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Husos y costumbres

Ignacio Martínez | 7 de diciembre de 2011 a las 13:03

Hay que evitar los puentes y racionalizar los horarios de este país. Y el puente por antonomasia, con caracteres de acueducto, es este de la Constitución y la Inmaculada. Fecha en la que surge recurrente la polémica sobre poner en marcha y parar las cadenas de montaje en la industria, un día sí y otro no. No es asunto baladí: la fábrica de Seat en Martorell dejará de producir 6.500 coches esta semana. En España hay más de un festivo por mes y se sugiere llevarlos a los lunes cuando caigan a mitad de semana. Una idea sensata. Pero mucho más complicado e importante resulta racionalizar los horarios laborales diarios, uno de los pocos temas en los que Rajoy y Rubalcaba estuvieron de acuerdo en su debate televisado.

España tiene una de las jornadas de trabajo anuales más altas de Europa, aunque superada por Grecia. Pero uno de los índices de productividad más bajos. Tenemos una mala planificación horaria, no sólo para trabajar. Por ejemplo, nos acostamos muy tarde. El prime time de la televisión nacional, pública y privada, empieza tras los telediarios de las nueve de la noche. Unos informativos que en Francia empiezan a las ocho, en Bélgica a las 19:30 y en el Reino Unido a las siete (18:00 en su huso horario). La adicción televisiva retrasa el sueño, y ese modo de vida provoca que los españoles durmamos entre una y dos horas menos que el resto de los europeos, lo que altera el grado de concentración y el humor patrio.

Es, por cierto, una modernidad, porque hasta la Guerra Civil aquí se almorzaba y se cenaba mucho antes. Y hay quien cree que la cosa tiene arreglo. Verbigracia, existe una Comisión nacional para la racionalización de los horarios en España, que tiene un plan. La forman 116 instituciones, entre ministerios, empresas, sindicatos,  comunidades autónomas, universidades y entidades de la sociedad civil. Y propone que el trabajo se inicie entre las 7:30 y las 9:00 y termine entre cuatro y las seis de la tarde, con una pausa de 45 minutos para almorzar. También propugna, entre otras cosas, que se adelanten los programas de televisión.

La filosofía es conseguir horarios que concilien la vida personal, familiar y laboral, que permitan coincidir más tiempo con los hijos y apoyar su rendimiento escolar; que aumenten la productividad, favorezcan la igualdad y disminuyan la siniestralidad. Que contribuyan a hábitos más saludables y nos ayuden a darle mayor valor al tiempo, que es un recurso perecedero, que no se recupera. Conseguir una armonización fiscal en Europa está resultando muy difícil. Es una operación muy costosa para los países más divergentes. Pero la armonización de los husos horarios y las costumbres no va a ser tarea más fácil. Hay más resistencia a cambiar de hábitos que a rascarse el bolsillo.

PP: el partido más ancho

Ignacio Martínez | 30 de mayo de 2011 a las 11:36

El PP es el partido más ancho del mapa político europeo, lo que tiene mérito. Durante la campaña electoral algún dirigente socialista lo ha querido identificar con la extrema derecha. Tan exagerada es esa pretensión, como la contraria: obviar que los ciudadanos dispuestos a votar un discurso de extrema derecha eligen al PP en España. Pero no están solos, sino acompañados por neoliberales, socialcristianos, conservadores, democratacristianos, liberales centristas y, después del 22 de mayo, por más de un millón de votantes de la izquierda templada.

Hay que felicitar al PP por conseguir generar la confianza de públicos tan heterogéneos. Nos quejamos de que no tiene definición ideológica. A la vista de los resultados, es patente que no la necesita. Es más, la cuestión no es que lo amplio de su espectro le impide definir su ideología, lo sustancial es que su ambigua posición le permite ser una opción para casi todos los públicos.

Eso ocurre no sólo como reacción a la torpeza de Zapatero en la gobernación del país, la mediocridad de los cuadros socialistas o por la crisis. Es también el comportamiento de una sociedad diferente, en un mundo en el que un trabajador cualificado de la India compite en tiempo real con su colega norteamericano, por la quinta o sexta parte de salario. En este nuevo escenario, en el que la población occidental se quedará con frecuencia sin empleo, cambiará de actividad y estará un tiempo en el paro entre un trabajo y otro, la socialdemocracia europea se ha quedado sin discurso. Y también la democraciacristiana.

