Alta Velocidad » Borbolla

Archivos para el tag ‘Borbolla’

¡Váyase del Betis, señor Lopera!

Ignacio Martínez | 1 de junio de 2009 a las 7:19

Cuando me hice bético, el equipo estaba en Tercera. Hoy estamos mejor que entonces. El que no se conforma es porque no quiere, ya ven. Uno puede cambiar en la vida de oficio, pareja, nacionalidad y hasta ideas políticas, pero no cambia jamás de equipo de fútbol. Y se sufre un montón en días como ayer. No es mi primer descenso a Segunda, aunque éste ha sido más duro, porque hace tres semanas pensábamos que nos habíamos salvado, como las tres temporadas anteriores. Pero no. Varios amigos y familiares me decían en las vísperas que si con el descenso se iba Lopera, sería un consuelo. Estoy en desacuerdo. Un equipo como el Betis con casi 40.000 socios no puede bajar a Segunda. Poli Rincón decía ayer en la radio que no puede ser que todos los jugadores y entrenadores que vienen al Betis sean malos, que el problema es otro.

Y el problema del Betis es otro: la falta absoluta de liderazgo. El ex presidente de la Junta, José Rodríguez de la Borbolla, en un artículo publicado hace dos años, escribía que “los que puedan, tienen que hacer algo por el Betis”. Y los que pueden son pocos. Entre ellos, el propio Gobierno autónomo. La Ley del Deporte obliga a las autoridades a la tutela de las sociedades anónimas deportivas, digo yo que debería incluir una fiscalización de las cuentas, como con las cajas de ahorro.

Otro bético, el empresario José Moya, explicó en un artículo en 2007 en el Diario de Sevilla cómo se había producido la llegada de los Lopera y los Gil al frente de los clubes, en los años 80. “La reforma fue iniciada por el nefasto director general de Deportes Romá Cullás, bajo el mandato del ministro Solana. La mayoría de los clubes tenía deudas cuantiosas. Pero en vez de buscar una refinanciación, se les obligó a convertirse en sociedades anónimas, con elevadísimos capitales sociales. Esto propició la pérdida de control de los clubes por la masa social y la aparición de especuladores que bajo el paraguas de un inapropiado marco mercantil están gobernando a su antojo estas entidades. Con posterioridad se refinanció con dinero de las quinielas la deuda con los organismos oficiales. De esta forma, los salvadores de los equipos vieron ingresar en sus sociedades la mayor parte de los recursos económicos que en su día tuvieron que adelantar. Qué fácil hubiera sido hacerlo al revés, primero refinanciar y luego constituir las nuevas sociedades. En resumen, los salvadores están gobernando a su capricho los clubes, sin los esfuerzos económicos que tanto pregonan”.

Cuando Benito Villamarín llegó en los años 50 a presidente del Betis puso orden, dio estabilidad y seguridad a la sociedad. Eso es lo que falta ahora. No es un problema de dinero, ni de jugadores, ni de entrenadores. El señor Lopera debería reconocer que ha fracasado en su pretensión de convertirse en el líder de este club. Y debería marcharse. Ahora hace falta otro Villamarín que nos devuelva a Primera. Porque, no se engañen, lo rentable será estar en Primera sin Lopera, no como hoy, que estamos en Segunda y con Lopera.

Griñán, el hombre tranquilo

Ignacio Martínez | 12 de abril de 2009 a las 16:34

El político más famoso del mundo, el presidente Obama, tiene prestigio de gran orador. Sus discursos se cuelgan en YouTube como si fueran canciones de culto, con millones de visitas. Pero Obama no escribe sus discursos. Se los hace un jovencito de enorme talento, Jon Fravreau. De hecho, pocos políticos escriben sus discursos; el dramaturgo y político checo Václav Havel es una de esas excepciones. Otra es José Antonio Griñán. El vicepresidente económico del Gobierno andaluz y candidato ‘in pectore’ a la Presidencia de la Junta no es economista, sino un hombre de letras. De hecho, quiso estudiar la carrera de Filosofía y Letras en los años 60, pero su tío Rafael Martínez Emperador, hermano menor de su madre, le recomendó que hiciese Derecho y preparase oposiciones a inspector de Trabajo.

