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Así se construye un país

Ignacio Martínez | 14 de enero de 2012 a las 12:34

Hay ministros que lo están haciendo muy bien. Por ejemplo García Margallo, que ha dado una lección de civilidad y política de Estado convocando a todos los ex ministros de Exteriores para pedirles opinión sobre la modernización del servicio diplomático español. Otros se estrenaron, como la onubense Báñez, proclamando a los cuatro vientos la ruina del país y la herencia recibida. Los ministros no deberían dar mítines, pero vienen elecciones en Andalucía y el Gobierno necesita amparar las impopulares medidas de subida de impuestos y reducción del gasto. Como las decisiones contradicen su doctrina y sus promesas, acude a la propaganda. O, mejor dicho, a la demagogia.

Ahora resulta que el traspaso de poderes no fue tan ejemplar como pregonó la vicepresidenta Santamaría y deslizan que se ocultó la cifra de déficit. Penoso. La mayor parte de los 15.000 millones de déficit de las comunidades autónomas se han producido en regiones gobernadas por el PP; no cabe ni ocultación ni sorpresa. El hachazo a las cuentas públicas y el aumento de impuestos me recuerdan la cándida manera que tenían de explicar el futuro Rajoy, Arenas y sus muchachos hace meses. El asunto era que había que dar confianza al país, y bajar impuestos para que circulase más dinero, las empresas pudiesen invertir y se creara empleo. Y que quitando asesores y coches oficiales, para dar una lección de austeridad, la cosa iba a girar como por ensalmo. Pues ya ven.

Margallo, por el contrario, en vez de dedicarse a denigrar al Gobierno saliente o a tomar por tontos a los ciudadanos, ha convocado a todos sus antecesores en el cargo, incluidos los dos ministros que han ocupado su cartera en los ocho años de Zapatero. El miércoles se reunieron Marcelino Oreja, José Pedro Pérez-Llorca, Javier Solana, Abel Matutes, Josep Piqué, Miguel Ángel Moratinos y Trinidad Jiménez. Faltaron cinco jefes de la diplomacia española durante la democracia: Areilza y Fernández Ordóñez han fallecido, Morán está enfermo y Westendorp y Ana de Palacio no pudieron asistir.

Se trata de reformar el servicio exterior español para que funcione de manera eficiente, ayude a las empresas a exportar y mejore la imagen de marca de España en el mundo. Las relaciones exteriores son una política de Estado que necesita consenso. Ya lo hubo en la crisis de Libia el año pasado, sin ir más lejos. Los reunidos hablaron también del futuro de Europa. Y estuvieron de acuerdo en que las carencias de la unión monetaria y económica tienen una solución política. Y que con austeridad fiscal no basta para salir de la crisis económica, que faltan medidas de estímulo para ayudar al crecimiento. Así se construye un país.

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Triste porvenir

Ignacio Martínez | 2 de enero de 2012 a las 19:32

El Partido Popular ha llevado en romería a Huelva a su nueva campeona regional, la neófita ministra de Empleo Fátima Báñez. La segunda ministra más joven del Gabinete gozaba hasta ahora de una sólida reputación. Incluso sus adversarios políticos cotizaban su sentido del humor y ausencia de sectarismo en el consejo de administración de Canal Sur; la brillantez de su discurso en los foros feministas, su capacidad de trabajo, solvencia jurídica y espíritu negociador. Pero hete aquí que la primera visita a Andalucía tras su nombramiento ha interpretado el papel de Cruella de Vil. Y hay que advertir a la ministra que ese papel ni le va ni le conviene.

Báñez ha dicho en la romería onubense algo que un ministro no debería brindarle a los administradores de fondos de inversión de todo el mundo: que España está en la ruina. Todo para meterse con el difunto Gobierno socialista. En resumen, Zapatero mintió sobre el déficit y el pobre de Rajoy no ha tenido más remedio que subir los impuestos. Discurso tan tierno como falso. Era imposible ajustar el déficit sin subir impuestos. Es lo sabía el jefe del PP desde hace meses. Y el desfase de un par de puntos entre la realidad y el tope fijado por el directorio europeo era más que previsible; la mitad de las comunidades autónomas van a cerrar el ejercicio con déficit excesivo.

En dos de las tres peores regiones en la materia, Valencia y Murcia, gobiernan los populares desde tiempo inmemorial, y en casi todas las incumplidoras están desde hace siete meses. Así que el PP debía tener perfecta noticia de la realidad de las cuentas públicas y del desfase antes de las elecciones. Sin embargo, ha sido la Fundación de las Cajas de Ahorro la que ha advertido de la desviación, a la que se han abrazado con fe de conversos Rajoy, Montoro y compañía para subir impuestos. Curiosamente, Funcas está dirigida por Carlos Ocaña, secretario de Estado de Hacienda de Zapatero hasta anteayer, que no es mal sastre porque conoce el paño.

