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Los mitos del fútbol

Ignacio Martínez | 30 de agosto de 2009 a las 12:57

Con la victoria de ayer del Real Madrid ha empezado la Liga de fútbol en España y vuelven los mitos. Algunos son nuevos en el campeonato, gracias al presidente del Real Madrid, cuya gestión desmiente que este país se encamine hacia una nueva economía, más sostenible. Las masas populares han llenado el Bernabeu en la presentación de las nuevas estrellas merengues, fruto de una estrategia especulativa, que ya puso en práctica Florentino Pérez durante su primer reinado. A nadie le inquieta quién paga la factura. Con el entusiasmo que la fórmula genera en la afición, todo vale.

No es sólo un mal español. La presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, acaba de hacer honor a otro mito: habría sido una magnífica alcaldesa de Marbella en la era gilista, por su desahogo verbal, su escasa formación y su silicona carnal. Se va a gastar 600 millones de pesos anuales, casi 110 millones de euros, unos 18.150 millones de pesetas, para que los partidos de la liga argentina se televisen en abierto. Su argumento es que la democracia está incompleta si no se garantiza a los ciudadanos el acceso a los bienes fundamentales. ¿La buena mujer equipara el fútbol con el empleo, la sanidad o la educación? No. Va más lejos; lo compara con la libertad y con la vida: “Ahora se secuestran los goles como la dictadura militar de 1976 a 1983 secuestró a 30.000 argentinos; no quiero más secuestros, quiero una sociedad libre”. Ahí queda eso. Aunque Maradona no le ha ido a la zaga a la doña: ha dicho que Argentina es una sociedad más democrática después del acuerdo gubernamental.

Con la Liga vuelven otros mitos. Aquellos que relacionan el fútbol con la política. Una encuesta del CIS de 2007 establecía que el Real Madrid era el equipo con mayor número de seguidores en toda España, con un 32,8% de los aficionados, seguido por el Barcelona (25,7), Valencia (5,3), Bilbao (5,1), Atlético de Madrid (4,3), Betis (3,3), Zaragoza (2,7) y Sevilla (2,3). Lejos quedaban Málaga (0,7), Cádiz (0,6), Huelva (0,4), Almería (0,3) y Jerez (0,1). Ese barómetro revelaba que la izquierda es claramente culé y la derecha, merengue. Parece un tópico: Zapatero es del Barça y Aznar del Madrid, pero dice el estudio que el margen de error es del 2%. Y, por otro lado, los mitos no se discuten. Ha empezado la Liga, que los dioses repartan suerte.

País Vasco: Si cambia el capitán (del barco pirata) debe cambiar el loro

Ignacio Martínez | 23 de junio de 2009 a las 14:46

Me ha encantado el artículo de hoy de Patxo Unzueta en El País. Sostiene la teoría, atribuida a Mario Onaindía, de que si cambia el capitán, debe cambiar el loro que le susurra al oído. Es decir, que si cambia el lehendakari, debe cambiar el guionista de sus discursos, su consejero, su asesor. Es el caso, sin duda con Patxi López y su brillante y vibrante discurso del otro día, considerado cínicamente por el PNV como “demasiado épico”. Unzueta añade que sus asesores mejoraron a Ardanza y los suyos empeoraron a Ibarretxe. En fin, es un análisis de la situación en el País Vasco que vale la pena leer. Se llama Tener o no tener y esta es su transcripción íntegra:

 

Casi tan importante como tener un buen lehendakari es que el lehendakari tenga un buen guionista. Mejor dicho: un buen lehendakari es aquel que sabe elegir bien a su guionista. Mario Onaindía, de cuyo fallecimiento se cumplen seis años este verano, lo decía de otra manera: de poco vale cambiar de capitán (del barco pirata) si no se cambia de loro: el que lleva colgado del hombro y le va susurrando lo que tiene que hacer y decir. Visto desde el otro lado significa que para que el cambio de capitán, o de lehendakari, se note, lo primero es cambiar de loro, guionista, asesor.

