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Periferia ferroviaria

Ignacio Martínez | 22 de octubre de 2011 a las 10:50

Andalucía no es más periférica que antes de que se anunciaran el pasado miércoles los corredores ferroviarios prioritarios de la Unión Europea para 2030. Pero tampoco es menos periférica. En Algeciras hay una gran satisfacción por lograr una doble conexión con Francia. Una por Madrid que era la preferida por los operadores del primer puerto español y los empresarios de la zona. Y otra por el litoral, que ofrece dudas. Ambas tienen un tramo común, de Algeciras a Antequera, de una sola vía por un terreno muy inestable.

El recorrido transversal andaluz, desde Algeciras y Sevilla hasta Antequera y desde Granada a Almería necesita un profundo remozado de las líneas existentes, pero además la modificación de las pendientes en muchos tramos, para que puedan circular trenes de mercancías competitivos. Y además de la electrificación y señalización, una doble vía. Sobre cómo afrontar esa modernización, el Ministerio de Fomento no ha dado explicación alguna hasta el momento. La doble salida es una ventaja teórica, que se puede ver en los mapas.

No está nada claro cual de los dos ejes, el Central o el Mediterráneo, va a tener prioridad en la financiación. Hay documentos de la Comisión Europea que se la dan a la línea Algeciras, Madrid, Zaragoza, Tarragona, y a la que va desde frontera francesa por el litoral catalán hasta Valencia, pero no más allá. El Ministerio guarda una calculada ambigüedad al respecto. El martes por la tarde, en Fomento hubo dos charlas explicativas para periodistas, una larga para los de levante, y una posterior para los demás. Si el mensaje era el mismo, ¿por qué dos exposiciones? El jueves en Sevilla el ministro Blanco no despejó esta incógnita, al mezclar los dos ejes, el Central y el Mediterráneo, y contarlos como si fueran uno solo. La versión de la prensa catalana es que la prioridad financiera será para el corredor Mediterráneo.

El ministro empezó el miércoles una esforzada turné por el territorio nacional para explicar, con discursos plagados de millones, los ejes ferroviarios que serán la base de las comunicaciones en España a mitad de siglo. Ataviado con una corbata en tonos azul y blanco, los colores de su Galicia natal, comenzó la jornada en Santiago de Compostela, siguió en Madrid, y después se desplazó a Zaragoza. Terminó la primera etapa en Barcelona, en donde brindó con cava con los jefes políticos de CiU, PP y PSOE, luciendo ya corbata de otro color; blaugrana, por cierto. A medio plazo, la verdadera partida estratégica que se juega en estas redes ferroviarias es qué puertos se convierten en la referencia para los grandes buques portacontenedores que hacen las rutas mundiales, y por dónde se hace la importación o exportación de mercancías para los mercados español y europeo.

A finales de los 60, Cataluña ganó décadas de progreso al resto de España con la construcción de autopistas de peaje con la garantía del Estado. Ahora estos ferrocarriles le dan una centralidad extraordinaria a todo el levante español. Tres de los cinco corredores presentados el miércoles, que costarán al erario público unos 50.000 millones de euros, tienen su origen o pasan por el puerto de Valencia, gran competidor de Algeciras, que ya es el puerto de Madrid y aspira a consolidar a los operadores asiáticos con base en sus instalaciones.

Si a estos operadores les convence más la nueva oferta de Algeciras y siguen los pasos del consorcio liderado por la coreana Hanjin, del que forman parte otras tres compañías china, japonesa y taiwanesa, entonces el anuncio de ayer habrá sido un éxito. En caso contrario, no. Incluso corremos el riesgo de que se repita medio siglo después la misma historia del adelanto estratégico. La idea de un corredor por todo el litoral mediterráneo, desde Cádiz hasta Barcelona, con toda la masa crítica que supone el 40% del PIB español, no es en absoluto mala. El lado peor es a quién beneficia primero y qué ventaja competitiva consigue. Por eso se salieron en abril del lobby Ferrmed, que ha promovido el corredor Mediterráneo, el Puerto de Algeciras, las industrias de la Bahía y la Cámara de Comercio del Campo de Gibraltar.

