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Tú no eres de los nuestros

Ignacio Martínez | 29 de marzo de 2010 a las 11:23

El Gobierno y el Partido Socialista han concedido gran importancia a la quinta cumbre de Mujeres por un mundo mejor España-África celebrada en Valencia este fin de semana. En la clausura, el presidente del Gobierno ha dicho que la igualdad es una de las claves para un mundo mejor. La igualdad de género. Porque Zapatero, campeón de múltiples causas sociales, no incluye en ese catálogo a otras fuerzas políticas. No se comporta igual si actúa en territorio hostil o bajo jurisdicción socialista. En la apertura de esta cumbre, presidida por la reina Sofía, la alcaldesa de Valencia se quejó de que no se hubiese invitado al presidente de la Generalitat, Francisco Camps, el máximo representante del Estado en Valencia. Ya sabemos que está manchado por el caso Gürtel, que era amiguito del alma de uno de los capos de la trama corrupta y demás, pero no está imputado y sigue siendo la máxima autoridad en su región.

Se le respondió a Rita Barberá que se trataba de un encuentro de mujeres, y la alcaldesa de Valencia preguntó por qué iba el presidente del Gobierno a la clausura. La contestación de La Moncloa fue que anteriores cumbres en Mozambique, Liberia o Níger también las clausuraron sus presidentes. Argumento que está muy bien, pero tiene dos agujeros notables. Los presidentes de esas naciones africanas son jefes de Estado y su equivalente en España es el rey Juan Carlos. Y en esos países, como se sabe, no hay comunidades autónomas, con sus poderes y representación política. Si este encuentro lo hubiese organizado Bibiana Aído en Andalucía, habría invitado al presidente Griñán. Seguro. Y habría hecho muy bien. Luego en Valencia se ha cometido un desliz.

El asunto recuerda otras peripecias más cercanas. La deslealtad institucional es una práctica extendida. A una amiga que trabajaba en una empresa pública de la Junta le encargaron la organización de una conferencia en Jaén, cuando el alcalde era del PP. Le pusieron sólo una salvedad: que el alcalde no fuese por allí. Y se trataba de un encuentro científico y tecnológico, no de género. Y en Málaga, la ministra de Fomento Magdalena Álvarez inauguró durante su mandato un tercer carril en la ronda este de la ciudad sin invitar al alcalde popular, pero no se olvidó de la secretaria del PSOE y los diputados de su partido.

Pero también hay muchos casos y graves de tú-no-eres-de-los-nuestros en la acera contraria. Camps, sin ir más lejos, ha tenido durante meses a Leire Pajín sin escaño en el Senado, en representación de la comunidad autónoma valenciana. Era su pequeña venganza personal por verse implicado en el caso Gürtel. Y la semana pasada, el ex ministro de Aznar Jaime Mayor Oreja afirmó que ETA y el Gobierno son aliados potenciales. Una declaración que coincide infelizmente con los más duros de la banda, que sostienen que hay que seguir matando porque el Gobierno volverá a negociar. El presidente del PP vasco, Basagoiti, ha desautorizado a Mayor, pero Rajoy se ha evitado ese mal trago.

Ahí siguen PSOE y PP. Sin enterarse de que este tipo de sectarismos atenta contra los intereses generales. De todos y todas.

ETA se camufla

Ignacio Martínez | 22 de marzo de 2010 a las 13:34

La confusión de los cinco bomberos catalanes con un comando de ETA en Francia es una metedura de pata. Zapatero ha dicho en Sevilla este fin de semana que no es tan grave. Pero los auténticos etarras han tenido más facilidad para huir, mientras la Policía buscaba a estos bomberos. El ministro de Interior Rubalcaba, siempre más hábil con las palabras que su jefe, dice que era una hipótesis de trabajo y que se podía haber explicado mejor. Y tanto. Pero la mejor aportación en este río revuelto la ha hecho Javier Arenas. El jefe de los populares andaluces ha declarado con gran énfasis que en materia de identificación de terroristas hay que actuar siempre con el máximo rigor y la máxima prudencia. Viniendo del vicepresidente de un Gobierno que identificó a los etarras como los autores de la mayor masacre terrorista de la historia de España, tiene mérito la cosa. Aznar llegó hasta a promover una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas contra ETA como autora de los atentados del 11 de marzo de 2004, que había cometido Al Qaeda.

