Archivos para el tag ‘Barómetro Joly’

La suerte está echada

Ignacio Martínez | 24 de marzo de 2012 a las 12:39

No desde anoche a las doce, sino desde hace mucho tiempo la suerte de estas elecciones está echada.  El Barómetro Joly que les presentamos aquí el domingo pasado nos decía varias cosas al respecto. La voluntad de participación declarada por alrededor de un 80% de los consultados era ficticia. Cuando el encuestador le pregunta, hay quien camufla su decisión y dice que va a votar pero no sabe qué. Por eso también hay muchos indecisos teóricos, en torno a un 30%. Los técnicos calculan que dos tercios de los incluidos en ese segmento no van a votar; son abstencionistas que prefieren decir que tienen dudas. Pero vacilación hay poca a estas alturas, lo que presagia malos augurios para los socialistas. A la recta final de esta campaña sólo ha llegado un 10% del electorado con algún titubeo. En las últimas elecciones autonómicas en solitario, las de 1990, votó sólo el 54,7% del censo. Y en las anteriores regionales de 2008, que coincidieron con generales, fue a las urnas el 73,5%. Hay casi veinte puntos de distancia y ahí está la clave del resultado de mañana. Con una participación por debajo del 60%, la mayoría del PP será muy amplia, pero si sube del 65% se puede aproximar al empate: entiéndase, que los escaños sumados de PSOE e IU se acerquen a los del PP. A los poquitos indecisos se dirigieron ayer los candidatos. Optimista Arenas, después de hacerse más de 6.000 kilómetros en la campaña. Con mensajes tranquilizadores: diálogo, humildad, austeridad, reformas. Y eufórico se manifestaba Griñán. Quizá porque termina esta campaña, tan dura para él. Su despedida de los periodistas fue contradictoria. Por un lado espera ser la fuerza más votada y por otro advierte que si pierde no dimitirá de sus cargos en el partido. Si le dejan; porque esa suerte también parece echada.

Fallos en el protocolo de la Junta

Ignacio Martínez | 3 de mayo de 2009 a las 15:14

El presidente de la Junta ha inaugurado en Málaga una tournée por provincias. Pregona una descentralización administrativa para que los problemas de los ciudadanos se resuelvan en el 90% de los casos allí donde se producen. Pero algo ha salido mal. Los alcaldes del PP no acudieron a una recepción improvisada en la Diputación. Habían recibido invitación escrita para una reunión de Griñán con los alcaldes y alcaldesas de la provincia, pero hubo un cambio de planes; el acto se convertía en una presentación del presidente a la sociedad malagueña. Faltó habilidad: lo primero era más importante que lo segundo; la descentralización no debe quedarse en las capitales.

No es el único fallo de esta primera visita oficial. La falta de puntualidad no es uno de los menores: Griñán llegó a esa cita con tres cuartos de hora de retraso. Quizá el error más sutil es que la Junta contribuya a los localismos. Como algo natural, el presidente se hizo acompañar sólo por los consejeros malagueños de Turismo y Cultura. Pero ¿por qué no también por los de Ordenación del Territorio e Innovación? Y, en sentido contrario, resulta chocante la confusión institucional entre PSOE y Junta. En la Delegación del Gobierno andaluz le recibieron cuatro personas: los dos consejeros locales, la delegada de la Junta, ¡y el secretario provincial socialista!, con quienes se reunió brevemente. Esta confusión entre partido y gobierno es lamentable. La presencia en la Junta del secretario Heredia con galones de jefe pone en entredicho los propósitos de Griñán contra el sectarismo.

El actual presidente de la Junta es conocido sólo por el 27,6% de la población, según el Barómetro Joly Andalucía publicado hace dos meses, mientras el presidente del PP Javier Arenas tenía un índice de notoriedad del 94,8%. Una diferencia abismal que la Junta intenta paliar lo antes posible. Organizar recepciones en las que pueda dirigirse a públicos amplios y selectos no es mal camino. Griñán es hombre de buenas maneras y brillante discurso. Pero en las actuales circunstancias económicas y sociales, estos actos sobran. El presidente no necesita que le pongan ocho veces de largo. El protocolo debería afinar estos detalles en el futuro.