El jueves en Sevilla, el ministro ya había recuperado su corbata en tonos azul y blanco, cuando intervino en el Fórum Europa. Insistió en que su propuesta exige una inversión anual de 7.000 millones en estos ferrocarriles, de los 13.000 millones disponibles para infraestructuras. Las inversiones en obras públicas han pasado del 1,9% del PIB de la época de la abundancia a un 1,3%.

Es claro que el próximo Gobierno tendrá mucho que decir para consolidar estos mapas que deja en herencia el ministro Blanco o proponer alternativas. De los 50.000 millones que cuesta este plan, en Andalucía se gastarán algo más de 8.000, un 16% del total nacional. La cuota de Andalucía en la población española es del 17,9%, y en el territorio nacional, de 17,3%. Y la participación regional en el PIB españoles es ahora del 13,5% y estuvo en el 13,8% entre 2005 y 2007. El porcentaje de inversión está en un punto intermedio. El riesgo de las inversiones en infraestructuras es que se hacen en donde está la población y el desarrollo. Y acaban generando más desarrollo donde ya lo había.

Sorprende que en el debate previo a esta decisión nadie haya reivindicado el estudio que presentó el presidente Chaves en vísperas de las elecciones de 2000, para una línea nueva entre Algeciras y Puerto Real. El estudio en cuestión tiene unos diez tomos de papel; no se puede decir que esté guardado en un cajón, porque haría falta una biblioteca. Esa línea costaba entre 600 y 630 millones.

Un estudio es lo que han reclamado en las últimas semanas los alcaldes de Almería, El Ejido, Motril, Almuñécar y Málaga, para saber cómo se podría hacer un ferrocarril por el litoral andaluz, de Almería a Algeciras (o hasta Cádiz), y cuánto costaría. En la prensa catalana del jueves, satisfecha por lo conseguido para su territorio, se podía leer que no sería rentable, para dar toda previsión por inútil. Sin embargo, el ministro dijo el 16 de marzo en Barcelona que un Almería-Algeciras por la costa supondría una inversión de 11.700 millones, a razón, según cálculos propios, de 33,5 millones el kilómetro.

El PP está empeñado en este proyecto, así que en pocas semanas su presidente regional, Javier Arenas, tendrá la oportunidad de ofrecer a las localidades concernidas una satisfacción. Blanco aludió ayer de manera inequívoca al cambio de gobierno que se avecina: le recomendó prudencia a sus adversarios para evitar que una tentación demagógica o populista en este momento les obligue en exceso cuando lleguen al poder.

En todo caso, encargar un estudio para saber a qué atenerse no parece una insensatez. El presidente Griñán hizo el jueves en la presentación de Blanco un canto a la Andalucía del interior, que se puede interpretar como un aplauso al trayecto transversal desde Sevilla a Almería por Antequera. Falta por ver si hay planes precisos para que este recorrido sea fiable y competitivo en todos sus tramos.

Hasta entonces cabe pensar que a Andalucía no le ha tocado el premio gordo en el reparto indicativo del miércoles. Con estos planes no será más periférica, pero tampoco menos. En absoluto.

Ética y estética

Ignacio Martínez | 25 de abril de 2011 a las 9:33

El número dos del PSOE, José Blanco, anda implicado a fondo en la campaña electoral. Por ejemplo, ha acusado a Rajoy de cobarde por permitir que otros dirigentes del PP utilicen el terrorismo como arma electoral contra el Gobierno, mientras él evita interpelar al presidente Zapatero sobre ese asunto. La precampaña consume más madera que la máquina de tren de los Hermanos Marx. Pero no todo es enfrentamiento entre socialistas y populares. Blanco deslizó ayer en una entrevista en El País una frase lapidaria en clave interna, que pone en cuestión al presidente del PSOE, vicepresidente del Gobierno y ex presidente andaluz Manuel Chaves. Dice Blanco que habría tratado de evitar que un hijo suyo trabajara de comisionista para empresas que tuvieran relación con el Ministerio de Fomento, del que es titular. Y subraya que no lo dejaría.

