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Presidentes intrusos

Ignacio Martínez | 3 de diciembre de 2012 a las 11:00

Los ex presidentes tienen un encanto especial. Quizá Aznar sea la excepción que confirma la regla. Por impostura: dice que sufre en silencio por España. Lo que es incierto. No por el sufrimiento, sino por su silencio, tan sonoro. Pregona su disgusto en todos los periódicos y en todas las televisiones sin reserva alguna. Es un asunto de negocios, tiene que vender sus memorias. El ex que menos se prodiga es Zapatero. Ayer, en el homenaje de su partido a Felipe González por el 30 aniversario de su primer gobierno, más Bambi que nunca, pidió a los socialistas lealtad, unidad y afectos. Enternecedor.
Podría darse una vuelta por Andalucía y oír cómo un joven sin autoridad, ni mérito conocido que no sea la intriga orgánica, compara con el tránsfuga Tamayo al alcalde más importante del PSOE en la región. Ni afecto, ni respeto. Ni nadie que llame la atención al neófito por su ligereza. Zapatero con su declaración se convierte en un intruso para los suyos. De hecho, el encanto de los ex presidentes no lleva aparejado que los actuales aparatos de sus partidos les hagan caso.

El propio Felipe González reclamó ayer a la organización que lideró durante más de dos décadas que recupere su vocación mayoritaria, o sea que gire a su derecha, que mire a la sociedad sin sectarismo y que promueva un cambio electoral para que haya listas abiertas. Otro intruso, que pone el dedo en la llaga de uno de los problemas internos de las fuerzas políticas. El ex presidente pretende que las peleas en los partidos no sean por el puesto que se ocupa en las listas. Y a éste no se le puede tildar de cándido.
Hay otros dirigentes políticos que aun estando en activo ocupan plaza de intruso en sus organizaciones. Por ejemplo, Duran Lleida en CiU. El presidente de Unión Democrática de Cataluña reconoció a su consejo nacional el sábado que había sido un error de la campaña electoral de la coalición primar la opción soberanista por encima de la crisis económica y la grave situación social. Duran está convencido de que la estrategia de la federación había dejado huérfanos a centenares de miles de catalanistas que no son independentistas.

De los ex presidentes de la Junta de Andalucía el más atrevido en los últimos tiempos es Rodríguez de la Borbolla, que mañana protagoniza un acto público en Sevilla en recuerdo de otro aniversario destacado: 35 años de la manifestación del 4 de diciembre de 1977 para exigir la autonomía para Andalucía. En la actualidad Borbolla echa de menos un liderazgo político en la región y explica que consiste en conseguir consensos más allá de las mayorías. Para ejercer un liderazgo real hay que tener consistencia personal e idea de a dónde se va, sostiene el ex presidente. Puede el lector adjudicarle destinatario a la frase. Es lo que se llama fuego amigo. Intruso. Aunque no estoy seguro de que Zapatero se refiriese a esto con lo del afecto.

El 18 de julio y las guerras púnicas

Ignacio Martínez | 18 de julio de 2012 a las 10:38

El miércoles el Gobierno ha perdido la virginidad. Hasta ahora estaba tomando tierra; haciendo pruebas, que llamaba reformas y eran recortes sin mucha meditación, que sólo producían la reacción contraria de los afectados. Eso ha cambiado desde el recorte universal anunciado por Rajoy en el Congreso. Cada uno puede comprobar en su entorno cómo votantes asiduos del PP empiezan a referirse a los suyos con desprecio o resentimiento. Y una de las consecuencias de la pérdida de inocencia del Gabinete es que ya resulta chocante la muletilla de la herencia recibida. Se la oigo a Cospedal, que añade que sabe que hay a quien le molesta, pero esa es en esencia la raíz del problema. Una falta de modestia como otra cualquiera.
Herencias recibidas hay muchas y antiguas. Un amigo empresario me contó que de niño en su pueblo jugaban a romanos contra cartagineses. A veces parece que aquí contemplamos los ciudadanos el bonito juego infantil de socialistas contra populares. En todo caso la principal herencia recibida por este Gobierno es que el anterior no sabía dónde estaba ni a dónde iba. Y este Gabinete se ha agarrado con tanta fuerza a ese legado que ahora tenemos un Gobierno que no sabe dónde está ni a dónde va. Es decir, que estamos donde estábamos. Las elecciones, el cambio de mayoría, las nuevas incorporaciones el Ejecutivo no han servido absolutamente para nada.

