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Nadal triunfa, Australia gana

Ignacio Martínez | 1 de febrero de 2009 a las 14:14

 

Nadal ha ganado el Open de Australia a Federer en cinco sets. Pero el que ha ganado más ha sido el anfitirón del torneo. Mucha publicidad para Melburne. El sector turístico pasará dificultades este año en todo el mundo y hay sitios que se defienden con buenos torneos deportivos o con superproducciones cinematográficas. La película Australia es un buen ejemplo, también Vicky Cristina Barcelona para la capital catalana y Oviedo. Aquí en Andalucía hay que hacer los mismo. Se hace, vamos: el consejero de Turismo y Deportes, Luciano Alonso, ha anunciado en Fitur que va a patrocinar un importante torneo de tenis femenino en Marbella.

Fitur no ha sido la habitual feria de vanidades en la que se tira la casa por la ventana para consumo interno, o lo ha sido menos que en otras ocasiones. Eso sí, los políticos se han hecho muchas fotos, como siempre. En las crisis de los 80 y los 90 no hubo recesión turística. Pero este año sí que la habrá. No sólo porque hay menos dinero en circulación, sino porque aquí en Andalucía el turismo británico es el más importante y la libra se ha devaluado tanto que para un inglés España resulta más cara que nunca. Hay que propone nuevas formas de promoción. La película más taquillera de la historia del cine francés, Bienvenidos al norte, ha provocado un aluvión de turistas al pueblito de 3.500 habitantes en el que se rodó en el Flandes francés y ha disparado la venta de su peculiar queso. Quizá la producción sobre Granada que quiere rodar el año que viene Antonio Banderas provoque un auge mayor del turismo a la capital. De hecho las aventuras de Alatriste han paseado las provincias andaluzas de Cádiz, Sevilla, Córdoba y Jaén por las pantallas españolas y extranjeras.

El orgullo no da el poder

Ignacio Martínez | 14 de enero de 2009 a las 12:05

 

El malo de la película Australia, Neil Fletcher, repite varias veces que “el orgullo no da el poder”. Orgullo, entendido por vanidad, arrogancia o exceso de autoestima no es una buena cosa, aunque el amor propio y la determinación de lady Ashley, el personaje que encarna Nicole Kidman, tenga más dignidad que todo eso. Sobre la película opino, como mi admirado Carlos Colón, que Baz Luhrmann ha querido hacer una mezcla de Lo que el viento se llevó, Doctor Zhivago y Memorias de África. Y no. El resultado es entretenido y poco emocionante. Pero a medida que el malo Fletcher repetía “el orgullo no da el poder” me iba haciendo este artículo.

Y en esto sale Magdalena Álvarez a comerse el mundo después del fiasco de Barajas por la nieve. La culpa es de los meteorólogos o de Iberia, y a Rajoy más le valdría callarse, que no hace otra cosa que perder elecciones, el tío. Una amiga mía dice que le gusta mucho la ministra porque es una mujer rajá y despachá, dice siempre lo que piensa y es echá p’alante. Estas cosas gustan, aunque a mí me producen escasa emoción. En alguna de sus polémicas, incluso, creo que Magdalena tenía razón. Por ejemplo, cuando la quisieron linchar los del PP por las filtraciones de la comisión de investigación sobre el accidente de Spanair. En fin, aparece Zapatero y ampara a su jefa de Fomento. O sea, que el malo Fletcher no tenía razón: el orgullo a veces sirve para mantenerse en el poder. A Álvarez, al menos, le funciona la fórmula.

Estos días hemos tenido pruebas de sobra de orgullo y nervios. Nada menos que un vicepresidente de la Junta ocupó la tribuna del Consejo de Gobierno el 30 de diciembre para sacudirle de lo lindo al jefe de la oposición. Gaspar Zarrías dijo que iba a hacer un balance del año y resultaba que Arenas era el 80% del año; era malo, nefasto para Andalucía e iba a seguir perdiendo por los siglos de los siglos. No crean. Gaspar es capaz de ser atento y cordial como ninguno, pero si lo exige el guión es capaz de ponerse muy orgulloso. Menos mal que aquel día el otro vicepresidente estuvo estupendo, con la financiación autonómica. Tanto que Griñán vendió mucho mejor el artículo que el propio Solbes.

En la acera contraria, tampoco estamos faltos de gestos altivos y broncos. Cuando la torpe de Nebrera descarrila en su empeño de descalificar el acento rajao de Magdalena Álvarez, entra al rebote el número 2 del PP andaluz, Antonio Sanz, con la coletilla de que todo es culpa de la chulería, soberbia y torpeza de la ministra. No se había enterado de que en esa coyuntura valía más la humildad de pedir disculpas. Arenas no lo hizo al día siguiente, aunque le pegó un bofetón en la boquita a Nebrera; no en balde esta señora no es de su cuerda dentro del PP catalán. Ahora aprovechan y se la quieren quitar de en medio. El poder, después de todo, tiene mucho que ver con el orgullo.

Espejo italiano

Ignacio Martínez | 25 de enero de 2008 a las 9:59

A quienes somos críticos con los políticos españoles, nos deja sobrecogidos un espectáculo como el de los senadores italianos, a bofetada limpia, agarrones, gritos, insultos, desmayos… y botellona parlamentaria. Un espectáculo lamentable. Como lamentable ha sido el calvario de Prodi, sometido a una treintena de mociones de confianza en 20 meses de mandato. Así no se puede gobernar. Berlusconi se las promete felices, gracias a que un senador (presuntamente) corrupto de origen democristiano se ha pasado a su bando. Era nada menos que ministro de Justicia. Una amiga que ha vuelto recientemente de Australia me cuenta que allí los políticos tienen discurso, propuestas, planes de futuro. Son capaces de convocar a los ciudadanos para ir en una dirección determinada. A eso le llamaría yo liderazgo. Están muy por delante de España. Las primarias americanas nos ofrecen también la imagen de compromiso y vivacidad de una parte importante de la sociedad americana. La manera de entender la política en el mundo anglosajón nos lleva sin duda ventaja. Los latinos somos otra cosa. Pero, si nos miramos en el espejo italiano, resulta que los españoles hasta salimos favorecidos…