Ante la insistencia del periodista, sobre si recomendaría a Chaves que le dijera a su hijo que no se dedicara a lo que se dedica, Blanco dice que es una actividad absolutamente digna, siempre y cuando no utilice la influencia de su padre para poder hacer su trabajo. A modo de compensación, añade que “el hijo de Chaves no ha utilizado a su padre”, pero la conclusión se contradice la premisa. El problema de Iván Chaves no es su profesión, ni la solvencia de sus consejos empresariales; la cuestión es de tiempo y lugar. Si hubiese ejercido de intermediario en Minesota, por poner un ejemplo, seguro que no habría encontrado ningún reproche. Y si hubiera actuado en una Andalucía gobernada por otro partido, no habría llamado la atención.

Un consejero (o consejera) de la Junta durante la presidencia de Chaves me explicaba hace unas semanas que había recibido a Iván y a unos señores a los que acompañaba, “porque recibía a todo el mundo”. Estoy en desacuerdo. Los consejeros no reciben a todo el que quiere verlos. Supongo que algunos peticionarios no son recibidos por nadie, otros se reúnen con algún alto funcionario, director general, viceconsejero o secretario general. Y algunos son recibidos en persona por el consejero, cuyo tiempo será escaso y sus obligaciones abundantes.

Iván no ha actuado de intermediario en Minesota, sino en la Andalucía gobernada por su padre. Es bien posible que su actividad sea impecable desde el punto de vista legal. De ahí que la petición del vicepresidente no se pueda cumplir: es improbable que nadie vaya a ir a los tribunales para ponerle una querella por tráfico de influencias. Pero desde otros ángulos, éticos y estéticos, podría haber hecho algo. Chaves ha llegado a decir que su hijo es mayor de edad y que él no podía pedirle que dejara de trabajar en lo que hacía. Creo que se equivoca. No sólo podía, sino que debía haberlo hecho. Es lo que Blanco ha dejado claro ayer en las páginas de un diario amigo.

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Juego de pícaros

Ignacio Martínez | 7 de marzo de 2011 a las 14:17

Puse ayer la televisión y salió Arenas diciendo que el PSOE sólo miente, insulta y prohíbe. Triste papel de secundario agresivo el de este hombre lanzado hacia la Presidencia de la Junta, que debería desde hace tiempo interpretar el rol de líder que entusiasma con sus propuestas. Pero muy poco sabemos de sus planes. Él sigue con el juego duro contra el socialismo en el poder. Después salió Blanco y nos contó que si el PP hubiera tenido una propuesta por cada insulto que dedica a Zapatero y hubiera tenido una idea por cada mentira que dice, tendría un gran programa electoral. Más juego sucio. Precampaña de miserias a dos meses y medio de unas municipales que presagian el hundimiento de la nave socialista.

Las dos estrategias de comunicación parecen diseñada por la misma agencia. Los representantes de la inmensa mayoría del pueblo español nos dicen que el otro miente e insulta. ¿Por qué no escandaliza que la basura sea el combustible principal de los mensajes de fin de semana? Quizá porque el pueblo español en materia de moralidad pública no es muy exigente. La Confederación Española de Cajas de Ahorros acaba de establecer que un 17% de la economía española escapa al control de Hacienda, lo que supone una merma en la recaudación fiscal de más de 30.000 millones de euros al año. Este porcentaje de economía sumergida se parece al 20% denunciado por el sindicato de técnicos de Hacienda. O sea, que uno de cada cinco o seis euros no tributa. Y ahí estamos todos concernidos.

Esto significa que hay gente que escritura su casa por menos de lo que realmente le cuesta. Que paga a su fontanero o a su dentista sin factura. Que hay empresarios que llevan una contabilidad paralela. Que hay trabajadores que trabajan en negro, mientras cobran el paro. Que hay propietarios que hacen obras estructurales en su vivienda y piden una simple licencia de obra menor; y luego liquidan al contratista sin IVA. Que hay consumidores que prefieren bajarse una película o un disco gratis total desde internet. Que hay declaraciones de la renta con más mentiras que las de populares y socialistas juntos. Y esto no es culpa de la clase política, que tanto nos preocupa en las encuestas. Esto es la médula espinal del pueblo soberano. Y si nos falta sentido de la responsabilidad en origen, ¿por qué se lo habríamos de exigir a los políticos?

