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Prensa incómoda

Ignacio Martínez | 8 de marzo de 2010 a las 7:47

La relación de los políticos con la prensa nunca es fácil; salvo cuando los periodistas son muy partidarios de unas siglas, que los hay. En el resto de los casos, el político siempre cree merecer más gentileza. Esta manera de pensar no tiene fronteras; funciona en Andalucía, en España y en la humanidad. Kapuscinski sostenía que un periodista no debe ser nunca tendencioso ni indiferente, cosa que tampoco es fácil. La ministra europea de Asuntos Exteriores y vicepresidenta de la Comisión, Catherine Ashton, cree ser objeto de una campaña de acoso por parte de la prensa internacional con base en Bruselas. No se aprecian mucho su relajada afición al trabajo y las permanentes escapadas al norte de Londres, en donde está su casa familiar. Catherine no se entiende con los periodistas, aunque por cierto esta casada con uno, director de una importante empresa de sondeos del Reino Unido en la actualidad.

Sin ir más lejos, lady Ashton no ha perdonado su weekend británico este sábado y domingo, y ha pasado olímpicamente de la cumbre en Granada entre Europa y Marruecos. Con la reunión informal de ministros de Exteriores en Córdoba, previa al fin de semana, se dio por cumplida la baronesa. Y ya hizo lo mismo hace dos semanas, con la reunión de los ministros de Defensa de la UE en Mallorca: se trata de un encuentro semestral y vino el secretario general de la OTAN, pero a ella no le cabía en su agenda. Tantas son las críticas de la prensa, que los jefes de la diplomacia europea han salido en tropel en defensa de la jefa del servicio de acción exterior de la Unión Europea. Empezando por el ministro español, que aludió en Córdoba a su esfuerzo sin descanso, y siguiendo por el británico, el finlandés o el luxemburgués. El alemán, Westerwelle, ha sido más malvado: ha dicho que la mayor parte de las críticas son malintencionadas. Lo que significa que en parte son acertadas.

En fin, éste también es un mal nacional. El presidente de la Generalitat y del PP valenciano, Francisco Camps, ha impedido que se expusieran unas fotos que no le agradaban en el Museo de la Ilustración y la Modernidad de Valencia, que depende de la Diputación Provincial, controlada por su partido. Era una muestra de fotoperiodismo con las mejores imágenes de 2009 y en alguna se veía al presidente saliendo del Tribunal Superior de Justicia, tras declarar sobre su implicación en el caso Gürtel. Muchas fueron portada en la prensa nacional. Camps ya se preocupó de que este caso de corrupción no existiese en su televisión regional. Y ahora quiere borrar toda huella del asunto.

Su colega andaluz, José Antonio Griñán, cuando llegó al cargo hace un año escaso hizo magníficos discursos sobre el papel de la crítica periodística en una sociedad democrática. Sin embargo, el sábado, en el congreso del PSOE de Sevilla ha dicho que ya no se comunica con artículos en los periódicos, que casi nadie los lee. No quiero pensar que el presidente de la Junta pueda ser víctima del mismo síndrome que lady Ashton y el honorable Camps…

Liderazgo débil

Ignacio Martínez | 8 de febrero de 2010 a las 8:52

Si está usted enfadado con el Gobierno español o con el andaluz, consuélese: los alemanes tampoco están muy contentos con Angela Merkel. Aunque todo es relativo; la canciller sigue teniendo una popularidad del 59%, frente al 70% de hace un mes. Pero los cien días de su coalición con los liberales han dejado insatisfechos a los alemanes. Los nuevos socios del Gobierno federal están acusados de favorecer a lobbies hoteleros, farmacéuticos o sanitarios. A pesar de que ha salido de la recesión, Alemania prevé pasar de 3,3 millones de parados en 2009 a 4,1 en 2010. Eso sí, lo que reclaman los ciudadanos allí es lo mismo que reclamamos aquí los españoles en general y los andaluces en particular: más liderazgo. Un 82% de los alemanes pide a Angela Merkel más audacia y menos pasividad.

Valga un ejemplo en el ámbito nacional. En medio de tanta inacción de Zapatero en los dos últimos años y tantas torpezas en las últimas semanas, la decisión del ministro de Fomento de meterle mano a la escandalosa situación salarial y laboral de los controladores aéreos ha recibido el beneplácito general. Esta es una de las dos cosas imprescindibles que necesitan las grandes reformas y las medidas de austeridad que precisa este país: líderes sólidos. La otra es el consenso de los dos grandes partidos. Ninguno de los dos en solitario puede reducir el tamaño de nuestra excesiva administración, ni llevar a cabo una moderna reforma laboral o de las pensiones. Quizá a España, en este momento de crisis de confianza, le vendría bien una gran coalición como la que han tenido en la anterior legislatura los alemanes, pero ni el PP ni el PSOE parecen estar preparados para semejante aventura institucional.

