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Gürtel: la verdad es joven y bonita

Ignacio Martínez | 7 de abril de 2010 a las 10:24

Hay un cuento que relata la historia de un hombre que busca afanosamente la verdad durante años. Y un día, en una cueva escondida, de una montaña perdida, en un remoto país la encuentra. Pero resulta ser una vieja, bruja y fea. El hombre le explica su angustia, porque todo el mundo quiere conocer cómo es la verdad, y la realidad es embarazosa. Pero ella le ofrece la solución: “vuelve y di que soy joven y bonita”. Emociona la solemne declaración de Cospedal sobre la voluntad de su partido de que se sepa toda la verdad sobre el caso Gürtel. Pero lo que el PP quiere no es exactamente la verdad, sino salir lo más airoso posible del trance.

El levantamiento del secreto del sumario nos ha permitido saber que los investigadores del caso atribuyen a Luis Bárcenas, gerente y tesorero del PP durante 30 años, un enriquecimiento ilícito de 1,3 millones de euros, 225 millones de pesetas. Bárcenas, el hombre de los dineros del Partido Popular, suspendido provisionalmente en sus funciones de tesorero, conserva su escaño en el Senado, su despacho en la calle Génova y abogados pagados por su partido. Para saber toda la verdad sobre Gürtel debería ser el propio PP quien contara qué gestiones intentó Bárcenas entre la trama de los presuntos corruptos y responsables de su partido que adjudicaban contratos en las instituciones. Y qué éxito tuvo en esa labor.

Pero los partidos ponen el prestigio y buen nombre de la organización delante de cualquier otra consideración. Por eso su primera reacción siempre es defensiva. En el caso de Rajoy hay un pecado original como el de Zapatero con la crisis. El presidente del Gobierno sostuvo indignado que no venía una crisis y acusó al PP de antipatriota por decirlo. Tras ese empecinamiento inicial, ahora le cuesta la misma vida convencer al país de que llega la recuperación. A Rajoy le pasa lo mismo con Gürtel: primero dijo que esto era un complot del Estado, y adujo como prueba la torpe coincidencia del juez Garzón y el ministro Bermejo en una cacería en Jaén.

Pero no había un complot del Estado, sino una banda organizada, que hizo regalos a ocho consejeros de Camps, a sus padres y sus suegros. Y a la presidenta de las Cortes valencianas. Algunos presentes son de escaso valor, pero también hay relojes de 2.400 euros y maletas de más de mil. A quienes ahora reclaman la verdad hay que recordarles que primero dijeron que a Camps no le habían regalado los trajes, después argumentaron que todo el mundo recibe regalos: y como prueba de cargo ahí estaban las anchoas del presidente cántabro Revilla. Más tarde, Camps se sacó de la manga que había pagado los trajes sin factura y con dinero B de la caja de la farmacia de su mujer…

Y cuando el sumario nos desvela nuevos datos sobre la trama, llega Cospedal y nos dice que la verdad es joven y bonita. Conmovedor.

Los pecados originales de Zapatero y Rajoy

Ignacio Martínez | 30 de septiembre de 2009 a las 8:50

Zapatero tiene tanta credibilidad en su gestión de la crisis como Rajoy cuando se explica sobre el caso Gürtel. Ambos son poco o nada fiables. Lo peor del presidente del PP con la trama de corrupción es que al principio la negó categóricamente. Se trataba de un complot del Estado y la prueba era la coincidencia del ministro de Justicia Bermejo y el juez Garzón en una cacería en Jaén, un fin de semana de febrero en el que se produjeron las primeras detenciones. Y resultó que sí había caso. Un grupo de corruptos había penetrado al PP en Madrid y Valencia. Hubo otros episodios; Ricardo Galeote, hermano e hijo de encausado, dimitió como concejal de Estepona por su vinculación con la banda de Correa, el Bigotes y compañía. Con él han hecho mutis por el foro una decena de alcaldes y concejales, un consejero del Gobierno de Esperanza Aguirre, el tesorero de la ejecutiva nacional y hasta un eurodiputado. Todos, imputados, junto a sesenta personas más en Madrid.