Una amiga danesa me sorprendió un día con un tesoro que tenía en su archivo: las declaraciones fiscales de su abuelo. Mientras aquí presumimos de lo listos que somos de engañar al fisco, en Dinamarca guardan las contribuciones antiguas como si fuesen títulos de propiedad de su país. Y allí el que menos paga de IRPF supera la barrera del 40%. Ese es el secreto de la impunidad del vergonzoso espectáculo de todos los fines de semana, con el “y tú, más”. Los políticos saben que, en el fondo, no nos escandaliza. Pretenden ponerse a nuestra altura, los muy pícaros. Pero se equivocan: tendrían que dar ejemplo.

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La liebre eléctrica

Ignacio Martínez | 18 de diciembre de 2010 a las 14:38

El presidente del Congreso, José Bono, es un maestro prestidigitador. Un enorme orador, con pinta de no haber roto un plato, camuflado detrás de una retórica eclesial en las formas y perversa en el fondo. El miércoles protagonizó el mejor discurso de la cena anual de los periodistas parlamentarios en Madrid. La noche, en contra de la tradición de este tipo de citas, fue bastante sosa. No está nuestra profesión para fiestas. Después del sistema financiero y del sector inmobiliario, se trata probablemente del negocio más deteriorado por la crisis. Pero, en todo caso, los premios de los cronistas parlamentarios consiguieron un lleno en los salones del Hotel Palace, en donde sólo se echó de menos al ex ministro Acebes, premiado por su arte en no dejarse ver por el Congreso, y el líder Rajoy a quien se distinguió como castigo de la prensa, imagino que por su desmedida afición a la declaración institucional sin preguntas.

En los discursos hubo desenfado y buen humor, por parte de Soraya Sáenz de Santamaría, parlamentaria más activa, y la vicepresidenta Salgado, premiada en el capítulo de mejor relación con la prensa. Xosé Manuel Bouza, del Bloque gallego, estuvo particularmente simpático al explicar que se merecía su premio de senador revelación. Y Rubalcaba, mejor orador del año, estuvo muy discreto. Quizá porque fue el protagonista estelar de todos los vídeos, bromas y citas.

Y en esto llegó Bono. Elogió con generosidad a Llamazares, para después darle un golpe bajo al nuevo líder de Izquierda Unida, allí presente: “Esto no lo diría yo de Cayo Lara”. Y después de deambular por unos sitios y otros, acabó centrando su discurso en el hombre del año: Rubalcaba. Recordó que en el congreso extraordinario que eligió secretario general del PSOE a Zapatero, el actual vicepresidente votó a Bono. O sea, a él. Y contó cómo a la salida de aquella votación le dijo a uno, muy conocido, que había votado como él, “hemos perdido” y el otro le contestó: “Habrás perdido tú”. El otro, tan conocido, está hoy de ministro, añadió el perverso y brillante orador. Podía haber agregado que ha sido presidente de una gran autonomía en el sur de España, pero eso no lo dijo él, sino que lo pensamos todos.

Y, finalmente, habló del tema tabú. La sucesión. Explicó que el ministro José Blanco había dicho que Rubalcaba es una liebre falsa, a una serie de periodistas a los que citó por su nombre y apellidos, para mosqueo de los interesados, por la ausencia de confidencialidad sobre las fuentes. Y añadió que en realidad el vicepresidente primero es una liebre eléctrica, de las que hacen correr en a los perros y a otras liebres. Sin cansarse. Y que era el mejor político que había conocido de la A a la X. La cotización de la liebre cántabra subió muchos enteros, al final de la velada, en el mercado de futuros. Pero no se engañen, el primero que no se autoexcluye es el propio Bono. Y el segundo que tampoco se ve mal es Blanco, sin ir más lejos.