Tienen más responsabilidad que nunca: desde 1977, esta es la legislatura en la que más diputados en el Congreso suman las dos principales fuerzas políticas. Es la tendencia opuesta a la de otros países europeos. En Alemania, por ejemplo, los democristianos y los socialdemócratas tenían hace treinta años más del 80% de los votos y ahora consiguen poco más del 50%. En España, la crisis unida a la ausencia de liderazgos fuertes tanto de populares como de socialistas, quizá provoque el inicio de un fenómeno parecido. No es seguro; una reñida contienda electoral muy empatada podría aumentar el bipartidismo.

El débil liderazgo español se nota en todas partes. También en la presidencia de turno de la Unión Europea. En sólo cinco semanas, el balance es decepcionante. El jueves, Merkel y Sarkozy se han reunido en París para aprobar 80 proyectos en común para la UE, el G-20 y Oriente Próximo. Sin noticias de las novedades del Tratado de Lisboa, ni de Van Rompuy, ni de lady Ashton, ni de Barroso, ni de Zapatero, lo que sigue funcionando en la UE es el fuerte liderazgo del eje franco alemán. Y esto, en medio de tanta frustración, sí que es un consuelo.

Sopa luxemburguesa

Ignacio Martínez | 23 de noviembre de 2009 a las 11:16

Cubo2

 

El jueves hubo mucha hipocresía en la designación de las personas que van a presidir el Consejo Europeo o dirigir la diplomacia comunitaria durante los próximos años. Comprendo el pasmo de la prensa continental, pero no lo comparto. Así suele suceder casi siempre; los líderes ponen en estos puestos a quienes no les hagan sombra. Merkel y Sarkozy seguirán teniendo su cuota de protagonismo internacional; igual que el primer ministro británico, sea el actual Brown o venidero Cameron. Y poco más. Europa seguirá hablando con muchas voces en los foros globales, donde cada líder quiere lucirse, aunque sea a costa de decir lo mismo que su vecino. Nos pasa en el Consejo de Seguridad de la ONU o en el G-20.

Aunque el resultado de la decisión es muy decepcionante. Si colocamos a Durao Barroso en una foto de familia con Van Rompuy y la baronesa Ashton, nos sale un discreto grupo de pitufos. Actores de reparto elegidos ex profeso, no se engañen. Mi colega Jean Quatremer ha publicado en el diario francés Libération con pelos y señales cómo Sarkozy vetó la elección de Jean-Claude Juncker, el primer ministro de Luxemburgo, como presidente del Consejo. Es una lástima que un político con su experiencia, europeo convencido, carismático, con autoridad natural y buen sentido del humor se quede sin un cargo que le iba a la medida. Ya cuando hubo que seleccionar al sustituto de Delors, Kohl vetó a Lubbers y Major a Dehaene. Y salió Santer, otro pitufo.

Barroso, un discretísimo presidente de la Comisión Europea, apareció la noche del jueves en la sala de prensa del Consejo de Ministros con un cubo que representaba la bandera europea, que el Enro Rubik en persona le regaló hace dos semanas. Era un presente para el primer ministro sueco, que tuvo que componer la elección de estos dos nuevos cargos, creados por el Tratado de Lisboa. Pero Barroso no pudo evitar poner su foto en el centro de una cara azul con las estrellas amarillas, flanqueada por las imágenes de Van Rompuy y Catherine Ashton. Pitufo vanidoso, este Barroso que consiguió el unánime voto de socialistas y populares españoles para seguir en el cargo. De Herman Van Rompuy se dice que es culto, aficionado a la poesía japonesa y muy maquiavélico. Dará que hablar este pitufo filósofo, que va a ganar 30.000 euros al mes, dicho sea de paso. Y con perdón de las feministas, la baronesa de currículum vacío hace aquí de pitufina.

Bromas aparte, a Zapatero una elección de perfil tan bajo le facilita destacar en la presidencia española, que se inicia en enero, con el estreno de los nuevos cargos. Será siempre más atractivo lo que tengan que decir él o Moratinos, que los discursos de sus homólogos Van Rompuy y Ashton. Así, todos contentos, menos Juncker, con el que el malvado Gargamel Sarkozy ha hecho una sopa luxemburguesa.

Dos pitufos para la Unión Europea

Ignacio Martínez | 19 de noviembre de 2009 a las 21:40

Después de manejar los nombres de algunos pesos pesados de la política internacional, para los puestos de presidente del Consejo de Ministros de la UE durante dos años y medio prorrogables y un ministro de Exteriores, que será también vicepresidente de la Comisión durante cinco años, los 27 líderes comunitarios en su infinita sabiduría han elegido a dos pitufos. Con todos los respetos, eso es lo que son el democristiano belga Herman Van Rompuy, que será el presidente de la institución, un cargo de nueva creación incluido en el Tratado de Lisboa, y la laborista británica Catherine Ashton, que será la alta representante de Política Exterior y Seguridad. Él era primer ministro belga y ella comisaria de Comercio. Cada vez que hay que elegir un puesto de alta responsabilidad en el ámbito europeo y hay mucha competencia, se tiende a elegir a gente de perfil bajo. Como en esta ocasión. Esto es lo que hay.