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Fatima Báñez, la tristeza del régimen

Ignacio Martínez | 2 de diciembre de 2012 a las 13:49

Fátima Báñez es insustituible en el Gobierno. Nadie es capaz de dar con cara más triste una mala noticia. Hasta tal punto que dan ganas de consolarla a ella, en vez de a los damnificados. Un servidor ha llegado a la conclusión de que Báñez es la tristeza del régimen. Está puesta ahí para poner cara de pena y generar la conmoción necesaria para que nadie reclame, por ejemplo, que el presidente del Gobierno en persona debiera explicar tras el Consejo de Ministros del viernes por qué rompía la última de sus promesas: lo último que tocaré serán las pensiones, había repetido. Bueno, pues estamos en lo último. Y como siempre que hay malas noticias, Báñez sale al rescate, y habla a la prensa al lado de la vicepresidenta. Santamaría se adorna en alguna explicación de fondo, pero el pésame a los afectados lo da Báñez, con su gesto triste insuperable, ya sea el abaratamiento del despido, ya sea el abaratamiento de las pensiones.
En tiempos pasados, tanto en la dictadura como en la democracia, solía haber un andaluz como sonrisa del régimen. Del egabrense José Solís a la malagueña Celia Villalobos un andaluz o andaluza dicharacheros siempre le han dado juego al Gobierno. Aquello podía molestar, por el estereotipo del andaluz grasioso y los patinazos de alguno o alguna. Pero es que ahora es peor. Los dos ministros que tienen el récord nacional de disgustos, el de las subidas de impuestos y recortes presupuestarios y la de la reforma laboral y recortes en las pensiones son el jiennense diputado por Sevilla Montoro y la onubense Báñez. Dos andaluces. En fin, no se sabe qué es peor.
El último incumplimiento de Rajoy es la bajaba real de las pensiones en capacidad de compra. La vida va a subir este año un 3%, pero las pensiones sólo aumentarán el año próximo un 2% para los seis millones y medio de beneficiarios que cobran menos de mil euros al mes y un punto para los dos millones largos que reciben más de mil euros. Báñez, que ya va teniendo estilo propio, empezó sus condolencias anticipando su compromiso hoy y mañana con los pensionistas, pidiéndoles tranquilidad y ofreciendo garantías. Y luego cortó por lo sano. Hay algo peor que el paro con dolor y las mentiras de los políticos. La tristeza.

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La ministra milagrera

Ignacio Martínez | 31 de octubre de 2012 a las 10:51

Fátima Báñez ha llegado a su nivel de incompetencia. No subirá del puesto de ministra. Esto es incontestable. La pregunta es cuándo Rajoy se apiadará de ella y de los sufridos ciudadanos y le encomendará una tarea menos onerosa para su quebrado ánimo. Una tristeza que no está vinculada a la subida del paro. Aunque ella y su reforma laboral tienen mucho que ver con el abaratamiento del despido y la oleada de desempleados que ahora hay que subsidiar con fondos públicos. Pero no, ahí no está el detalle. El problema es que la pobre ministra de Empleo sufre cada vez que tiene que hablar en público, se estresa de tal manera que en ese estado de nervios dice con frecuencia inconveniencias de tamaño natural.

Por ejemplo, en su primer fin de semana con cartera ministerial se estrenó en un acto del PP de Huelva y dijo una barbaridad en un gobernante sensato: España está en la ruina. Bravo. No necesitábamos a las agencias de calificación, ni a los fundamentalistas presupuestarios alemanes, finlandeses u holandeses. Ya teníamos una flamante ministra del Reino de España para explicar a los pérfidos mercados que estábamos en las últimas. Después hizo una reforma laboral que bautizó con grandes oropeles: traería estabilidad, flexibilidad, formación y empleabilidad. Pero de momento sólo ha traído más desempleo. Todo se andará, nos dicen desde el Gobierno. Veremos.