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Ha nacido en la estrella

Ignacio Martínez | 4 de octubre de 2010 a las 11:28

Se torció la lógica y ganó Tomás Gómez. En el inconsciente colectivo nos gusta que el débil le gane al fuerte, como en las hazañas bíblicas y como en las películas. Sin embargo, en la vida real estadísticamente casi siempre gana Goliat. Esta pauta no le ha valido a Trinidad Jiménez, una buena ministra de Sanidad, apoyada en las primarias de Madrid por los elefantes de más peso del Partido Socialista: Zapatero, Blanco, Rubalcaba, Chaves. La victoria del más débil le añade épica al resultado y supone una derrota de Zapatero, empeñado en la candidatura de Jiménez. El liderazgo y la reputación del presidente en el interior de su partido sufren un descalabro.

La asechanza de Rubalcaba contra Gómez, de que era el candidato de la derecha, la convirtió en realidad la prensa más reaccionaria, que ha jaleado tanto al secretario general de la FSM, que quizá ha proporcionado más votos a Jiménez de los que ella misma ha conseguido repitiendo que era la mejor. Ahora esos medios, además de regodearse con el traspié de Zapatero, se tendrán que cuidar de Gómez, que emerge como un candidato potente a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Ha nacido una estrella, la del hombre que dijo que no a Zapatero y le derrotó.

Sin embargo, a esta pugna le han faltado debates para saber qué pensaban los contendientes de los problemas de la vida real. Los debates fueron uno de los alicientes de las primarias americanas para la nominación demócrata hace dos años. Si alguien piensa que ha sido dura la campaña de Madrid, les recuerdo que en 2008 Hillary Clinton decía que Obama era demasiado vulnerable frente a McCain, de la misma manera que ahora Jiménez ha dicho que Gómez era demasiado vulnerable contra Esperanza Aguirre. Esto es lo que hay: la política no es oficio para hermanitas de la caridad. En el caso americano, los filisteos Clinton perdieron contra David Obama. Y hay precedentes más cercanos en la distancia; Bono perdió contra Zapatero y Almunia contra Borrell.

La lógica dice que el fuerte se impone. Sarkozy se ha merendado la pretensión de Viviane Reding de expedientar a Francia por la expulsión masiva de gitanos rumanos. La comisaria luxemburguesa es doblemente débil: representa a un pequeño país y a una Comisión encabezada por un peso pluma. Y el presidente de la República francesa ha aplicado la ley del más fuerte, para conseguir que todos sus colegas riñeran a la comisaria, y después obligar a la Comisión a tragarse su deseo de corregir a uno de los dos grandes colosos de la UE.

Clinton, en uno de sus debates con el entonces senador de Illinois, acusó a Obama de ser simplemente una cara bonita y un fantástico orador, pero poco más. Jiménez se ha ahorrado estos piropos hacia Gómez y los riesgos de los debates; no ha querido tenerlos y a lo mejor ahora lo lamenta. Obama demostró que no era sólo una cara bonita y Gómez ha iniciado el camino. A lo mejor, Aguirre no lo va a tener fácil en mayo.

No es lo que parece

Ignacio Martínez | 25 de septiembre de 2010 a las 9:56

La mayor parte de los actos públicos, incluidas las cumbres mundiales, son ceremonias de cara a la galería. Se elige un marco incomparable, se preparan chistes que decir a los fotógrafos en la foto de familia y el guión ha sido cuidadosamente preparado por unos esforzados sherpas, así llamados literalmente en la jerga de la diplomacia internacional. Estos sherpas ayudan a sus jefes a llegar a la cumbre. Generalmente sin esfuerzo, porque todo está pactado de antemano. Y cuando no es así, como en la cumbre del clima de Copenhague, nada se resuelve.

La reunión del martes en la sede de Naciones Unidas de Zapatero con el rey Mohamed VI de Marruecos corresponde al modelo clásico. Nada es lo que parece. No están en una sala, sino en un pasillo, en el que han puesto mamparas a los lados. No recibe el presidente, sino el rey, que es jefe de Estado y por eso sólo está su bandera; pero Zapatero sale a recibirlo, porque llegó antes a la cita, como corresponde por su menor rango protocolario. Y no tienen nada que decirse, sino acabar con unas sonrisas con las desavenencias de este verano. Nada más. Salvo un desliz del presidente, que le dijo al monarca “lo más importante es la foto”. Eso sí que es lo que parece.