Incluso han aparecido en escena personajes cuya presencia produce intranquilidad. Ignoro cuáles son los méritos académicos e intelectuales de Fátima Báñez, no conozco su hoja de servicios al PP, que pueden ser muy brillantes. Pero es un hecho palmario que no la ha llamado Dios por el camino de la elocuencia; es una nulidad en materia de comunicación. Será por la herencia recibida de Pajín o Aído, pero la tuvimos el fin de semana en la televisión como ministra de jornada, sembrando desasosiego. Y lo de Montoro es sorprendente. En su primera encarnación como ministro, en el Gobierno de Aznar bajo la tutela de Rato, fue un hombre discreto y eficaz. Ahora, en plena tormenta, la sonrisa nerviosa con la que acompaña los anuncios de recortes le dan un aire entre frívolo e insolente.

Por cierto que la famosa frase de Montoro a la diputada canaria Oramas, “deja que se hunda España, que ya la levantará el PP” también es herencia recibida. Como también lo son Gürtel y la bancarrota de la banca valenciana. O la de Bankia. Desde luego, cabe hacer reproches a Zapatero y a su gestión, pero eso no resuelve nada. Esencialmente deberíamos dejar de jugar a las guerras púnicas. No puede ser que el principal objetivo del PP sea que el PSOE, como Cartago, deba ser destruido. Y al revés, que los socialistas piensen lo mismo de los populares. Sin abandonar el sambenito de las herencias recibidas no saldremos de la crisis. No está mal recordarlo un 18 de julio.

El recibo de la luz, un cuento chino

Ignacio Martínez | 1 de abril de 2012 a las 10:46

Hoy sube la luz; así sin más. Hay empresas con un coste energético superior a la nómina. Y tenemos un sistema de tarifa opaco, complejo, desfasado. Pero este Gobierno prefiere abordar la reforma laboral antes que meterle mano a una regulación que hizo el Gobierno Aznar en 1997, cuando liberalizó el mercado de la energía. Regulación que condiciona gravemente la competitividad de la economía nacional. Esto se llama reformismo selectivo. Es difícil moverse donde mandan los lobbies.

Ya habrán oído que el coste de la producción es muy superior a lo que se paga en el recibo de electricidad. Pero no es cierto. En absoluto: el déficit de tarifa es un hallazgo lingüístico muy rentable. Cuando el Gobierno de Aznar liberalizó el mercado de la energía en 1997 estableció un baremo teórico del coste de la electricidad que no se correspondía con la realidad. Además el erario público liquidó 8.660 millones de euros a las centrales existentes como compensación por los costes de transición al régimen de competencia. La mitad fue a las centrales nucleares.

Este sector estratégico tiene mucho futuro. En la sexta parte del mundo rica no tiene mucho margen de crecimiento, pero en las cinco sextas partes restantes va a subir enormemente la demanda en el próximo medio siglo. Es además un sector en el que los saltos tecnológicos han sido espectaculares. En el siglo XIX la estrella era un combustible sólido, el carbón. En el XX fueron los líquidos, hidrocarburos. Y en el XXI prima el gas y las renovables.