Con 23 años sacó esas oposiciones con el número tres de la promoción de 1969. Con su tío trabajó cuando era director general de la Seguridad Social a mediados de los 70. Martínez Emperador fue asesinado por ETA en 1997 cuando era magistrado de la Sala de lo Social del Supremo. Un atentado que ha marcado su vida, como otros hechos menos dramáticos y más antiguos. Por ejemplo, una novela que leyó a finales de los 60, que es la que más le ha impresionado; ‘Guerra y paz’ de Tolstói. Es un dato relevante en una persona que lee cuatro o cinco libros al mes. Griñán es un gran lector y un cinéfilo empedernido. En particular del cine negro de los 50: hay películas que es capaz de explicar plano a plano y recitar todos sus diálogos.

Otra de sus grandes aficiones es la ópera. Se sabe de memoria obras completas, y se atreve a cantar alguna pieza. Ha utilizado con frecuencia este recurso para relajar a su equipo en los duros momentos de preparación de los presupuestos, cuando las cuentas no cuadran y aumenta la presión de las consejerías. Tiene la colección completa de los discos de Alfredo Kraus, con quien tenía una relación de amistad. Por cierto, que la redacción de los presupuestos de este año le ha costado fuertes críticas de la oposición, con razón, por su pretensión de que en 2009 subiría el PIB andaluz un 1%. Él se ha justificado con un dossier lleno de previsiones optimistas de organismos internacionales. Pero lo cierto es que mientras con esos datos Solbes y Griñán aventuraron un crecimiento para España y Andalucía, a su correligionario catalán Antoni Castells le salieron las cuentas de una recesión en Cataluña. Y acertó.

Aunque nacido en Madrid en 1946, José Antonio Griñán está muy vinculado a Andalucía. Es hijo de malagueña, marido de una sevillana, María Teresa Caravaca, y diputado por Córdoba. Dos de sus tres hijos, Ana y Miguel, nacieron en Sevilla, que fue su segundo destino como inspector de Trabajo en 1974, después de Zaragoza, donde nació su primogénito Manuel. Ahora tiene tres nietos y una nieta. Dos de su hijo mayor, residente en Madrid y casado con una gallega, vinculación que ha generado una amistad con sus consuegros, que le lleva a veranear todos los años a la tierra de su nuera. De su hija, que vive en Sevilla, tiene un nieto y una nieta. Sus allegados lo encuentran feliz de ser abuelo, tanto que era su argumento recurrente para negar cualquier posibilidad de aspirar a la Presidencia de la Junta.

Su parentela gallega ha ejercido influencia en su dialéctica. Hace un año, cuando comenzó su andadura el actual gobierno en funciones resolvía de manera galaico-teológica a la posibilidad de que Chaves no terminara la legislatura en el cargo: “Puede ser que sí y puede ser que no. En todo caso, es como Dios; si existe no interviene en la marcha del mundo. La eventualidad de un relevo es igual; no afecta a la marcha del Gobierno”.

En la época en que llegó a Sevilla, al final de la dictadura, fue uno de los firmantes del documento de los 500, un escrito en el que por primera vez un grupo de altos funcionarios del Estado pedían democracia y amnistía. En esos años colaboró, junto a Joaquín Galán y su compañero de promoción Enrique Vila, con los despachos de Capitán Vigueras (Felipe González, Rafael Escuredo, Manuel del Valle, Ana María Ruiz Tagle…) y de José Julio Ruiz, vinculados a los sindicatos UGT y Comisiones Obreras, entonces ilegales. “Si había un expediente de crisis, los abogados laboralistas nos pedían que explicásemos a los enlaces sindicales los detalles de la tramitación”, explica uno de sus compañeros de entonces.

Es uno de los fundadores de la Junta de Andalucía. Entró en el primer Gobierno de Rafael Escuredo, como viceconsejero de Trabajo con su viejo amigo y colega de la inspección Joaquín Galán. Cuando llegaron, la Consejería tenía 58 funcionarios, y cuando se fueron cuatro años después, había más de 20.000. En aquellos primeros años de la autonomía estaba muy preocupado porque se notase que las políticas tenían una componente social. Suya es la frase de “hacer un nuevo mundo con viejas ideas como el diálogo político y el diálogo social”. En la segunda legislatura pasó a ser viceconsejero de Salud con Eduardo Rejón. Dada su condición de buen componedor, Rejón le encargó arreglar las relaciones entre la Junta y los colegios de médicos, que estaban envenenadas en aquellos tiempos. También puso en marcha el reglamento del SAS, que estaba recién constituido.

