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Manuel Castells: “El politico y los partidos generan el sistema de corrupcion”

Ignacio Martínez | 17 de noviembre de 2009 a las 20:05

Manuel Castells (Hellín 1942), catedrático de Sociología y Urbanismo de la Universidad de Berkeley y director del Instituto Interdisciplinar de Internet de la Universidad Abierta de Cataluña, es uno de los grandes teóricos mundiales sobre la Sociedad de la Información.
Autor de más de una docena de libros, entre los que destaca su trilogía sobre La Era de la Información, acaba de publicar el último, Comunicación y poder. El 29 de octubre fue investido doctor honoris causa en la Universidad de Sevilla.

  • El profesor Carlos Román, fallecido el año pasado, propuso su nombramiento como doctor honoris causa por Sevilla.

Es uno de los mejores economistas regionales que nunca he conocido. Era además excelente persona y un ciudadano comprometido con los problemas del mundo, con su ciudad y su región, por las que hizo mucho como director del Instituto de Desarrollo Regional.

  • ¿Cuándo se conocieron?

Hace tres décadas, cuando yo era catedrático en Berkeley y él terminaba su doctorado en Stanford. Después colaboramos en muchos proyectos, en particular en el Plan de desarrollo sostenible del entorno de Donaña, del que fue el inspirador de la estrategia económica.

  • Usted subraya que la universidad se justifica en último término por la formación de los estudiantes.

-La labor investigadora es esencial como productora de conocimiento.
Pero lo que justifica la existencia de la universidad, desde su origen, es la formación de estudiantes.

  • ¿El profesor universitario español es poco aficionado a dar clase? -No se puede generalizar.

También depende del interés de los estudiantes. Yo creo que hay círculos virtuosos y viciosos. El interés de unos estimula al de otros y viceversa.
En cualquier caso, la responsabilidad es de las autoridades de la universidad que deben exigir el cumplimiento estricto de las obligaciones académicas.

  • El circulo virtuoso que usted preconiza entre universidad, innovación y empresa no acaba de funcionar en España. En la universidad se hace mucha investigación básica y poca aplicada.

La investigación básica es esencial. Sin fuente de conocimiento no se puede aplicar conocimiento. La investigación aplicada debería ser hecha en las empresas o en centros conjuntos universidad empresa, como ocurre en Estados Unidos. El gran problema de la investigación española es que las empresas investigan mucho menos que en los países de nuestro entorno.

  • ¿Los empresarios españoles se fían realmente de los investigadores universitarios?

En general no, salvo en los sectores de TIC y la biotecnología.
Es un error grave, porque así nunca serán competitivos. El problema también es la composición sectorial de la empresa española: para hacer especulación inmobiliaria, mejor no tener universitarios.

  • ¿La galaxia de internet llegará a producir un hombre nuevo global, similar en todo el planeta?

Absolutamente no. La evolución social es hacia un incremento de la diversidad cultural, no a la unificación, como muestran las encuestas comparativas. La economía es global, la cultura es local y específica.

  • ¿Entre los jóvenes también?

Hay similitudes de comportamiento en la cultura joven relacionada con Internet y los móviles. Se puede hablar, empíricamente, de una cultura joven digital global. Se establece una red de comunicación que intercambia experiencias y se superpone a las identidades locales, que siguen siendo dominantes. No es la tecnología la que hace la cultura, sino la cultura la que se apropia la tecnología.

  • ¿Qué diferencias encuentra entre un ciudadano europeo, uno norteamericano y uno chino?

No hay ciudadanos europeos, cada uno es de su padre y de su madre. Es frívolo generalizar, pero en principio un norteamericano parte de él mismo, no de pedirle algo al gobierno. Mientras que en España se suele tener una mentalidad de funcionario y asistido. Y en China se desconfía de cualquier cosa que no sea la propia familia. Y, por cierto, las tres culturas piensan que son mejores que las otras.

  • ¿La Unión Europea podrá convertirse en una federación de estados, con una unión política, para completar el mercado único y la divisa común? ¿O resulta utópico?