Y ahora nos dicen que hay que subir el recibo de la luz por el déficit tarifario. No importa que el megavatio hora tenga un coste real de 10 euros en una central hidroeléctrica o de 20 euros en una nuclear y lo vendan a 60, 70 u 80 euros. No importa que todos los suministradores que entran en un pool tengan costes de producción diferentes pero cobren lo mismo por su electricidad. No importa que las compañías estén contabilizando al año unos 3.500 millones más de la cuenta. Hay un déficit de tarifa teórico por el que hoy hay que subir el recibo de la luz. No se revisan los conceptos del recibo, los peajes, las primas, los pool, el mix energético. Continúa la socialización de las pérdidas y la privatización de los beneficios.

He aquí una reforma urgente para un Gobierno valiente.

Los impuestos y la muerte

Ignacio Martínez | 18 de marzo de 2012 a las 10:47

Anda la parroquia tan inquieta con los recortes, que casi nadie piensa en aumentar los ingresos en las arcas del Estado. Ya saben, los impuestos. De momento, sólo hablamos de ellos como sujeto literario. El dicharachero ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, mucho más suelto de maneras que en su anterior estancia en el Gobierno de José María Aznar, nos recordaba hace días una frase famosa del político, científico e inventor Benjamin Franklin, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos.

Franklin pontificaba en una carta enviada el año de la Revolución Francesa (1789) a un enciclopedista, el también inventor Jean Baptiste Leory: “En este mundo no se puede estar seguro de nada, salvo de la muerte y de los impuestos”. Esta cita de autoridad la ligó el ministro andaluz con otro concepto, el de los impuestos equitativos: obligatorios pero en función de nuestra capacidad de pago. Una frase que es igual a la utilizada por otro insigne americano, el presidente Roosevelt, durante la gran depresión en los años 30. Como ven, hasta aquí pura literatura.
Benjamin Franklin inventó muchas cosas, la más famosa el pararrayos, pero también las gafas bifocales, artilugio que permite ver con dos enfoques distintos por un mismo cristal. Instrumento ideal para una discusión de impuestos. Nadie explica qué cambios legales y de procedimiento se van a llevar a cabo para que España deje de ser una campeona europea de la economía sumergida.

Tampoco se habla de cómo administrarlos. El profesor Joaquín Aurioles, uno de los economistas de cabecera de este diario, ha expuesto en alguna ocasión una idea para simplificar la recaudación. Según su criterio, los impuestos relacionados con el beneficio, IRPF y sociedades, que tienen relación directa con la distribución de la riqueza, deben financiar a la Administración General del Estado. Los que afectan al consumo, IVA y especiales, deberían sufragar a las comunidades autónomas. Y los que atañen a los bienes raíces, a los municipios. Es una aportación. Toda ayuda es poca. Uno de los más genios de la historia de la humanidad, Einstein, llegó a decir que lo más difícil de comprender en el mundo es el impuesto sobre la renta. Eso porque el bueno de don Alberto no conocía el recibo de la luz español…

Huelga, miedo y liderazgo

Ignacio Martínez | 10 de marzo de 2012 a las 19:23

Este país no está para una huelga general. Tampoco está para que una reforma laboral tan profunda se haga por las bravas. El nuevo presidente intenta diseñar su propio estilo de liderazgo, pero no termina de encontrarlo. De los dos últimos primeros ministros, Aznar se pasó de autoritario y Zapatero se pasó de ingenuo. Rajoy ya ha tenido algún gesto audaz que le ha puesto buena nota incluso en un selecto grupo de periódicos británicos y norteamericanos de primer nivel mundial. El anuncio en Bruselas, tras el último Consejo Europeo, de que pondría el déficit español este año en el 5,8% del PIB en vez del 4,4% exigido por la Unión Europea, ha sido tomado como una medida de sentido común y como un desafío al directorio prusiano de la señora Merkel. Pues bien, en la reforma laboral que tanto ha encantado a la patronal y tanto ha indignado a los sindicatos le ha faltado al presidente la misma audacia. El perfil de su liderazgo no está terminado. Y se nota.

