen retrato de la España de los últimos años. Por ejemplo, en Cataluña se creó un sector público superior al que objetivamente su administración requería, lo que encareció los costes, dificultó el control de esas empresas y la coordinación de sus actividades. No se justifica la existencia de algunos organismos, cuyas funciones podrían haber desarrollado los servicios de la administración. Ha habido solapamiento y duplicidades. ¿Les suena?

Este discurso no se produce sólo en las regiones más desarrolladas. El presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, en marzo en una entrevista en TVE, decía que “tenemos una estructura de la administración creada para la época de bonanza, que ahora no podemos pagar; esto no es demagogia, es sencillamente reconocer que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, como país, como región, como familias, como empresas”. Y añadía que España debe tres veces lo que es capaz de producir en un año; hemos sido ricos, pero con cargo a deuda y eso lo tenemos que ajustar. El diagnóstico está hecho y en algunos lugares diseñada la terapia. El problema es coger el bisturí.

Canal Sur, a negro

Ignacio Martínez | 30 de mayo de 2010 a las 10:43

Leo con perplejidad que el comité de empresa de Canal Sur ha decidido convocar una huelga el próximo 8 de junio martes. Se niegan a los recortes salariales, porque son un atentado a las relaciones laborales y a los trabajadores. Como suena. El país en la ruina, las empresas privadas echando gente, el empleo nuevo es escaso y mal remunerado, y los trabajadores con el mejor convenio del sector se niegan a admitir que les rebajen un salario que se paga con los impuestos de todos los contribuyentes. El presidente del comité ha justificado la medida con un argumento irrefutable, llevan cinco años de restricciones, especialmente los dos últimos y el servicio público se está resintiendo. O sea, que protestan por el bien común.

La nómina anual de Canal Sur es de 100 millones de euros, que al cambio son 16.638 millones de pesetas. El presupuesto total es de 240 millones. Dejémonos de gaitas, con los 100 millones se podría hacer una excelente televisión pública en Andalucía y sobrarían 140. Canal Sur tiene unos 1.700 trabajadores; una barbaridad, más que los de Antena 3 y Telecinco juntas. Y el comité de empresa pretende que les sigamos pagando las nóminas tal cual, aunque se esté hundiendo el país. La culpa, desde luego, no es del comité, sino de los políticos que durante años han ido colocando gente y permitiendo convenios desmesurados en esta empresa pública. En el turno de mañana de Informativos sobra tanta gente que hay redactores a los que con frecuencia no hay trabajo que darles. Pero el comité quiere lanzar un desafío al Gobierno andaluz y a quienes les pagamos las nóminas. Amenazan con “ir a negro” el día 8. Ir a negro significa no emitir.

Es una oportunidad. Rajoy ha dicho que habría que privatizar las empresas públicas de televisión. Lo mismo le oí sobre la RTVA a Felipe González en un almuerzo en Málaga hace diez años. Y a Chaves, gran responsable del desaguisado, le escuché algo mejor: que él no le gustaba Canal Sur, ni la veía. Total que hay que cogerle la palabra al comité y pedirle que se vaya a negro hasta que llegue un comprador particular con el que pueda de tú a tú ejercer sus derechos laborales sin atentados. Por el bien común.