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No es un mal latino

Ignacio Martínez | 28 de enero de 2009 a las 13:31

 

 

El consuelo de la guerra sucia de espionaje en Madrid es que no se trata de un mal español. En Francia, el presidente Chirac despreciaba a Sarkozy desde que le traicionó en 1995 cuando en vez de apoyar su candidatura a la Presidencia de la República, hizo campaña por el primer ministro Balladur. Un parricidio, porque Chirac era el jefe del RPR, el partido en el que militaban los tres. Como ganó Chirac, la travesía del desierto de Sarkozy fue de época; tuvo que superar a los dos delfines que preparó el presidente Chirac para sucederle, primero Alain Juppé y después Dominique de Villepin.

En el último tramo, el futuro presidente incluso hubo de desmontar un peligroso complot, que ahora puede costarle la cárcel a Villepin: el ex primer ministro está acusado de urdir la trama para incriminar a Sarkozy. El escándalo surgió en 2004, cuando un magistrado que instruía un caso de corrupción recibió información sobre cuentas secretas en la firma financiera luxemburguesa Clearstream, a nombre de Sarkozy y docenas de altos cargos. Las cuentas eran falsas, y la investigación se centró en encontrar al responsable de la maniobra.

Lo que ha pasado en Madrid es parecido; un grupo de antiguos policías o guardias civiles manejan información del entorno de Gallardón y de diversos consejeros de Esperanza Aguirre, no se sabe por encargo de quién, ni con qué propósito. Pero algo se intuye. Gallardón tiene algo de Sarkozy; son tipos listos que empezaron muy pronto y cuya brillantez de jovencitos rayaba en la pedantería, que siempre deslumbraron por su talento pero no generaron pasiones en su propio partido.

Esta lucha a muerte en el PP madrileño entre los dos dirigentes que quieren suceder a Rajoy tampoco es privativa de la política española o francesa. El viejo Giulio Andreotti estableció hace años una clasificación de las relaciones humanas impecable: “en la vida hay amigos íntimos, amigos, conocidos, adversarios, enemigos, enemigos mortales y compañeros del partido”. Un día en una visita a Riotinto, en Huelva, para grabar la presentación de un programa de la BBC, el ex ministro conservador británico Michael Portillo escuchó esta anécdota al ex presidente andaluz Rodríguez de la Borbolla. Y le contó otra. Se la había relatado un viejo diputado conservador, sobre el día en el que se estrenó en Los Comunes en 1945, cuando su partido perdió las elecciones tras la guerra. El joven novato estaba emocionado al lado del viejo líder.

-Sir Winston, hoy es el día más feliz de mi vida. Estoy aquí a su lado, que es mi ídolo político, y allí enfrente el enemigo…

-Está usted muy equivocado, joven. Aquello de allí es el Labour Party, el enemigo está en está aquí a nuestro alrededor, contestó Churchill.

Quien quiera que sea el inductor de los espías de Madrid, participa de esta filosofía. Ya ven que ni siquiera es un mal latino.