En las cuatro décadas que van desde la fundación de lo que hoy conocemos como UE, a principios de los 50, hasta la caída del Muro de Berlín a finales de los 80, surgió un modelo europeo en combinación de las políticas socialdemócratas y democratacristianas. El éxito de la Unión Europea se basó en tres pilares: el entendimiento de esas dos grandes formaciones, el eje franco alemán y ampliaciones moderadas con la admisión de uno, dos o tres nuevos socios en cada ocasión. Ninguna de las tres cosas se cumplen en los últimos tiempos. Y, en particular, ambas familias ideológicas han sido casi barridas del mapa en el nuevo escenario, tras el hundimiento del bloque soviético. De ser la espina dorsal del sistema político en Italia, Holanda o Bélgica, tres de los seis fundadores de la UE, los democristianos han desaparecido o son irrelevantes. Sólo en Alemania mantienen parte de su antigua pujanza.

Los partidos clásicos están en crisis en Europa. No hay respuestas nuevas a los problemas modernos. La inseguridad de los políticos, su desprestigio y falta de liderazgo van en aumento. Y en esta coyuntura, España ha decidido que lo más seguro son las siglas del PP. Pero la espectacular anchura de banda que ha conseguido el 22 de mayo será mucho más difícil de mantener en el gobierno que en la oposición. No sabemos cuánto tiempo durará su hegemonía. Pero, desde luego, lo bastante para que la ola azul llegue a Andalucía en marzo. La única incógnita es su altura.

Se acabaron las candilejas

Ignacio Martínez | 19 de junio de 2010 a las 9:49

Termina con más pena que gloria la presidencia española de la Unión Europea. El país que en septiembre de 2007 jugaba la Champions de la economía mundial, era el equipo que más partidos ganaba, el más goleador y el menos goleado, en frase desafortunada del presidente del Gobierno, acaba su semestre de liderazgo comunitario recibiendo goles de los mercados, de los socios europeos, de la prensa o de la oposición. La comparación con el Mundial de Sudáfrica está tirada: el problema no es tanto el mal resultado como las expectativas superlativas. Nos comíamos el mundo y nos salió la apuesta fatal. Iba a ser un acontecimiento planetario, la coincidencia de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, en frase infeliz de la número tres del PSOE, pero Obama ni siquiera se molestó en venir a Madrid para una cumbre entre Estados Unidos y la Unión Europea programada en el mes de mayo, y anulada por incomparecencia del americano. Más que nada, porque le aburre la afición de los europeos a las reuniones retóricas sin contenido real.

El semestre lo empezamos muy futbolístico. Los equipos de Primera División saltaron al campo con la bandera azul de doce estrellas amarillas y sonó el Himno a la Alegría en los estadios de toda España. Se hicieron anuncios grandilocuentes, toda reunión informal de ministros, de no importa qué ramo, era una cumbre europea… En fin, se nos fue la mano con el envoltorio, pero dentro hubo poca cosa. A la auténtica cumbre celebrada en suelo andaluz, con Marruecos en Granada, no vino el rey alauita; la cumbre euromediterránea de Barcelona hubo que anularla. Y buena parte del periodo presidencial lo empleó Zapatero en defender de los mercados o los especuladores, con desigual fortuna, el prestigio de la banca y la deuda soberana nacional.

Ahora entra al relevo Bélgica. Los agoreros dicen que con la crisis institucional que vive el pequeño reino belga ¡a ver cómo se puede hacer una presidencia europea! Un espectáculo a la española, desde luego que no. Pero los belgas lo harán bien, como siempre. Sin himnos ni banderas en los campos de fútbol, sin pretensiones planetarias. Haya el gobierno que sea en el país, los altos funcionarios cogerán cada dossier que se encuentre sobre la mesa y buscarán consensos para que se apruebe. Y dejarán, como de costumbre, la mesa bastante limpia de asuntos pendientes. Serán buenos administradores de los intereses comunes. Que es de lo que se trata.

No se termina el mundo porque la presidencia europea se haya quedado en nada. E incluso puede ser una buena enseñanza para el futuro, para esto y para cualquier otra cosa: con trabajo, austeridad y humildad se llega más lejos. Pero ¿creen que hemos aprendido algo? Moratinos ha dicho que se ha cumplido el 100% de los objetivos españoles. Patético.