No era cierto de que no había nada. No era cierto el complot. Tampoco era cierto que el presidente Camps se pagara sus trajes. No se lo ha creído ni su íntimo amigo el magistrado Juan Luis de la Rúa, presidente de sala del Tribunal Superior de Justicia de Valencia. Aunque al juez el regalo le pareciera insuficiente para procesar al amigo. Ahora se dirime si hay que dar crédito a un informe policial que indica que la trama corrupta financió al PP valenciano. Informe que está en el limbo; en la maraña de piezas separadas del caso. De la Rúa se desentendió del escrito, pero debió mandarlo al juzgado de guardia para que se investigara. Alguien debe hacerlo. El argumento de Camps de que el voto masivo a su favor de los valencianos le exonera es el mismo que utilizaba Gil en Marbella, el mismo que emplea Berlusconi en Italia. No es de recibo. Rajoy enseña viejos informes de policías que resultaron falsos. Pero tiene un pecado original en este tema, porque lo negó desde el principio. Y ya no es creíble.

A Zapatero con la crisis le pasa lo mismo. La negó al principio y acusó a Rajoy de antipatriota por anunciarla. Todo lo que haga ahora se pone en entredicho por su pecado original. ¿Quién iría a tratarse de una gravísima enfermedad con un médico que la hubiera descartado con rotundidad al aparecer los primeros síntomas? Encima la gestión no es brillante. Sube los impuestos porque los que más tienen deben atender a los que más necesitan. Una filosofía progresista que casa mal con la desaparición del impuesto sobre patrimonio, el aumento del IVA, y medidas anteriores como una devolución de Hacienda para todos los contribuyentes o un cheque bebé tanto para millonarios como para personas sin recursos.

Aquí los pecados originales desacreditan a los grandes partidos. Y tendrán consecuencias. En Alemania los democristianos (CDU-CSU) y los socialdemócratas tuvieron el 90% de los votos, pero este domingo no han llegado al 57%. Que tomen nota sus colegas nacionales. En España nunca desde el inicio de la transición ha habido en el Congreso de los Diputados tantos escaños en manos de las dos principales fuerzas políticas, pero el oligopolio político español no es eterno.

Gürtel angustia al PP

Ignacio Martínez | 8 de julio de 2009 a las 11:19

 

Veo en la televisión a Cospedal, con cara de no saber qué cara poner, ante la serpiente de la trama Gürtel, que se enrolló primero por las extremidades madrileñas del PP, después por su tronco financiero y ahora por la cabeza valenciana. La pobre secretaria general de los populares ve cómo la trama aparece ante su rostro, dispuesta a morderla y se le pone una sonrisa de pánico, unos ojos pasmados, una voz nerviosa. En la radio, suspira. En fin, aunque sólo fuese por ahorrarle a esta mujer semejantes números un día sí y otro también, Rajoy debería hacer algo. Pero Rajoy en este campo es hombre con sentimientos desiguales. No se apiada de Cospedal, pero sí se compadece de Camps y de Bárcenas.

Al presidente valenciano se le reprocha admitir regalos de prendas y complementos para él y su familia por un valor que podría llegar a los cinco millones de pesetas. Lo del tesorero del PP es más fuerte en términos contables, un millón de euros en sobornos, aunque su papel institucional sea menor. En todo caso, estamos ante dos pretorianos del actual presidente del Partido Popular que los defiende contra viento y marea, ya sea por su legendaria piel de rinoceronte, por lo mucho que les debe o por los enormes disgustos que pueden causarle si caen. La brunete meditática espera de nuevo a Rajoy a la salida de este entuerto

Aunque, en lo que se refiere a la opinión pública, aquí ya han caído varios estandartes. En primer lugar, el de la inmaculada honradez del PP: hace cinco meses, la cúpula dirigente empezó diciendo que aquí no había absolutamente nada, que todo era un complot del juez Garzón, en connivencia con el ministro de Justicia de entonces, Mariano Fernández Bermejo, con el que torpemente coincidió en una cacería. Ese desliz le costó el puesto al ministro y su hábil manejo evitó que perjudicara al PP en su intento de recuperar la Presidencia de Galicia. La misma estrategia funcionó en las elecciones europeas, en donde el excelente resultado en la Comunidad de Valencia llevó a ardorosos y cándidos dirigentes a proclamar la inocencia de Camps por la vía a de las urnas. Un camino ya inventado con éxito hace más de una década por Jesús Gil y Gil. Odioso precedente.