La brava comisaria Vivien Reding, manteada por los líderes de la UE la semana pasada en una cumbre en Bruselas, ha comparecido en el Parlamento Europeo muy entera. Tan segura de sí, que ha insinuado que detrás de los ataques había machismo. “Si un hombre en política da un puñetazo en la mesa es considerado varonil, se defiende; cuando lo da una mujer, es una histérica”, dijo. Discrepo. Margaret Thatcher dio muchos puñetazos en la mesa durante los once años y medio que fue primera ministra, hizo la guerra de las Malvinas, se llevó por delante a los sindicatos del carbón, combatió al IRA en todos los terrenos… Y nadie llamó histérica a la dama de hierro. Probablemente Reding ha sido golpeada por ser miembro de una débil Comisión Europea o de un país pequeño, antes que por ser mujer.

Y aquí hay un caso de manteo nacional con un periodista extranjero. Mi colega y amigo Leo Wieland, corresponsal en Madrid del Frankfurter Allgemeine Zeitung, el más influyente diario alemán, escribió el domingo una crónica en tono desenfadado e irónico sobre la clase política española. No dejaba títere con cabeza. Pero lo que ha trascendido es que se trataba de un reportaje machista contra las ministras. Lo parece el título: las muñequitas de moda de Zapatero. Wieland, corresponsal durante muchos años en Moscú y Washington, es un periodista de primer nivel. Y dedica a Zapatero, Rajoy, Camps, Blanco, Duran Lleida o Anasagasti tal cantidad de sarcasmos hirientes, que se hace difícil aceptar que hizo un texto misógino. Eso sí, el lenguaje es duro y alejado de lo políticamente correcto. A veces, la pasión nos impide ver que las cosas no son lo que parecen.

Previo pago de su importe

Ignacio Martínez | 12 de septiembre de 2010 a las 14:00

A ver. ¿Creen que Terry Jones está loco? No sé si está cuerdo, pero el reverendo Jones es además muy listo. Ahora podrá vender libros a grandes editoriales por millones de dólares. Y aparecer, previo pago de su importe, en grandes espectáculos de la televisión mundial. Ya ha empezado. Ayer ya salió en el show Today de la NBC, en donde explicó que había suspendido la quema de coranes porque Dios le estaba diciendo que parara. Verán como incluso lo intentan traer a nuestras norias y a nuestros sálvame. Y vendrá cobrando, la criatura.

Como cobrando lleva años yendo a los programas de la televisión basura española la banda de pícaros que expolió Marbella durante quince años. Julián Muñoz, previo pago de su importe, cuenta en la televisión lo que haga falta, sobre Pantoja, Zaldívar o el lucero del alba. Lo dice todo, menos afrontar sus responsabilidades.

¿Creen, por ejemplo, que Aznar dio gratis su conferencia en el congreso judío mundial de Jerusalén la semana pasada? ¿Se acuerdan?, un discurso en el que acusaba a Obama de abrazar a los enemigos de los Estados Unidos y criticaba su afán por establecer una nueva relación con el mundo musulmán. No, esas intervenciones se hacen previo pago de su importe. Poderoso caballero es don dinero. Ése fue el argumento de Álvarez Cascos para justificar la espiral de precios de las viviendas cuando estaba en el Gobierno: los pisos suben porque los españoles pueden pagarlos.

Pasa lo mismo con las encuestas. Un amigo mío encargó siendo director de Informativos de Telemadrid una encuesta para ver quién ganaría las elecciones en la Comunidad de Madrid en 1991. Salió que el presidente Leguina las perdería. Mi amigo se ganó muchos reproches. Leguina, que es estadístico, decía que las encuestas las carga el diablo. Lo diabólico es que si quién las paga es persona interesada le salen a pedir de boca. Cuando un partido encarga una encuesta, previo pago de su importe, sale mucho mejor parado que si lo hace su rival. Por eso Tomás Gómez queda mal en el sondeo contratado por su enemigo mortal y compañero del partido José Blanco. La encuesta de Leguina, sin embargo, como mi amigo no tenía ningún interés especial, resultó acertada: perdió las elecciones de 1991.

