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Chaves ha sabido irse

Ignacio Martínez | 8 de abril de 2009 a las 9:01

Zapatero anuncia un cambio de ritmo, pero hay razones para pensar que este Gabinete no es el más idóneo para salir de la crisis. El presidente ha enmendado errores anteriores, pero sigue manteniendo una estructura innecesaria de cara a la galería. Hay dos nuevos vicepresidentes, Elena Salgado y Manuel Chaves; y cuatro nuevos ministros, José Blanco, Ángel Gabilondo, Trinidad Jiménez y Ángeles González Sinde. Desigual elección, entre los seis hay algunos buenos y otros muy corrientes.

Esta remodelación del Gobierno de la nación no es para tanto. Al contrario que en Andalucía. Aquí va a ocurrir un terremoto; está ocurriendo ya con el cambio en la dirección de la Junta. Hay jóvenes que votaron el año pasado que cuando nacieron ya gobernaba Chaves. Y la alternancia, aunque sea dentro del mismo partido, es siempre buena. Con Griñán al frente debe correr el aire en el Gobierno andaluz.

Zapatero ha arreglado alguna de sus torpezas de hace un año. Por ejemplo, vuelve a unir en un solo departamento toda la educación, desde la primaria a la superior. Había inventado un ministerio al estilo del andaluz de Innovación, Ciencia y Empresa, en el que prima el negocio sobre las humanidades. Pero la consejería no solapa su competencia en I+D con otra, mientras el ministerio de Garmendia tiene zonas de conflicto con el de Industria de Sebastián y agujeros de los que ninguno se ocupa. La eficacia en este campo vital queda sin resolver.

Acierta al eliminar Sanidad como un departamento independiente, dado que sus competencias están transferidas a las comunidades autónomas. Pero no es coherente; podía haber hecho lo mismo con Vivienda, Cultura o Igualdad. Tiene sentido colocar asuntos sociales junto a sanidad y consumo. Podría haber añadido Igualdad al paquete, pero el presidente insiste en su apuesta por el récord, más que por la eficiencia. Sobre su promesa de crear un Ministerio de Deportes, hecha cuando el equipo español ganó la Copa Davis, nunca más se supo. Ya conocen el dicho: las promesas sólo comprometen a quien se les cree.

Blanco es un hombre que tendrá su mérito al frente del partido, pero ni su preparación ni su experiencia prometen que vaya a mejorar la gestión de Magdalena Álvarez al frente de Fomento. La actividad pública de Trinidad Jiménez hasta ahora nos ha aportado frecuentes banalidades y escasa profundidad. Salgado en Economía es una sorpresa y una incógnita. Tanto Gabilondo como González Sinde son profesionales de primer nivel en sus respectivos campos. Y Chaves tiene la oportunidad de aplicar su experiencia y sentido común a la política territorial, uno de los asuntos capitales en la España de hoy.

Hay que celebrar que deje el puesto, que ponga en su lugar al mejor de su equipo, y que le despeje el campo. Al final, ha sabido irse.

ZP ha parido un ratón

Ignacio Martínez | 7 de abril de 2009 a las 19:44

En fin, el presidente del Gobierno ha puesto a un peso pesado de su partido, como Manuel Chaves, de vicepresidente tercero, lo que tiene un cierto punto de humillación. Vicepresidente tercero. En todo caso, junto a Ángel Gabilondo en Educación es lo mejor de los nombramientos. Salgado está por ver que lo haga bien en Econonía. Pepiño Blanco será peor ministro de Fomento que Magdalena Álvarez y la actividad pública de Trinidad Jiménez es abundante en banalidades y escasa de profundidad. Conozco a Ángeles González Sinde desde que tenía 25 años; tuve la oportunidad de trabajar con su padre, José María González Sinde en Telemadrid. Ya en el año 90 era brillante. Puede ser mejor que sus antecesores. Ángel Gabilondo tiene muy buenos antecedentes y recupera un ministerio completo.

Lo que le ha faltado a ZP es arreglar algunos ministerios que son poco más que faroles. No tiene sentido que haya todo un departamento para Sanidad y está bien que lo haya unido a Asuntos Sociales. Pero lo mismo le pasa a Vivienda, Cultura o Igualdad. Son mini ministerios sin competencias. En un gabinete austero para luchar contra la crisis se debería haber notado. Tampoco resuelve el presidente el solapamiento entre Innovación e Industria, que provoca fricciones entre los dos, y también lagunas de las que nadie se ocupa. Vamos, que Zapatero ha parido un ratón.

Hogareños

Ignacio Martínez | 9 de febrero de 2009 a las 0:10

 Se ha publicado que en 2008 subió la venta de libros en España un 3%. Ya lo había oído, pero pensé que era una leyenda urbana. Porque leer no es una de las aficiones favoritas de los españoles: un 45% de la población no lee ni una línea. A pesar de eso, la media nacional es de nueve libros al año por persona. No está mal. Si es cierto que los libros se venden más que antes de la crisis, hay que creerse que también se vende más carne. La gente se queda en casa; sale menos a comer en restaurantes.

Es posible que a los vídeoclubes les vaya bien, porque el personal no va al cine. Prefiere ver las películas en familia; sale más barato. Aunque Ángeles González Sinde, la presidenta de la Academia de la cosa, denuncia que los españoles hicimos el año pasado 350 millones de descargas de películas en internet, lo que ha provocado que se vendan unos 52 millones de entradas menos. Por cierto que la consultora que ha hecho el estudio sostiene que se descargaron además dos mil millones de canciones y 50 millones de vídeojuegos.

La crisis nos ha vuelto ahorradores, pero los creadores están que trinan con la piratería. También parece que los españoles de la nueva era son más prudentes y hogareños. Y esto tiene su lado bueno, no crean. En la convención demócrata de 1988, en Atlanta, Ted Kennedy atacó al candidato republicano George Bush. Se inventó una cancioncilla que acabaron cantando todos. Fue enumerando los escándalos de la presidencia de Reagan, en las que Bush padre era vicepresidente. Y tras cada episodio recitaba: “y cuando eso ocurría, ¿dónde estaba George?” Al día siguiente el estado mayor del aludido contestó con desdén apuntando al lado mujeriego y bebedor de Kennedy: “Seguramente, George estaba en su casa, sobrio, con su mujer, viendo la televisión”. Y le dieron la vuelta al tema, con la alusión al carácter hogareño de la familia Bush.

Nuestros políticos no son familieros en su ámbito público. Les cuesta la misma vida llevarse bien o pactar algún asunto. Duran i Lleida ha propuesto unos pactos de la Moncloa como los del 77 para salir de la depresión. José Antonio Alonso, portavoz del PSOE en el Congreso, le agradece su talante constructivo, pero cuando Javier Arenas plantea lo mismo en Andalucía, los socialistas autóctonos no le hacen caso. Por su parte, Arenas prepara una gran manifestación el domingo en Málaga, para protestar por la crisis. No veo al pueblo llano acudir en masa a la cita. Más bien mediará el flete de decenas de autobuses en las ocho provincias para arrimar personal. Es sorprendente ver a los dirigentes del PP de manifestación, con la que le dieron a ZP por “pancartero” en los últimos años del imperio de Aznar. Este divorcio entre socialistas y populares, además de dañino para un atribulado país, es poco hogareño. Lo contrario que los nuevos tiempos.