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Antonio Luque: “Los localismos y personalismos han bloqueado el desarrollo andaluz”

Ignacio Martínez | 19 de marzo de 2012 a las 11:56

Hojiblanca no existía en 1982; se empezó a gestar en el 84. Para ponerla en marcha, cuando se constituyó en 1987, los presidentes de las cooperativas fundadoras decidieron contratar a un ingeniero recién titulado, nieto de aceiteros por los cuatro costados. Antonio Luque (Antequera, 1958) aspira a convertirla en un líder mundial.

-¿Qué hacía usted en 1982?

-Terminar la carrera de ingeniero agrónomo en Córdoba.

-¿Tenía alguna aspiración sobre la autonomía?

-En aquel momento, ninguna. Y ahora deberíamos plantearnos la situación, la verdad.

-¿Qué fue lo mejor de los 30 años?

-La esperanza de que podíamos mejorar.

-¿Cómo era el sector del aceite de oliva en 1982?

-Un sector totalmente regulado e intervenido, donde no se potenciaba la calidad. Se producía pensando en el precio de intervención.

Han sido 30 años de vértigo.

-Sobre todo desde la entrada en la Comunidad Europea en 1986. Ha habido un desarrollo espectacular de nuestras producciones, al amparo de una buena PAC en los primeros años de nuestra incorporación; la producción ha pasado de 500.000 a 1.400.000 toneladas.

-Habla de España.

-Sí. Andalucía ha pasado de 420.000 a 1.240.000 toneladas.

-¿Por qué Andalucía, la primera potencia mundial en aceite de oliva, sigue vendiendo el 80% de su producción a granel?

-Por nuestra propia desorganización y porque no hemos sido capaces de estructurarnos para participar en la comercialización.

-¿De quién es la culpa?

-Nuestra y de todos los que han frenado, y frenan, cualquier intento de superar esta situación por intereses personales o políticos.

-Señale a alguien.

-Ha frenado el propio sector y otra gente. Estoy pensando en delegados de Agricultura de la Junta en alguna provincia, en responsables de determinadas cooperativas, en dirigentes de alguna organización agraria. De todo ha habido, es un colectivo muy amplio.

¿Cómo se puede conseguir que el valor añadido se quede aquí?

-Con empresas de dimensión suficiente, dueñas de marcas potentes, que inviertan en promoción y desarrollen innovación. Optimizando recursos públicos, olvidándose de localismos y personalismos. Y si sus dueños son los olivareros, mejor.

-Es consejero de Cajamar. ¿Cómo ve el sistema financiero andaluz?

-En cajas de ahorros, no sé si quedará alguna andaluza o habrá algún banco más global. Las rurales tienen solvencia, pero les puede faltar dimensión. Lo ideal sería que se vayan uniendo en un grupo cooperativo lo más grande posible.

-¿Una caja única habría sido buen instrumento para el desarrollo?

-Habría sido positivo una caja con tamaño y dimensión, respaldando proyectos empresariales. Pero los personalismos y los localismos han lastrado también este sector.

-¿Cuáles son las cifras de Hojiblanca?

-Facturamos 400 millones de euros. El grupo, empresas participadas y cooperativas tienen unos 1.500 empleos. Hay cooperativas de Jaén, Málaga, Córdoba, Sevilla, Cádiz, Granada, Ciudad Real, Badajoz y Toledo. En aceite tenemos 94 socios, en ganadería tres y en aceituna de mesa 22, muchos de ellos comunes: 50.000 familias de agricultores y ganaderos.

-Usted presidió muchos años las cooperativas agrarias de Andalucía. Un sector minifundista.

-Espero que en el futuro tendremos menos cooperativas con mayor facturación; sólo hay que mirar el modelo del norte de Europa. El problema eran los localismos. Pero ahora son más los personalismos.

-¿Qué dimensión deberían tener las grandes cooperativas?

-La suficiente como para ser líderes en su sector. En el sector oleícola, lo ideal sería una cooperativa que tenga un 25% de la producción mundial; tendría un protagonismo totalmente diferente en el mercado. Andalucía necesita grandes cooperativas agroalimentarias. Es la única manera de conseguir una buena internacionalización, un adecuado trabajo en I+D+i y el marketing necesario.

