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Un año del asesinato de Isaías Carrasco

Ignacio Martínez | 7 de marzo de 2009 a las 12:04

Hoy hace un año que unos bárbaros mataron a un ex concejal socialista de Mondragón. Un trabajador. En las elecciones del domingo su partido suplicó sus votos en el pueblo. Y los votos nulos recomendados por los etarras se quedadon por detrás del PNV y el PSOE. Tibio consuelo si quieren, pero en el anonimato de la cabina electoral, los ciudadanos reaccionan. Más difícil es retratarse en público. En el País Vasco se vive en un auténtico estado de excepción: el de las limitaciones a la libertad impuestas por los terroristas. El Banco Guipuzcoano no se atreve a retirar las fotos de los presos etarras colgadas en la verja de su céntrica sucursal. Aunque el día de la muerte de Isaías desaparecieron, las imágenes volvieron al poco tiempo.

Aunque socialistas y populares han denunciado en repetidas ocasiones la situación, el Ayuntamiento en manos de ANV no hace nada para acabar con esta apología del terrorismo. Los responsables del banco tampoco hacen nada, para evitar, dicen que sus empleados no sean víctimas de la banda, en un pueblo que es un feudo de la llamada izquierda abertzale. Como una demostración de fuerza, estos días los proetarras han llenado la localidad de carteles anunciando que van a pasar puerta por puerta para pedir firmas para la excarcelación de presos etarras. Supongo que también a pasar lista de quién firma y quien no. Una manera simple de fichar a todo un pueblo. Naturalmente, estos canallas no han evitado colocar un cartel en el mismo portal en el que vivía Isaías. Justo donde le mataron hace un año.  

Realmente, el País Vasco se merece un futuro mejor. Por ejemplo, que los ciudadanos estén protegidos del amedrantamiento al que los someten los terroristas y sus amigos.

Territorio chiíta

Ignacio Martínez | 27 de febrero de 2009 a las 10:40

 

Lazkao o Lazcano, como ustedes quieran, está al sur de Guipúzcoa, en los montes de la comarca de Goierri, más cerca de la frontera con Navarra que de San Sebastián. Tiene unos 5.000 habitantes, dos tercios de los cuales son euskaldunes. En las elecciones municipales de 2007, el Partido Nacionalista Vasco sacó 895 votos y ocho concejales; el Partido Socialista de Euskadi, 326 votos y tres concejales, la unión de Izquierda Unida con Aralar, 175 votos y un concejal, y el Partido Popular, 100 votos y otro concejal.

Las papeletas nulas de la última franquicia conocida de ETA, Acción Nacionalista Vasca, sumaron entonces 768 votos. Estos fundamentalistas quieren convertir el pueblo en territorio chiíta. Y excomulgar a todos los infieles. Los fanáticos abertzales son gente peligrosa, por su carácter racista, excluyente, que desprecia cualquier idea que no sea la suya, y violento, que amenaza la vida de los disidentes. Sus amigos de ETA ponen una bomba en la Casa del Pueblo de Lazcano y destrozan el piso de arriba. Esa vivienda la acababa de arreglar Emilio Gutiérrez, hijo de un ex concejal socialista de la localidad. Iba a mudarse allí de inmediato con su compañera. Me cuesta trabajo imaginar su indignación. Cogió un mazo y se fue a destrozar la herriko taberna.

Me habéis jodido mi casa, ahora yo os voy a joder la vuestra, fue el argumento de Emilio para forzar la puerta del local en el que se reúnen los radicales aberzales y, en el interior, romper mesas, sillas, el televisor, un ordenador, botellas, vajilla y todo lo que encontró. Cuando vio que llegaba un grupo de ertzainas, se entregó pacíficamente. “Lo siento por mis padres, pero no hay solución; ojo por ojo, diente por diente, hijos de puta”, gritó como justificación mientras los policías autonómicos lo esposaban y se lo llevaban detenido.

Los etarras pueden poner bombas y destrozar vidas y haciendas, pero tienen muy poco aguante. Y se han enfadado por el atrevimiento de Emilio: se han manifestado para proclamar que se trata de un fascista y han llenado el pueblo con pasquines en los que le ponen en la diana. Así que el joven de 35 años, que tenía trabajo en una industria del vecino pueblo de Beasáin, ha tenido que dejarlo todo y refugiarse en Alicante. Ahora su vida corre peligro.

Ya les he contado alguna vez el chiste de Gila. Unos brutos gastan unas bromas tremendas en su pueblo; le colocan en la ventanilla de la botica un cepo de matar lobos al farmacéutico y lo decapitan. “Y la mujer, la muy asquerosa se enfadó”, contaba Gila. “Es lo que le dijo mi madre: si no sabes aguantar una broma, vete del pueblo”. La realidad supera a la ficción. Emilio Gutiérrez, incapaz de aguantar una broma, ha tenido que salir huyendo del territorio chiíta. El sentido del humor del fundamentalismo asfixiante se parece mucho al de los catetos con boina de Gila.

Friquis en acción

Ignacio Martínez | 8 de diciembre de 2008 a las 13:10

 

¡Muerte al Borbón!, ha dicho un ingenioso diputado de Esquerra Republicana de Cataluña, en un momento de exaltación y dejándose llevar, por citar la disculpa de su propio partido. La criatura en cuestión no es adolescente, tiene ya 55 años , sino hombre primitivo o poco civilizado, según se desprende de la excusa que ha utilizado el presidente del Congreso. Primario, dijo Bono. Joan Tardà tampoco es un iletrado, es licenciado en Filosofía y Letras y catedrático de Instituto de Lengua y Literatura catalanas, pero es persona que se deja arrebatar por la pasión y pierde la moderación, que es lo que significa exaltado, calificativo que el portavoz de su partido ha usado como eximente.