Así como sus asesores mejoraron a Ardanza, los suyos empeoraron a Ibarretxe: a falta de un buen guionista, sus comparecencias tras los atentados de ETA fueron casi siempre poco convincentes. Pero no por la mayor o menor contundencia en las palabras, sino por su manifiesta dificultad para condenar sin reclamar al mismo tiempo algo de su interés. “¡Cuánto daño hace ETA a las posiciones legítimas de una parte muy importante de la sociedad vasca que queremos profundizar (…) en nuestra identidad como pueblo!”, dijo en su comparecencia tras el anterior asesinato de un miembro de las Fuerzas de Seguridad del Estado, el guardia civil Juan Manuel Piñuel, en mayo de 2008. Como conclusión pidió acuerdos para acabar con la violencia, lograr la paz y “poder decidir nuestro futuro”. Esto último, el derecho a decidir, autorización para su famosa consulta, era lo que iba a solicitar seis días después a Zapatero en La Moncloa.

Patxi López se la jugó en los primeros momentos tras el asesinato de Eduardo Puelles. Alguien, tal vez él mismo, o una persona elegida por él para ocasiones como ésta, escribió en un papel que el asesinado era “uno de los nuestros”, y todas las ulteriores iniciativas -de la declaración del Parlamento y la convocatoria de la manifestación al discurso desde las escalinatas del ayuntamiento de Bilbao- colgaron de esas cuatro palabras de reconocimiento nunca antes salidas de la boca de un lehendakari. Un discurso nada sectario y que tuvo un aire de sinceridad que emocionó a muchas personas; y que ha sido considerado por muchísimas más una prueba de que las cosas están cambiando de verdad.

Una consecuencia de lo ocurrido desde el viernes es que el debate sobre si fue acertada o no la decisión de Patxi López de gobernar mediante un pacto de legislatura con el PP se plantea ahora de manera diferente. Una encuesta del CIS recientemente publicada (aunque realizada hace dos meses) concluía que la mayoría deseaba en esas fechas un Gobierno PNV-PSE. Dicen los críticos de López que con la mitad de la población (45,5%) que se declara nacionalista y otra mitad (45,6%) que dice no serlo, la única posibilidad de recoger la pluralidad identitaria sería un Gobierno transversal PNV-PSE.

Sin embargo, pocos dudan de que si ésa hubiera sido la fórmula adoptada no habría habido el cambio de actitud ante ETA y sus víctimas visible estos días. Y ese cambio era una necesidad, incluso para que el PNV salga del laberinto en que le ha metido Ibarretxe. La pluralidad no necesariamente debe traducirse siempre en transversalidad, sino también en alternancia: que unas veces gobiernen unos, otras los otros y a veces ambos en coalición. Pero no hay democracia sin posibilidad real de alternancia, y si aparece una ocasión de alcanzarla, lo prudente es no dejarla pasar. Además, lo que se ha visto es que, sobre el problema que agobia desde hace décadas a los vascos, hay más posibilidad de entendimiento entre el PSE y el PP vasco que entre cualquiera de ellos y el PNV.

 

 