El rigor y la prudencia son exigibles a las autoridades, y a los medios de comunicación que nos hemos tirado a por lo más fácil en los comentarios a la foto de los cinco bomberos en el supermercado. El causante de este enredo ha sido el detenido en la acción en la que murió el policía francés: Joseba Fernández Aspurz se habrá divertido mucho indicando que los bomberos eran sus colegas de fechorías. Aspurz, a sus 27 años, tiene por delante una espléndida carrera carcelaria. La banda terrorista ha hecho ayer un comunicado para decir que está dispuesta a un cambio político. Es un farol, porque nada añade sobre dejar las armas. Está claro que vive en otro mundo: sostiene que en el País Vasco hay constantes recortes en los derechos civiles y que la solución policial es una fantasía. De donde se deduce que se mantiene en sus trece.

No se espera ningún cambio por ese lado y es una incógnita saber qué va a hacer el presidente Chávez con el etarra Cubillas, jefe de seguridad del Instituto Nacional de Tierras del Gobierno de Venezuela, un organismo que ha confiscado 40.000 fincas a los hacendados. Un juez de la Audiencia Nacional sostiene que Cubillas es el responsable de ETA en Venezuela y ha organizado hasta seis cursos de explosivos en la selva para el entrenamiento de las FARC colombianas. Chávez dice que está casado con una venezolana y que eso le ampara. Es curioso cómo ha acaparado la atención el caudillo venezolano en esta polémica y que no se haya resaltado la relación entre la guerrilla colombiana y los etarras. Detrás de su pose contraria a las drogas, a la central nuclear de Lemóniz, a la autopista de Leizarán que pasaba por una zona de alto valor ecológico, los terroristas vascos acaban de profesores de la banda de narcoterroristas más notable del mundo.

El debate de los jefes: música de Vísperas

Ignacio Martínez | 19 de marzo de 2010 a las 10:11

Esta es la crónica de la sesión de control al Gobierno andaluz celebrada ayer en el Parlamento regional, que publican los nueve diarios del Grupo Joly en su edición de hoy.

 

Toda solemnidad tiene su misa de Vísperas y ayer se ofició en la capilla de las Cinco Llagas una múltiple. Era víspera de la primavera, que empieza mañana; quizá por eso Griñán y Arenas lucían corbatas del mismo tono celeste, más intensa la del jefe popular. Y son también las vísperas de la Semana Santa y del inminente cambio de Gobierno, asunto que tiene en oración a más de medio Gabinete. Consciente de esto último, Javier Arenas hizo un par de alusiones a la interinidad del Gobierno Griñán I. Dijo que está en precario, en expectativa de destino, parado. Y pidió al presidente, con su proverbial desparpajo, que aborde la remodelación cuanto antes.

El jefe popular utilizó sus recursos dialécticos habituales. Juego duro, de saque y volea, con rápidas subidas a la red, para contrarrestar la mayor técnica y variedad de golpes del presidente desde el fondo de la pista. En todo caso, ambos y también Diego Valderas, se comportaron en esta ocasión como auténticos gentlemen, para solaz de la jueza de silla, la presidenta Fuensanta Coves, que sufre desde su atalaya cuando sus señorías se ponen cafres, como hace dos semanas. La pequeña Sevilla del poder, por definirla a la manera de Cercas, estaba ayer amable y distendida.