Pero no; no ha habido complot alguno. Al menos tres jueces del Supremo y de los tribunales superiores de justicia de Madrid y Valencia han visto serios indicios de delito en más de una docena de dirigentes populares, a alguno de los cuales le han puesto fianzas de un millón de euros. Aquí no hubo más complot que uno para delinquir de Correa, su socio El Bigotes, y una serie de amiguitos del alma incrustados en la estructura popular que le procuraron a los primeros buenos negocios, no se sabe bien a cambio de qué o por cuánto. El juez de Valencia cree que hay indicios razonables de cohecho en el comportamiento del presidente Camps. No se ha creído que los trajes los pagara él con dinero de la caja de la farmacia de su mujer. Yo tampoco.

La romería de Camps

Ignacio Martínez | 8 de mayo de 2009 a las 8:52

Las noticias del caso Gürtel llenan las páginas de los periódicos, los noticiarios de radio y televisión y en el PP nadie se cosca. Aquí mismo criticamos al ministro Bermejo y al juez Garzón por su imprudencia al coincidir en una cacería cuando ya se habían producido las primeras detenciones. La filtración del sumario secreto durante las campañas electorales vasca y gallega también fue censurada. Pero el caso está ya en manos de otros jueces en Madrid y Valencia, y están cayendo como moscas diputados del PP y ex consejeros autonómicos. A alguno le han puesto una fianza de un millón de euros, como si fuera el capo de la operación Malaya.

Según los jueces, aquí ha habido sobornos, cohecho y corrupción urbanística. En el PP han suspendido de militancia a los afectados, pero nadie da muchas explicaciones. La dirección popular, tras las experiencias gallega y vasca, piensa que este caso Gürtel habrá dado mucha gasolina a la prensa, pero no ha prendido en la opinión pública. También en el PSOE en los 80 pensaron que el asunto del despacho de influencias de Juan Guerra en la Delegación del Gobierno en Andalucía, a pesar del impacto que tenía en los medios, no suponía desgaste electoral. En los 90 pagaron caros los casos Filesa, Roldán, Navarra, etcétera.

De todos los implicados en el caso Correa, el que más me llama la atención es el presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps. De tanto en tanto se le ve en una romería ataviado con camisa tradicional y empuñando un largo cayado detrás de un santo. Se supone que no ha ido para pedirle al patrón local que le saque del apuro, sino como obligación institucional. Pero claro, los periodistas le preguntan cómo se siente y qué piensa de las acusaciones. Y Camps, con cara de pánico, dice que todo es mentira. Todo es que un tal Álvaro Pérez, alias el Bigotes, le regaló trajes por valor de 12.000 euros. Todo es que no conocía a ese sujeto, pero unas grabaciones demuestran que se decían por teléfono “amiguito del alma” y “te quiero un huevo”. Y que el Bigotes le mandaba regalos a la mujer y a la hija del president de la Generalitat. Regalos que a la señora Camps le parecían excesivos de todo punto.

Lo peor de Camps no es que diga, como el protagonista de La aventura es la aventura, “yo no le conozco”, sino que después de haber acusado al juez de Garzón de inventarse la trama, no ha enseñado ni una sola factura de los trajes e intenta que se declare inhábil la instrucción de su caso. El juez valenciano que ahora lleva el procedimiento ha denegado la anulación, porque considera que Garzón no vulneró los derechos del president. Son otros los derechos vulnerados, los de los ciudadanos perjudicados por los 121.000 euros que el Bigotes declaró a Hacienda que se había gastado en trajes de regalo. Camps debería dejar de aparentar y su partido tendría que dar alguna explicación que se aleje de la teoría del complot. El PP se equivoca al creer que el caso Gürtel no supone desgaste electoral, porque a pesar de la crisis no supera al PSOE en las encuestas. La del CIS de ayer es el último ejemplo. Tiene que dejar de esconderse detrás de las romerías.

El presidente no era inoxidable

Ignacio Martínez | 13 de marzo de 2009 a las 0:05

Zapatero ha negado la crisis tres veces, como San Pedro. Es un exorcismo. En sintonía, Solbes negó el miércoles otras tres veces que quiera irse. Para estar a tono en esta Cuaresma, Esperanza Aguire ha negado tres mil veces toda irregularidad en los asuntos de los espías y de la corrupción en el PP de Madrid, a pesar de dimisiones, imputaciones y evidencias automovilísticas. Son negativas culpables, todas ellas.