No es utópico, es imposible. Ni la quieren los ciudadanos, que confían en las instituciones europeas aún menos que en sus propios gobiernos; ni lo desean los políticos, que no quieren perder el control de sus mecanismos de poder nacionales; ni le apetece a los países pequeños, que no quieren ser fagocitados por Alemania o Francia. Y los británicos bloquearán cualquier intento de supranacionalidad porque sienten su identidad y su economía amenazadas por las tradiciones estatistas europeas.

  • ¿El afán integrador europeo sucumbe ante las tensiones nacionalistas y localistas en los estados?

Lo realmente fuerte y arraigado es lo nacional y sobre todo lo local y lo regional. Europa es simplemente una construcción de intereses económicos y tecnológicos para poder negociar en un mundo globalizado. Pero sólo a partir de la co-nacionalidad. Los datos de opinión y los análisis de expertos muestran la ausencia de un auténtico proyecto político europeo. Por eso fracasó la Constitución y por eso convirtieron las élites en un Tratado los elementos de convergencia. Pero habrá reacciones en contra si se trata de avanzar en la supranacionalidad.

  • ¿Esto es algo que se ahorran los norteamericanos o se lo pierden?

Los norteamericanos federaron sus estados, que eran muy diferentes, hace siglo y medio, e incluso hicieron una guerra atroz para conseguirlo.

Combinan lo local, lo regional, lo nacional y lo global de forma más eficiente que cualquier otro país.
No es que lo puedan hacer porque sean más poderosos, sino que son más poderosos porque hicieron la más inteligente y flexible construcción constitucional.

  • Su trabajo con Peter Hall Andalucía: Innovación tecnológica y desarrollo económico tiene ya 15 años. ¿En qué acertaron o erraron?

Acertamos en la necesidad de una modernización tecnológica como factor clave del desarrollo, que se plasmó en el programa Segunda Modernización de Andalucía. Erramos en la capacidad de innovación empresarial, que era mucho más limitada de lo que evaluamos, puesto que la actividad dominante ha continuado siendo la construcción, el turismo de baja calidad y el pelotazo inmobiliario.

  • ¿Cuál es la tarea pendiente?

Ver como las iniciativas modernizadoras pueden articularse con los emprendedores jóvenes, que son la verdadera potencia de una Andalucía dinamizada y competidora en el contexto europeo. Tal vez se consiga con esta crisis purificadora que elimina buena parte del capitalismo parasitario y requiere la innovación como salida de la crisis.

  • Usted sostiene que el auge de la ciencia o la técnica debe suponer un aumento de la productividad. Que es el talón de Aquiles de las economías española y andaluza.

El bajísimo crecimiento de la productividad quedó ocultado por el alto nivel de crecimiento conseguido mediante un modelo no sostenible de inversión en el sector inmobiliario y turístico. Esto supuso un crecimiento masivo de empleo poco calificado, cuyo hundimiento ha llevado a la crisis actual.

  • El Gobierno auspicia un modelo de desarrollo sostenible, a base de innovación y energías renovables.

Esa es la única vía estable de crecimiento económico y bienestar social. Sus efectos no son rápidos, por eso hay que darse prisa en lanzar estas políticas, que en parte inició el presidente Chaves. Respecto al Gobierno español, tiene la estrategia adecuada, pero algunas de sus decisiones contradicen la estrategia, por ejemplo la reducción del gasto en investigación, que es simplemente suicida a medio plazo.

  • Andalucía ha crecido en los últimos quince años más que la media nacional y España por encima de la media europea. La dependencia de la construcción ¿dejará estancada nuestra economía 10 años?

No sé si 10 años, pero si no hay un cambio de modelo las mismas causas producirán los mismos efectos. Y, por cierto, la dependencia de la inversión inmobiliaria es la principal causa de la corrupción política.

  • En materia de corrupción política ¿qué es antes el huevo o la gallina, la extorsión del político o el maletín del empresario?