En su pueblo, San Juan del Puerto, Báñez estuvo más Fátima que Cruella y atribuyó la  ruina nacional simplemente a la crisis. Es razonable: aunque Zapatero haya sido un mal gobernante, la misma crisis se ha llevado por delante a gobiernos conservadores en Italia, Irlanda o Dinamarca. Y a ejecutivos de izquierdas en el Reino Unido, Portugal y España. Incluso en Grecia ha engullido a gobiernos de los dos signos en sólo un par de años. Así que se ruega no tomar por tontos a los ciudadanos cuando se dan las explicaciones.

Javier Arenas, bien directamente o por persona interpuesta como en este caso, sigue empeñado en dar patadas a los socialistas. Fía su triunfo en las autonómicas al paro, la crisis, la corrupción en la Junta y a la extrema levedad del liderazgo de Griñán. Quizá a dos meses y medio de la cita con las urnas debería poner algo de su parte. Pero su propio liderazgo sigue sin aparecer por ninguna parte. En eso se parece mucho al actual presidente. Lo que nos augura un triste porvenir.

El presidente se esconde

Ignacio Martínez | 3 de diciembre de 2011 a las 15:18

La encuesta del Instituto de Estudios Sociales Avanzados sobre las elecciones autonómicas de marzo arroja un resultado demoledor. No por los 10,4 puntos de ventaja del PP sobre el PSOE, que significarían una mayoría absoluta popular en el próximo Parlamento andaluz. El trabajo de campo se realizó entre el 26 de septiembre y el 21 de octubre, antes de la campaña y de unas elecciones cuyo resultado pueden cambiar tanto la intención como la estimación de voto. Lo demoledor es el entorno emocional. Tomo prestado este concepto de la hábil intervención de Cándido Méndez tras ver a Rajoy el miércoles, el mismo día que se publicó el amplio sondeo del IESA, realizado a una muestra de casi cuatro mil personas.

Si la intención de voto puede cambiar después de una campaña, los especialistas dicen que lo que no se mueve es el entorno emocional, que retrata el estado de ánimo de la ciudadanía y su tendencia. Y esa es la clave de esta encuesta. A la pregunta de si es deseable un cambio de Gobierno la respuesta es afirmativa por 73 contra 17. Es decir, incluso la mitad de los votantes socialistas consideran saludable que su opción política pase a la oposición.

Hay otros epígrafes cuya respuesta es muy reveladora. Los que les gustaría que ganara el PP superan a los que prefieren al PSOE por 35 a 27. Esos ochos puntos de margen se amplían a más de diez si se pregunta a los encuestados qué van a votar: 46,5 a 36 es la ventaja popular sobre la alternativa socialista. Y la distancia se convierte en sideral si el público dice quién cree que ganará: el PP, por 62 a 17. Aquí está el tuétano del resultado demoledor de esta encuesta, que deja a la actual mayoría en el Parlamento andaluz en precario a menos de cuatro meses de la cita con las urnas.

La puntilla del estudio es la comparación entre los dos líderes. Una mayoría notable considera a Arenas más capaz para introducir los cambios que Andalucía necesita, está mejor preparado para resolver la situación económica y tiene más autoridad dentro de su partido. Por menos margen, también gana a Griñán en inspirar más confianza y tener más credibilidad, mientras el actual presidente gana al jefe popular por algunos puntos como más dialogante, más honesto y mejor conocedor de los problemas de Andalucía.

Esta es la foto de la situación. Incluso una parte de quienes le van a votar no confía en el candidato socialista. Aunque Griñán tiene la obligación de decir a los suyos que la situación es reversible, el entorno emocional dice lo contrario. A ese cuadro clínico contribuye el escaso liderazgo social que ejercen sus dirigentes regionales, incluido su secretario general, que ayer dio un paso más. La ausencia de Griñán de la final de la Copa Davis es inexplicable. O no, es muy lógica. Mientras el cielo se cae sobre su cabeza, este presidente se esconde. Su estado de ánimo le supera.

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Rajoy promete un milagro

Ignacio Martínez | 14 de noviembre de 2011 a las 16:00

Además de tecnócratas, en la periferia europea llegan al poder políticos con experiencia y preparación, pero sin carisma, que en otras circunstancias lo tendrían difícil. Es el caso de Passos Coelho en Portugal o Mariano Rajoy en España. Es también el perfil de Antonis Samaras, candidato predilecto para las elecciones helenas de febrero. Moderados. Por no considerarlo lo bastante duro, bastantes dirigentes de su partido quisieron jubilar a Rajoy en 2008. Y fue sostenido por unos pocos, con Javier Arenas a la cabeza, lo que convierte ahora al presidente del PP andaluz en el hombre fuerte de la galaxia popular, aunque no cuente para la alineación gubernamental por su aspiración a la Junta.