Las empresas de este país lo primero que necesitan es dinero en condiciones razonables, a precios asequibles. Es verdad que hay que facilitar la contratación, pero el anuncio gubernamental de que este año rozaremos los seis millones de parados no por sincero deja de inquietar al pueblo llano. Hay miedo en la sociedad española. Mucho miedo, como en la copla. Miedo a perder el trabajo, la casa, el bienestar. Miedo a la ruina. Por eso lo más probable es que fracase la huelga general convocada ayer por los sindicatos. Salvo en las empresas y servicios públicos, que será donde vuelquen su esfuerzo los convocantes. En este capítulo ha faltado diálogo con los sindicatos, cuyos máximos dirigentes han pedido por carta y sin respuesta ver al presidente del Gobierno.

Será porque Rajoy todavía no tiene ultimado su perfil de liderazgo. Como no corre el riesgo se imitar la ingenuidad de Zapatero, a Dios gracias, habría que recordarle en el segundo mandato de Aznar se incubó su derrota de 2004. Un buen líder consigue consensos más allá de su rodillo mayoritario en el Parlamento. Y debe evitar demonizar a quienes le llevan la contraria en la calle.

La tentación de descalificar a los sindicatos es una moda nacional, nada pasajera. Pero las organizaciones sindicales son uno de los pilares de cualquier Estado democrático que se precie. De hecho, Soraya Sáenz de Santamaría, cuando era portavoz de la oposición en 2000, reprochó duramente al Gobierno de Zapatero que su reforma laboral se hiciese sin diálogo social, sin convencer a los sindicatos y para facilitar el despido, que no era precisamente lo que España necesitaba. Debería aplicarse ahora su propio cuento. Y el presidente debería esmerarse en encontrar pronto su propio perfil de liderazgo. Este país necesita confiar en alguien. Desesperadamente.

Un éxito de cumbre

Ignacio Martínez | 30 de enero de 2012 a las 13:45

Me apuesto lo que quieran a que el presidente Rajoy llega a la rueda de prensa final del Consejo Europeo de hoy, y dice: “La cumbre ha sido un éxito”. No soy adivino, pero he visto decir lo mismo decenas de veces a González, Aznar y Zapatero. Es un clásico al que no se resiste ningún mandatario. Después de estar debatiendo durante horas con colegas de tanto talento y carisma, salen de las reuniones abducidos y con la sensación de haber salvado el mundo.

Sin ir más lejos, el julio del año pasado, Grecia estaba al borde de la suspensión de pagos y se reunieron en Bruselas los líderes de los 27 para resolver la situación. Inyectaron en las arcas públicas griegas 109.000 millones de euros más, en ayudas públicas y privadas. Rebajaron los intereses; dilataron plazos, multiplicando hasta por cuatro los años de vencimiento, con diez de ejercicios de carencia… Y se fueron convencidos de que habían apuntalado al país heleno. Hoy Grecia necesita otros 130.000 millones y que le hagan una quita de la mitad a la deuda antigua. Pero la cumbre de julio fue un éxito, desde luego.

Ahora los socios comunitarios se enfrentan a un nuevo riesgo de suspensión de pagos de Grecia. Y van tres. Pero además, no han resuelto lo que cursimente se llama gobernanza económica de la zona euro. Y ya se han metido en crear la unión presupuestaria europea… Lo único que ha mejorado en los últimos meses ha sido la famosa prima de riesgo. La prensa nacional más conservadora lo atribuye en España al efecto Rajoy. Pero no, fue la inyección de medio billón de euros del Banco Central Europeo en el sistema financiero continental lo que alivió hace un mes la presión sobre los intereses de la deuda en todas partes. En Francia, por ejemplo, ya no tienen la triple A de solvencia en las agencias de calificación, pero las emisiones de deuda le salen más baratas que nunca.