El califato andaluz

Ignacio Martínez | 13 de abril de 2009 a las 12:03

Mi colega catalán Enric Juliana acaba de publicar un nuevo retrato de España. Su anterior libro, hace cuatro años, era la foto de un país fascinado, resignado o indignado con el auge de los nacionalismos. Estábamos entre la España plural de Maragall y la España que se rompe de Rajoy. Aquel ensayo se llamaba La España de los pingüinos. El nombre venía de la antigua Yugoslavia; allí los ciudadanos podían elegir entre poner en sus documentos de identidad su nacionalidad serbia, croata, eslovena… o la común yugoslava. Esto último sólo lo hacía un 10% de los habitantes y por su rareza se les puso el nombre de pingüinos. Ahora la crisis económica ha arrasado la preocupación por los nacionalismos. Y La deriva de España, el nuevo ensayo de Juliana, es la foto de otro país: se subtitula Geografía de un país vigoroso y desorientado.
Un ejercicio de geografía fue su artículo del martes en La Vanguardia a propósito del nuevo Gobierno. Sostiene mi colega que es el refuerzo del eje principal de la política española en los últimos 30 años: el que enlaza Bilbao, Madrid y Sevilla. Y en particular que el nombramiento de Manuel Chaves como vicepresidente para asuntos autonómicos consagra el papel tutelar que el califato andaluz viene ejerciendo sobre la política territorial. Esto es lo que hay. Aquí criticamos a Chaves por haberse preocupado más por los equilibrios que por la acción; por hacer poco, para no equivocarse y por ahí fuera lo ven desde hace tiempo tutelando el Estado de las autonomías.
Los mejores articulistas nacionales vaticinan que querrá propiciar elecciones anticipadas en Cataluña o que tiene el reto histórico de que los territorios de España pasen de la reivindicación a la cooperación. Creo, sin embargo, que en ninguno de los dos campos llegará a tanto. A Chaves le ha gustado siempre camuflar las elecciones andaluzas detrás de las generales; y puesto a propiciar, seguro que prefiere una sola convocatoria que agrupe todas las elecciones imaginables. Y en materia de especialización y cooperación, en estos 19 años no ha conseguido buena nota entre las provincias de Andalucía. La región es hoy más tribal que cuando Chaves llegó al poder en 1990. Así que difícilmente conseguirá el nuevo vicepresidente en el conjunto de la nación lo que no ha logrado aquí.     
Y, sin embargo, ahí tienen a la mejor prensa catalana estableciendo una teoría sobre el peso del poder andaluz en España, el viejo sueño de Rojas-Marcos de hace 40 años, ejercido en versión moderna por Manuel Chaves desde un ministerio sin cartera. Sí. Lo que Zapatero le ha dado a Chaves es un ministerio sin cartera, sin la engorrosa función pública que pasa a los dominios de María Teresa Fernández de la Vega. Sin cartera, significa sin presupuesto. Es un ministerio político, con rango de vicepresidencia, para hacer un retrato de España.

Un árbitro incontestable

Ignacio Martínez | 16 de marzo de 2009 a las 8:40

”Paul

 

Después de ver al Real Madrid en Anfield y en San Mamés durante la misma semana, en partidos similares, hay que convenir que no le arbitran igual en España que en el extranjero. Hay quien sostiene que si en España los árbitros fuesen más imparciales, a lo mejor el Real pasaba de los octavos en la Champions. Pero en la Liga española casi siempre se equivocan a su favor. El sábado fue desagradable ver a un héroe nacional como Casillas hacer teatro tocándose la cara en el suelo, para que expulsaran a un jugador del Athletic. Feo. Después reconoció que Yeste no le había tocado la cara.

En fin, los árbitros españoles también se equivocan a favor del Barça y de cualquier otro grande. Hace unos años, uno favoreció al Sevilla, creo que contra el Recre, y un jugador sevillista se disculpó presumiendo: “Hasta en eso se nota que ya somos un equipo grande”. Casillas pudo decir eso mismo en lugar de su disculpa de tramposo: “No me tocó la cara pero era de roja”.

Los árbitros son malos, y sin embargo los necesitamos. Aunque dice el diccionario que árbitro es la persona que puede hacer algo por sí sola sin dependencia de otro. Y eso le va que ni pintado al juez Baltasar Garzón, la última bestia negra de la derecha española. El tipo que persiguió a Pinochet antes de que se muriera para procesarlo por crímenes contra la humanidad. El que quiso repetir la operación contra Franco, treinta y tantos años después su muerte. El mismo que mandó a la cárcel a medio Ministerio del Interior del felipismo. Y los que entonces lo jalearon como a un campeón ahora lo tachan de juez socialista. Cuando el árbitro no pita lo que queremos es un manta o un tramposo. Aunque en las tramas de espías, pícaros y sastres en el entorno del PP hay algo más que indicios de culpabilidad por la meseta y levante.