Es un sistema que se autoreproduce. Yo diría que lo esencial es que el político y los partidos generan el sistema, porque si no hubiera posibilidad de corromperlos, el empresario se guardaría muy mucho. Incluso a veces hay casos en que si no corrompes no puedes hacer negocio, porque es el peaje a pagar.

  • En este campo, ¿somos distintos de otros europeos? ¿Y los europeos, distintos de los americanos? Usted lo analiza en su último libro.

Corrupción hay en todas partes, menos en Escandinavia, salvo casos aislados. Pero lo propio de España es que la estructura de partido es muy cerrada, son los aparatos los que hacen las listas y los ciudadanos tienen pocas opciones. Tras monopolizar el poder de decisión, los partidos están en condiciones de protegerse a sí mismos, salvo cuando uno utiliza la corrupción para atacar al otro. Pero en términos generales, la corrupción política es la regla en el mundo, no la excepción, aunque bajo distintas formas, como se puede ver en los datos de Transparency International, la ONG independiente que analiza los índices de corrupción.

  • ¿Hay una crisis de liderazgo en Europa? Hace 20 años gobernaban Thatcher, Kohl, Delors, Mitterrand, González, Andreotti. Parecen de otra galaxia.

No hay que idealizar a los líderes pasados. Mitterrand era un Maquiavelo sin escrúpulos. Andreotti subió, según dicen, apoyado por la Mafia; Berlusconi, de hecho, le supera en capacidad de liderazgo dentro de un estilo aún más corrupto. Thatcher centró su primera fase de liderazgo en intentar cargarse a los sindicatos, aunque no lo consiguió. Y así, muchos.

  • Y ahora, ¿qué ocurre?

Falta credibilidad en la clase política actual; en todos, sin distinción. Por eso el único líder reconocido que hay en el mundo, Obama, es alguien que emergió desde fuera del establishment político y movilizó a los excluidos del sistema, sobre todo jóvenes, y sigue teniendo dificultades cada vez que se enfrenta a los políticos tradicionales de su propio partido para hacerles cambiar. El gran problema del mundo es que la crisis de credibilidad de los políticos nos deja sin instrumentos para gestionar las crisis económicas, sociales y medioambientales con que nos enfrentamos.

  • ¿Y el choque de las civilizaciones? Saramago ha escrito en su blog que las tesis de Huntington merecían un estudio más atento, porque lo más probable es que las civilizaciones sigan chocando.

Saramago, que es un gran poeta y escritor, ha dicho muchas tonterías sobre el resto de temas y ésta es una más. La tesis del choque de civilizaciones ha sido desmontada por investigadores serios de la cultura y la historia en todo el mundo. Es una burda racionalización del colonialismo como acción civilizadora. Lo que ocurre, como he analizado en mi obra, es que las identidades son principios fundamentales de resistencia a una globalización sin control. Y cuando se exacerban llevan a la confrontación violenta.

  • No siempre pasa.

La civilización china no tiene problemas para coexistir con la occidental. Y por cierto no existe la civilización occidental, porque entre la cultura anglosajona y la española el choque de civilizaciones es racionalizar las acciones terroristas de Bush y de Ben Laden, almas enemigas gemelas que comparten esa tesis a la que se apunta Saramago.

Rodríguez Carrión, un ‘joven’ maestro

Ignacio Martínez | 14 de mayo de 2009 a las 21:32

Me encanta esta imagen de Alejandro de 2005, todavía con su salud intacta a los 59 años y un gesto de satisfacción, de felicidad. Juraría que está hecha en Ronda, en el Palacio junto al Tajo en donde se celebran los cursos de verano de la Universidad de Málaga. Allí codirigió con su maestro Carrillo Salcedo un curso sobre Derecho Internacional aquel verano, la misma semana en la que yo dirigía uno sobre Periodismo. Me presentó a Carrillo, que era para él un referente tan grande que se decía carrillista. Acababa de terminar su casa de Mijas y la vida le sonreía. Tenía una mirada inteligente y una sonrisa cautivadora, seductora. Esta imagen es de dos años antes de que se le detectara el cáncer. Se le ve tan sereno, tan seguro, que parece increíble lo rápidamente que se ha deteriorado su salud.

