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Córdoba, el mejor patrimonio andaluz

Ignacio Martínez | 10 de diciembre de 2012 a las 9:06

Los patios de Córdoba ya eran patrimonio material de la humanidad desde hace siglos. Sin título oficial. Una doble tradición romana y árabe, que Andalucía exportó a Latinoamérica. Pero ha sido ahora cuando la Unesco ha hecho inmaterial esa realidad física. La decisión se entiende que distingue la festividad de los patios, su colorido, su ambiente, tanto de los corrales antiguos, alguno de los cuales sigue existiendo en la Ajerquía, como de las casas señoriales de la villa, en donde el verde predomina sobre las flores.
Los patios son uno de los muchos atractivos turísticos de esta ciudad del interior, que aún no ha sido descubierta por los propios andaluces. Sevilla, Granada o Ronda están por delante en las preferencias de los turistas domésticos. Y Córdoba no desmerece en absoluto, ni su gente, ni su paisaje, ni su gastronomía. Así que estos títulos, que tienen mucha resonancia y escaso rendimiento, bienvenidos sean para poner el foco en una de las más viejas, bellas y cultas ciudades de Europa.
Los patios también han sido escenario festivo de las cruces de mayo, cuya gracia se perdió en algunos lugares apartados de la tradición para convertirse en negocios efímeros, sin las músicas y el empaque de antaño. Pero la modernidad también ha hecho su aportación feliz. En octubre de 2009, dentro de las actividades para la candidatura a la Capitalidad Cultural europea de 2016, se realizó un happening en los patios. Lo más clásico de Córdoba, en el inconsciente colectivo, fue el soporte para las instalaciones para 16 artistas contemporáneos, con el lema de El patio de mi casa.
Tortugas, caracoles, plastilina, pinzas de la ropa con mensajes, maquetas, fuentes, jardines colgantes, y hasta la giganta Alicia de Córdoba dieron un aire completamente nuevo a los patios cordobeses. Una idea que también se exportó: un año más tarde se realizó una acción similar de arte contemporáneo en Quito. Esta decisión de la Unesco representa en cierta manera un desagravio por el desplante que una organización internacional le hizo en junio del año pasado a Córdoba, al preferir la Unión Europea a San Sebastián como capital cultural para 2016. Bueno, la UE es un decir: hay que recordar que el Gobierno socialista español había designado a seis de los trece jurados.
Aquella derrota todavía tiene otras facturas pendientes. El presidente de la Junta mostró entonces su firme voluntad “de hacer de Córdoba la capital andaluza de la cultura, con una oferta competitiva y de calidad que sirva para darle la proyección mundial que se merece”. Asunto del que nunca más se supo. Igual que pasó con Granada, que disputó en los 80 la capitalidad cultural de 1992 a Madrid y tras la derrota recibió por parte del Gobierno de Borbolla el mismo título honorífico de capital cultural de Andalucía. Dejémoslo en empate. Las dos son parte esencial del mejor patrimonio regional.

Presidentes intrusos

Ignacio Martínez | 3 de diciembre de 2012 a las 11:00

Los ex presidentes tienen un encanto especial. Quizá Aznar sea la excepción que confirma la regla. Por impostura: dice que sufre en silencio por España. Lo que es incierto. No por el sufrimiento, sino por su silencio, tan sonoro. Pregona su disgusto en todos los periódicos y en todas las televisiones sin reserva alguna. Es un asunto de negocios, tiene que vender sus memorias. El ex que menos se prodiga es Zapatero. Ayer, en el homenaje de su partido a Felipe González por el 30 aniversario de su primer gobierno, más Bambi que nunca, pidió a los socialistas lealtad, unidad y afectos. Enternecedor.
Podría darse una vuelta por Andalucía y oír cómo un joven sin autoridad, ni mérito conocido que no sea la intriga orgánica, compara con el tránsfuga Tamayo al alcalde más importante del PSOE en la región. Ni afecto, ni respeto. Ni nadie que llame la atención al neófito por su ligereza. Zapatero con su declaración se convierte en un intruso para los suyos. De hecho, el encanto de los ex presidentes no lleva aparejado que los actuales aparatos de sus partidos les hagan caso.