En los tiempos que corren, el público no quiere poetas, ni iluminados. Equivocados o no, los electores se inclinan por tumbar a sus gobiernos, del signo que sean, y poner al frente de los países a gente eficaz. Es un error, sin embargo, pensar que todas las políticas económicas van a ser marcadas por el directorio europeo. Hay muchos modelos a elegir y muchos riesgos que correr. Mercados de trabajo muy regulados y bajos impuestos, como en España, o lo contrario como en los países nórdicos. Reducir la administración, como propone de facto el PSOE con las diputaciones, o dejar en vigor el solapado entramado institucional español, como parece apuntar el PP. Privatizaciones y copago en educación y sanidad, o servicios públicos gratuitos a ultranza…

También sería saludable que se diluyera el exagerado sistema bipartidista actual, con dos grupos parlamentarios muy grandes, ninguno intermedio, uno pequeño (CiU) y varios minúsculos. Se puede ir a un esquema como el alemán con dos grandes y tres medianos. Si se modera el reparto de escaños, se calmaría la fatal tendencia cainita de PP y PSOE. Es sorprendente que en 35 años de democracia no haya habido todavía un solo gobierno de coalición. Todos los gabinetes han sido monocolor, incluidos los de las seis legislaturas sin mayoría parlamentaria.

Y aunque el nuevo Gobierno disponga de margen en economía, en materia de costumbres tendrá más espacio. Hay dudas sobre lo que hará el PP con leyes que no le han gustado, aunque las votara a favor, como la prohibición de fumar en lugares públicos. Rajoy no suelta prenda sobre el futuro del matrimonio homosexual y la ley del aborto, pero sí se ha pronunciado sobre la ley antitabaco. Quiere dejar fumar en algunos bares. La Organización Mundial de la Salud atribuye a la ley antibaco española el descenso de un 5% en el consumo y sostiene que eso evita mil muertos al año. Pero se acaba. Entre lo poco que ha dicho Rajoy destacan dos cosas: se revalorizarán las pensiones y se volverá a fumar en lugares públicos. También sostiene que volverá el milagro español de su mano. Lo malo es que no ha dicho cuándo.

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El Titanic

Ignacio Martínez | 5 de noviembre de 2011 a las 10:51

La encuesta de ayer del CIS sobre las elecciones del 20 de noviembre representa un vuelco tan grande de la situación política en Andalucía, que deja pocas dudas sobre la suerte que le espera a Griñán y los suyos en marzo. El Partido Popular va camino de una victoria sin precedentes en España. Rajoy puede superar en doce escaños el récord de Aznar de 1996. En la misma ola, Arenas sigue construyendo la base para una amplia mayoría en el Parlamento andaluz que acabará probablemente con treinta años de hegemonía socialista. Es más, Andalucía es la principal causa de la debacle del PSOE el 20-N: la cuarta parte de su retroceso nacional se producirá en esta región, según la amplia muestra del Centro de Investigaciones Sociológicas.

Se veía venir. Escribía en febrero de 2010, con motivo de una encuesta muy desfavorable de Cepes, que el Partido Socialista, que había sido el titán de la política andaluza, podía convertirse en el Titanic. A la extraordinaria maquinaria de poder, admirada hasta por sus adversarios del PP, sólo le faltaban dos letras para pasar de una cosa a la otra. Ahora no se trata tanto de Grecia, la crisis de la deuda o los nuevos cien mil parados que se suman a los millones que había. No es una cuestión de coyuntura, sino de desconfianza antigua. Entonces dos de cada tres andaluces pensaban que el PP lo haría igual o mejor que el PSOE. Ese porcentaje era aún mayor en todo el litoral, excepto en Huelva. La tendencia no ha cambiado. En el litoral es justamente donde se materializa el paseo militar del PP en Andalucía. Gana 4 a 2 en Almería, 5 a 2 en Granada, 7 a 3 en Málaga, y 5 a 3 en Cádiz. Y en Huelva, hay dudas sobre quién tendrá más escaños.

La encuesta de Cepes también decía que el principal caladero de votos socialistas en la región eran las personas mayores de 65 años y las que no tenían estudios. Personas mayores o con poca formación han compuesto tradicionalmente el perfil de la audiencia de Canal Sur, dicho sea sin ánimo de señalar. En todo caso, no se trata de las capas más dinámicas de la sociedad, que deben sustentar el futuro de un partido de progreso, como se autocalifica el PSOE. Esa es una de las razones por la que se ha agotado su crédito. Otro motivo esencial de la escora del barco que va camino del hundimiento es el escaso o nulo liderazgo social ejercido desde la dirección del PSOE tanto en el plano regional como en el provincial. Esas carencias se pagan muy caras y mucho más en épocas de crisis.

Cabe la duda sobre si una gestión severa de las cuentas públicas por el gobierno de Rajoy no despertará al habitual votante socialista en los meses que quedan hasta las elecciones autonómicas. Pero expertos solventes sostienen que la desmovilización del partido y el incremento que se producirá tras la derrota del 20-N impedirán recuperarse al antiguo titán. El barco en el que se ha convertido, dice la encuesta del CIS que va a la deriva.