Hoy sobre la mesa del Consejo vuelve a estar el problema griego, el país que nunca debió entrar en 2002 en la moneda única y que probablemente ya lo hizo falseando las cuentas. Pero además hay otras cuestiones que son imperativas para la buena marcha de nuestro país. Por ejemplo un plan de estímulos para el crecimiento económico. Sólo con recortes en los presupuestos públicos, España no saldrá del agujero. Y ya empiezan a caer como moscas los empleos en el sector público y entre los trabajadores con contratos indefinidos. Vamos lanzados hacia los seis millones de parados. En Huelva y el Cádiz un tercio de la población activa no tiene trabajo.

El ajuste del déficit al 4,4% no se podrá cumplir hasta dentro de dos o tres años. O se prorroga ese plazo y se consigue poner en marcha un plan de crecimiento, o esta cumbre será un fracaso. Diga lo que diga el presidente del Gobierno, para cumplir con el guión tradicional, sobre el inevitable éxito de esta cumbre.

Gobierno sin galvanizar

Ignacio Martínez | 24 de diciembre de 2011 a las 14:12

Rajoy y sus trece ministros han hecho su primer desafío; al frío invierno matinal de Madrid. Han cogido oxígeno y posado a cuerpo para los fotógrafos. Ayer se estrenó el Gobierno y sigue sin soltar prenda. La estrategia del nuevo presidente debe tener virtudes taumatúrgicas: la Bolsa sube y la prima de riesgo baja. A lo Helenio Herrera, sin bajarse del autobús. Recuerda la llegada de Balladur a Matignon en los 90. Ahora se anuncian las primeras medidas para el 30 de diciembre. Allí habrá prórroga de los presupuestos, con subida para las pensiones y no se sabe qué para los funcionarios. Las apuestas de más riesgo y los disgustos gordos se dejan para finales de marzo, cuando haya terminado el maratón electoral con las elecciones andaluzas. Todo hace pensar que Rajoy hará lo que sea para consolidar la cantada victoria de Javier Arenas.

Como todo lo nuevo, los ministros estaban ayer estupendos en su estreno. Limpios y relucientes. Sonrientes. Y eso que se enfrentan a la situación más difícil de nuestra joven democracia. En la época de Mitterrand, Chirac y Balladur se acuñó en Francia el principio de que no existía el Gobierno inoxidable. Y no se ha inventado desde entonces. De hecho, a Suárez se le oxidó el suyo ya en la primera legislatura. A Aznar y Zapatero, en la segunda. Y a los más duraderos, los de González, la herrumbre les entró en la tercera y los carcomió en la cuarta. Rajoy empieza con un sólido equipo de leales, pero tiene un Gobierno sin galvanizar. La crisis no lo permite. Trabajarán sin red.

Quizá por eso, el presidente ha escogido para la odisea a personas con un currículo y una edad. Seis ministros tienen más de 60 años y la media es de 55,6. Sólo dos tienen menos de 50: la ministra de Empleo, la onubense Fátima Báñez, y la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, la benjamina del Gabinete, con 40. Cómo cambian los tiempos. Esa era la edad de Felipe González cuando llegó a La Moncloa. Y Suárez, Aznar y Zapatero fueron primeros ministros con 43. Rajoy, con 56. A esa edad, los cuatro citados eran ya veteranos ex presidentes. Incluso el efímero Calvo Sotelo dejó el poder con 56.

Estamos pues ante un Gobierno de seniors, de gente con una o dos carreras universitarias, en el que se da alguna circunstancia curiosa. Hay sólo cuatro ex ministros, entre catorce miembros. Ninguno de ellos, por cierto, tendría la etiqueta de aznarista puro y duro. Hay cuatro de 1950: Arias, Montoro, Fernández Díaz y Wert. Y sólo cuatro mujeres. Se acabó el festival de los jóvenes y las mujeres primero del zapaterismo, que criticó recientemente con ácido sarcasmo Alfonso Guerra. Aunque señoras con capacidad hay suficientes en el PP como para que se corrija este desequilibrio en las remodelaciones que inevitablemente habrá, por el natural efecto de la oxidación.

