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De Túnez a Ryanair: No vuele gratis

Ignacio Martínez | 7 de febrero de 2011 a las 13:02

Un grupo de cien estudiantes belgas fueron desalojados ayer de un avión de Ryanair que iba a despegar del aeropuerto de Lanzarote. Se había montado un buen lío en el interior del aparato, con empujones y gritos, y el comandante de la nave pidió ayuda a las fuerzas de seguridad; policías y guardias civiles despejaron la nave amablemente. Hay varias versiones sobre la causa del altercado. Una es que iban bebidos. ¿Borrachos? Hombre, eran las 10:30 de la mañana, pero lo mismo este grupo, de entre los 20 y los 25 años, no se había recogido por la noche. Peor fue lo del ministro de Interior de Ucrania, a quien Lufthansa sacó de un vuelo a Seúl porque iba inequívocamente borracho, importunando a las azafatas, y a insultos con el resto del pasaje.

Pero nuestros visitantes belgas no está claro que estuviesen bebidos. Otra versión habla de exceso de equipaje que uno de ellos se negaba a pagar. Pero esas cosas se arreglan en el mostrador de facturación y no en la cabina del avión. Aunque podría ocurrir que quisiera llevar como equipaje de mano algo muy pesado. Las compañía de bajo coste cobran hasta por respirar en el avión. De hecho, Ryanair cobra por facturar una maleta. Y no sólo son quisquillosos con el exceso de peso. A José Blanco, ministro de Fomento del Reino de España, esta misma compañía le dejó en tierra en Luxemburgo en octubre de 2009, cuando tras un consejo de ministros de la UE iba para Santiago de Compostela. El comandante no autorizó a viajar en el avión a sus guardaespaldas con su armamento reglamentario. El ministro pudo arreglarse, con un vuelo de Iberia hasta Vigo.

No hace falta volar barato para que a uno le cacheen. Hace pocos días se lo hicieron al jefe político de Granada. No, a Pepe Torres Hurtado, no. Al primer ministro de la Isla del Caribe del mismo nombre lo registraron en el aeropuerto de Saint George, cuando se disponía a viajar con American Airlines. A los estudiantes belgas de Lanzarote, Ryanair les castigó a no viajar más con su compañía, hasta que el Ministerio belga de Exteriores intervino, para que fueran repatriados en grupos pequeños.

La que no va a zafarse fácilmente de un castigo mediático es la ministra de Asuntos Exteriores de Francia, Michèlle Alliot-Marie, que tuvo la fatal ocurrencia de viajar a Túnez de vacaciones con su familia en Navidades. Hizo el desplazamiento en un jet privado, propiedad de un hombre de negocios socio de un cuñado de Ben Ali. Y durante su estancia en la antigua colonia francesa, agasajada por el entorno del dictador, cuando ya había comenzado la revuelta popular, utilizó de nuevo el mismo avión para un vuelo en el interior del país. El cuñado del presidente era copropietario del jet. Los vuelos baratos tienen algunos inconvenientes. Los gratuitos pueden resultar carísimos.

Túnez: La democracia puede esperar

Ignacio Martínez | 19 de enero de 2011 a las 13:14

La Unión Europea está ausente por completo del escenario tunecino. La ministra española ha hecho unas declaraciones propias de Barrio Sésamo. Trinidad Jiménez consideraba esperanzador el gabinete provisional formado el lunes y abogaba por el diálogo y el consenso entre Gobierno y oposición. Enfoque desacertado y declaraciones vanas. El esperanzador gobierno provisional se deshizo ayer; sólo contaba con la oposición tolerada y estaba plagado de lugartenientes de Ben Ali.

Ningún jefe de la diplomacia europea se pronunció durante la revuelta popular a favor de la instauración de una democracia en el país. Ni siquiera Francia, la antigua potencia colonial, a cuya ministra Michèle Alliot-Marie también le ha venido grande este asunto. Una vez más fue Estados Unidos quien estuvo en su sitio. Obama elogió el coraje y la dignidad del pueblo de Túnez, deploró la violencia contra la ciudadanos y reclamó respeto a los derechos humanos y elecciones libres. Aunque no siempre EEUU ha estado a la altura. Cuando el golpe de estado del 23-F de 1981 en España, mientras Margaret Thatcher clamaba contra la asonada militar, el secretario de Estado de Reagan, Alexander Haig, dijo que era un asunto interno español.

Hay veces que los dictadores son mimados por las grandes potencias democráticas occidentales. Sin ir más lejos, lo fue Franco en los años 50 en plena guerra fría, cuando Washington descubrió que era un precursor anticomunista y se olvidó de que era un autócrata. En todas las cancillerías de Europa, y en la planta 12 del Berlaymont en Bruselas, hubo un coro de suspiros de alivio cuando en enero de 1992 se anuló en Argelia la segunda vuelta de las lecciones legislativas; los islamistas del FIS habían ganado la primera vuelta claramente en diciembre de 1991 y las municipales en año antes. Los gendarmes contra el islamismo radical son nuestros amigos por definición. Por eso, la Unión Europea se aprestó con entusiasmo a demonizar a Hamas cuando en 2006 ganó por mayoría absoluta las elecciones generales en Palestina. Nos quejamos de que en los países musulmanes no hay democracia, pero cuando votan y deciden algo que no nos gusta, lo rechazamos.
Un envejecido Jean-Claude Duvalier, que frisa los 60 años y ha recuperado el cuello que no tenía de joven madelman heredero de la dictadura de su padre en Haití, ha vuelto a la antigua colonia francesa, para medrar en un país hundido. En el 86, cuando fue derrocado, Francia lo acogió como una buena madre. Uno de los príncipes de la mayor dictadura del planeta nos rinde visita oficial y nos ponemos muy contentos cuando nos asegura que China comprará deuda española por 6.000 millones de euros. El oro de Pekín bien vale nuestra hipocresía. Como ahora con Túnez, donde Europa se pondrá de parte de quien ponga a raya a los islamistas. La democracia puede esperar.