El propio Felipe González reclamó ayer a la organización que lideró durante más de dos décadas que recupere su vocación mayoritaria, o sea que gire a su derecha, que mire a la sociedad sin sectarismo y que promueva un cambio electoral para que haya listas abiertas. Otro intruso, que pone el dedo en la llaga de uno de los problemas internos de las fuerzas políticas. El ex presidente pretende que las peleas en los partidos no sean por el puesto que se ocupa en las listas. Y a éste no se le puede tildar de cándido.
Hay otros dirigentes políticos que aun estando en activo ocupan plaza de intruso en sus organizaciones. Por ejemplo, Duran Lleida en CiU. El presidente de Unión Democrática de Cataluña reconoció a su consejo nacional el sábado que había sido un error de la campaña electoral de la coalición primar la opción soberanista por encima de la crisis económica y la grave situación social. Duran está convencido de que la estrategia de la federación había dejado huérfanos a centenares de miles de catalanistas que no son independentistas.

De los ex presidentes de la Junta de Andalucía el más atrevido en los últimos tiempos es Rodríguez de la Borbolla, que mañana protagoniza un acto público en Sevilla en recuerdo de otro aniversario destacado: 35 años de la manifestación del 4 de diciembre de 1977 para exigir la autonomía para Andalucía. En la actualidad Borbolla echa de menos un liderazgo político en la región y explica que consiste en conseguir consensos más allá de las mayorías. Para ejercer un liderazgo real hay que tener consistencia personal e idea de a dónde se va, sostiene el ex presidente. Puede el lector adjudicarle destinatario a la frase. Es lo que se llama fuego amigo. Intruso. Aunque no estoy seguro de que Zapatero se refiriese a esto con lo del afecto.

Un presidente con dedicación exclusiva

Ignacio Martínez | 24 de septiembre de 2012 a las 10:15

La prensa dominical deja sobre mi mesa algunas ideas cruzadas. Ayer en este periódico el expresidente Borbolla en una entrevista de Fede Durán decía muchas cosas sobre la espiral catalana y la ausencia de reacción andaluza. Por ejemplo que la Constitución no se puede reformar si no están de acuerdo Cataluña y Andalucía. Que Andalucía no puede avalar una reforma acometida mediante subterfugios como el pacto fiscal, que va en contra de la igualdad de los ciudadanos en todo el Estado. Que echa en falta una actitud más proactiva tanto del Gobierno andaluz como del PSOE regional. Que desde Andalucía hay que ser protagonistas en el conflicto español actual, porque somos el otro platillo de la balanza. Que hay que hacer propuestas para España; tenemos que decir cómo creemos que podría ser el país, cuál es nuestra opinión como andaluces.

¿Quién tiene que hacerlo? El presidente Griñán debería darse por aludido. Borbolla añade que no ve al Gobierno andaluz a la altura de las circunstancias. Entiende que le falta “un poquito de imaginación, conocimiento y coraje”. Ajeno a esta crítica, Griñán compuso para publicar ayer en El País un artículo muy institucional con el título Un modelo federal para la convivencia. Allí decía que Andalucía tiene el mismo derecho que Cataluña, País Vasco o Galicia a tener identidad y autogobierno propios. Y no hablaba más de Cataluña, ni mencionaba el pacto fiscal o la independencia. Pero, eso sí, utilizaba expresiones tan nobles como etéreas: perfeccionamiento de un Estado federal cooperativo, amplísimo consenso sobre un modelo de organización territorial en el que todos podamos sentirnos cómodos, proyecto compartido, igualdad en la diversidad… Buenas palabras.