Por si acaso, su siguiente movimiento fue encomendarse a la Virgen del Rocío, reclamando un milagro. O, más bien agradeciendo un milagro que sólo pareció percibir la propia ministra: “Nos ha hecho un regalo en nuestra salida de la crisis y en la búsqueda del bienestar todos los días de los ciudadanos”. No contenta con hazañas mediáticas anteriores, la semana pasada quitó importancia a la subida del desempleo porque la mayor parte de los nuevos parados eran trabajadores públicos. Consciente de semejante desliz quiso arreglarlo, pero fue peor. Sostuvo que para el Gobierno los funcionarios también son personas, con toda claridad.

Quizá satisfecha de tanto protagonismo o para enmendar meteduras de pata antiguas, Báñez ha decidido el lunes proclamar lo contrario que en diciembre del año pasado: ahora ya no estamos en la ruina, sino saliendo de la crisis. Ve señales esperanzadoras. Después de la cifra de seis millones de parados, el  nuevo milagro se produjo en la presentación del número 100 de la revista del Ministerio de Empleo, dedicada a la reforma laboral, en presencia de su mentor, el ex presidente del PP andaluz Javier Arenas, que fue quien puso en marcha la susodicha revista. La ministra onubense subrayó que el empleo no se crea con teoría ni derrochando dinero público en tareas prescindibles, sino en proyectos que den confianza. Sin mucho mirar, la revista en cuestión parece un buen derroche de dinero público en una tarea prescindible. Mayormente propagandística.

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El 18 de julio y las guerras púnicas

Ignacio Martínez | 18 de julio de 2012 a las 10:38

El miércoles el Gobierno ha perdido la virginidad. Hasta ahora estaba tomando tierra; haciendo pruebas, que llamaba reformas y eran recortes sin mucha meditación, que sólo producían la reacción contraria de los afectados. Eso ha cambiado desde el recorte universal anunciado por Rajoy en el Congreso. Cada uno puede comprobar en su entorno cómo votantes asiduos del PP empiezan a referirse a los suyos con desprecio o resentimiento. Y una de las consecuencias de la pérdida de inocencia del Gabinete es que ya resulta chocante la muletilla de la herencia recibida. Se la oigo a Cospedal, que añade que sabe que hay a quien le molesta, pero esa es en esencia la raíz del problema. Una falta de modestia como otra cualquiera.
Herencias recibidas hay muchas y antiguas. Un amigo empresario me contó que de niño en su pueblo jugaban a romanos contra cartagineses. A veces parece que aquí contemplamos los ciudadanos el bonito juego infantil de socialistas contra populares. En todo caso la principal herencia recibida por este Gobierno es que el anterior no sabía dónde estaba ni a dónde iba. Y este Gabinete se ha agarrado con tanta fuerza a ese legado que ahora tenemos un Gobierno que no sabe dónde está ni a dónde va. Es decir, que estamos donde estábamos. Las elecciones, el cambio de mayoría, las nuevas incorporaciones el Ejecutivo no han servido absolutamente para nada.

Incluso han aparecido en escena personajes cuya presencia produce intranquilidad. Ignoro cuáles son los méritos académicos e intelectuales de Fátima Báñez, no conozco su hoja de servicios al PP, que pueden ser muy brillantes. Pero es un hecho palmario que no la ha llamado Dios por el camino de la elocuencia; es una nulidad en materia de comunicación. Será por la herencia recibida de Pajín o Aído, pero la tuvimos el fin de semana en la televisión como ministra de jornada, sembrando desasosiego. Y lo de Montoro es sorprendente. En su primera encarnación como ministro, en el Gobierno de Aznar bajo la tutela de Rato, fue un hombre discreto y eficaz. Ahora, en plena tormenta, la sonrisa nerviosa con la que acompaña los anuncios de recortes le dan un aire entre frívolo e insolente.