-Si produjese el 25% del aceite mundial, ¿cuánto facturaría?

-Unos 2.000 millones de euros.

-Y ¿cuánto sería embotellado?

-Tres cuartas partes de la producción. Directamente o a través de empresas que fuesen propiedad de la cooperativa, en Estados Unidos, China…

-¿Le dará tiempo a hacerlo?

-En los últimos nueve años hemos doblado producción y facturación cada tres años. Los tres próximos van a ser más difíciles, pero lo vamos a intentar.

-¿Cuáles son los principales logros de la autonomía?

-Las mejoras en infraestructuras y servicios; hospitales, universidades, carreteras…

-¿Y los inconvenientes?

-Tengo la duda sobre si se ha hecho la mejor gestión económica posible. A pesar de la cantidad de dinero público, seguimos siendo la segunda región más pobre de España y de las primeras europeas en paro. No ha habido espíritu emprendedor. Los personalismos y localismos han bloqueado el desarrollo.

-Uno de los pilares de la política económica ha sido la llamada concertación social.

-No conozco en profundidad los beneficios que haya podido tener para Andalucía. Las ayudas deberían darse directamente a empresas y trabajadores para generación de empleo en proyectos viables.

-¿Cree que se ha producido un desarrollo compensado entre las diversas provincias?

-Ha habido comarcas con desarrollos diferentes.

-En Málaga hay un sentimiento de agravio por el ‘centralismo sevillano’. ¿Habría ocurrido lo mismo con Antequera de capital?

-Quizá hubiera servido para evitar muchos de los problemas que hemos tenido. No obstante, en 2012 tenemos que pensar en el futuro. Si concebimos un gran proyecto, en un mundo global, no podemos imaginar cada territorio como el centro del universo. En Andalucía no hay empresas con tamaño suficiente para vender en todo el mundo.

-¿Ha habido demasiado peso de lo público en la economía andaluza?

-Es posible que en muchos casos haya habido intervencionismo. Y en algunos momentos ha pesado más la política que la rentabilidad y viabilidad de los proyectos.

-En 26 años en la UE han venido a Andalucía 38.700 millones de euros para producción agraria. ¿Han generado desarrollo?

-Han mejorado la situación en muchos pueblos y han permitido mantener población en el medio rural. Pero no está tan claro que hayan servido para mejorar estructuras comerciales con pocos grupos cooperativos, que garantizaran en el futuro el nivel de renta de miles de agricultores y ganaderos andaluces.

-¿Qué hay que hacer para tener una industria agroalimentaria potente en Andalucía?

-Apoyar decididamente proyectos viables, serios y consolidados que luchen por generar riqueza en el territorio. Todo el mundo habla de que ir a integraciones y a empresas de mayor tamaño, pero todos apoyan su empresa, su territorio, su comarca, o su grupo controlado políticamente o donde tiene su puesto.

-Taifas.

-Hace poco le oí al consejero delegado de Deóleo que su facturación de 1.000 millones de euros es pequeña. Que tenían que crecer. En Andalucía, justificamos procesos de integración de empresas de 20 a 50 millones de euros, sin percatarnos de que con eso fomentamos reinos de taifas. Así no podremos tener grandes grupos con marcas españolas y mundiales, que inviertan en I+D+i, en internacionalización, y que, en definitiva, sean motor económico de Andalucía

Encoge el cheque europeo de Andalucía

Ignacio Martínez | 6 de abril de 2010 a las 9:40

El cheque europeo se va a reducir notablemente. La difícil salida de la crisis económica se va a complicar aún más para Andalucía con la pérdida de la mayor parte de los fondos europeos para su desarrollo y la amenaza de que la Política Agraria Común (PAC) baje su presupuesto, prime a los países del Este y cambie su sistema de ayudas, perjudicando a las regiones con mayores producciones históricas. Los expertos advierten que 2010 será el peor ejercicio para la banca y las cajas desde que empezó la crisis. El año que viene será malo, aunque algo mejor para el sistema financiero nacional, que empezará a respirar en 2012. Hay presidentes de cajas andaluzas que auguran un panorama similar para el sector inmobiliario, durante un par de años más. Lo que nos situaría en 2014, el año en que entrará en vigor el nuevo paquete financiero de la Unión Europeo por un periodo de siete años, con una rebaja sensible del cheque andaluz, que puede costar cuatro puntos de PIB al año como poco

