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Aires de cambio en Galicia y País Vasco

Ignacio Martínez | 2 de marzo de 2009 a las 9:45

Las elecciones se ganan o se pierden. Como en los partidos de baloncesto, no vale el empate. En estas de ayer ha ganado un partido en el poder, el PNV, y otro que estaba en la oposición, el PP gallego. ¿Un 1 y un 2 en la quiniela? En el País Vasco no es tan fácil. Mal resultado para Zapatero. El PSOE pierde la presidencia de Galicia y, a pesar de su notable subida, no consigue ser el más votado en Euskadi como le concedían muchos sondeos hace meses. En todo caso, los nacionalistas pierden la mayoría en el Parlamento vasco y el PSOE podría sumar por los pelos una mayoría absoluta con el PP y la UpyD de Rosa Díez. O no, dicho sea a la gallega. Ibarretxe consigue más escaños que nadie, pero no se garantiza seguir de lehendakari. Su buen resultado se debe a un puñado de votos prestados por antiguos votantes de Batasuna, para impedir un triunfo socialista.

El PNV ha monopolizado la presidencia del País Vasco desde el inicio de la autonomía en 1979. Los resultados de ayer no le garantizan la permanencia en el poder por el hundimiento de sus antiguos socios: EA y la marca vasca de IU. Si el PNV saliera del gobierno autónomo vasco, cosa que todavía no acabo de creerme, las únicas autonomías españolas sin alternancia serían las de hegemonía socialista en Andalucía, Extremadura y Castilla La Mancha.

Los 150.000 votos de la última marca blanca de ETA se han quedado en unos 100.000 que han optado por el voto nulo; los otros 50.000 han permitido la victoria del PNV y el sorprendente resultado de Aralar, partido independentista vasco que procede del mundo de Batasuna, pero condena la violencia, que ha conseguido cuatro escaños. Un buen ejemplo de cuál debería ser un futuro razonable dentro de la democracia de la llamada izquierda abertzale.

En Galicia, el PP ha dado la campanada. Núñez Feijóo recupera la presidencia de la Xunta de manera espectacular para los populares. Rajoy no es que pueda respirar tranquilo, es que puede sacar pecho. Ha salvado un match point contra el sector más duro y aznarista de su partido. Anoche, en la celebración de la sede popular en la calle Génova de Madrid, brillaba por su ausencia Esperanza Aguirre. Y Feijóo se convierte en uno de los posibles delfines del propio Rajoy, dado el deterioro que los presuntos escándalos de espías y corrupción han supuesto para Esperanza Aguirre o Francisco Camps. El socialista Emilio Pérez Touriño ha estado sólo cuatro años en la presidencia de la Xunta. Su alianza con los nacionalistas del Bloque no ha resultado convincente para el electorado. Por el contrario, los gallegos han sido movilizados con habilidad por el Partido Popular; la amplia participación del 71% es impensable en casi cualquier otra región española. El voto nacionalista recula en ambas comunidades autónomas. Es obvio que los ciudadanos están más preocupados por la economía que por reivindicaciones independentistas.  

La situación en el País Vasco queda abierta a múltiples alianzas. Con lo que el 1 en la quiniela para el PNV hay que ponerlo en cuestión. Cabe una apuesta triple, con Ibarretxe de lehendakari, con los nacionalistas en el gobierno pero sin Ibarretxe o incluso con el PNV fuera del poder por primera vez en 30 años. Lo que significa un 1, una X o un 2.

¿Tiene alguna advertencia el resultado para los socialistas andaluces? Varias. Fraga perdió el poder porque llevaba mucho tiempo y el fiel electorado popular quería cambio de líder. También, claro está, por el Prestige, la Guerra de Iraq y otros errores del Gobierno de Aznar. Pero el cambio de líder le ha salido redondo. Ese dato debería hacer reflexionar tanto al PSOE como al PP en Andalucía, que llevan dos décadas con los mismos liderazgos de Chaves y Arenas. Los aires de cambio de Galicia y País Vasco deberían tener electos colaterales aquí.

Territorio chiíta

Ignacio Martínez | 27 de febrero de 2009 a las 10:40

 

Lazkao o Lazcano, como ustedes quieran, está al sur de Guipúzcoa, en los montes de la comarca de Goierri, más cerca de la frontera con Navarra que de San Sebastián. Tiene unos 5.000 habitantes, dos tercios de los cuales son euskaldunes. En las elecciones municipales de 2007, el Partido Nacionalista Vasco sacó 895 votos y ocho concejales; el Partido Socialista de Euskadi, 326 votos y tres concejales, la unión de Izquierda Unida con Aralar, 175 votos y un concejal, y el Partido Popular, 100 votos y otro concejal.

Las papeletas nulas de la última franquicia conocida de ETA, Acción Nacionalista Vasca, sumaron entonces 768 votos. Estos fundamentalistas quieren convertir el pueblo en territorio chiíta. Y excomulgar a todos los infieles. Los fanáticos abertzales son gente peligrosa, por su carácter racista, excluyente, que desprecia cualquier idea que no sea la suya, y violento, que amenaza la vida de los disidentes. Sus amigos de ETA ponen una bomba en la Casa del Pueblo de Lazcano y destrozan el piso de arriba. Esa vivienda la acababa de arreglar Emilio Gutiérrez, hijo de un ex concejal socialista de la localidad. Iba a mudarse allí de inmediato con su compañera. Me cuesta trabajo imaginar su indignación. Cogió un mazo y se fue a destrozar la herriko taberna.

Me habéis jodido mi casa, ahora yo os voy a joder la vuestra, fue el argumento de Emilio para forzar la puerta del local en el que se reúnen los radicales aberzales y, en el interior, romper mesas, sillas, el televisor, un ordenador, botellas, vajilla y todo lo que encontró. Cuando vio que llegaba un grupo de ertzainas, se entregó pacíficamente. “Lo siento por mis padres, pero no hay solución; ojo por ojo, diente por diente, hijos de puta”, gritó como justificación mientras los policías autonómicos lo esposaban y se lo llevaban detenido.

Los etarras pueden poner bombas y destrozar vidas y haciendas, pero tienen muy poco aguante. Y se han enfadado por el atrevimiento de Emilio: se han manifestado para proclamar que se trata de un fascista y han llenado el pueblo con pasquines en los que le ponen en la diana. Así que el joven de 35 años, que tenía trabajo en una industria del vecino pueblo de Beasáin, ha tenido que dejarlo todo y refugiarse en Alicante. Ahora su vida corre peligro.

Ya les he contado alguna vez el chiste de Gila. Unos brutos gastan unas bromas tremendas en su pueblo; le colocan en la ventanilla de la botica un cepo de matar lobos al farmacéutico y lo decapitan. “Y la mujer, la muy asquerosa se enfadó”, contaba Gila. “Es lo que le dijo mi madre: si no sabes aguantar una broma, vete del pueblo”. La realidad supera a la ficción. Emilio Gutiérrez, incapaz de aguantar una broma, ha tenido que salir huyendo del territorio chiíta. El sentido del humor del fundamentalismo asfixiante se parece mucho al de los catetos con boina de Gila.