Por cierto que la famosa frase de Montoro a la diputada canaria Oramas, “deja que se hunda España, que ya la levantará el PP” también es herencia recibida. Como también lo son Gürtel y la bancarrota de la banca valenciana. O la de Bankia. Desde luego, cabe hacer reproches a Zapatero y a su gestión, pero eso no resuelve nada. Esencialmente deberíamos dejar de jugar a las guerras púnicas. No puede ser que el principal objetivo del PP sea que el PSOE, como Cartago, deba ser destruido. Y al revés, que los socialistas piensen lo mismo de los populares. Sin abandonar el sambenito de las herencias recibidas no saldremos de la crisis. No está mal recordarlo un 18 de julio.

Mentiras sobre Laponia

Ignacio Martínez | 22 de febrero de 2012 a las 10:50

Además de un duro, el vicepresidente de la CEOE José Luis Feito es un ignorante. O algo peor. Una de dos, o le falta información sobre las normas laborales vigentes en Finlandia, o nos metió una trola el otro día con lo de Laponia. Ahora quiere aflojar y dice el tío que Laponia es un lugar muy bonito. ¿Cuántas veces habrá ido? Una o ninguna, como el del chiste. Un servidor tampoco ha ido nunca. Mi primer contacto con Laponia fue muy folclórico. En vísperas de la entrada de Finlandia en la UE en 1995, se invitó a suecos, austriacos y fineses a asistir a algunos consejos de ministros europeos de manera informal. Y en uno de ellos se plantaron con un grupo de lapones auténticos, vestidos a la usanza tradicional. Es como si los americanos hubiesen ido a una reunión de la OTAN con un grupo de sioux, con sus plumas y todo. Guerreros, al fin y al cabo. Les hicimos fotos a los lapones y los sacamos por televisión. La UE, en resumen, iba ya desde nuestra frontera con la morería hasta el borde mismo de las nieves perpetuas, donde habitan los esquimales.

Mi segunda lección finlandesa tuvo que ver con Felipe Romera, cuando convenció a Manuel Chaves de que el modelo de desarrollo para Andalucía era Finlandia. Muy bien intencionado el director del PTA de Málaga, pero las empresas finlandesas se gastan en I+D+i probablemente diez veces más que las andaluzas. Demasiado.

Y ahora llega Feito con el cuento del parado y Laponia. Un amable lector almeriense, ya jubilado, que ha estado trabajando en Finlandia durante décadas, me envía cumplida réplica al dirigente de la CEOE tramposo o mentiroso: “Este señor dice que en los países nórdicos el trabajo ofrecido por el INEM tiene que ser aceptado por un desempleado, aunque tenga que trasladarse a Laponia, si no, le cancelan la prestación. Es falso”.

“En Finlandia el empleo es gestionado por oficinas con retribución estatal. Los funcionarios deben inspeccionar el currículum del parado para ofrecerle el puesto de trabajo más cualificado de  acuerdo con su preparación y estudios. Con algunas salvedades: el puesto de trabajo no puede estar ‘en Laponia’ si el desempleado no vive en Laponia. Existe un perímetro kilométrico que no se puede superar entre la vivienda habitual y el puesto de trabajo ofrecido. Además, el candidato al empleo puede negarse dos veces en un periodo de medio año, si puede alegar que el trabajo ofrecido no cuadra con sus cualificaciones u otra causa aceptable. Hay numerosas. A la tercera va la vencida, pero si no acepta, no pierde de por vida la prestación por desempleo, sino que le ofrecerán, 1) educación profesional en otro ámbito, 2) especialización en el ámbito de su profesión, o 3) cambio de la ayuda por desempleo a una ayuda familiar de medio año, después del cual puede empezar de nuevo”. La euforia de la CEOE pone en entredicho la reforma Báñez.

Sonrisas heladas

Ignacio Martínez | 15 de febrero de 2012 a las 12:17

Estoy entre quienes piensan que a veces los asesores de imagen desgracian a sus clientes políticos. Quizá también a los empresariales o del espectáculo, pero de eso tenemos menos noticia. Incluyo entre los asesores de este género a los periodistas. Los periodistas valemos para cualquier tarea. No tenemos más remedio: sólo uno de cada diez titulados en las facultades de comunicación de España consigue un contrato y no necesariamente en los medios. Así, hay periodistas de jefes de gabinete de consejeros de la Junta, como en Turismo y Economía; que se sepa, a plena satisfacción de sus jefes.