El debate de los jefes: el paro, en el epicentro

Ignacio Martínez | 29 de octubre de 2011 a las 10:52

Unanimidad para reclamar unidad política ante el fin de ETA y honrar a las víctimas. Acuerdo en que el paro es el problema número uno de Andalucía. Y una coincidencia; las decisiones de la última cumbre Unión Europea causaron desazón por igual a izquierda y derecha. Los tres grupos de la Cámara mostraron los mismos puntos de vista sobre esos tres asuntos en la sesión de control al Gobierno andaluz, el jueves en el Parlamento.

Por lo demás, los discursos fueron los habituales. Y en la rutina ganó Griñán, más brillante. Hay mucha fidelidad en estos debates. Arenas, por ejemplo, es un jefe fiel con sus colaboradores más próximos. No está dispuesto a despedir al autor o autora de sus discursos quincenales. Aunque la persona en cuestión hace tiempo que no escribe un texto original. Se limita a copiarse. Hay mucho paro y quizá el jefe de los populares no quiere incrementar la cifra.

Precisamente sobre el paro versa el discurso único del presidente del PP andaluz. Sobre el paro y los cinco millones de desempleados, que salen en sus intervenciones cada quince días, sin faltar uno. Eso sí, el enorme oficio de Arenas consigue adornar su texto de tal manera que pueda parecer distinto. En el capítulo de esta semana, estuvo de invitado especial el dóberman que el PSOE saca a pasear en sus vídeos electorales, para meter miedo al electorado indeciso. Este año el tema es la educación y un alumno muy repeinado al que una criada de uniforme lleva al colegio privado.

Arenas, molesto, espetó a los socialistas que dejen de inventarse dóberman, que lo tenían en casa. Que el único dóberman son el millón doscientos mil parados andaluces y los cinco millones en España -no podían faltar- de los que responsabilizó a Zapatero, Chaves y Griñán, por orden de aparición.

Previamente, había reconocido implícitamente que una parte de este desempleo cabría imputarlo a la crisis, para tirar a continuación una pedrada contra la Junta. Arenas sostuvo que las políticas de empleo del Gobierno andaluz rozan la malversación y la prevaricación. Que el paro es el epicentro de nuestros problemas y la Consejería de Empleo el epicentro de los escándalos. Que la Junta ha dilapidado los fondos para los parados y que de las irregularidades de los eres no tienen la culpa ni el Consejo Europeo, ni los Estados Unidos, ni Lehman Brothers, ni los mercados financieros.

Los discursos previsibles tienen muchos inconvenientes. Entre otros, que el adversario se traiga de casa escrita, una quincena tras otra, respuestas documentadas y oportunas. Ayer volvió Griñán a ser más convincente que su rival en esta materia. Explicó que no hay varitas mágicas para salir de la crisis, que en las épocas de bonanza económica se creó empleo con el PP y más con el PSOE, y que en la época de crisis que atravesamos el paro se ha disparado en todas las comunidades autónomas, aunque puso el ejemplo de tres regiones gestionadas por el PP: el paro ha crecido en Valencia 22 puntos más que en Andalucía, en Galicia, un 18% y en Madrid, un 15.

Griñán se pegó todo un baile con las muletillas de Arenas. Por ejemplo, con el presupuesto, que defendió como un ejercicio para dar seguridad a los ciudadanos por el mantenimiento de las políticas sociales. Y contrapuso el concepto de seguridad al de confianza que está repitiendo tanto el PP en la precampaña electoral. Hablan -dijo- de pedir la confianza a los votantes para regalársela a los mercados, con privatizaciones en educación y sanidad en las comunidades donde gobiernan. Lo que tuvo una continuación muy bien construida, de laboratorio: según él, lo que plantea el PP debilita a la sociedad, empobrece a las clases medias trabajadoras, agranda las desigualdades. “Todo eso haría una Andalucía peor y más pobre”.

El paro juvenil fue el tema que planteó Diego Valderas. El jefe de IU no olvidó su guiño quincenal a los socialistas sobre un posible gobierno de coalición en los próximos cuatro años. Un escenario que se daría si el PP no saca mayoría absoluta, y no hay ninguna otra fuerza política en el Parlamento regional. Le lanzó a Griñán el desafío de una política que reduzca a la mitad el desempleo juvenil en la próxima legislatura. Pero el presidente no compró la oferta. Compartimos el diagnóstico, pero no las soluciones, le contestó. La solución izquierdista le sonó a más empleo público para colocar a los jóvenes en paro, que ya son más del 40% de las personas sin trabajo en la región. Son las empresas privadas las que crean empleo, defendió un Griñán bastante liberal en esta materia.