Para completar el escenario, en este periódico Juan Manuel Marqués contaba que un anónimo dirigente socialista andaluz se quejaba del silencio de la ejecutiva federal del PSOE sobre la cuestión catalana. “¿Alguien conoce la opinión de Antonio Hernando, responsable de Política Autonómica del PSOE? No”. El interlocutor de mi colega no cree que lo hagan por templar aguas con el PSC, que siempre ha estado a un paso de la escisión. Sino que en Ferraz pueden estar dudando del propio modelo de país y de la contundencia de las razones catalanas. Falta añadir a este argumento malicioso otro bastante evidente: el presidente federal del PSOE es José Antonio Griñán, que utilizó su citado artículo dominical para templar gaitas a base de bien.

En esta coyuntura histórica el presidente andaluz está mediatizado por tener que ejercer la presidencia de su partido, lo que le obliga a contentar muchas sensibilidades ideológicas y territoriales internas. La defensa de los intereses de Andalucía necesitaría de más contundencia y más independencia. Un presidente con dedicación exclusiva.

Signos externos

Ignacio Martínez | 29 de julio de 2012 a las 17:24

Esta semana la Junta de Andalucía ha anunciado que reduce su flota de coches oficiales de 200 a 40. De golpe, cuatro quintos menos. La crisis tiene ventajas colaterales. La clase política mejor motorizada de Europa se baja del coche oficial. Recuerdo a un antiguo delegado de la Junta, que fue más tarde concejal de la oposición en Málaga. Un día resumía su cambio de vida: “Lo peor es tener que aparcar, se pierde mucho tiempo”.

El coche oficial es sobre todo un signo externo de poder. Se han construido leyendas al respecto. Es fama que cuando con 28 años Rodolfo Martín Villa se convirtió en 1962 en jefe del franquista Sindicato Español de Estudiantes, ya no se bajó del coche oficial en su vida. Procurador, director general, gobernador, ministro… pero lo que queda en el inconsciente colectivo es el coche oficial. Un antiguo dirigente socialista se quejaba de las malas costumbres de los jóvenes de su partido, alguno de los cuales ha superado la precocidad de Martín Villa: “estos niños en cuanto llegan piden las herramientas; ordenador, móvil y coche, sin eso no saben trabajar”.

Por esos mundos, los primeros ministros danés o belga van en su utilitario al Parlamento o a reuniones de partido. Aquí el día que el comité director del PSOE se reunió para designar a Griñán candidato a la Presidencia, la fila de docenas y docenas de coches oficiales daba la vuelta a una manzana. Aquellos no eran sólo coches autonómicos. Hace ocho años comparamos la treintena de vehículos de los ayuntamientos de Sevilla y Málaga, con los tres que tenía la municipalidad de Leeds, en Inglaterra, con más habitantes. Luego pasa lo que pasa. Una concejal del PP en Málaga utilizó el suyo para ir de compras a Sevilla, y otra dejó para la chatarra su Peugeot 406, al empeñarse en que la llevaran un día de temporal por cuenta del municipio a una reunión de la ejecutiva regional de los populares.

Cuando el presidente Borbolla iba a Bruselas a finales de los 80, cogía un taxi en el aeropuerto de Zaventem. Su llegada a la reunión contrastaba con los coches de alta gama que se gastaba el president Pujol. Con Chaves se instauró la costumbre, que ha seguido Griñán, de pedir un Mercedes a la Embajada española. No sólo la cara es el reflejo del alma; también lo son los signos externos.

23 de mayo de 1982: parece que fue ayer

Ignacio Martínez | 23 de mayo de 2012 a las 12:56

Tal día como hoy hace 30 años se celebraron las primeras elecciones autonómicas andaluzas, con un triunfo aplastante del PSOE liderado por un joven abogado sevillano de 38 años. Rafael Escuredo ha sido el más carismático de los cuatro presidentes que ha tenido la Junta, todos ellos licenciados en Derecho en la Universidad Hispalense. En contra de la tendencia jacobina dominante en su partido abrazó la bandera del andalucismo, que por entonces blandía en solitario el PSA, con tal éxito que el PSOE se instaló en el poder durante tres décadas. Por cierto, que los socialistas consiguieron aquel 23 de mayo de 1982 su mejor resultado, con 66 de los 109 diputados del Parlamento andaluz.