El presidente ha mandado a sus ministros que nieguen la crisis, sobre todo a Pedro Solbes, que se había permitido una broma sobre la envidia que le causaba la cesantía de Bermejo. No se confundan, esta crisis que ahora se niega no es la financiera, sino la del propio Gobierno. Los periodistas relatan el run run que corre por las entretelas del poder: hay que cambiar a unos pocos ministros para recuperar el tono gubernamental, ante el empuje del PP tras su triunfo en Galicia y su condición de fuerza decisiva en el País Vasco. Están en la cuerda floja hasta los dos vicepresidentes.

Y ZP pretende hacer el relevo más adelante. Quizá después de las elecciones europeas, que dicho sea de paso, no pintan muy bien para su partido. El presidente es un experto en negar crisis de cualquier naturaleza. Primero negó hace un año, con énfasis, que viniera una crisis económica. Ahora, frustrado por el fracaso de los comicios gallegas, el PSOE ha entrado en depresión por una revelación electoral: el presidente no era inoxidable. De hecho, todos los gobernantes se oxidan con el uso. Y más con una terrible crisis económica, que está destruyendo en España más empleo que en todo el resto de la UE junta.

La segunda crisis que Zapatero negó fue la profundidad y duración del hundimiento de nuestro modelo de desarrollo. Crecíamos de manera desbocada a lomos de la construcción y el consumo interno y los dos han descarrilado, para desconcierto del equipo económico del Gobierno. Ahora, en plena vorágine, se niega la tercera crisis, consecuencia de las anteriores, la crisis de Gobierno. Ha dicho el presidente que de eso no se hable.

En su comparecencia del miércoles, Pedro Solbes negó tres veces seguidas que esté loco por irse. La referencia bíblica a las negaciones de San Pedro, es doblemente pertinente en este caso. Solbes cuando era ministro de Economía y Hacienda, en la cumbre de la Unión Europea de diciembre de 1995 en la que se decidió el nombre del euro, dijo una frase para la historia: “Tú eres euro y sobre este euro construiré la unión monetaria y económica”. En realidad la ocurrencia era del primer ministro portugués Antonio Guterres, pero Solbes se la pisó en la rueda de prensa. Como ven está todo inventado; las referencias bíblicas y las negaciones. Algunas sorprendentes o escándalosas. Y las de Esperanza Aguirre negando espionajes o corruptelas, de vértigo. Tanto como ir con un Jaguar a 200 por hora por el centro de Madrid.

Envidia de vascos y gallegos

Ignacio Martínez | 1 de marzo de 2009 a las 10:44

La lección principal de estas elecciones autonómicas vascas y gallegas no es la convulsa campaña, ni la trama de corrupción detectada en los aledaños del Partido Popular, ni la instrucción radiada por el entorno del juez Garzón; ni la torpeza del ministro de Justicia, que se va a cazar con el juez cuando ya se han producido las primeras detenciones; ni la impropia actitud del comisario jefe de la Policía Judicial, que coincide en la cena de esa cacería con el juez y Bermejo. No. Lo más destacado de estas elecciones es que España entera ha oído hablar de Galicia y el País Vasco. De su realidad, sus problemas y sus necesidades. Que todo el país sabe cosas buenas y malas que han hecho los gobernantes en estos territorios, que las televisiones nacionales han hecho reportajes sobre comarcas de las que no teníamos noticia, sobre iniciativas innovadoras, sobre sectores productivos de éxito, sobre capas sociales en dificultades. Los periódicos nos han hecho diagnósticos sobre los aciertos en el pasado y las posibilidades de futuro de estas regiones. En fin, que han aprovechado el foco para venderse en el conjunto de España.

¿Qué vale eso? Qué precio tendría una campaña sobre Andalucía con esta repercusión nacional. Porque, insisto, no se ha hablado sólo de partidos y dirigentes, también se ha hablado sobre gallegos y vascos: empresarios, trabajadores, científicos, artistas, deportistas, organizaciones sociales. Costaría un dinero una campaña así. Pero es gratis. Basta con convocar las elecciones autonómicas andaluzas separadas de las elecciones generales; o sea, lo contrario de lo que se ha hecho en esta región en las últimas cuatro ocasiones, 1996, 2000, 2004 y 2008. Eso es lo que hemos perdido, multiplicado por cuatro. Y eso que esta vez vascos y gallegos coinciden, y no las celebran solitario, privilegio que en España tienen Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía, pero del que sólo esta región no hace uso. Nosotros solapamos nuestras elecciones regionales con que más polarizan la atención nacional, las legislativas, en las que se decide el Gobierno de la nación. En la campaña del año pasado, el moderador de una tertulia radiofónica nacional recomendó a sus oyentes que si se aburrían de la batalla entre Zapatero y Rajoy, se interesara por las primarias norteamericanas; el pulso cerrado entre Hillary y Obama. Ni se había enterado que también había una clandestina campaña electoral para el Parlamento andaluz.