Valderas aportó un nuevo concepto en el debate. Hay cientos de miles de jóvenes andaluces que son ceroeuristas; que no tienen ingreso alguno. Y, como Arenas, echó una buena parte de la culpa a “la incapacidad y estrepitoso fracaso” de las políticas económica y estatutaria de la Junta. Griñán sacó en esta fase del debate su traza de profesor y volvió a explicar que estamos ante una crisis financiera. Y que por primera vez el Consejo Europeo había tomado medidas al respecto, aunque no todas de su agrado. En particular, porque la recapitalización de la banca y las exigencias de más capital principal van a volver a reducir la liquidez de las entidades.

En este punto, por cierto, fue secundado por Valderas, que aprovechó para sacudir a su posible futuro socio, con un buen argumento. Esto de ayudar a la banca y no a los parados no es de ayer, precisamente. Arenas, cuando le llegó su turno, también se sumó a la preocupación por la falta de liquidez de las entidades financieras. Pero ninguno de los tres dijo cómo resolverlo.

El portavoz del PSOE volvió a intervenir, para invitar al presidente a lucirse, explicando el presupuesto. Jiménez estuvo más comedido que en otras ocasiones, aunque no pudo evitar decirle a su jefe la fidelidad que le tiene: lo ve honesto, claro, transparente, responsable, realista, que dice la verdad, da la cara y cumple con su obligación. Nada más y nada menos. Griñán arrancó su respuesta con un lapsus. Dijo “me alegro que me haga esa pregunta”. No explicó si se refería al presupuesto o al panegírico.

Periferia ferroviaria

Ignacio Martínez | 22 de octubre de 2011 a las 10:50

Andalucía no es más periférica que antes de que se anunciaran el pasado miércoles los corredores ferroviarios prioritarios de la Unión Europea para 2030. Pero tampoco es menos periférica. En Algeciras hay una gran satisfacción por lograr una doble conexión con Francia. Una por Madrid que era la preferida por los operadores del primer puerto español y los empresarios de la zona. Y otra por el litoral, que ofrece dudas. Ambas tienen un tramo común, de Algeciras a Antequera, de una sola vía por un terreno muy inestable.

El recorrido transversal andaluz, desde Algeciras y Sevilla hasta Antequera y desde Granada a Almería necesita un profundo remozado de las líneas existentes, pero además la modificación de las pendientes en muchos tramos, para que puedan circular trenes de mercancías competitivos. Y además de la electrificación y señalización, una doble vía. Sobre cómo afrontar esa modernización, el Ministerio de Fomento no ha dado explicación alguna hasta el momento. La doble salida es una ventaja teórica, que se puede ver en los mapas.

No está nada claro cual de los dos ejes, el Central o el Mediterráneo, va a tener prioridad en la financiación. Hay documentos de la Comisión Europea que se la dan a la línea Algeciras, Madrid, Zaragoza, Tarragona, y a la que va desde frontera francesa por el litoral catalán hasta Valencia, pero no más allá. El Ministerio guarda una calculada ambigüedad al respecto. El martes por la tarde, en Fomento hubo dos charlas explicativas para periodistas, una larga para los de levante, y una posterior para los demás. Si el mensaje era el mismo, ¿por qué dos exposiciones? El jueves en Sevilla el ministro Blanco no despejó esta incógnita, al mezclar los dos ejes, el Central y el Mediterráneo, y contarlos como si fueran uno solo. La versión de la prensa catalana es que la prioridad financiera será para el corredor Mediterráneo.

El ministro empezó el miércoles una esforzada turné por el territorio nacional para explicar, con discursos plagados de millones, los ejes ferroviarios que serán la base de las comunicaciones en España a mitad de siglo. Ataviado con una corbata en tonos azul y blanco, los colores de su Galicia natal, comenzó la jornada en Santiago de Compostela, siguió en Madrid, y después se desplazó a Zaragoza. Terminó la primera etapa en Barcelona, en donde brindó con cava con los jefes políticos de CiU, PP y PSOE, luciendo ya corbata de otro color; blaugrana, por cierto. A medio plazo, la verdadera partida estratégica que se juega en estas redes ferroviarias es qué puertos se convierten en la referencia para los grandes buques portacontenedores que hacen las rutas mundiales, y por dónde se hace la importación o exportación de mercancías para los mercados español y europeo.

A finales de los 60, Cataluña ganó décadas de progreso al resto de España con la construcción de autopistas de peaje con la garantía del Estado. Ahora estos ferrocarriles le dan una centralidad extraordinaria a todo el levante español. Tres de los cinco corredores presentados el miércoles, que costarán al erario público unos 50.000 millones de euros, tienen su origen o pasan por el puerto de Valencia, gran competidor de Algeciras, que ya es el puerto de Madrid y aspira a consolidar a los operadores asiáticos con base en sus instalaciones.