Locos no sé si hay muchos, pero listos hay todavía más. Ya ven.

Impuestos

Ignacio Martínez | 21 de agosto de 2010 a las 13:18

José Blanco quiere llevar la tasa de impuestos en España a la media europea. O sea, al 39,3% del PIB, seis puntos por encima del porcentaje nacional en la actualidad. Loable. España está en el furgón de cola de la Europa de los 15 en el pago de impuestos con un 33,1% del PIB, sólo por delante de Grecia e Irlanda, y por detrás de Portugal. Esa presión fiscal es un 50% menor que la danesa, por poner el ejemplo del líder europeo en la materia. La propuesta de Blanco incluye una advertencia: si queremos servicios de calidad hay que pagarlos. De acuerdo. Pero antes hay que definir los servicios imprescindibles de calidad que queremos. Si son sanidad, educación, atención social, desempleo y pensiones, estaríamos de acuerdo. Pero si se trata de que todas las capitales de España estén conectadas por AVE, o que todas las comunidades autónomas tengan una televisión autonómica que cuesta decenas de miles de millones de pesetas sólo en nóminas, entonces entraríamos en el terreno de lo discutible. Además, el sindicato de técnicos de Hacienda en su informe anual sobre economía sumergida estableció que en 2009 hubo 250.000 millones de euros que escaparon al control de Hacienda y habrían generado unos impuestos de 35.000 millones de euros. Si uno de cada cinco euros de la economía española se convierte en dinero negro, entonces más que seguir presionando a las clases medias que cobran por nómina habría que mejorar sensiblemente la inspección fiscal en España. Desde el dentista al fontanero, aquí se escapa de Hacienda todo el que quiere. Cameron quiere establecer en el Reino Unido un sistema de delación premiado. Pero será difícil implantar un sistema parecido en un país de pillos como España en donde se presumen con los amigos de las trampas que se le hacen al Fisco. En Dinamarca hasta los amigos y familiares denunciarían al infractor, aquí le mirarían con la misma admiración que generó el Dioni cuando asaltó el furgón blindado. No está mal que Blanco nos recuerde que pagamos pocos impuestos. Pero tampoco estaría mal que el señor ministro repare en que los servicios en España están lejos de las prestaciones de los países nórdicos. Y la ética ciudadana, a años luz.

Diputaciones: patada a seguir

Ignacio Martínez | 13 de junio de 2010 a las 12:25

José Blanco, número dos del PSOE y ministro de Fomento, no para de sorprender a la afición. Se le quiso poner la etiqueta de tonto y ha resultado listo y largo. Así hemos pasado de Pepiño a don José; la víctima ha acabado beneficiada por la campaña de desprestigio, al hacer la comparación entre la caricatura y la realidad. Ya ha habido otros casos en la política española similares, como el del ministro de Exteriores Fernando Morán, un hombre culto aunque de humor variable, al que se le pretendieron adjudicar todos los chistes de tontos que había en la tradición popular. Fue un buen jefe de la diplomacia española, que lideró la fase final de las negociaciones para la entrada de España en la Comunidad Europea, hace justo 25 años. Tuvo un inconveniente histórico: que lo sustituyera Francisco Fernández Ordóñez, el mejor ministro de Exteriores de la democracia. Y su referencia se empequeñeció.

Blanco consiguió la semana pasada reunirse con un centenar de empresarios de la construcción para darles malas noticias, como el retraso o la suspensión de muchas obras públicas importantes. Y, sin embargo, a la salida todo el mundo comentaba lo bien que había estado el ministro. Lo que demuestra que cuando uno es serio y cuenta las cosas como son, aunque el contenido no sean grato, el interlocutor lo agradece. Sobre todo porque tocar la tierra con los pies siempre da seguridad. Blanco, desde que la crisis se llevó por delante la popularidad y la sonrisa del presidente del Gobierno, no ha dudado siquiera en ir a programas rosas de la televisión, buscando audiencias masivas, para tratar de trasladar confianza a los ciudadanos.