Valderas pidió, sin éxito, que la Junta se sobreendeude en unos 2.000 millones de euros, mal contados. O sea, en los dos puntos que tiene de margen por debajo de la media de las regiones españolas. El presidente se negó en redondo. Y Arenas ensayó su enésimo debate sobre el estado de la nación, con una crítica enciclopédica y telegráfica a todos los flancos posibles del Gobierno Zapatero. Sobre la deuda histórica sostuvo que su cobro en solares es una traición y supone la ruptura del consenso estatutario. Griñán contestó que cuando durante ocho años el Gobierno del PP no pagó la deuda histórica, Arenas estaba escondido en las moquetas ministeriales, como un buzo debajo del agua. Lo mismo que hizo cuando Aznar dejó a deber 2.500 millones de euros a la Junta.

Arenas también aludió a la falta de autoridad moral del Gobierno Zapatero para pedir austeridad a las comunidades autónomas, aunque subrayó que coincide con una reiterada petición suya de racionalización del sector público. El presidente le respondió que la Junta siempre ha cumplido las propuestas de consolidación fiscal del Gobierno de la nación, incluso cuando Aznar promulgó “la estrafalaria ley de déficit cero”, mientras la Administración General del Estado le debía a Andalucía los referidos 2.500 millones.

Los jefes no sólo rivalizaron en caballerosidad, también lo intentaron en erudición semántica. Primero Griñán le espetó a Arenas que los socialistas cumplen con sus obligaciones y nunca promueven rebeliones, como la reclamada por Esperanza Aguirre contra la subida del IVA. Le contestó el líder popular que según el diccionario de la Real Academia, rebelión significa oponer resistencia y que el PP opondrá resistencia democrática a un incremento fiscal que va a costar miles de empleos. En su réplica, Griñán también tiró de diccionario de la RAE para decir que rebelión significa delito contra el orden público. Los dos y ninguno tenía razón en su utilización del diccionario. Pero Griñán se valió de ese recurso para ensayar a continuación el passing shot del partido: sacó el documento de un observatorio económico de Faes, celebrado en Sevilla hace un año, con presencia de Arenas, en el que el hacendista Manuel Lagares justificaba la subida del IVA en determinados supuestos.

El golpe tenía truco, pero fue muy fructífero. Tenía truco porque Lagares lo planteó para compensar una eventual reducción drástica de las cotizaciones sociales de las empresas y del impuesto de sociedades. Pero tuvo su efecto. También tuvieron maña las dos acepciones de la palabra rebelión; que significa, en primer lugar, la acción de sublevar a alguien haciendo que falte a la obediencia debida. El segundo significado de rebelión es delito contra el orden público y el segundo de rebelar es oponer resistencia. En este juego no salieron del empate los contendientes.

Arenas aludió al millón de parados andaluces para responsabilizar en comandita a Zapatero y Griñán. El presidente replicó que era verdad que en 2009 se produjeron en Andalucía 54.000 bajas en la Seguridad Social, pero que en Cataluña habían sido 152.000, en Madrid 121.000 y en Valencia 112.000. Sobre la deuda, Griñán defendió la política autonómica de ahorro durante los años de bonanza, con una reducción de 700 millones en la deuda de la comunidad autónoma, mientras había crecido en 14.000 millones la deuda conjunta de las 17 autonomías; hasta el punto de que el endeudamiento andaluz está dos puntos por debajo de la media de las regiones españolas. Y ahora, sostiene el presidente que Andalucía va a acatar el plan de estabilidad que se plantee en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, pero reclamará planes individuales para que las autonomías más endeudadas se abrochen más el cinturón.

Arenas, en una catarata de voleas sobre campo contrario, presumió de la eliminación del déficit público con el Gobierno de Aznar, y afeó a Zapatero que lo haya subido el año pasado hasta el 11,5%. A Griñán le reprochó que se haya duplicado en los últimos seis años el presupuesto y las pérdidas de las empresas públicas andaluzas. O que el documento que le han entregado a la oposición sobre medidas para salir de la crisis no se mencionen ni una sola vez las palabras austeridad y reforma.