Valemos para un roto y un descosido. Aunque los comisarios europeos en mi época de Bruselas no solían tener como portavoces a periodistas, sino a funcionarios con profundo conocimiento de las normas y bastante mano izquierda. Para los políticos tener un periodista en su equipo tiene un doble peligro. Por deformación profesional intentará enterarse de todo y después ¡querrá contarlo!

Pero este artículo versaba sobre los asesores de imagen. Alguien le recomendó al ministro Montoro que sonriera tras su primera reunión con los consejeros de Economía de las diecisiete regiones. Y el hombre se partía de la risa durante su actuación en la rueda de prensa posterior. Tanto que una colega le llegó a decir que lo veía eufórico. Quizá el asesor de turno dijo que no era conveniente la imagen de funeral de los cuatro ministros cuando anunciaron la subida de impuestos a final de año.

Lo mismo debe haberle dicho su asesor particular a la ministra de Empleo, Fátima Báñez, que estuvo en la foto de funeral de los cuatro. Así que ella sonreía sin parar cuando se reunió el otro día con patronal y sindicatos. Era como una sonrisa helada. Por cierto, que los jefes de la patronal, Rosell y Terceiro, también sonreían en justa correspondencia. Por el contrario, los de los sindicatos mostraban un semblante hosco. Tan hosco, que estaba más allá del dolor de funeral, cerca de una griega indignación. Inasequible al ademán de los sindicalistas, la ministra seguía sonriendo cuando era reclamada a diestra y siniestra por los gráficos.

La sonrisa a veces es espontánea. Al presidente Rajoy, sin ir más lejos, le salieron del alma dos sonrisas como dos soles en el Consejo Europeo de Bruselas hace 16 días cuando soltó que iba a hacer una reforma laboral que le iba a costar una huelga y que ahora viene lo más duro por la complicada herencia de un déficit del 8%. A esto se le llama poner al mal tiempo buena cara. Un deporte que no practica el ministro De Guindos, más prosaico que su jefe. El titular de Economía explicó lo agresiva que iba a ser la reforma laboral al comisario Rehn con cara de palo, la misma de su interlocutor. Se supone que era una frase robada, que no pasó por el tamiz de los asesores que todo lo cocinan.

La foto final de los socialistas andaluces, tras darse de puñaladas para pactar sus listas electorales, pertenece a otro género. Es también impostado, pero nada gélido. Sonrisas volcánicas, cuyo descarnado significado se desvelará el 25 de marzo.

Así se construye un país

Ignacio Martínez | 14 de enero de 2012 a las 12:34

Hay ministros que lo están haciendo muy bien. Por ejemplo García Margallo, que ha dado una lección de civilidad y política de Estado convocando a todos los ex ministros de Exteriores para pedirles opinión sobre la modernización del servicio diplomático español. Otros se estrenaron, como la onubense Báñez, proclamando a los cuatro vientos la ruina del país y la herencia recibida. Los ministros no deberían dar mítines, pero vienen elecciones en Andalucía y el Gobierno necesita amparar las impopulares medidas de subida de impuestos y reducción del gasto. Como las decisiones contradicen su doctrina y sus promesas, acude a la propaganda. O, mejor dicho, a la demagogia.

Ahora resulta que el traspaso de poderes no fue tan ejemplar como pregonó la vicepresidenta Santamaría y deslizan que se ocultó la cifra de déficit. Penoso. La mayor parte de los 15.000 millones de déficit de las comunidades autónomas se han producido en regiones gobernadas por el PP; no cabe ni ocultación ni sorpresa. El hachazo a las cuentas públicas y el aumento de impuestos me recuerdan la cándida manera que tenían de explicar el futuro Rajoy, Arenas y sus muchachos hace meses. El asunto era que había que dar confianza al país, y bajar impuestos para que circulase más dinero, las empresas pudiesen invertir y se creara empleo. Y que quitando asesores y coches oficiales, para dar una lección de austeridad, la cosa iba a girar como por ensalmo. Pues ya ven.