La franquicia andalucista le fue después muy útil al Partido Comunista, transmutado en 1986 en Izquierda Unida, Convocatoria por Andalucía, Los Verdes. Hace poco, en una entrevista en este diario, Julio Anguita reconoció que el PSA hizo andalucista a su organización. IU-CA sacó su mejor resultado en 1994, en la legislatura de la pinza, con 20 diputados. Entonces pudieron entrar en el Gobierno andaluz, pero no quisieron. Soñaban con el sorpasso; pensaban que podrían sustituir a los socialistas en el liderazgo de la izquierda. Pero fue entonces cuando estuvieron más cerca de su actual socio de gobierno en número de escaños.

A los que, al final, no les ha sido tan útil su propia causa ha sido a los andalucistas, animadores de la vida política andaluza en los 80, que terminaron la década con su récord en el Parlamento regional: 10 diputados en 1990. Los años 90 fueron más tristes, estuvieron de comparsas en un gobierno de coalición entre 1996 y 2004, y se convirtieron a continuación en extraparlamentarios. Y, ya que estamos, el mejor resultado del PP han sido los 50 diputados de este 25 de marzo. Porque en mayo del 82, AP sacó sólo 17 escaños, a una distancia sideral de la candidatura encabezada por Escuredo.

Fueron tiempos de prueba y error. Escuredo lanzó la reforma agraria, la revolución cultural, reclamó transferencias y el guerrismo lo eliminó. Su sustituto, Borbolla, se creyó el cargo y la función. No duró dos años como su antecesor, sino seis, pero también fue apartado del poder. Con frecuencia recuerda en público con cierta sorna que él no se fue porque quisiera. El siguiente presidente, Chaves, vino a la fuerza y se quedó casi 19 años. Su marcha no fue traumática como las anteriores. El traspaso a su amigo Griñán fue modélico, pero su convivencia posterior se envenenó. El entorno del nuevo inquilino de San Telmo repudia todo lo que suena a chavismo. Es un extraño maleficio; no hay alternancia, pero sí rivalidad dentro de la familia gobernante.

Los hay (y las hay) que han participado en la corte de varios presidentes. Estos socialistas aduladores (y aduladoras) podrían parafrasear a Gardel y cantar que 30 años no son nada. Cuando uno está cómodamente instalado en el poder, el tiempo es un agradable suspiro.

Primarias

Ignacio Martínez | 5 de septiembre de 2010 a las 13:07

Las primarias lanzadas en Madrid para elegir al candidato socialista para la Presidencia del gobierno regional están dando de sí mucha publicidad para los contendientes. Un espectáculo democrático atractivo, aunque de momento algo soso. En todo caso, uno no entiende por qué el PSOE no ha aplicado la fórmula donde quiera que se ha reclamado. Para eso está en los estatutos. En Málaga la actividad de Ignacio Trillo por e-mail es tan frenética que casi roza el spam, pero el antiguo delegado de Medio Ambiente sigue inasequible al desaliento, enviando recursos, réplicas o declaraciones varias veces diarias. Desde el aparato del partido se insiste en que no conseguiría los avales necesarios para poder presentarse, pero ese argumento refuerza la creencia de que la más abierta es siempre la mejor opción. Y quien pueda, que pueda, por remedar el eslogan de Trinidad Jiménez.

