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Lucía Méndez retrata a Luis Bárcenas y Alberto Saiz: Dos hombres y un destino

Ignacio Martínez | 28 de junio de 2009 a las 10:15

Ayer, en El Mundo, Lucía Méndez publicó un artículo monumental sobre el tesorero del PP y el director CNI. No se lo pierdan. Lo pego a continuación:

 

Ni Luis Bárcenas ni Alberto Saiz estaban destinados a salir en las primeras páginas de los diarios. Ellos aspiraban a gobernar el reino de las sombras. Bárcenas sólo quería ser rico, conducir cochazos, vestir trajes caros, irse de vacaciones al mejor hotel de las Islas Caimán y tener apartamentos de vacaciones en los lugares más chic. Saiz disfrutaba cazando y pescando en su tierra, gozando del favor del gran José Bono. Alberto siempre fue un hombre muy caprichoso, al igual que Luis era un chaval ambicioso que no se conformaba con su modesto empleo de contable en AP. Quería más.

Mira por dónde ambos lograron su objetivo. Luis llegó a gerente, a tesorero del PP, a senador… ¿Qué más podía pedir? En la cima de las montañas que escalaba el hombre daba gracias a Dios y al destino. Ya era rico e incluso podía ser coleccionista de arte, como la gente bien de toda la vida.

Alberto, por su parte, tuvo la gran suerte de que el ministro de Defensa quisiera un director general del CNI de «buena familia». La ilusión de su vida. Por fin podría hacer realidad sus caprichos, y sin que nadie le importunara, ya que su trabajo estaba clasificado X por razones de seguridad del Estado. No tardó ni un segundo en creerse que había llegado a director del CNI por su capacidad para el espionaje y sus grandes conocimientos de geoestrategia mundial. El jefe de los espías tuvo además la fortuna de que a mitad de legislatura se quedó sin jefe porque Bono se fue, lo cual vino a significar que Alberto se sintió libre para hacer lo que le diera la gana. El resultado está a la vista. ¿Que un subordinado le caía mal? Le destituía. ¿Que tenía ganas de irse a pescar a Senegal? Que traigan el barco. El amo del Universo.

A Bárcenas tampoco le fue difícil ir ganándose el lado más oscuro e impenetrable del PP. Incluso decidió vestirse de tesorero, con un look a medio camino entre el personaje que interpretaba Michael Douglas en Wall Street y aquel inspirado consiglieri -Robert Duval- de Vito Corleone en la primera parte de El Padrino.

Luis y Alberto se encuentran al final de la escapada. Tanto poder se les atragantó por el camino. Uno creyó que nada podía pasarle por hacerse rico -como su amigo Álvaro Lapuerta, menuda envidia de patrimonio- y por compartir intimidad familiar con un tipo como Paco Correa. El otro pensó que nadie se atrevería con quien se sabe los secretos de las personas importantes del país.

Enfundado en su traje de tesorero, Bárcenas finge no darse cuenta de que todos los que se cruzan con él en los pasillos de la sede del PP le están pidiendo a gritos que se vaya. Incluyendo el presidente, Mariano Rajoy. Bárcenas se peleó con Correa, pero no pudo borrar todas las huellas. Sáiz se va a tener que comer el polígrafo sin remisión porque los espías han acabado de él hasta las mismísimas. Con puño de hierro en guante de seda, el presidente Zapatero y la ministra Chacón han decidido tomar cartas en el asunto. Dejará de ser un bien de Estado.

Ni Luis ni Alberto pueden comprender dónde se torcieron sus fantásticos reinos de las sombras.

¿Y Andrés?..

Ignacio Martínez | 18 de marzo de 2009 a las 10:28

Martínez Camino ha vuelto. Y en esta ocasión lo ha hecho con mejor estilo que en otras de sus entradas en escena. Presentó el lunes la campaña de la Iglesia Católica contra el aborto. Lo hizo con moderación e incluso evitó preguntas como si deben ir a la cárcel las 112.000 mujeres que abortaron el año pasado en España voluntariamente. Pero anunció que en cuanto el Gobierno envíe al Congreso la propuesta de modificación de la ley de despenalización del aborto de 1985 llamarán a una masiva movilización. Los obispos creen que el Gobierno protege mejor a el lince y otras especies en vías de extinción que la vida de los no nacidos. El cartel dice ¿Y yo?.. ¡Protege mi vida!

No conozco a nadie que esté a favor del aborto, que es algo traumático y violento. Ese no es el problema. La cuestión es si debe estar despenalizado en algunos supuestos, como ahora en caso de grave peligro de la vida de la madre, malformación o violación. O si debe estarlo en las primeras semanas de gestación. O si debe haber condiciones para las menores, como por ejemplo las que exige la Junta de Andalucía de madurez para permitir que se hagan implantes en los pechos. En todo caso este es un problema social de primer orden y de difícil solución. Más de cien mil abortos al año es una cifra descomunal, que muestra una grave deficiencia educativa.

Es cierto que esta modificación la lanza el Gobierno en su ofensiva mediática contra la crisis, dentro de un paquete de medidas sociales. Y también que la propuesta no estaba en el programa electoral con el que los socialistas consiguieron ser la minoría mayoritaria del Congreso. Pero si la Iglesia puede legítimamente defender sus ideas en una democracia, la mayoría parlamentaria tiene derecho a legislar según las suyas. Añado que en este tipo de temas sería importante conseguir el consenso político; pero no es realista. La ley del 85 la hizo el PSOE con AP en contra, pero cuando después el PP tuvo mayoría absoluta, no la cambió.

Martínez Camino es un jesuita atípico, porque es un jesuita intransigente, más cercano a la línea del cardenal Rouco que a la del superior de su orden, el padre Adolfo Nicolás. El cartel de la campaña de la Iglesia que ha presentado muestra a un bebé. Asunto cuestionable; se trata de un nacido. Me gustaría que el obispo auxiliar de Madrid nos dijera también si su campaña ampara también a los nacidos. Me refiero a Andrés, el niño andaluz de 7 años, salvado por un hermano genéticamente seleccionado, recién nacido. Pero a la Iglesia no le ha gustado esto de la manipulación genética. Javier ha salvado la vida de su hermano Andrés, enfermo de una anemia severa congénita, hasta ahora incurable. Yo me alegro. Andrés también podría hacerle a Camino la misma pregunta: ¿Y yo?..