La última referencia de los fondos europeos es la transferencia de 4.000 millones de euros que llegó a Andalucía en 2009. Algo más de la mitad se destinó a infraestructuras, fomento de inversiones, innovación, formación y desarrollo rural o pesquero. El resto fueron los 1.870 millones de ayudas directas o de mercado para los agricultores, el antiguo Feoga Garantía, hoy llamado Feaga. La cifra conjunta se acerca al 3% del PIB regional y se verá reducida al menos en 1.500 millones de media entre 2014 y 2020. La rebaja puede ser bastante mayor, si la PAC se resiente, aunque Antonio Valverde, director de la Agencia de Desarrollo e Innovación de Andalucía, y antiguo director general de Fondos Europeos en la Consejería de Economía, insiste en que la filosofía comunitaria ha sido siempre contraria a los cambios bruscos de escenario. No lo ve así la principal patronal agraria andaluza, Asaja, que hace tres semanas dio la voz de alerta. Según su tesis, la región perdería más de mil millones de euros al año con el nuevo modelo de la PAC que se pretende implantar; o sea, el 60% de las ayudas agrarias que reciben sus 286.000 agricultores y ganaderos.
 
Fuentes oficiosas de la Consejería de Economía han informado a este diario que no tienen todavía un estudio sobre los fondos estructurales para el próximo paquete financiero, que algunos llaman Horizonte 2020. En esta misma página, aquí abajo, pueden verse los distintos modelos que se podrían aplicar. En el mejor de los casos, Andalucía podría aspirar a un tratamiento como el que tuvieron Valencia, Canarias y Castilla León en 2007, con el agravante de que los socios del Este han mejorado en este tiempo su capacidad de gasto y concentrarán más ayudas. La media de acciones estructurales entre 2007 y 2013 está siendo de unos 2.100 millones anuales, en los que se incluyen unos 28,5 millones del período transitorio de salida del Fondo de Cohesión. Si se calcula la fórmula de los phasing in de 2007, Andalucía pasaría a recibir 1.555 millones el primer año, 1.244 el segundo, 933 el tercero, 622 el cuarto y 311 los tres siguientes
 
Aunque este ajuste parece muy fuerte, puede considerarse optimista en las actuales circunstancias. Y más si tomamos como excepcional el Fondo Tecnológico de 800 millones del actual paquete financiero. Sobre la importancia de los fondos europeos se han publicado muchos estudios. Los últimos en un monográfico sobre Los fondos estructurales europeos y la convergencia de las regiones españoles entre 2000 y 2006, de la prestigiosa revista Papeles de Economía, de Funcas, la Fundación de las Cajas de Ahorro españolas, que recogió este diario cumplidamente el pasado miércoles. 
 
En esa publicación se establece que sin los fondos estructurales europeos entre 2000 y 2006, cada año el PIB andaluz habría crecido un 5,7% menos y el paro habría sido un 7% mayor. Las aportaciones del fondo Feder significaron un 15% de la inversión pública en Andalucía, que llegó al 21% en carreteras y hasta el 30% en infraestructura ferroviaria, en particular el AVE Córdoba-Málaga. Los profesores Carmen Lima, Alejandro Cardenete y Carlos Usabiaga de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla hacen hincapié en la importancia para la convergencia de este fondo sin cuya contribución el PIB regional habría crecido un 5,32% menos cada año entre 2000 y 2006. Por el contrario, los casi mil millones destinados a formación en esos siete años y los más de 1.100 millones de desarrollo rural habrían tenido un escaso impacto en el PIB, de sólo algunas décimas, lo que pone en cuestión la eficacia práctica del Fondo Social e incluso del Feader.  
 
Si  aplicamos el dato de que sin los fondos estructurales el PIB andaluz habría crecido casi seis puntos menos cada año entre 2000 y 2006, hay que convenir que al reducirse al menos en dos tercios estas aportaciones, el PIB andaluz perdería anualmente cuatro puntos entre 2014 y 2020. De ahí que conservar al máximo las ayudas de la PAC sea un objetivo prioritario para Andalucía. El problema es que es la cuestionada es la propia política agraria. Está lejos 1970 cuando supuso el 92% del presupuesto comunitario. Desde entonces ha ido cayendo el porcentaje de manera sostenida: en 1975 fue el 74%, en 1985 del 70%, en 1993 del 54%, en 2004 del 43% y en 2013 llegará al 32%. 
 