En Madrid la campaña, aunque sosa, no está exenta de mala intención. Los más cercanos a Zapatero, por convicción o por oportunismo, se arriman a Jiménez, una buena ministra de Sanidad, ministerio con pocas competencias en el que Celia Villalobos demostró que es fácil columpiarse. Rubalcaba, que si fuese esgrimista tendría una colección de trofeos y medallas olímpicas, ha lanzado la maldad de que el principal mérito de Gómez es que le ha dicho que no a Zapatero. Algunos son menos sutiles y en vez de florete utilizan el bate de béisbol. Pedro Castro, alcalde de Getafe y presidente de la Federación Española de Municipios, ha dicho que Gómez es el candidato de la derecha. Claro que Castro no es un dechado de fineza. Hace un par de años pasó a la posteridad con una pregunta: ¿por qué hay tanto tonto de los cojones que vota a la derecha? Una frase para enmarcar. En todo caso, se podría replicar a Rubalcaba que el mayor mérito de Jiménez es haberle dicho que sí a Zapatero.

En Sevilla un espontáneo de lujo se ha echado a este ruedo. Monteseirín ha elogiado con énfasis el sistema de primarias. Es una manera de reivindicar el origen de su candidatura. Lo malo es que hace doce años estuvo en el papel de Jiménez, con el favor del poderoso presidente Chaves, que no se sabe por qué no quiso que Rodríguez de la Borbolla fuese el candidato socialista.

Un discurso en busca de autor

Ignacio Martínez | 13 de marzo de 2010 a las 9:12

El nuevo secretario regional de los socialistas es persona letrada y una rara avis en el mundo político: tiene por costumbre escribir sus propios discursos. Pero en un momento tan delicado como el que vivimos sería bueno recordarle que no puede dirigirse sólo a los delegados del partido que le va a dar todo el poder en la organización y en la Junta, como pasó en 1984 con Borbolla, o con Chaves en 1994. En su discurso de hoy, Griñán también debería dirigirse a todos los ciudadanos, que están esperando algo más que desprecio al adversario político y autocomplacencia romántica. Tomo prestadas algunas ideas que podría utilizar, y que le vendrían estupendamente a su compañero de escenario de este mediodía, el presidente Zapatero.

“No se trata de decir lo que la gente quiere oír, sino lo que en este momento hay que decir: que tenemos una estructura de la administración creada para la época de bonanza, que ahora no la podemos pagar. Vamos a reducir un 30% los altos cargos de la Junta, un 30% los puestos de confianza, un 10% las jefaturas de servicio, un 60% el sector público empresarial, y congelar los sueldos de los altos cargos hasta 2013. Esto no es demagogia, es sencillamente reconocer que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, como país, como región, como familias, como empresas, como ciudadanos. España ha llegado a deber tres veces lo que vale; administración pública, empresas y familias se han endeudado hasta el triple del PIB nacional. Hemos sido ricos, pero con cargo a deuda y eso lo tenemos que ajustar. Estamos viviendo unos tiempos en los que se está pensando más en los votos que en el futuro. Eso nos puede pasar factura”.

“Estamos obligados a llegar a acuerdos entre las comunidades autónomas, con independencia del color político de cada una. El Gobierno central tiene que ceder para llegar a acuerdos con la oposición y tiene la obligación añadida de entenderse con las comunidades autónomas. Si no se producen esos acuerdos, los ciudadanos no lo entenderían y eso puede generar un desapego de la política. Que nadie piense que aunque este año salgamos de la recesión y tardemos algo más en salir de la crisis, esto es cuestión de un año o dos. Vienen tiempos duros, difíciles y no vale mirar para otro lado. La reducción de la administración será impopular para las organizaciones que estábamos acostumbradas a que la llegada al poder llevaba consigo el desembarco de una serie de personas. En los dos próximos años debe importarnos bastante poco el resultado de las elecciones. No está en juego la victoria electoral, sino el futuro del país”.