Como el día era caballeroso en la pequeña Sevilla del poder, Arenas felicitó dos veces a Griñán por su elección como secretario general del PSOE andaluz. Ambos lances los aprovechó para añadir en una ocasión que ahora ponga el mismo empeño en sacar a Andalucía de la crisis; y, en otra, reclamarle urgencia en la remodelación gubernamental. Medida esta última que ayer habría obtenido unanimidad en la cámara si se hubiese podido votar. Las vísperas son tiempos de nervios, aunque no se notara en la música del debate de ayer.

11-M: demasiadas heridas y afán de protagonismo

Ignacio Martínez | 12 de marzo de 2010 a las 11:28

Actos terroristas como el salvaje atentado de Madrid de hace seis años o el secuestro de los tres cooperantes catalanes no deberían ser motivo de división de las víctimas, ni de exhibición para los políticos. Desgraciadamente, hemos tenido grandes dosis de ambas cosas estos días. Es reprobable el afán de los políticos por la foto; una afición que comparten socialistas y populares. El presidente de la Generalitat, José Montilla, y el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, no pudieron el miércoles resistir la tentación de inmortalizarse con la cooperante Alicia Gámez, liberada por los terroristas de Al Qaeda del Magreb Islámico. Podrían haber cumplido perfectamente con su obligación institucional en privado. Ayer en Madrid tanto Esperanza Aguirre como Ruiz Gallardón organizaron sendos actos para mayor gloria de sus figuras. La ceremonia unitaria del Congreso por la tarde, con la lectura de la Declaración Universal de Derechos Humanos, es un formato idóneo, en lugar del festival de homenajes sin los protagonistas, que son las víctimas y sus familiares. Aunque desgraciadamente ayer no hayan estado a la altura.

Instalada en la teoría de la conspiración, Ángeles Domínguez, presidenta de la Asociación de ayuda a las víctimas del 11-M, se mostró esperanzada en que algún día se sepa la verdad. No se cree la versión oficial, confirmada por la sentencia judicial que condenó a los terroristas islámicos. Y se mostró esperanzada por encontrar la verdad en las últimas informaciones y el vídeo publicados por El Mundo. Contra el director de este periódico cargó Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11-M afectados por el terrorismo, diciendo que no tenía un vídeo, sino dos y en uno había un corsé. Y, de camino, descalificó a Esperanza Aguirre por compararse con las víctimas del 11-M tras el atentado de Bombay. Y también guardó palabras durísimas contra el ex presidente José María Aznar, a quien aludió como un señor de la guerra con las manos sucias de petróleo, avaras de oro negro y de poder, que ahora ante el grito de asesino responden con peinetas. Impropio del día y de la representación que ostenta.

Seis años después de la tragedia, hay demasiadas heridas abiertas y demasiado afán de protagonismo. Las víctimas no se merecen estos espectáculos.

Zapatero, líder de la noche

Ignacio Martínez | 10 de marzo de 2010 a las 9:19

La entrevista al presidente del Gobierno durante 47 minutos, la noche del lunes en TVE, fue el programa de televisión más visto del día. Lo que puede significar cosas buenas y malas para el interesado. Buena es que siga teniendo tirón para el público: casi cuatro millones de espectadores estuvieron pendientes de las palabras de Zapatero. La mala es que haya tanta inquietud, que el personal se asome masivamente a la pequeña pantalla para buscar algo de esperanza. Consciente de la necesidad de infundir seguridad y confianza al país, el presidente se esmeró en sus explicaciones. Tanto, que fue demasiado largo en todas las respuestas. Estuvo didáctico, humilde y cercano. También evasivo, difuso y previsible. Así que su actuación puede ser calificada de buena, mala y regular, según el ánimo y las simpatías de cada receptor. En mi opinión, las preguntas fueron más interesantes que las respuestas.