Un debate González-Aznar

Ignacio Martínez | 29 de octubre de 2011 a las 10:32

En este país no tenemos tradición de debates televisados entre los candidatos a la Presidencia del Gobierno, si se exceptúa Cataluña, en donde Jordi Pujol, incluso cuando disfrutaba de cómodas mayorías se encerraba con líderes de todos los partidos, con representación en el Parlament. Cataluña en eso, como en muchas otras cosas, nos da ejemplo. Sigue una tradición francesa se que aplica en todas las elecciones a la Asamblea Nacional. También allí hay costumbre de hacer debates entre los candidatos a la Presidencia de la República, en particular en la segunda vuelta, cuando ya sólo quedan dos litigantes.

En España somos más castizos. Más atrasados, por decirlo sin ambages. Cuando un candidato se sabe ganador, sencillamente no arriesga. No lo hizo nunca Suárez, ni González, hasta que en 1993 se vio con el agua la cuello y admitió dos debates con Aznar, que le ganó claramente el primero. Hasta entonces, Felipe escurría el bulto, y decía aquello de que se pusieran de acuerdo todos los demás y le dijeran con quién tenía que debatir. La broma ya no le valió en el 93 y cuando perdió en el 96 por muy poco se lamentó de que le había faltado un debate. Si los hubiera fomentado en sus años de gloria, quizá el PP no hubiera podido negarse.

Luego, Aznar hizo uso del mismo oportunismo: no quiso debates ni en 1996 ni en 2000, porque se notaba sobrado. Lo mismito que Rajoy en 2004, cuando recibió el testigo de Aznar y creía que no debía arriesgar. Detalle este muy señalado de su personalidad. En 2008 Zapatero y Rajoy estaban empatados y se celebraron dos debates trabadísimos, porque las condiciones que ponen los estados mayores de los candidatos hacen de estos encuentros dos monólogos consecutivos, sin chispa, sin chicha, ni lugar para preguntas incómodas por parte de periodistas que hagan su trabajo, en vez de guardias de tráfico que administren el tiempo.

Pero no hemos conseguido convertirlo en una costumbre. Los políticos no se sienten presionados por la opinión pública y el PP se permite ningunear a la televisión pública. De tal manera que ha conseguido evitar que Rajoy se encierre con Rubalcaba dos noches y lo ha dejado en una sola, para cubrir el expediente. Y el PSOE, que va camino de una derrota clamorosa, se ha conformado, porque no tenía más remedio. Espero sin emoción alguna el debate convenido para el lunes 7 entre los dos contendientes a la Presidencia. Otra cosa sería un González-Aznar. Ana Pastor se lo propuso a Felipe la semana pasada en Los Desayunos y aceptó de inmediato. Me temo que Aznar no puede decir que sí, por mucho que le apetezca. Pero ese debate sí que tendría emoción. Aunque se jueguen nada, o precisamente por eso.

El Capitán Trueno

Ignacio Martínez | 10 de octubre de 2011 a las 10:05

Vino el ex presidente Aznar a Málaga, con la espada del Capitán Trueno, para inaugurar la convención popular antesala de la campaña que llevará a Rajoy en volandas a La Moncloa. Estuvo duro en todos los terrenos, menos para celebrar por adelantado el triunfo de su delfín: dijo que es la hora de Mariano con la más absoluta falta de pasión. Es posible que le traicionara el subconsciente, por los arduos esfuerzos que personas y medios afines hicieron para tumbar a Rajoy tras su derrota de 2008. Ahora, con la victoria que se avecina, echa pelillos a la mar. Rajoy, por el contrario, se acuerda: dejó claro en su discurso final que estaba allí gracias a los militantes, “y a nadie más”.