Este discurso no es mío. Es un resumen textual de lo que dijo el miércoles en Los desayunos de TVE el socialista Guillermo Fernández Vara, presidente de Extremadura. Discursos así son los que hacen falta y escasean. Está por ver cuál será el registro de Griñán. Y el de su compañero de escenario…

Manaute

Ignacio Martínez | 10 de enero de 2010 a las 10:54

Miguel Manaute murió el viernes a los 65 años. Fue el primer consejero de Agricultura de la Junta, en 1982, en el jovencísimo gabinete del presidente Escuredo. Siguió de consejero hasta la caída del presidente Borbolla en 1990. Se trataba del hombre que puso en marcha la reforma agraria, una ley que pretendía modernizar el campo andaluz y aumentar su productividad. Aprobada por el Parlamento andaluz en 1984, la reforma agraria se aplicó con dificultad, frenada por la protesta y los recursos judiciales de la patronal Asaga. Antes y después de la Junta, Manaute fue muchas otras cosas en la vida. Pero en todas dejó la imagen de hombre serio, juicioso y bueno.

Parece un recurso clásico, pero no lo es. Conocí a Miguel a finales de los 70, cuando era un joven dirigente agrario de UAGA. Una época curiosa, en la delegación del Ministerio de Agricultura era difícil conseguir datos técnicos o estadísticos y surgieron como referente las organizaciones agrarias profesionales, años antes que la administración autonómica. Asaga era la más potente, pero Miguel era frecuentemente consultado sobre cultivos o política agraria por los jóvenes periodistas de entonces. Era un hombre preparado, moderado, tranquilo, como creo que demostró después en su vida pública. También didáctico, le gustaba que sus interlocutores aprendieran sobre agricultura, no pasar cuatro datos. Subrayo su moderación, a pesar de que la reforma agraria levantó pasiones y enfrentamientos hace un cuarto de siglo.

Coincidimos en Bruselas en los 90. Y recuerdo de manera particular nuestro último encuentro, en octubre de 2007, cuando ya había dejado la alcaldía de El Arahal. Fue en el Diario de Sevilla, para hablar, con la perspectiva del tiempo, de la reforma agraria, con Pepe Bohórquez, que tanto la combatió desde Fasaga, y el antiguo líder jornalero Paco Casero. Los reunidos no se pusieron de acuerdo sobre el pasado, pero sí sobre el futuro. Manaute era un hombre de campo, que amaba la agricultura como un oficio imprescindible para nuestro sistema de vida. A modo de epitafio, recojo una frase suya de aquel debate: “Hay que cambiar la imagen que se ha instalado en la Unión Europea, de que el agricultor es un pedigüeño, un contaminador y un parásito social”. Hasta sus adversarios de los 80 comparten este pensamiento.

”Fotografía

Guadalquivir

Ignacio Martínez | 18 de octubre de 2009 a las 14:31

Cuando se puso en marcha la autonomía andaluza en 1982 había muchas ambiciones. De todas ellas quizá la que menos ha avanzado es la articulación regional. Fue una preocupación en los discursos del presidente Rodríguez de la Borbolla, que insistía en la necesidad de vertebrar Andalucía. Una preocupación orteguiana que vista en la distancia permite la división de opiniones: ha resultado fracasada o aparcada, según se quiera ser más o menos indulgente. Andalucía está desestructurada y es más tribal que hace un cuarto de siglo. Por eso son muy de agradecer iniciativas como la lanzada por el presidente Griñán esta semana con el lema Guadalquivir.

Se pretende crear una gran ruta turística, medioambiental, monumental, gastronómica que vincule el interior de Andalucía, en los márgenes de la Y griega que forman los 720 kilómetros del Guadalquivir y los 360 del Genil hasta su unión con el gran río en la provincia de Córdoba. Desde Cazorla y Sierra Nevada hasta Doñana. Si la idea prospera, con suficiente iniciativa privada y apoyo público, en ese espacio que afecta a todas las provincias andaluzas menos Málaga y Almería se crearán 700 kilómetros de senderos para recorridos a pie, a caballo o en bicicleta; se remodelarán 33 estaciones de tren, para hacer un Guadalrail; se establecerán 42 estaciones fluviales. Claro que convertir el Guadalquivir en el Danubio o el Loira no es fácil, ni tarea para unos pocos años.