Ahora se acabaron las candilejas. Ya sólo nos espera antes de las vacaciones de agosto el cambio de Gobierno.

El laboratorio belga

Ignacio Martínez | 17 de junio de 2010 a las 11:35

Los agoreros nos intentan persuadir de que Bélgica se parte. Ha ganado las elecciones un partido independentista. ¡La catástrofe! -dicen-. Pero no. El partido más votado en el pequeño reino belga ha sido la Nueva Alianza Flamenca. El N-VA es moderadamente republicano y moderadamente independentista. También su triunfo ha sido muy moderado: ha sacado el 18% de los escaños de la Cámara de diputados, 27 de los 150. Hay doce partidos en la asamblea nacional belga. Para formar un gobierno mayoritario habría que juntar a los cuatro más votados y para poder hacer la reforma constitucional sería necesario el concurso de los cinco con más escaños. Pero serán más los convidados a componer la nueva escena política del país.

El problema de la política belga es que todos los partidos están divididos: hay dos partidos democristianos, dos partidos liberales, dos partidos socialistas, dos verdes, dos extremas derechas. Y así, sucesivamente, uno valón y otro flamenco; dos comunidades que no tienen en común lengua, cultura o etnia. La única cosa que comparten todos los belgas, desde la fundación del Estado en 1830 sobre los restos del imperio napoleónico, es la religión católica.

Lo habitual es que el rey utilice los buenos oficios de un formador del gobierno. Un hombre bueno que habla con unos y otros y compone el difícil sudoku de la fórmula gubernamental. Los observadores ven al N-VA en el gobierno junto a los socialistas valones, que han sacado 26 escaños. Ya ven, entre los dos ganadores apenas si consiguen superar un tercio de la Cámara. Los partidarios de romper en dos este estado son una exigua minoría en ambas comunidades. Otra cosa son los recelos que se presentan en un país dividido literalmente en dos. Hay una pequeña comarca alemana, que lo fue hasta la primera guerra mundial. Y una tercera región, además de Flandes y Valonia, que es Bruselas, pero cuya existencia sólo tiene trascendencia desde el punto de vista administrativo. Como no hay 17 comunidades autónomas, sino dos (o tres, con Bruselas), hay espacio para el conflicto. Es fácil ver la realidad blanca o negra, roja o azul, buena o mala. Así surgen los capuletos y montescos.

El laboratorio belga es mirado con lupa desde Bilbao, Barcelona, Dublín, Bastia o Ajaccio. Pero no será tan fácil desunir este país. Por el contrario, sería bueno que los estados mayores de los grandes partidos españoles tomaran nota de que una formación con poco más de ocho años de existencia puede ser la más votada en unas elecciones, por encima de partidos como los católicos y liberales con casi dos siglos de existencia. La gente está cansada de viejas fórmulas y quiere soluciones. Y novedades.

Hartos de los políticos

Ignacio Martínez | 10 de mayo de 2010 a las 10:32

Leo en La Vanguardia una entrevista con Artur Mas, en la que el líder de CiU dice que Zapatero está acabado. Como suena, acabado. Es una opinión interesada; se van a enfrentar en la campaña electoral catalana dentro de seis meses. Pero aunque sea un punto de vista interesado, coincide con el de muchas personas, incluidos votantes y militantes del PSOE. En este momento, la credibilidad del presidente está bajo mínimos. Eso no significa que Zapatero no vaya a ser el candidato socialista, ni que no pueda ganarle a Rajoy. El inglés Cameron se ha llevado dos años con la mayoría absoluta virtual en el bolsillo y cuando ha llegado la semana pasada la hora de la verdad, no la ha conseguido. Rajoy debería tomar nota: no sólo Zapatero peca por inacción.

Veo una crónica de Bruselas, sobre las elecciones generales anticipadas que hay en Bélgica el jueves próximo, y resulta que hay una auténtica rebelión contra la ley que castiga con multa a quien no acuda a las urnas. En Europa es obligatorio el voto en Bélgica, Luxemburgo, Grecia, Italia y Chipre. En Luxemburgo, a los reincidentes les puede caer una multa de 1.000 euros. En Italia y Grecia no hay sanción, y se nota en la alta abstención. Pero en Bélgica son muy rigurosos; pueden sacar del censo a alguien, si se abstiene cuatro veces. Eso, y el sentido cívico de los ciudadanos, lleva a porcentajes de participación superiores al 90%. Pero en esta ocasión, flamencos y valones están hartos de tanta estulticia de sus dirigentes, tantas peleas por la lengua, tanto nacionalismo excluyente que ha bloqueado el gobierno del país en los últimos tres años. Y hay un movimiento popular que reclama la abstención.