Cuando se le pidió que reconociera que tardó en detectar que venía una crisis y que tenía una enorme profundidad, la contestación fue más evasiva que humilde. Dijo que sí, pero que a casi todos los dirigentes mundiales les pasó lo mismo. Creo que ninguno presumió en septiembre de 2007 de que su país jugaba la Champions de la economía mundial y que era el que más partidos ganaba. Una imprudencia temeraria. Cuando Zapatero repite que nadie se podía imaginar una crisis así, me recuerda a Aznar cuando dice que tampoco nadie sabía que en Iraq no había armas de destrucción masiva. Bastaba que se hubiese dejado aconsejar por Mohamed el-Baradei, director de la Agencia Internacional de Energía Atómica. En fin, nuestros dirigentes suelen pecar de imprudentes en momentos decisivos. Es nuestro sino.

El lunes, el presidente evitó una respuesta directa y corta sobre dos preguntas precisas acerca de su fama de improvisador y su pérdida de credibilidad. Y lanzó una cortina de humo, por no decir un embuste de categoría, cuando dijo que no está entre sus previsiones cambiar el Gobierno. Aunque en este caso hay que disculparle de antemano: ¿cómo va a seguir gobernando estos meses si reconoce que va a cambiar a los ministros tras la presidencia europea? No dijo nada nuevo, en absoluto, pero estuvo más convincente cuando se refirió a temas sociales, que cuando se adentró por las 137 medidas contra la-crisis-más-grave-en-80-años.

Alguna respuesta fue de Perogrullo: por ejemplo que saldremos de esto cuando en vez de un crecimiento negativo del PIB, lo tengamos positivo y en vez de destruir empleo, nuestra economía cree puestos de trabajo. Sostuvo el presidente que se siente con fuerzas para sacar al país del atolladero y que España tiene buenos cimientos, en patentes, en innovación o en internacionalización. Cuesta creerlo. Si ambas cosas fuesen ciertas, no estaríamos donde estamos.

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El ‘castrismo’ agoniza

Ignacio Martínez | 1 de marzo de 2010 a las 11:30

La dictadura cubana agoniza y este hecho biológico afecta a España de manera directa. Hay quien dice que Irlanda es el Estado número 51 de los Estados Unidos. Por las mismas razones sentimentales se puede decir que Cuba es la provincia número 51 de España. Más de un siglo después de la emancipación de la última colonia española, nuestro país sigue enganchado con la isla caribeña y sus habitantes. ¿También con su Gobierno? Sí y no. Desde la llegada al poder de Castro en enero de 1959, la dictadura de Franco primero y los gobernantes democráticos después han tenido debilidad por el dictador cubano. Excepción hecha del presidente Aznar, todo sea dicho. Hemos visto también que, desde Fraga a Chaves, los presidentes autonómicos cumplimentaban a Fidel, un mito para la izquierda mundial durante mucho tiempo y, en cierta manera, un héroe en el inconsciente colectivo español para gente de toda ideología y condición.

Seguro que hay muchas más razones para explicar esta vinculación emocional con el líder cubano, pero una de ellas es que Castro acabó con Batista, un lacayo de los norteamericanos, que nos habían echado de la isla en el 98. Y encima se enfrentó, como David a Goliat, con el gigante estadounidense. Aparece como un vengador de nuestra propia historia. Pero cualquier simpatía que generase su trayectoria, por el motivo que fuese, está agotada hace tiempo. Y encima un albañil y fontanero de 42 años, negro, con escasa instrucción, humilde y reservado, poco dado al protagonismo, ha hecho temblar el escaso andamiaje que le queda a la dictadura comunista cubana. Orlando Zapata estaba condenado ¡a 36 años! por delitos de opinión, que se dice pronto. No es el único caso, hay 200 como él en la isla ahora mismo. Su muerte tras 85 días de ayuno ha generado una dura protesta mundial, incluido el presidente Zapatero, aunque con un retraso de 24 horas.