El Guadalquivir transcurre por llanuras en la casi totalidad de su trayecto, así que hacerlo navegable y convertirlo en un nuevo atractivo turístico es un desafío realizable. Hay mercado: de los 25 millones de turistas que vienen todos los años a Andalucía, quince millones sólo buscan sol y playa. Esta propuesta no merece quedarse en humo como tantas otras de integración regional que fracasaron. El tribalismo no es sólo el síntoma de las tensiones interprovinciales, funciona incluso dentro de cada municipio. Sin ir más lejos, en Andalucía hay 600 cooperativas agroalimentarias, cuando no debería haber más de diez; pero en algunos pueblos no hay manera de convencer siquiera a las diversas cooperativas locales para que se fusionen. En esta Andalucía inacabada, el Guadalquivir puede ser un ejemplo de vertebración. Es difícil, pero no imposible.

Salida a hombros

Ignacio Martínez | 21 de septiembre de 2009 a las 6:25

Zapatero está en horas bajas, pero los suyos lo han sacado a hombros del Comité Federal del sábado, como pronosticó hace unos días en esta página José Aguilar. El portavoz socialista en el Congreso sostiene que se ataca al líder del PSOE porque es vital para ganar elecciones. Es un argumento reversible: los socialistas cierran filas en torno a su líder, porque es vital para ganar elecciones. Para algunos, incluso, Zapatero y su entorno son vitales para ir en las listas, aunque las elecciones se pierdan. El nivel de preparación, experiencia y espíritu crítico de quienes dedican a la política está en declive: en la primera legislatura del Parlamento andaluz (1982) había diputados que eran catedráticos de universidad, notarios o abogados del estado. Ahora no hay ninguno.

Es cierto que esta crisis de imagen del presidente del Gobierno ha llegado con muchísima prisa, acelerada por el enfado del primer grupo de comunicación de España, por las decisiones de Zapatero en materia audiovisual, que perjudican sus intereses. Pero también lo es que Zapatero cada vez toma más decisiones en solitario en la cúspide del poder. Y después está la compañía del líder socialista español. En agosto Gregorio Peces Barba, ex presidente del Congreso de los Diputados y redactor socialista de la Constitución, criticó en un artículo la bisoñez con la que se toman algunas decisiones en el Gobierno, lo atribuía a la preferencia de Zapatero por la juventud sobre la experiencia.

Este fin de semana, otro representante de la vieja guardia, el guerrista Rodríguez Ibarra, escribía que los jóvenes dirigentes zapateristas actuales pueden quedar como “una generación perdida y silenciosa”, si no aportan ninguna idea. Nadie chista al líder. No hay que alarmarse; tampoco era fácil cuando Guerra era el jefe del partido. Joaquín Almunia relata en sus Memorias políticas (Aguilar 2001) una conversación, posterior a las elecciones de 1986, entre el entonces vicepresidente del Gobierno y vicesecretario general del partido, Alfonso Guerra, y el presidente de la Junta de Andalucía Rodríguez de la Borbolla.

-¿Qué hay que hacer para merecer tu confianza?, preguntó Borbolla.

-Situarse de este lado de la raya, respondió Guerra.

-¿Dónde está la raya?

-La raya se mueve.

-¿Y cómo sabemos hacia dónde?, indagó inquieto Borbolla.

-Eso lo voy decidiendo yo en cada momento, concluyó Guerra.

Ahora la política se ha profesionalizado de tal manera que los cuadros son técnicamente funcionarios del partido, que para garantizar su permanencia y ascenso practican un descarado culto a la personalidad del líder. Un problema que no es privativo del PSOE. Así, cuando el líder se equivoca, el batacazo está asegurado. Y la depresión.