Hacer el voto obligatorio siempre me ha parecido mal, pero mis amigos belgas lo encientraban normal. Lo que hace la costumbre. Votar es un derecho y como todos los derechos su ejercicio debería ser voluntario. Si se convierte en obligatorio, pasamos de un derecho a un deber. Y acabamos con uno de los termómetros para medir el grado de satisfacción de los ciudadanos con la democracia de la que disfrutan. Los trucos para camuflar el desinterés del público con los procesos políticos son muy variados. En Andalucía, sin ir más lejos, conocemos muy bien uno patentado por Manuel Chaves: evitar toda convocatoria por separado de elecciones autonómicas, para conseguir una mayor participación, al hacerlas coincidir con las generales. Pero las protestas por este abuso reiterado de los gobernantes socialistas no encuentran eco en el público. Nuestros políticos han pasado a ser la tercera preocupación de los españoles en las encuestas, tras el paro y la crisis económica. O sea, que empezamos a estar tan hartos de ellos, como los belgas.

Cualquier motivo es bueno para un escandalito. Arenas, como Cameron y Rajoy, lleva tiempo por delante en los sondeos de opinión. Pero se recrea demasiado en el regate corto. Queda la duda sobre si cambiará de registro tras las elecciones municipales y nos mostrará un perfil de estadista. Su último empeño es que no hubo que restaurar el palacio de San Telmo, sede de la Presidencia de la Junta, uno de los más importantes edificios del barroco andaluz. El presidente del PP andaluz considera su rehabilitación un despilfarro. Y ha construido un titular destructivo que repite sin cesar: Griñán se ha construido su Versalles. Pero ofrece una solución; si gana lo dedicará a Museo. Supongo que con el consiguiente despilfarro en la adaptación del edificio para su nuevo destino. A veces es para estar más que hartos.

ETA: Todo esto ha sido para nada

Ignacio Martínez | 2 de agosto de 2009 a las 18:37

La gente suele celebrar sus cincuenta años de manera especial. Es un gesto de optimismo. Se festeja haber llegado a la mitad de la vida; aunque la vida esté más que mediada. Pero esta fascinación por los aniversarios no es sólo un empeño individual. Los países tienen la misma tentación. Bélgica, para conmemorar su cincuentenario en 1880, construyó un hermoso parque en Bruselas, con un arco del triunfo que es uno de los mejores monumentos de la ciudad.

El caso de ETA es diferente. Estos seres innobles, profesionales del asesinato, la extorsión y el secuestro han decidido celebrar su medio siglo matando, que es lo propio de su oficio terrorista. Por cierto, una condición que sigue ignorando la casi totalidad de la prensa mundial. Sin ir más lejos, el New York Times calificaba a ETA de “grupo separatista vasco violento”, en la información sobre la muerte de los guardias civiles de Mallorca. Violento es un defensa central que lesiona a un delantero, lo de la banda criminal es otra cosa. El diario belga Le Soir la llama “organización separatista vasca armada”. Y el Times de Londres es aún más escueto y evasivo: contaba que las fuerzas de seguridad buscaban a “dos separatistas vascos” como sospechosos del atentado de Calviá.

En todo caso, ETA ha empezado su gira de verano, contra zonas turísticas. El miércoles en Burgos hicieron estallar una furgoneta con 200 kilos de explosivos junto a una casa cuartel en la que dormían 117 personas, de ellas 41 niños. Los 65 heridos leves deben de haber decepcionado mucho a los asesinos. El jueves tuvieron más acierto en sus fines criminales: en Mallorca mataron a dos jóvenes guardias con una bomba-lapa. Atentar en una isla tiene muchos más problemas de logística, que hacerlo en la península. Hay quien opina que la banda en su debilidad ha puesto a funcionar todo lo que tiene. O sea, quiere causar el máximo daño posible.

