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Motos en Jerez

Ignacio Martínez | 2 de mayo de 2009 a las 15:30

Las motos de Jerez no son sólo las de el Campeonato del Mundo, las de Lorenzo, Rossi y Pedrosa, sino  cientos, miles de motos que inundan Jerez, Sanlúcar, El Puerto, Chipiona o Rota, conducidas por gente educada -a pesar de la leyenda- que llevan BMW, Kawasakis, Hondas, Harley-Davidson, etcétera. Los hoteles, apartamentos, bares, restaurantes están llenos a rebosar, como en agosto. Un gran negocio turístico para la zona. Muy bien empleados los 5 millones de euros que paga de tasa la Consejería de Turismo y Deporte. Y además, queda mañana el impacto de la retransmisión de televisión a todo el mundo. Buen negocio y una buena noticia, para variar.

‘Gigolós’

Ignacio Martínez | 11 de marzo de 2009 a las 12:39

”Sgarbi,

 

A un tipo suizo, de apellido Sgarbi, le han condenado a seis años de prisión por chantejear a unas señoras millonarias con las que primero se mostraba muy atento, después escuchaba con mucho interés y finalmente seducía. No lo hacía solo; un cómplice grababa los encuentros amorosos. Ese material sirvió para sacarle al menos a cuatro víctimas conocidas más de 1.500 millones de pesetas. La avaricia acabó con su negocio, aunque Sgarbi, en el momento de condenarle un tribunal de Munich, no sólo no parecía desolado, sino que mostraba el semblante de un ganador en una costeada partida de póker.

Extorsionó a Susanne Quandt, una de las herederas del imperio BMW, que tiene una fortuna valorada en 1,3 billones de pesetas, con perdón por las referencias a la antigua moneda española. Primero le pidió un préstamo de 10 millones de euros con la excusa de librarse de la cárcel, porque había atropellado a un niño en Estados Unidos y lo había dejado paralítico. Más tarde le pidió 50 millones, a cambio del DVD de los amoríos. Y la chantajeada prefirió el escarnio al abuso.

Qué le vieron las perjudicadas a este sujeto de 44 años, es difícil de explicar con la foto por delante. Sgarbi no es un guaperas, pero es evidente que cumple con el cliché del gigoló: vive de las mujeres. Las agencias cuentan que no podrá acortar la condena de seis años de cárcel. Pero las penas con pan son menos; el tipo no ha dicho dónde tiene los vídeos, ni el dinero que robó. Se lo imaginan en España. O, por ser más concreto, en Marbella. Se haría rico con el sistema privado de televisión basura. Iría de plató en plató, contaría detalles, le pagarían su peso en oro, sería un héroe popular. Delincuentes como un ex alcalde de esa ciudad lo han hecho sin apuro alguno. Aunque un tal Muñoz que fue novio de una tonadillera y viuda famosa no se sabe bien si extorsionó a la interesada. A la que sí extrosionó fue a la propia ciudad de Marbella. Hay condenas de todo tipo que así lo demuestran.

La sonrisa de Sgarbi, en todo caso, insinúa segundas partes obscenas: libro de memorias o película sobre su vida, si no decide optar por la discreción y vivir de las rentas. Aunque en este campo debería ser moderado en el gastar. El Dioni se fundió 125 millones de pesetas en Brasil en unos meses, tras el atraco a su furgón blindado. Aunque, eso sí, puede darle clases a Sgarbi de cómo sacarle partido a la pillería. Hizo programas de televisión, grabó discos, montó una cadena de bares y hasta tuvo una canción de Sabina. Eso de que el criminal nunca gana era el bonito título de un serial de la radio española de la postguerra. Pero en este país de Rinconetes y Correas hay una cierta fascinación con el tunante. Al suizo convicto le traicionaba su porte y también su nombre; sgarbo en italiano es grosería. Justo lo contrario que sus delicadas maneras con las damas. El Dioni o Muñoz engañaban menos. En concreto, el alcalde gilista ha sido un gigoló de libro: vivía de Marbella. Y a todo plan.