Y como él también ha cogido confianza, se atreve a decir en público lo que mucha gente reconoce en privado sobre la reforma institucional que necesita el país. Y ha soltado una patada a seguir al balón de las diputaciones: se ha preguntado en voz alta si sirven para algo en la España de las autonomías. Algunos llevamos años proclamando que los gobiernos regionales han solapado la función de las diputaciones. He oído de sus labios a Joaquín Almunia que llegó a plantear su desaparición a la ejecutiva del PSOE cuando era el secretario general. Pero hasta ahora nadie lo había dicho en público. Las diputaciones de España cuestan 23.500 millones de euros al año y las ocho andaluzas 2.000 millones. Ya ven que hay muchos millones de razones para seguir este debate.

Crisis planetaria

Ignacio Martínez | 5 de junio de 2010 a las 8:58

Ha dicho Leire Pajín que tenemos una crisis económica, pero no política. Esta joven no podría ganarse la vida como pitonisa en el Oráculo de Delfos. Ya aventuró el acontecimiento planetario de los dos liderazgos progresistas a ambos lados del Atlántico, y no sólo ha sido una pifia la Presidencia española de la UE de Zapatero, sino que Obama vive sus peores momentos en la Casa Blanca, debilitado por los acontecimientos, a merced de la BP, Netanyahu o Corea del Norte. Hay quien le compara ya con Carter. Total, que Pajín, se pone otra vez el uniforme de pitonisa y se lanza: no hay crisis política. Disiento. La hay en su partido, en el PP, en toda Europa y en el resto del mundo. Ella misma, con su particular gracejo, la podría haber calificado como crisis planetaria.

El PSOE es un hervidero de rumores, contactos, inquietud. Se busca sustituto. De la vieja guardia como Solana o Rubalcaba; de la nueva vía, como Blanco o Chacón, de la periferia como el extremeño Fernández Vara. Algunos destacados militantes del PP no ocultan su desapego de Rajoy, que desde el anuncio del ajuste ha hecho declaraciones más propias de una barra de bar que de un estadista. Mientras, el país ve atónito como se hunde la Bolsa, porque Hungría, que sólo representa el 0,8% del PIB de la UE, ha anunciado que el anterior Gobierno, como en Grecia, falseó sus cuentas públicas. Estamos pasando de la desconfianza al pánico y no aparece en el horizonte nadie que inspire seguridad.

Otras políticas son posibles. En el pleno de mayo del Parlamento Europeo, el líder ecologista francés Daniel Cohn Bendit dijo que lo que le estamos pidiendo a Papandreu es imposible de lograr. Se preguntó cuánto tiempo necesitarían Francia o Alemania para reformar su sistema de pensiones, ¡y se le está pidiendo a Grecia que lo cambie en tres meses! En el mismo pleno, el líder liberal belga Guy Verhostaff propuso la creación de un Fondo Monetario Europeo, que actúe como fondo de inversión y solidaridad y frene la especulación.

Cohn Bendit apunta una audaz iniciativa política: el desarme entre Grecia y Turquía. Para que los turcos se retiren del norte de Chipre. El líder verde ofreció unos datos espectaculares de venta de armas a Grecia, que con once millones de habitantes tiene un ejército de 100.000 soldados. En los últimos meses, Francia ha vendido seis fragatas a los griegos por 2.500 millones de euros. Helicópteros por 400 millones. Varios aviones de combate Rafale a 100 millones la unidad. Una factura de más de más de 3.000 millones. Y Alemania le ha vendido seis submarinos por otros 1.000 millones. ¡Les prestamos dinero para que nos comporen armas! Recortar de aquí es más eficaz que bajar sueldos de menos de mil euros, sostiene Dani el Rojo. Estas cosas se podrían afrontar si sólo hubiese una crisis económica. Pero la crisis política planetaria no deja espacio para la imaginación.