Hace pocas semanas, en una de nuestras últimas conversaciones, Alejandro me contaba con pasión una idea que tenían en el movimiento solidario con el Sahara, del que formaba parte. Promover una candidatura a las elecciones del 7 de junio, con el objetivo de sacar un diputado que en el Parlamento Europeo defendiera la independencia saharaui. Lo explicaba convencido de que era posible lograr el eurodiputado en cuestión. Este es un rasgo de su personalidad que siempre me desconcertaba: tenía un idealismo absolutamente juvenil. Era un hombre maduro, con una enorme cultura, una formación extraordinaria, adquirida en varias universidades europeas y americanas: Granada, Oslo, Cambridge, Berkeley y Groningen, aunque como todas las personas verdaderamente sabias, se daba muy poca importancia. Pero la intensidad con la que se entregaba a sus ilusiones sólo es comparable a la de los jóvenes, con los que tan bien se llevaba en su actividad docente. Tengo para mí que la vocación por la enseñanza no es la principal característica de los profesores universitarios españoles. Un defecto que no tenía Alejandro. Presumía haber heredado esa pasión por la docencia de su maestro, el eminente catedrático Juan Antonio Carrillo Salcedo, hijo predilecto de Andalucía este año, a quien siguió en su Departamento de Derecho Internacional Público desde Granada a la Autónoma de Madrid y desde allí hasta Sevilla, antes de conseguir la cátedra de Málaga.

Es curiosa la naturaleza. Alejandro aguantó hasta el sábado para recibir el Premio Blanco White, probablemente para no dar un disgusto a quienes promovieron su reconocimiento, y se ha marchado de inmediato para no dar que hacer a familiares y amigos. No le habían dado un solo premio en su vida y se opuso a recibir éste que instituimos en el Consejo Andaluz del Movimiento Europeo, del que él era vicepresidente, para distinguir a los andaluces significados en la defensa de Europa, como símbolo de la civilización, los derechos y libertades fundamentales y la paz. Cuando supo que estaba propuesto para el galardón, se resistió como pudo a la concesión. Los premios adquieren la categoría de los premiados. Así que, desde ahora mismo, éste ha entrado en la categoría máxima. La entrega se hizo el 9 de mayo, el día de Europa. Una fecha que en los últimos años habíamos celebrado con una sesión académica en el salón de grados de la Facultad de Derecho en Málaga. Un acto en el que siempre se ponía de manifiesto su magnífica oratoria. Era erudito, riguroso, ameno, divertido… y profundamente joven. También era sensible y entrañable. ¡Y tenía su carácter!

Alejandro ha sido un gran profesor de universidad. De los que creaba la ciencia que después enseñaba, de los que no se limitaba a exponer las doctrinas o las teorías de otros, de los que permitían a sus alumnos argumentar en contra. De los que presumía de sus dilectos discípulos. En la laudatio que preparó para la investidura de Carrillo Salcedo como doctor honoris causa de la Universidad de Málaga, mencionó a todos los profesores de su departamento: Magdalena Martín, Elena García Rico, Ana Salinas, Isabel Torres, Eloy Ruiloba. Ellos también están de luto. Precisamente ese día, el 25 de octubre de 2007, no pudo leer el elogio de su maestro. Tuvo un desfallecimiento y le ingresaron en un hospital: le detectaron el cáncer de pulmón contra el que ha luchado con tesón el último año y medio. Una lucha en la que ha estado también toda su familia, su esposa Victoria, sus hijos Jacobo y Jezabel, y hasta sus nietos Jaime y Luis.

La candidatura de apoyo al Sahara no se ha hecho finalmente. Pero seguro que de seguir entre nosotros Alejandro habría seguido trabajando con la pasión de un neófito por esta causa, como ha luchado a favor de muchas otras: estuvo contra el bombardeo de Kosovo, a favor de un Estado palestino, contra la guerra de Iraq o contra Guantánamo. Y eso que no era muy optimista sobre el futuro; pensaba que el nuevo orden mundial será por lo menos tan injusto como el actual.