Hay, si se quiere, una cierta hipocresía en la indignación internacional. China contraviene de manera sistemática los derechos humanos y es evidente que en mayor cantidad que los cubanos. Sin embargo, el presidente Bush retiró al Gobierno de Pekín de la lista de peores violadores de las libertades de sus ciudadanos. Washington mantiene un bloqueo contra la isla caribeña, mientras hace negocios de todas clases con China, y acumulaba un déficit por balanza de pagos de 200.000 millones de dólares antes de la crisis hipotecaria de 2007. La Unión Europea también es cómplice comercial del gigante asiático: el último año antes de la crisis tuvo un déficit comercial con China de 130 mil millones de euros. Pocas censuras políticas recibe Hu Jintao de sus clientes cuando se mueve por el mundo y a los Castro todo bicho viviente les reprocha su régimen de falta de libertades.

Sea como fuere, el castrismo ha perdido todo halo de romanticismo que rodeara su causa. Su dictadura agoniza, sola y desprestigiada.

Crisis, lluvia y urbanismo

Ignacio Martínez | 24 de febrero de 2010 a las 10:37

Las inundaciones de las últimas semanas en Andalucía son un aviso sobre la importancia de un urbanismo responsable. Pero la responsabilidad no es un deporte nacional. Es un clásico que las crecidas del Guadalete inunden El Portal o Las Pachecas en Jerez. Pero no vale decir que nunca ha bajado tan cargado el río en el último siglo. En Málaga, el Guadalhorce también tiene la mala costumbre de desbordarse cuando hay lluvias torrenciales, que suele ser cada diez años. En Sevilla pasaba lo mismo con el Tamarguillo, hasta que se construyó un muro de defensa. Ésa es una solución para paliar el problema; para eliminarlo, hay que evitar mantener los asentamientos de viviendas en zonas inundables, por muy históricos que sean.

Pero cuesta trabajo que los concejales del ramo sean receptivos a las sugerencias de los técnicos. Y la cosa se complica cuando los munícipes no son del mismo partido que gobierna en la autonomía. La cosa llega hasta el punto de que no sólo se mantienen las casas existentes en zonas de riesgo, sino que se construye en el paso natural de posibles avenidas. La escasa limpieza o drenaje de los cauces, el abovedamiento de tramos fluviales urbanos y la usurpación urbanística de terrenos de dominio público hidráulico facilitan las inundaciones.

No tenemos buena nota en urbanismo. De las grandes ciudades de la región sólo Sevilla y Córdoba han adaptado plenamente su PGOU a la nueva ley de ordenación del territorio de Andalucía. La delimitación estricta de zonas inundables ha retrasado el plan general de Jerez. En Málaga no se ha aprobado el PGOU por varios litigios, uno de los cuales es saber hasta dónde llega el dominio público hidráulico en Campanillas, donde el Guadalhorce tiene la manía de desbordarse. Los planes de Cádiz, Granada y Almería todavía se están tramitando. Huelva ni ha empezado. El de Algeciras va muy lento. En Marbella se ha aprovechado para blanquear, con la bendición de PP y PSOE, unas 14.500 de las viviendas ilegales que el gilismo dejó como herencia a la ciudad.

Pero lo peor es que no tenemos remedio. El presidente del Gobierno no ha encontrado mejor sitio que Málaga para decir que la culpa de la crisis es la avaricia de los especuladores financieros y el urbanismo salvaje de Aznar. ¿El de Aznar, nada más? Sólo en la provincia de Málaga, en Estepona, Marbella, Manilva, Sayalonga, Alcaucín o Almogía han sido detenidos, imputados o encarcelados alcaldes o concejales socialistas por fundamentadas sospechas de urbanismo salvaje y corrupción. Muchos de ellos pactaron con destacados posgilistas. Los alcaldes del PSOE en la Axarquía protagonizaron un motín contra la severa política urbanística de la consejera Concha Gutiérrez. Con su presión pretendían regularizar viviendas ilegales y recalificar suelo rústico. Al mismo tiempo que le echa la culpa a Aznar, Zapatero debería mirar en su propia casa. En Málaga, sin ir más lejos.