Si a estos operadores les convence más la nueva oferta de Algeciras y siguen los pasos del consorcio liderado por la coreana Hanjin, del que forman parte otras tres compañías china, japonesa y taiwanesa, entonces el anuncio de ayer habrá sido un éxito. En caso contrario, no. Incluso corremos el riesgo de que se repita medio siglo después la misma historia del adelanto estratégico. La idea de un corredor por todo el litoral mediterráneo, desde Cádiz hasta Barcelona, con toda la masa crítica que supone el 40% del PIB español, no es en absoluto mala. El lado peor es a quién beneficia primero y qué ventaja competitiva consigue. Por eso se salieron en abril del lobby Ferrmed, que ha promovido el corredor Mediterráneo, el Puerto de Algeciras, las industrias de la Bahía y la Cámara de Comercio del Campo de Gibraltar.

El jueves en Sevilla, el ministro ya había recuperado su corbata en tonos azul y blanco, cuando intervino en el Fórum Europa. Insistió en que su propuesta exige una inversión anual de 7.000 millones en estos ferrocarriles, de los 13.000 millones disponibles para infraestructuras. Las inversiones en obras públicas han pasado del 1,9% del PIB de la época de la abundancia a un 1,3%.

Es claro que el próximo Gobierno tendrá mucho que decir para consolidar estos mapas que deja en herencia el ministro Blanco o proponer alternativas. De los 50.000 millones que cuesta este plan, en Andalucía se gastarán algo más de 8.000, un 16% del total nacional. La cuota de Andalucía en la población española es del 17,9%, y en el territorio nacional, de 17,3%. Y la participación regional en el PIB españoles es ahora del 13,5% y estuvo en el 13,8% entre 2005 y 2007. El porcentaje de inversión está en un punto intermedio. El riesgo de las inversiones en infraestructuras es que se hacen en donde está la población y el desarrollo. Y acaban generando más desarrollo donde ya lo había.

Sorprende que en el debate previo a esta decisión nadie haya reivindicado el estudio que presentó el presidente Chaves en vísperas de las elecciones de 2000, para una línea nueva entre Algeciras y Puerto Real. El estudio en cuestión tiene unos diez tomos de papel; no se puede decir que esté guardado en un cajón, porque haría falta una biblioteca. Esa línea costaba entre 600 y 630 millones.

Un estudio es lo que han reclamado en las últimas semanas los alcaldes de Almería, El Ejido, Motril, Almuñécar y Málaga, para saber cómo se podría hacer un ferrocarril por el litoral andaluz, de Almería a Algeciras (o hasta Cádiz), y cuánto costaría. En la prensa catalana del jueves, satisfecha por lo conseguido para su territorio, se podía leer que no sería rentable, para dar toda previsión por inútil. Sin embargo, el ministro dijo el 16 de marzo en Barcelona que un Almería-Algeciras por la costa supondría una inversión de 11.700 millones, a razón, según cálculos propios, de 33,5 millones el kilómetro.

El PP está empeñado en este proyecto, así que en pocas semanas su presidente regional, Javier Arenas, tendrá la oportunidad de ofrecer a las localidades concernidas una satisfacción. Blanco aludió ayer de manera inequívoca al cambio de gobierno que se avecina: le recomendó prudencia a sus adversarios para evitar que una tentación demagógica o populista en este momento les obligue en exceso cuando lleguen al poder.

En todo caso, encargar un estudio para saber a qué atenerse no parece una insensatez. El presidente Griñán hizo el jueves en la presentación de Blanco un canto a la Andalucía del interior, que se puede interpretar como un aplauso al trayecto transversal desde Sevilla a Almería por Antequera. Falta por ver si hay planes precisos para que este recorrido sea fiable y competitivo en todos sus tramos.

Hasta entonces cabe pensar que a Andalucía no le ha tocado el premio gordo en el reparto indicativo del miércoles. Con estos planes no será más periférica, pero tampoco menos. En absoluto.

Negociar con ventaja

Ignacio Martínez | 16 de octubre de 2011 a las 10:59

Vienen épocas de estrecheces. Más todavía. Y todo dios toma posiciones. Los nacionalistas catalanes quieren pagar menos al Estado. Reclaman los privilegios fiscales de vascos y navarros. Y quieren mandar más. Urkullu le ha ofrecido a Rajoy que el PNV entre en su Gobierno. Duran, el hombre que considera que Andalucía tiene la hostelería más próspera de la península, también se muestra dispuesto a que CiU entre en el próximo gabinete. Con una condición: el pacto fiscal. Habrá mucha tensión entre las autonomías ricas y pobres. Y quienes tienen partidos que defienden sus territorios, mayormente ricos, cavan trincheras para negociar con ventaja.

Al próximo Gobierno de la nación le tocará también la tarea de negociar unos presupuestos europeos para siete años y la nueva política agraria común, que deben entrar en vigor en enero de 2012. No es indiferente en absoluto que el responsable de esa cartera sea una persona con un gran conocimiento de la materia y de los mecanismos de toma de decisiones en la Unión Europea.