Un verdadero árbitro imparcial, persona cuyo criterio tiene una autoridad incontestable, ha visitado Andalucía por cortesía de la Confederación de Empresarios, y entiendo que con el patrocinio de Unicaja. El premio Nobel de Economía Paul Krugman estuvo el sábado en Sevilla y nos dijo que hay crisis en España para cinco o siete años. Hoy se lo repetirá a Zapatero en La Moncloa. Según él, a nuestro país sólo le queda esperar que se produzca una recuperación europea. Vivíamos del auge inmobiliario y se ha pinchado la burbuja. Total, va a resultar que tenía razón Solbes, cuando dijo que no se podía hacer nada más. Krugman no se ha estudiado bien el caso español, con lo que sobre la suerte de Andalucía nada dijo. Pero apuntó otras cosas: que viene una era menos derrochona, en la que demostrar la honestidad será una exigencia. Y con otra estética, la ropa será menos colorida.

El Madrid, de blanco, ya está a tono.

Golpes bajos

Ignacio Martínez | 6 de marzo de 2009 a las 9:49

El presidente del Real Madrid es un interino. Boluda va a estar en el cargo unos meses, y es un recién llegado. Así que no extrañó su imprudencia al decir que iban a chorrear al Liverpool en la Champions. El resultado, 0-1, fue un ridículo de novato. Del Nido por el contrario es un veterano y ha conseguido varios títulos para el Sevilla como presidente. Me cuentan que casi siempre le han salido bien sus bravatas para meter presión al contrario. “Vamos a comernos el león desde la melena hasta el rabo”, dijo en vísperas de la semifinal. Ya saben cómo salió la excursión a Bilbao; 3-0. Otro ridículo. El Athletic dio el golpe en la Copa y se clasificó para la final. Los béticos hacen chistes al respecto. Circula un mensaje de móvil: “Urgente. Jiménez, cesado. Ángel Cristo, nuevo entrenador”.

Otro que ha dado el golpe ha sido Íñigo Urkullu, presidente también novato, pero éste del PNV. Partido que nada tiene de interino en el poder. Al contrario, es el sempiterno ocupante del puente de mando en el País Vasco. Tan identificados están los peneuvistas con el poder que acusan de golpista a quien ose desalojarles. Golpe es una palabra con más de cincuenta significados en el diccionario. Por ejemplo, las frases de Boluda y Del Nido pretendían ser ocurrencias graciosas y acabaron siendo infortunios. Pasaron de golpes de gracia a tiros de gracia. Tiros, no se me malinterprete, de Benayoun o Llorente.

Con el golpismo del que Urkullu acusa a los socialistas se insinúa un golpe de Estado ilegal. Una actuación por la que un grupo se apodera por la fuerza de un gobierno, desplazando a las autoridades existentes. Autoridades de derecho natural en la concepción nacionalista. Los ciudadanos vascos no sólo han votado el domingo el desalojo del poder del PNV. El de Ibarretxe, sí desde luego. Pero los vascos han votado opciones muy diversas, que si acudimos a las matemáticas, se resumen en dos. Que los partidos más votados formen gobierno. Es la fórmula favorita de los electores de PNV y PSOE. Pero al socialista Patxi López le salen las cuentas para salir elegido con los votos de los partidos nacionales. Y la tentación es echar del poder a quien lo ocupa desde hace 30 años.

Hay dos problemas para esta segunda alternativa: los partidos que tienen que aupar a López a la presidencia vasca, PP y UpyD, se llevan muy mal con los socialistas, lo que daría lugar a un gobierno precario o minoritario. Y además, el argumento de que después de 30 años “ya está bien”, se vuelve contra el PSOE en territorios como Andalucía para las próximas elecciones autonómicas. Golpe también significa robo, atraco. Urkullu se equivoca si pretende que la única opción legítima es la que representa su partido. Es un golpe bajo a la democracia, impropio de un partido veterano, con 114 años de historia. Y esos golpes no se perdonan ni en el fútbol.