Aznar rescata la peseta

Ignacio Martínez | 21 de febrero de 2010 a las 10:45

Aznar

 

Ignoro por qué se le llama peseta o peineta a ese corte de mangas a una sola mano que es elevar el dedo corazón en señal de desprecio hacia alguien. Es lo que ha hecho Aznar, siempre tan ufano de su capacidad de llamar la atención. Cuando el jueves le montaron la bronca durante la conferencia en la Universidad de Oviedo dijo con ingenio que hay algunos que no pueden vivir sin él. Pero después, a la salida, se le escapó ese gesto de rabia y mala educación tan impropio en un ex presidente del Gobierno, que ha dado la vuelta a España. Muy feo. Como fea fue aquella inefable intervención en un acto de promoción del vino del Duero, en 2007, en la que dijo que no le gustaba que le dijesen cuántas copas podía beber y a qué velocidad podía ir por una carretera. Una declaración más propia del cantante de una banda de rock, que de un ex presidente. Peor fue, sin duda, que involucrara a su país en una guerra como la de Iraq, sin tenerlas todas consigo, como demuestran las actas de su reunión con Bush en el rancho de Crawford en febrero de 2003.

En fin, no soy precisamente del club de fans de Aznar y no estoy en contra de la protesta civilizada contra los personajes públicos. Pero el intento de reventar sus conferencias me parece una práctica deplorable. El problema es que se trata de un deporte para el que los españoles mostramos una gran destreza. Ya pasó, sin ir más lejos, en la Universidad de Granada en 2006 contra Manuel Fraga, con dos insultos que ahora se han usado contra Aznar, asesino y fascista. Y un año antes, el acusado de asesino fue Santiago Carrillo, el día en que iba a ser investido doctor honoris causa por la Autónoma de Madrid.

Estamos discutiendo sobre la falta de fineza del ex presidente y pasamos por alto el happening montado por estos jóvenes, ya sean de Oviedo, Granada o Madrid, y dirijan sus iras contra la derecha o la izquierda. Este país es hipertenso por naturaleza y no deberíamos meterle más presión. Aunque el presidente del Gobierno que hizo los deberes para que entráramos en el euro haya recuperado la peseta como moneda nacional.

¡Dale caña!

Ignacio Martínez | 15 de febrero de 2010 a las 6:55

En la primavera de 2001, poco tiempo después de ser elegido contra pronóstico secretario general del PSOE, Zapatero estuvo en Málaga en visita pastoral. Dirigentes y cargos públicos se reunieron con él en La Cónsula y allí, en medio de una gran expectación, se iba a dirigir a sus correligionarios cuando sonó una voz desde el fondo de la sala: “¡Zapatero, dale caña al PP!”. Y el futuro presidente del Gobierno dijo que al PP no había que darle caña, había que darle ejemplo. Era la época dorada del talante. Después, propuso un pacto nacional por las libertades y contra el terrorismo…

La cosa cambió con su llegada al Gobierno. Nunca sabremos qué fue antes, si el huevo o la gallina. La matanza de Atocha y el empeño del Gobierno Aznar en hacer creer a los ciudadanos que ETA había sido la autora del atentado, ayudó sin duda a la victoria socialista. El PP se sintió víctima de un complot y el desencuentro entre PSOE y PP alcanzó hitos extraordinarios en la pasada legislatura. La falta de entendimiento entre las dos principales fuerzas políticas ha continuado a pesar de la marcha de Zaplana y Acebes. Pero ahora, ambos están confrontados a la necesidad de un pacto nacional que proporcione tranquilidad al país.