Más que ante una efeméride, estamos ante un epitafio. ETA cumple cincuenta años, con 826 muertos a sus espaldas, miles de heridos o amenazados, y decenas de miles de desplazados. Y no tiene motivos para el optimismo. Hay 750 de los suyos en prisión y a estas alturas deben saber que todo esto ha sido para nada.

Elecciones europeas: plantón de los recién llegados

Ignacio Martínez | 9 de junio de 2009 a las 13:43

La abstención de un 43,1% en el conjunto de la Unión Europea es ficticia. En los resultados oficiales puede verse que de los 12 países que entraron en la UE en 2004 y 2007, ocho han tenido una participación inferior a la media: Eslovaquia, 19,64%; Lituania, 20,88; Rumanía, 27,21; Polonia, 27,4; Eslovenia, 28; Hungría, 36,3, y Bulgaria, 37,49. Todo un plantón de los recién llegados. Por el contrario, sólo cuatro de los quince miembros desde 1995 tuvieron una abstención superior a la media en estas elecciones: Reino Unido, 35%; Holanda (uno de los países fundadores), 36,5; Portugal, 37, y Francia (más que fundadora, la ‘madre’ del invento), 40,5. Esto tiene una lectura. No podemos seguir invitando a entrar en este club a países cuyo único objetivo es mejorar su economía. La Unión tiene la ambición de ser mucho más que eso. En Maastricht quedó pendiente la unión política… Eso se debería abordar antes de otro grupo de países entre por la puerta.

Por cierto, que la participación media está ‘falseada’ porque en cuatro países de los 27 es obligatorio el voto por ley: En Bélgica (85,86%) y Luxemburgo (90), en donde cumplen con esa obligación, y en Grecia (52) y Chipre (59,4), en donde medio cumplen. En todo caso, tiran artificialmente al alza con la media.

La metedura de pata de Kosovo

Ignacio Martínez | 24 de marzo de 2009 a las 13:50

 

Tengo una duda. ¿Carme Chacón ha tropezado con el asunto de Kosovo? ¿O ha sido a cosa hecha? Es un caso inédito el anuncio de la retirada de unas tropas directamente a los soldados allí destinados, en primicia mundial. Se supone que antes se le avisa a los demás miembros del Gobierno, a los embajadores en los países de la OTAN, a Naciones Unidas, al secretario general de la Alianza, a los socios de la operación… y después a los soldados concernidos. Es tan de catón, que creo que aquí hay gato encerrado. ¿Y si Chacón se ha prestado a uno de los juegos que tanto gustan al presidente, como sacar una nueva ley de interrupción voluntaria del aborto? Vean si no; la Iglesia entra al trapo, monta la campaña del lince, después pretende involucrar a las cofradías en la guerra contra la nueva ley, se forma una polémica potente… y se deja de hablar de la crisis que nos corroe.

Pero el número de Kosovo ha tenido peores consecuencias. Chacón era hasta ahora la persona mejor situada para sustituir a Zapatero el día que éste decida marcharse. Y resulta que The Independent dice que está abatida por su metedura de pata. El alemán Süddeutsche Zeitung habla de desastre diplomático. Y un alto funcionario del Gobierno polaco lo ha resumido este fin de semana con una frase lapidaria, que enlaza este episodio con la salida de las tropas de Iraq hace cinco años: “España siempre se va”. Total, que los rivales de la ministra de Defensa en la invisible carrera de la sucesión están de enhorabuena.

La ministra Chacón se ha adaptado a su cargo con destreza y rapidez. Y no había cometido errores hasta ahora. Incluso ha sabido mimetizar su indumentaria, a base de trajes pantalón, con colores cercanos al verde caqui, y el uso de chaquetas de camuflaje para pasar revista a las tropas. Este asunto de la ropa siempre es un problema para los civiles, sean hombres o mujeres. Parece raro que se haya columpiado en Kosovo. Sigo sin creerme que no sea algo premeditado.

La crisis ya se ha llevado por delante a dos gobiernos europeos, los de Islandia y Bélgica, y amenaza ahora con hacer naufragar a otros dos, los de Hungría y República Checa. Las horas bajas de Zapatero y los tres años de soledad que le quedan por pasar en el Congreso no son una originalidad del presidente del Gobierno español. Así que toda maniobra de distracción es poca. Ahí es donde encuentro yo cierta lógica al tropiezo de Kosovo.