Una necesidad, dicho sea de paso, que puede empujar a Rajoy a poner de nuevo en Agricultura a Miguel Arias Cañete, aunque al interesado le complazca más el sillón de Exteriores. Pero sea quien sea quien esté al frente, tampoco será baladí la nacionalidad o región del titular de Agricultura. Andalucía pesa muy poco en la España de hoy; a ver si a partir del 20 de noviembre se nota la influencia que se le supone a Javier Arenas sobre el casi seguro nuevo presidente del Gobierno. Al fin y al cabo su ayuda fue inestimable para que las huestes del Tea Party español comandadas por Esperanza Aguirre no acabaran con don Mariano en 2008.

Otro método que fortalece a los territorios es la unidad. Todo el mundo está de acuerdo ahora en Andalucía en cerrar filas ante la propuesta de reforma de la política agraria común. Quizá Griñán haya reflexionado sobre su discurso en el Comité de Regiones de la UE en enero. Planteaba cambiar los criterios de reparto agrícola dentro de Andalucía. Aplicar ahora esa filosofía en el interior de España con la nueva PAC, le costaría a Andalucía miles de millones de euros. Negociaremos en desventaja. Hay frivolidades muy caras.

El Capitán Trueno

Ignacio Martínez | 10 de octubre de 2011 a las 10:05

Vino el ex presidente Aznar a Málaga, con la espada del Capitán Trueno, para inaugurar la convención popular antesala de la campaña que llevará a Rajoy en volandas a La Moncloa. Estuvo duro en todos los terrenos, menos para celebrar por adelantado el triunfo de su delfín: dijo que es la hora de Mariano con la más absoluta falta de pasión. Es posible que le traicionara el subconsciente, por los arduos esfuerzos que personas y medios afines hicieron para tumbar a Rajoy tras su derrota de 2008. Ahora, con la victoria que se avecina, echa pelillos a la mar. Rajoy, por el contrario, se acuerda: dejó claro en su discurso final que estaba allí gracias a los militantes, “y a nadie más”.

Total, que vino José María Aznar en plan duro. Y lanzó como piedras algunas verdades, como que el nuevo presidente va a heredar un país en ruinas. Es cierto. Después de décadas de crecimiento de la población, España ha vuelto a ser un país de emigrantes. Y los que se van son los más jóvenes y más preparados. Sin duda que la torpeza del presidente del Gobierno tiene una enorme responsabilidad: a Zapatero la crisis le ha venido muy grande. No toda la culpa es suya; el hundimiento de la economía mundial ha ayudado a su desorientación. Pero lleva cuatro años dando tumbos.

El problema con Aznar surge cuando lanza falsedades como piedras. Ha dicho el ex presidente que el Gobierno está suplicante, mendigando a ETA algún gesto. Zapatero se equivocó gravemente cuando siguió negociando con la banda después del atentado contra la T4, pero eso fue en la anterior legislatura. En ésta ha habido un amplio consenso con el PP, y si Bildu ha podido presentarse es porque el Constitucional lo ha permitido. En todo caso, peca Aznar de poca memoria. En 1998 acercó presos etarras al País Vasco para facilitar el diálogo con la banda terrorista. En marzo afirmó que si ETA dejaba las armas sabría ser generoso. En noviembre, llamó a la banda movimiento vasco de liberación nacional. Hubo una sesión negociadora el 19 de mayo del 99 en Zúrich entre tres enviados suyos y jefes terroristas. Y se lamentó de que no se produjeran más contactos, en septiembre siguiente: “Es porque ETA no quiere, no hay ninguna otra razón”. No es mal ejemplo de súplica.

Pensando en Mas, Arenas dijo el sábado que la talla de las ideas no se mide por la capacidad de insultar. Eso no lo haría el Capitán Trueno.

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El debate de los jefes: Faroles, faroles, faroles…

Ignacio Martínez | 30 de septiembre de 2011 a las 10:17

Si el debate de ayer fuese una canción, tendría que cantarlo Mina, con la música de Parole, parole, parole, pero con la letra de faroles, faroles, faroles. Los políticos no pueden evitarlo: el envite falso para embaucar, desorientar o atemorizar al ciudadano y al adversario es tarea de todos los días, pero en campaña sus señorías se esmeran. Así llegaron ayer a la sesión de control al Gobierno. Ya se vio en las belicosas interpelaciones a los consejeros. Los alcaldes del PP no estarán la próxima legislatura, así que Arenas no hace rotaciones.

La alcaldesa de Valverde, Dolores López, es todo un descubrimiento parlamentario. Estuvo tremenda. Se comió cruda a la consejera Aguayo a propósito de unos anticipos que López sostuvo que prometió Griñán, asunto que la consejera no fue capaz de desmentir. Empatan. Hace dos semanas Aguayo estuvo mejor. Juan Ignacio Zoido tuvo un encontronazo con Micaela Navarro. Y el alcalde de Córdoba hizo lo mismo con Luciano Alonso.

La Junta no puso dinero para la Copa Davis y Nieto lo considera un agravio a su ciudad. Alonso le buscó las cosquillas y le reprochó su viaje a Nueva York. El alcalde había escrito en su Twitter poco menos que si no va a traerse a Nadal, el campeón español no habría venido. Un farol que le hizo pagar caro el propio tenista en Córdoba, cuando dijo que no necesita que nadie le convenza para defender a su país.