Además de reducirse los recursos de la PAC, se han hecho importantes cambios en los sistemas de ayuda. En 1992 hubo una reforma radical con la intención de reducir la superproducción. Se pusieron en marcha planes de desarrollo rural y protección del medio ambiente que han ido ganado protagonismo. También se inició una supresión o reducción de los precios de intervención, que continuó en las reformas posteriores. Con el tiempo, las ayudas directas se han vinculado a la superficie y no a la producción, y se han condicionado a normas medioambientales, seguridad alimentaria y bienestar de los animales. En paralelo, se han abierto los mercados a productos internacionales. 
 
Pero la supresión de precios de garantía y otros sistemas de intervención ha generado un grave problema de volatilidad de precios. El resultado es preocupante en el conjunto de la UE: en Alemania habrá siete veces menos agricultores en 2020 que en 1980; en Francia, seis veces menos. Pero la renta agraria ha sido en 2009 en Alemania la misma que en 2005, y en Francia e Italia, un 10% y un 25% menor. ¿Qué va a pasar en el próximo paquete financiero? Tomás García Azcárate, consejero económico de análisis de mercados en la Dirección General de Agricultura de la Comisión Europea, da algunas pautas: la renta agraria y las ayudas sufrirán la presión presupuestaria, habrá un reequilibraje entre antiguos y nuevos estados miembros y la preferencia comunitaria continuará disminuyendo.  
 
El mensaje que sale de la Comisión Europea es que si se quiere conservar un sector agrario importante en Europa hay que encontrar una rentabilidad en el mercado. Pero para lograrlo hay que disponer de redes de seguridad de las que ahora carece el sistema de ayudas comunitario, y aumentar la transparencia del mercado. También habrá que continuar las políticas de desarrollo rural y protección medioambiental, la promoción de los productos agrarios y el apoyo a la innovación. Con este planteamiento general, el Reino Unido, Suecia, Dinamarca y Holanda, lideran la filosofía de recortar el presupuesto de la PAC. A favor de mantener el actual statu quo estarán sin duda Francia y España. Pero el Gobierno español ha dado a conocer en diciembre un documento en el que plantea una ayuda uniforme por superficie agraria de 100 euros por hectárea que ha provocado la alarma en Andalucía. Son dos tercios menos de lo que ahora se recibe de media en una región que tiene el 25% de la producción final agraria española y consigue un 30% de las subvenciones nacionales del Feaga. La Consejería de Agricultura ha puesto en marcha dos equipos de trabajo para preparar sendos informes sobre ayudas y directas y mecanismos de mercado, que estarán ultimados en dos semanas. Con esos argumentos se dispone a batallar ante todas las instituciones nacionales y europeas. 
 
En mal momento, porque la crisis ha golpeado duramente al sector. Ante la competencia feroz, la distribución ha apretado a la industria y el industrial al agricultor. Las marcas blancas han acabado por hundir los márgenes de los productores. Son muchas las voces que reclaman mecanismos para defender los precios, un almacenamiento privado más dinámico, más automático, y recuperar medidas de mercado clásicas. Hay, sin duda, que reagrupar la oferta. Pero el derecho de la competencia europeo impide de momento que se creen centrales de venta, al estilo de las centrales de compra que ya hay de hecho. Ni siquiera está claro que se permitan mecanismos de intercambio de información entre operadores. La consejera Clara Aguilera ilustra el problema con el ejemplo del aceite de oliva andaluz, con 800 vendedores y cinco grandes  compradores. En Andalucía hay 600 cooperativas agroalimentarias con una facturación media de 3,5 millones. Prestigiosos profesionales como Tomás Aránguez o Antonio Luque llevan años reclamando una concentración: que hubiese diez y la líder facturase más de 3.000 millones de euros, en lugar de los 300 millones actuales.      
 
Con un presupuesto limitado, más comensales en la mesa y normas de tarifa única, sería casi un milagro que no se recortase el cheque agrario andaluz. La solución, como la de los fondos estructurales, en los próximos dos o tres años.