Total, que vino José María Aznar en plan duro. Y lanzó como piedras algunas verdades, como que el nuevo presidente va a heredar un país en ruinas. Es cierto. Después de décadas de crecimiento de la población, España ha vuelto a ser un país de emigrantes. Y los que se van son los más jóvenes y más preparados. Sin duda que la torpeza del presidente del Gobierno tiene una enorme responsabilidad: a Zapatero la crisis le ha venido muy grande. No toda la culpa es suya; el hundimiento de la economía mundial ha ayudado a su desorientación. Pero lleva cuatro años dando tumbos.

El problema con Aznar surge cuando lanza falsedades como piedras. Ha dicho el ex presidente que el Gobierno está suplicante, mendigando a ETA algún gesto. Zapatero se equivocó gravemente cuando siguió negociando con la banda después del atentado contra la T4, pero eso fue en la anterior legislatura. En ésta ha habido un amplio consenso con el PP, y si Bildu ha podido presentarse es porque el Constitucional lo ha permitido. En todo caso, peca Aznar de poca memoria. En 1998 acercó presos etarras al País Vasco para facilitar el diálogo con la banda terrorista. En marzo afirmó que si ETA dejaba las armas sabría ser generoso. En noviembre, llamó a la banda movimiento vasco de liberación nacional. Hubo una sesión negociadora el 19 de mayo del 99 en Zúrich entre tres enviados suyos y jefes terroristas. Y se lamentó de que no se produjeran más contactos, en septiembre siguiente: “Es porque ETA no quiere, no hay ninguna otra razón”. No es mal ejemplo de súplica.

Pensando en Mas, Arenas dijo el sábado que la talla de las ideas no se mide por la capacidad de insultar. Eso no lo haría el Capitán Trueno.

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Malos presagios

Ignacio Martínez | 28 de septiembre de 2011 a las 11:07

Una consejera del PP propuso, como quien no quiere la cosa, que los miembros del Consejo de Administración de RTVE pudieran entrar en los ordenadores de Televisión Española, para ver los contenidos de los informativos. Por adelantado. Era una vieja aspiración a la que se negaron los dos presidentes que ha tenido la Corporación. Ahora que está vacante la presidencia, lo consiguieron gracias a la complicidad de CiU y la anuencia de PSOE y Comisiones Obreras, que se abstuvieron. Sólo UGT e Izquierda Unida se opusieron. Algún consejero ha explicado que no era un intento de censura. Que sólo les movía su afán por estar mejor informados. El escándalo ha sido mayúsculo y han dado marcha atrás. Nunca antes se ha trabajado en TVE con más independencia, ni con González ni con Aznar.

Esta inocente maniobra presagia malos augurios para el futuro. No es un hecho aislado. Con las elecciones ganadas de antemano por el PP, como el PSOE ganó por anticipado las de 1982, los dirigentes populares dejan pistas. En el plano social, Esperanza Aguirre sostiene que quizá no toda la educación tiene que ser gratuita y el presidente murciano Valcárcel ya dejó dicho que había que estudiar el pago parcial de la atención sanitaria, igual que pasa con las medicinas. Lo que, por cierto, no es descabellado. Sería deseable que el debate sobre cómo financiar los servicios públicos se produjera antes de las elecciones. Pero se deja para después.

En asuntos diplomáticos, Jorge Moragas, jefe de gabinete de Rajoy y coordinador de relaciones internacionales del PP, afirma que reconocer en la ONU al Estado palestino ¡debilitaría el proceso de paz! En cuestiones domésticas, Arenas tiene la convicción de que Rubalcaba no ha hecho el cien por cien para acabar con el terrorismo. Resbaladizo. Con sus equivocaciones, que las ha habido, como seguir hablando con ETA después del atentado de la T4, a cualquier gobernante español hay que atribuirle la mejor intención en la materia. Hasta a Aznar cuando calificó a la banda de Movimiento Vasco de Liberación Nacional.

Se dice que el PP tiene un programa oculto. Error. No puede ser más transparente, sin necesidad de fisgonear en sus ordenadores.

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