En todo caso, no es un buen ejemplo para las Juventudes de Esquerra, a las que acompañó el sábado en un entierro de la Constitución, con motivo de su 30 aniversario. Tardà quiso demostrar que si aquello era un concurso de gamberradas, él podía hacerlas más gordas. En la pasada legislatura ya fueron muy comentadas sus intervenciones en el Congreso para defender el carácter democrático de ANV, la última marca blanca de ETA, o su habilidad para exasperar al presidente del Congreso, Manuel Marín, hablando en catalán en los plenos, aunque no lo permitiese el reglamento. Marín lo llegó a expulsar de la tribuna de oradores y solía calificarlo en privado como un friqui.

En Ronda dirían, sin tantos rodeos, que es un majarón. Y desde luego no representa a un pueblo como el catalán, que se distingue por su sentido común. También gritó ¡viva la república! Pero la defensa de estas ideas es perfectamente respetable en la España democrática de hoy día. Lo de las muertes, sin embargo, es más propio de guerras o terrorismos. Tardà no ha pedido disculpas: por el contrario, en un comunicado ha tachado de ignorantes a quienes pensamos que son poco edificantes este tipo de propósitos.

Este preclaro hombre de letras nos recuerda a los iletrados que la frase está sacada de contexto, porque es lo que se cantaba por las calles de Barcelona en la Guerra de Sucesión. Esto coloca a ERC en la posición de partido moderno frente a los batasunos vascos, defendidos por Tardà. Mientras los proetarras quieren llevar llevar al País Vasco un millón y medio de años atrás, a la edad de piedra, Esquerra sólo quiere hacer retroceder a Cataluña tres siglos, a la guerra civil española de 1705 a 1714, que ganó el primer Borbón, Felipe V.

Sobre el futuro, poca doctrina. Aunque hace unos días tuvimos un espejismo. Carod Rovira lanzó un mensaje proponiendo refundar Esquerra como un partido serio, abierto, moderado, tolerante, flexible, dialogante, que transmitiese estabilidad y no fuese antiespañol. Si la iniciativa prospera, al pobre de Tardà le quedan unos añitos de reciclaje.

[En la imagen, Joan Tardà acompaña al líder de las juventudes de ERC, Gerad Coca, en el acto del sábado.   La foto es de Josep García, de elperiodico.com]

El final de ETA

Ignacio Martínez | 5 de diciembre de 2008 a las 10:46

Cuando el grupo fundamentalista islámico argelino FIS empezó a matar gente en los años 90, se llevó por delante a bastantes periodistas. Tras una de estas muertes, Le Monde publicó en portada una tira de su dibujante estrella, Plantu, en la que un redactor asesinado por la espalda yacía sobre su máquina de escribir, y en primer plano un terrorista le explicaba a otro: “Cuando le vi con la máquina supe que era o él o yo”. A los dos asesinos de Ignacio Uría Mendizábal les ha ocurrido lo mismo, cuando han visto unas máquinas construyendo el tren de alta velocidad que conectará al País Vasco con el resto de España y Francia se han dicho “o él o nosotros”. En su demencia, han matado al constructor del AVE vasco en defensa propia. Todo lo que no sea llevar a Euskadi hacia la edad de piedra lo consideran una agresión que pone en peligro su ecosistema.

Han empezado a matar a nacionalistas como Uría. Y se comportan como la mafia de las películas. Matan a tu padre y van al entierro a darte el pésame. En vez de “no es nada personal, sino un asunto de negocios”, entonan “no es nada personal, pero era mi oponente político”. Hay un segundo agravante a la apertura de este frente nacionalista: lo protagoniza una tercera generación, que comienza su carrera criminal, después de medio siglo de terror. Como antídoto no hay otro remedio que la unidad y la firmeza de los demócratas.

Además de perseguir a los asesinos, un Estado civilizado debe eliminar todo vestigio de sus cómplices de las instituciones. Acción Nacionalista Vasca, la última sigla política usada por ETA, gobierna más de treinta municipios del País Vasco y Navarra, la mitad con coaliciones. Este año el Supremo ha declarado ilegales las marcas etarras municipal (ANV) y autonómica (PCTV), pero falta desalojarlos. Una tarea que debería ser fácil en aquellos ayuntamientos en los que han tenido la complicidad de Eusko Alkartasuna, la IU vasca o Aralar para conseguir una alcaldía. Por ejemplo, en Azpeitia, la localidad guipuzcoana en donde asesinaron el miércoles a Ignacio Uría Mendizábal, en donde el alcalde de ANV se ha negado a condenar la muerte de este simpatizante del PNV.

Desgraciadamente, es un buen momento para recordarle a Ibarretxe que convocar un referéndum sobre el derecho a decidir de los vascos con esta jauría suelta era darle oxígeno a los asesinos. Ahora matan a los suyos. ETA ha cruzado así una línea roja invisible. El abogado Txema Montero, antiguo dirigente de Herri Batasuna, expulsado de la organización en 1992, en una entrevista este verano en El País se preguntaba: “¿Cuándo vamos a saber que estamos ante el fin del fin de ETA, no al principio del fin, como estamos ahora? Esto se dará cuando ETA considere que ha llegado el momento de matar a nacionalistas directamente, y eso para mí va a ser su fin”. Ojalá esté cerca ese final.