Esta pertinaz coincidencia sólo se explica por dos motivos: la triple rentabilidad electoral para el Partido Socialista, y la escasa contestación social que tiene esta maniobra táctica. La rentabilidad es triple para los socialistas, dado su predominio regional, porque refuerza el voto de unas listas con otras, evita un riguroso examen de la gestión del Gobierno autónomo e impide saber qué grado de implicación tiene el electorado con una autonomía que ya tiene 27 años, pero no quiere correr el riesgo de medirse. En privado, dirigentes de todos los partidos coinciden en que la participación sería muy baja en unas elecciones separadas. Eso pondría en riesgo la hegemonía socialista, y más después de que varias de las encuestas publicadas ayer dieran por perdida la mayoría absoluta del PSOE.

Todas las encuestas suspenden a Gobierno y oposición, la crisis no ha hecho más que empezar, y hoy en Galicia el escenario político nacional puede saltar por los aires. Si el PP pierde escaños, Rajoy se debilitará y ganará adeptos la idea de una refundación de su partido. A lo mejor a Zapatero adelanta elecciones, y se deslocalizan las andaluzas. Pero también Feijóo puede sacar mayoría absoluta y el que entre en crisis sea el PSOE. El patio se pone emocionante.

Cazar, expiar y espiar

Ignacio Martínez | 25 de febrero de 2009 a las 10:51

El verbo cazar tiene muchas acepciones. Y Mariano Fernández Bermejo las ha probado casi todas. La primera de la que tuvo noticia fue la clásica, buscar a aves, fieras y otros animales para cobrarlos o matarlos. Lo hizo en su localidad natal de Arenas de San Pedro (Ávila), al sur de la Sierra de Gredos. Allí la variada fauna tradicional incluía linces, osos, zorros, lobos y jabalíes. También liebres, conejos y perdices con los que se supone que el joven Bermejo empezó su larga carrera de cazador de escopeta y perro, que él calibra en 50 años, no se sabe bien si por fanfarronería. Eso supone que ahora no caza por esnobismo de nuevo rico, sino por practicar un deporte muy arraigado en todas las clases sociales de la España rural.

Cazar también significa adquirir con destreza algo difícil o que no se esperaba. El antiguo fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Madrid insumiso con el Gobierno del PP se quedaría sorprendido de que Zapatero le hiciera ministro en 2007. No parece que un tipo tan bronco fuese lo más adecuado para hacer un pacto por la justicia con el PP o conciliar acuerdos con los jueces. Pero con la misma destreza con la que cazó el Ministerio de Justicia ha salido de él. El pasado miércoles el grupo socialista en pleno lo vitorea puesto en pie, al grito de torero, torero. Y cinco días después le cortan la coleta. Lo que no cazó Bermejo fue la necesidad de que el notario mayor del Reino fuese el más prudente de los ministros y no el más follonero. Cazar también significa entender algo rápidamente. Y nuestro hombre, con su alma de viejo cazador del valle del Tiétar, ya sabrá a estas alturas lo efímera que es la gloria taurina en la política.

Pero el verbo cazar tiene una acepción todavía más adecuada para la ocasión: sorprender a alguien en un descuido, error o acción que desearía ocultar. Más que error, fue una enorme metedura de pata del ministro coincidir con Baltasar Garzón en una cacería en la provincia de Jaén, el fin de semana en el que el juez tenía ya varios detenidos y había iniciado una investigación delicadísima sobre una presunta trama de corrupción en el PP. Así que bien está que expíe su culpa con la dimisión o cese. Garzón debería aplicarse el cuento e inhibirse en este caso, por mucho que le apetezca que la opinión pública esté pendiente de él.