Margallo, por el contrario, en vez de dedicarse a denigrar al Gobierno saliente o a tomar por tontos a los ciudadanos, ha convocado a todos sus antecesores en el cargo, incluidos los dos ministros que han ocupado su cartera en los ocho años de Zapatero. El miércoles se reunieron Marcelino Oreja, José Pedro Pérez-Llorca, Javier Solana, Abel Matutes, Josep Piqué, Miguel Ángel Moratinos y Trinidad Jiménez. Faltaron cinco jefes de la diplomacia española durante la democracia: Areilza y Fernández Ordóñez han fallecido, Morán está enfermo y Westendorp y Ana de Palacio no pudieron asistir.

Se trata de reformar el servicio exterior español para que funcione de manera eficiente, ayude a las empresas a exportar y mejore la imagen de marca de España en el mundo. Las relaciones exteriores son una política de Estado que necesita consenso. Ya lo hubo en la crisis de Libia el año pasado, sin ir más lejos. Los reunidos hablaron también del futuro de Europa. Y estuvieron de acuerdo en que las carencias de la unión monetaria y económica tienen una solución política. Y que con austeridad fiscal no basta para salir de la crisis económica, que faltan medidas de estímulo para ayudar al crecimiento. Así se construye un país.

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Triste porvenir

Ignacio Martínez | 2 de enero de 2012 a las 19:32

El Partido Popular ha llevado en romería a Huelva a su nueva campeona regional, la neófita ministra de Empleo Fátima Báñez. La segunda ministra más joven del Gabinete gozaba hasta ahora de una sólida reputación. Incluso sus adversarios políticos cotizaban su sentido del humor y ausencia de sectarismo en el consejo de administración de Canal Sur; la brillantez de su discurso en los foros feministas, su capacidad de trabajo, solvencia jurídica y espíritu negociador. Pero hete aquí que la primera visita a Andalucía tras su nombramiento ha interpretado el papel de Cruella de Vil. Y hay que advertir a la ministra que ese papel ni le va ni le conviene.

Báñez ha dicho en la romería onubense algo que un ministro no debería brindarle a los administradores de fondos de inversión de todo el mundo: que España está en la ruina. Todo para meterse con el difunto Gobierno socialista. En resumen, Zapatero mintió sobre el déficit y el pobre de Rajoy no ha tenido más remedio que subir los impuestos. Discurso tan tierno como falso. Era imposible ajustar el déficit sin subir impuestos. Es lo sabía el jefe del PP desde hace meses. Y el desfase de un par de puntos entre la realidad y el tope fijado por el directorio europeo era más que previsible; la mitad de las comunidades autónomas van a cerrar el ejercicio con déficit excesivo.

En dos de las tres peores regiones en la materia, Valencia y Murcia, gobiernan los populares desde tiempo inmemorial, y en casi todas las incumplidoras están desde hace siete meses. Así que el PP debía tener perfecta noticia de la realidad de las cuentas públicas y del desfase antes de las elecciones. Sin embargo, ha sido la Fundación de las Cajas de Ahorro la que ha advertido de la desviación, a la que se han abrazado con fe de conversos Rajoy, Montoro y compañía para subir impuestos. Curiosamente, Funcas está dirigida por Carlos Ocaña, secretario de Estado de Hacienda de Zapatero hasta anteayer, que no es mal sastre porque conoce el paño.