Los condones salvan vidas

Ignacio Martínez | 20 de marzo de 2009 a las 8:56

Es posible que entre los años 2315 y 2368 haya un Papa que admita que los preservativos son una buena cosa. Pero faltan de tres a tres siglos y medio para que eso ocurra. De momento, los periodistas que acompañan a Benedicto XVI en su actual viaje por África llegaron el martes a la capital de Camerún, con un titular brindado por el Papa nada más despegar el avión de Roma: “Los preservativos aumentan los problemas del sida”. Su teoría es que los condones ayudan a difundir una enfermedad incurable que padecen 36 millones de personas en el mundo. La frase pretendía dar la vuelta al mundo. Y vive Dios que lo ha hecho. Con escaso éxito de crítica y público. Gobiernos europeos de todo signo han criticado duramente al Papa. El ex primer ministro francés Juppé lo llama “autista”; la ministra belga de Salud, “retrógrado”, y el Gobierno alemán “irresponsable”.

De hecho Joseph Ratzinger es un sabio teólogo y la más alta autoridad de la Iglesia Católica, uno de cuyos dogmas es que el Papa es infalible cuando se pronuncia sobre cuestiones de fe y moral. Es curioso que este dogma se adoptó en 1870, coincidiendo con la pérdida del último baluarte romano de los antiguos estados pontificios. Menos poder terrenal, más poder espiritual. De la definición de infalibilidad se desprende que cuando el Pontífice habla de otras cosas puede errar como cualquier mortal. Es el caso que nos ocupa. El sabio teólogo e infalible hombre de Dios, hay que suponer que es un lego en el conocimiento científico o práctico de los preservativos.

Es un pronunciamiento peligroso. Ocho de cada diez muertos por sida en el mundo ocurren en África, donde está de visita Benedicto XVI. En ese continente las mujeres son sistemáticamente violadas por hombres que se desentienden de contagiarles la enfermedad, de dejarlas embarazadas o de los hijos que puedan alumbrar. La condena del preservativo no va a parar los abusos, sino que agravará sus consecuencias. “Los condones salvan vidas”, dicen dos ministros alemanes. El control de la natalidad en determinadas áreas del planeta sería esencial para millones de pobres del mundo. Cargarles de hijos es condenarles al atraso y la miseria. España ha anunciado el envío de un millón de preservativos a África.

En este campo, la jerarquía eclesiástica sigue una tradición de resistencia a la ciencia y el progreso. A Galileo Galiei lo condenó la Inquisición en 1633 por sostener la herética teoría de que la Tierra giraba sobre sí misma y alrededor del sol. Fue condenado a cadena perpetua, conmutada por el Papa Urbano VIII. Hubo que esperar a 1939 para que Pío XII calificara al antiguo hereje como “el más audaz héroe de la investigación”. Y todavía pasó medio siglo hasta que Juan Pablo II pidiese perdón en 1992 por el error del siglo XVII. Esperemos que no haya que aguardar tres siglos para que la Iglesia ayude a proteger la vida de los más desfavorecidos con métodos razonables, baratos y útiles.

A ver al rey, en su propio coche

Ignacio Martínez | 28 de diciembre de 2008 a las 21:11

 

 

El rey Alberto ha encargado formar un nuevo Gobierno en Bélgica al democristiano flamenco Herman Van Rompuy, de 61 años. Este señor que ven salir en la noche del domingo 28 del palacio real de Laken, el equivalente al palacio de La Zarzuela español, al volante de su propio coche es el presidente de la Cámara de Diputados belga. Y está aquí en el blog por la foto y no por su misión de poner fin a la crisis política que arrastra su país desde la dimisión de Yves Leterme hace diez días. Leterme dimitió con todo su Gobierno por las presiones que habían ejercido sobre los jueces para facilitar la venta del banco nacional Fortis al francés BNP-Paribas.

Pero la presencia de Van Rompuy en esta página no se debe a su misión, sino a que fue a ver al rey en su propio automóvil. Una costumbre muy extendida en Bélgica, Holanda o los países nórdicos, que sorprenderá aquí. No me imagino una escena semejante en España, no sólo de un presidente del Congreso, ministro o consejero autonómico, sino incluso de un alcalde de pequeña localidad. Aquí hemos convertido las grandes limusinas, con reposapiés, equipo de música y televisión por satélite en una herramienta de trabajo. La foto demuestra que se puede ser más austero.