España necesita un pacto de estabilidad. No como el de los años 50, para salir de la autarquía, en plena dictadura, ni como el de convergencia para entrar en la moneda única europea de los 90. No. Se trata de un pacto de estabilidad emocional. Ayer, en su artículo de El País, Joaquín Estefanía recordaba cómo Abril Martorell se refería a los Pactos de la Moncloa de 1977: lo importante no era lo que se firmase, siempre que fuese en la buena dirección. CiU viene reclamando un pacto de Estado desde los albores de la crisis. Ahora con más énfasis, tras la tremenda inestabilidad que hubo en los mercados hace dos semanas. Pero PSOE y PP no han pasado la prueba del algodón. Ambos quieren pactar con los nacionalistas catalanes moderados, pero no quieren pactar entre sí, según el relato de Duran Lleida. Curioso el papel de esta coalición en la gobernabilidad de España, con la UCD de Suárez, con el PSOE de González y con el PP de Aznar. Tan importante función, que un destacado empresario andaluz, Francisco Martínez Cosentino, sostiene que Convergencia y Unión da realismo empresarial a los gobiernos.

Duran ha contado una anécdota sabrosa de sus conversaciones de estos días para lograr el pacto. Un significado dirigente político, que no especifica si es del PP o del PSOE, le ha dicho: “Vuestro electorado os pide siempre seny, pero a nosotros nos exigen caña”. Pero los tiempos no están para darle caña al adversario, sino ejemplo, por utilizar el argumento de ZP. De momento, sólo dan ejemplo son los de CiU. Esos con los que se siente tan bien representado Cosentino.

La crisis y ‘el salto’

Ignacio Martínez | 14 de febrero de 2010 a las 11:56

Carod Rovira, que no es sospechoso de simpatías monárquicas, ha calificado de absolutamente imprescindible, positiva y de sentido común, la petición del Rey de un pacto nacional contra la crisis. Don Juan Carlos no sólo ha pedido un acuerdo, para el que es necesario el concurso de los dos grandes partidos, sino que ha llamado a posibles protagonistas, para conocer sus puntos de vista y crear el ambiente adecuado. El único problema es que ni al PSOE ni al PP les ha hecho gracia la idea. No por motivos ideológicos, como se ha publicado; eso es un pretexto: en la pasada legislatura del Parlamento Europeo, PP y PSOE votaron lo mismo en siete de cada diez casos.

En realidad, el obstáculo insalvable es la estrategia interesada de los dos partidos. Al Gobierno Zapatero le vino bien aislar al PP en las pasadas legislaturas del Congreso y el Parlamento catalán. Al equipo de Rajoy ahora, le complace ver cómo se consume el presidente por la crisis o sus propios errores, y le pone en bandeja el triunfo en 2012. Y al país que lo zurzan. Esto no es nuevo. En los 33 años de democracia, hay una larga tradición cainita en el comportamiento del principal partido de la oposición con el Gobierno y escasos ejemplos de cooperación en grandes asuntos de Estado. El mejor ejemplo de lo contrario es el pacto constitucional entre UCD y PSOE. También, el pacto antiterrorista propuesto por Zapatero al Gobierno Aznar. No hay mucho más.

Y sin embargo, nunca en estos 33 años ha habido una legislatura con más diputados de los dos principales partidos. Lo que significa que el votante español no sólo no castiga la confrontación, sino que la premia. La tendencia en otros países como Alemania ha sido una pérdida constante de respaldo popular a democristianos y socialdemócratas. Deberían tomar nota aquí los partidos. Pero eso no es todo. En Sevilla, el viernes, el príncipe Felipe ha reclamado una sociedad civil capaz de movilizar a los ciudadanos. Es otro aspecto del problema. Un habitual lector de este blog, Pep, comentaba ayer que Andalucía además de ser exigente con sus políticos, lo debe ser también con sus organizaciones cívicas, sindicales, empresariales, corporativas, profesionales… Y está claro que no lo es. No nos podemos quedar sólo en la exigencia a los políticos. “Quizá ha llegado la hora del gran salto”, decía Pep. A ver si nos enteramos.