Ahora bien, resueltas las responsabilidades de la cacería, y concluidas el domingo próximo las elecciones en Galicia y País Vasco, el PP no tiene excusa para dar la cara en el enredo de espías, negocios, comisiones y corrupción descubierto en la Comunidad de Madrid. Espiar no tiene tantas acepciones como cazar, pero de ese cabo penden muchas reputaciones. Y Mariano Rajoy debería dar la talla de líder dando explicaciones al país y depurando sus filas. El trofeo que debe exhibir no es la cabeza de Bermejo, sino la limpieza de su partido.

La escopeta nacional

Ignacio Martínez | 15 de febrero de 2009 a las 11:30

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Amenazada como está la economía nacional, lo único que nos faltaba a los españoles es que se pusiera en cuestión el estado de derecho. Es verdad que estamos en plena campaña electoral para los comicios vascos y gallegos y eso condiciona mucho los modos políticos. Y que el PP está pasando un verdadero mal rato a causa de las intrigas en su seno por el poder y los negocios. No es normal que se viva un clima político tan enrarecido, cuando lo importante es dar estabilidad al país y salir de la crisis. Pero no es lo que hacen los grandes partidos, aunque las culpas no estén divididas a partes iguales.Me sentía muy ufano de ver cómo este sainete de comisiones, dossiers y espías no se producía en Andalucía. Lo normal es que estas cosas ocurran aquí, en Marbella o donde toque. Pero esta vez era en la villa y corte y pueblos de su entorno. Y mira por dónde se organiza una cacería en un pueblo de Jaén que irrumpe con éxito en medio de la película. Berlanga. La escopeta nacional. Me sumo al punto de vista del ex ministro Saavedra: Bermejo debe dimitir. La mujer del César tiene que ser honrada y parecerlo y coincidir en una cacería con un juez que ha encarcelado a unos señores e investiga una trama de corrupción en los aledaños y en el interior del principal partido de la oposición es una torpeza que bien merece su cese. Llueve sobre mojado. Bermejo es el más imprudente de los miembros del Gabinete, superando con creces a la andaluza Magdalena Álvarez. Pero resulta que el ministro de Justicia, como notario mayor del Reino, debería ser todo lo contrario, el más discreto del Gobierno.

Dicho esto, no me creo que haya una conspiración del Estado contra el PP. No se lo creen ni en el PP. Lo que pasa es que hay que conseguir el voto de vascos y gallegos y la consigna de que los derechos del partido están siendo atropellados por un juez socialista, puede aguantar las dos semanas que faltan para las autonómicas. Cuando el juez Garzón procesó a ministros y altos cargos del Gobierno de Felipe González ¿era un juez del Partido Popular? Evidentemente no. Así que ahora no es lo contrario. Por cierto, que confieso mi sana envidia hacia las comunidades autónomas que pueden celebrar elecciones sin coincidir con las legislativas: o sea, todas menos Andalucía, por obra y gracia del presidente Chaves.

Y volviendo al PP: La foto de Rajoy con dos docenas de sus dirigentes máximos detrás me suena. Se la vimos a Ramón Calderón con toda la directiva del Real Madrid, para decir que no pensaba dimitir como presidente y dimitió. Y se la vimos al alcalde de Boadilla con todos sus concejales para anunciar que no se iría, y se fue. Así que ojo con la suerte de Rajoy. Pero la peor comparación que cabe con la coyuntura que pasa el Partido Popular es la de Jesús Gil. Cuando se le empezaron a acumular demandas penales por todo tipo de delitos, prevaricación, tráfico de influencias, cohecho… Gil empezó a despotricar contra los jueces, la policía, el Gobierno y todos los partidos democráticos. El siguiente paso fue decir que eso con Franco no pasaba y el siguiente las condenas y el descrédito.

Ojo con poner en cuestión el estado de derecho con excusas como la escopeta nacional. El estado de derecho es sagrado y el PP deberá demostrar que hay un complot o retirar esta presión antisistema en cuanto terminen las elecciones vascas y gallegas. Lo contrario es de una irresponsabilidad suicida. No sólo para Rajoy, a quien ya preparan de sustituto a Rodrigo Rato o a Gallardón, achicharrada Aguirre. También con esta frivolidad se pone en cuestión el propio PP y se arriesga la estabilidad del país, en una coyuntura que necesita líderes serenos y firmes. Que se echan de menos.