En este ambiente caldeado se produjo un debate cansino entre los jefes. Cansino mayormente por lo repetido de los argumentos. Si el debate fuese la canción de Mina, en este punto no tendría ni que modificar la letra: tú siempre igual, tú siempre igual, tú siempre igual. Tres veces, una para Valderas, otra para Arenas y la última para Griñán. El jefe izquierdista volvió a repetir por enésima vez que el presidente lleva una política equivocada, errática, que anda por ahí dando palos de ciego, que no debería estar orgulloso del millón doscientos mil parados.

Estas admoniciones no son nuevas, pero llevaban adosada una innovación. El farol del día de Valderas: resulta que Izquierda Unida ha hecho un diagnóstico perfecto desde que empezó la crisis, que siempre ha tenido la razón y que no se ha equivocado en ninguno de sus planteamientos. Literal. Otras veces Griñán le explicaba a su posible socio de gobierno dentro de unos meses que con sus propuestas estaríamos como en Grecia, en bancarrota. Pero ayer el presidente estaba por la labor de no incomodarse con su flanco izquierdo.

Eso sí, no pudo evitar un par de puntualizaciones: que en el primer año de la crisis (con Chaves de presidente, sin ánimo de señalar) aumentó el desempleo más del doble de lo que lo ha hecho en los dos años siguientes. Y que cuando en febrero de 2008 la Junta sacó el primer paquete extraordinario de licitación de obra pública, por 1.400 millones, porque se había comprobado la caída de la construcción, todavía Izquierda Unida no había dicho esta boca es mía sobre la crisis. Griñán reconoció que desde una comunidad autónoma poco se puede hacer en una crisis financiera. Y Valderas hizo una clara alusión a hacer una coalición desde 2012: le propuso pactar unas políticas concretas, capaces de crear medio millón de empleos en la próxima legislatura.

Arenas estableció un listón de salida bien alto: Griñán ha incumplido todas y cada una de las promesas de su discurso de investidura. Estamos en campaña y no hay que quedarse cortos. Acusó al Gobierno andaluz de incumplimientos por doquier, en reforma de la Administración, transparencia, empleo… Y se cobró una factura que le dejó Griñán, de manera ventajista, en el anterior debate: cuando el jefe popular ya no podía contestarle le reprochó el magnífico concepto que tiene de sí mismo. (Terreno en el que quien lanzaba el dardo no es precisamente un alevín, dicho sea de paso). Como en un serial de televisión, ayer tuvimos el segundo capítulo de este episodio de confrontación egos subidos: “El último día me pidió en su intervención que defendiera con arrogancia mis ideas. No lo voy a hacer porque con la suya, digo la arrogancia, nos sobra”. Otro empate.

Arenas dijo algo muy sensato cuando recordó que el Estado del bienestar en Europa es fruto de un consenso histórico entre fuerzas políticas diversas y que nadie podía apropiárselo. Se le olvidó añadir que esas fuerzas eran principalmente los democristianos y los socialdemócratas, que están en franca retirada en casi todos los países ante el empuje de modernos partidos populistas, de los que Berlusconi sería el perfecto paradigma.

Griñán parecía ponerse modesto cuando respondió que no quería dar lecciones a nadie. Pero no. Volvió en sí, y soltó uno de sus faroles de la sesión: todas las políticas sociales, todas, que se han implantado en España en sanidad, educación, dependencia y servicios sociales llevaron la firma de un presidente socialista. Se alejó por un momento de la propaganda y el florete, para proponer un debate de balance de legislatura en enero, que Arenas compró con entusiasmo. Es más, prometió si llega a la Presidencia cambiar el discurso de Navidad de Canal Sur por un debate anual de balance del año.

El presidente se pegó dos faroles a los que no entró Arenas. Dijo que las explotaciones olivareras han recibido un apoyo importante para financiar su circulante. (Ese fondo reembolsable, de 40 millones de euros, está casi intacto después de varios meses, según la información de la que dispone este cronista). Y añadió que la sanidad andaluza es la mejor valorada por los ciudadanos en España. Pero según un estudio del Ministerio de Sanidad de 2008, en la pregunta precisa sobre el grado de satisfacción con el sistema público de salud, siete regiones españolas nos superan: por orden alfabético, Aragón, Asturias, Baleares, Castilla y León, La Rioja, Navarra y País Vasco.

Arenas, para no ser menos, después de afear al presidente que haya faltado a su palabra y haya roto las reglas de juego al modificar la ley electoral sin consenso, despidió su parlamento con otro farol: el PP en ocho años creó cinco millones de puestos de trabajo y el PSOE en ocho años ha destruido cinco millones de empleos. Así de simple.

Mina terminaría su canción sobre el debate con su propia letra: no cambiarán, no cambiarán, no cambiarán. Al menos, hasta después de las elecciones.

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