En su pueblo, San Juan del Puerto, Báñez estuvo más Fátima que Cruella y atribuyó la  ruina nacional simplemente a la crisis. Es razonable: aunque Zapatero haya sido un mal gobernante, la misma crisis se ha llevado por delante a gobiernos conservadores en Italia, Irlanda o Dinamarca. Y a ejecutivos de izquierdas en el Reino Unido, Portugal y España. Incluso en Grecia ha engullido a gobiernos de los dos signos en sólo un par de años. Así que se ruega no tomar por tontos a los ciudadanos cuando se dan las explicaciones.

Javier Arenas, bien directamente o por persona interpuesta como en este caso, sigue empeñado en dar patadas a los socialistas. Fía su triunfo en las autonómicas al paro, la crisis, la corrupción en la Junta y a la extrema levedad del liderazgo de Griñán. Quizá a dos meses y medio de la cita con las urnas debería poner algo de su parte. Pero su propio liderazgo sigue sin aparecer por ninguna parte. En eso se parece mucho al actual presidente. Lo que nos augura un triste porvenir.

Gobierno sin galvanizar

Ignacio Martínez | 24 de diciembre de 2011 a las 14:12

Rajoy y sus trece ministros han hecho su primer desafío; al frío invierno matinal de Madrid. Han cogido oxígeno y posado a cuerpo para los fotógrafos. Ayer se estrenó el Gobierno y sigue sin soltar prenda. La estrategia del nuevo presidente debe tener virtudes taumatúrgicas: la Bolsa sube y la prima de riesgo baja. A lo Helenio Herrera, sin bajarse del autobús. Recuerda la llegada de Balladur a Matignon en los 90. Ahora se anuncian las primeras medidas para el 30 de diciembre. Allí habrá prórroga de los presupuestos, con subida para las pensiones y no se sabe qué para los funcionarios. Las apuestas de más riesgo y los disgustos gordos se dejan para finales de marzo, cuando haya terminado el maratón electoral con las elecciones andaluzas. Todo hace pensar que Rajoy hará lo que sea para consolidar la cantada victoria de Javier Arenas.

Como todo lo nuevo, los ministros estaban ayer estupendos en su estreno. Limpios y relucientes. Sonrientes. Y eso que se enfrentan a la situación más difícil de nuestra joven democracia. En la época de Mitterrand, Chirac y Balladur se acuñó en Francia el principio de que no existía el Gobierno inoxidable. Y no se ha inventado desde entonces. De hecho, a Suárez se le oxidó el suyo ya en la primera legislatura. A Aznar y Zapatero, en la segunda. Y a los más duraderos, los de González, la herrumbre les entró en la tercera y los carcomió en la cuarta. Rajoy empieza con un sólido equipo de leales, pero tiene un Gobierno sin galvanizar. La crisis no lo permite. Trabajarán sin red.

Quizá por eso, el presidente ha escogido para la odisea a personas con un currículo y una edad. Seis ministros tienen más de 60 años y la media es de 55,6. Sólo dos tienen menos de 50: la ministra de Empleo, la onubense Fátima Báñez, y la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, la benjamina del Gabinete, con 40. Cómo cambian los tiempos. Esa era la edad de Felipe González cuando llegó a La Moncloa. Y Suárez, Aznar y Zapatero fueron primeros ministros con 43. Rajoy, con 56. A esa edad, los cuatro citados eran ya veteranos ex presidentes. Incluso el efímero Calvo Sotelo dejó el poder con 56.

Estamos pues ante un Gobierno de seniors, de gente con una o dos carreras universitarias, en el que se da alguna circunstancia curiosa. Hay sólo cuatro ex ministros, entre catorce miembros. Ninguno de ellos, por cierto, tendría la etiqueta de aznarista puro y duro. Hay cuatro de 1950: Arias, Montoro, Fernández Díaz y Wert. Y sólo cuatro mujeres. Se acabó el festival de los jóvenes y las mujeres primero del zapaterismo, que criticó recientemente con ácido sarcasmo Alfonso Guerra. Aunque señoras con capacidad hay suficientes en el PP como para que se corrija este desequilibrio en las remodelaciones que inevitablemente habrá, por el natural efecto de la oxidación.