Cuando en 1987 nombran ministro de Trabajo a su amigo Manuel Chaves, se va de secretario general técnico del Ministerio a Madrid. En aquel equipo de dirección era famosa su preocupación por el lenguaje de los textos jurídicos, “para que lo entiendan los ciudadanos a los que van dirigidos”. Allí le coge la huelga general de diciembre de 1988. Volvió a Andalucía con Chaves en 1990 para ser consejero de Salud. En esa época se corrigió en parte el problema de la financiación de la sanidad andaluza. Enseguida se fue a Madrid de ministro de Sanidad (92-93) y de ese Ministerio pasó al de Trabajo, en donde dio una vez más muestra de su capacidad de convicción: consiguió con el Pacto de Toledo garantizar el sistema nacional de pensiones. Fue diputado en Cortes entre 1993 y el 2004, cuando de nuevo le reclamó Manuel Chaves para convertirlo en consejero de Economía.

Su fama de negociador ya se la ganó en el consejillo de viceconsejeros de la Junta en 1982. En aquellos tiempos fogosos a veces se generaban tensiones entre departamentos “y él solía sosegar esas situaciones”, cuenta uno de los protagonistas. Le iría bien el eslogan de Mitterrand en 1981: La fuerza tranquila o el título de una película clásica de John Ford: El hombre tranquilo. Su mano izquierda pasó a ser legendaria hace poco, cuando deshizo los entuertos que había entre la Iglesia Católica y La Junta a propósito de CajaSur, heredados de la época de la consejera Magdalena Álvarez. Su entendimiento con el obispo de Córdoba, monseñor Asenjo, desbloqueó la situación. 

Es muy aficionado a las carreras de fondo. Celebró su sesenta cumpleaños, corriendo una media maratón en Sevilla. Es de ejercicio diario, que recomienda como fuente de salud y recurso para rebajar la tensión. Es menos conocida su afición a las carreras de caballos, que le viene de su padre y han continuado sus hijos. Llegó a comprar en los años 70, con otros 36 amigos, la yegua Picarana que ganó dos carreras en Madrid y estuvo a punto de ganar una de vallas en el hipódromo de Sevilla, pero se cayó en el último obstáculo, cuando tenía asegurado el triunfo. Su padre, Octaviano, que fue director del Banco Mercantil e Industrial en Sevilla y consumado periodista hípico, tuvo incluso una revista especializada en la materia, Corta Cabeza, en donde el futuro presidente de la Junta escribió unas celebradas crónicas bajo el seudónimo de Riu Kiu, el nombre de su caballo favorito. Su hijo Manuel tiene ahora un caballo, Mendavia, que el viernes quedó segundo en una carrera en el hipódromo de Mijas.

Es elocuente, seductor y buen conversador, de la escuela de Felipe González, como otro felipista clásico, el ministro Rubalcaba. Hombre culto, de los que pueden regalar un libro del poeta del siglo de oro Garcilaso de la Vega. Es tímido si no tiene confianza, pero le sobra sentido del humor. Se diría que es coqueto, cuida mucho sus corbatas aunque presume de que no las compra. Se entiende que se ocupa de esa tarea su mujer, ‘Mariate’ en el círculo familiar. Algún amigo próximo dice que no lleva bien la edad, que se siente más joven que lo que su físico dice.

Nunca ha tenido cargos orgánicos en el partido, aunque es miembro del comité federal. Los máximos dirigentes del PSOE andaluz hablan de él con gran respeto. “Se ha sabido ganar la confianza del partido”, sostiene Luis Pizarro, vicesecretario regional. En el partido dicen que Andalucía vive un momento histórico, por el relevo y por la crisis. Chaves, que le ha propuesto para el cargo, tutelará su primer mandato presidencial: se quedará como secretario general hasta el próximo congreso del PSOE andaluz, que se celebrará tras las elecciones de 2012. Aunque será una tutela amistosa: ya ha dicho que sólo le dará consejos si se los pide.

El momento es histórico también en materia futbolística: después de un primer presidente de la Junta sevillista, Escuredo, y dos béticos, Borbolla y Chaves, llega el turno a un colchonero. El Atlético de Madrid es el club de los amores de Griñán, Zarrías y el consejero de Deportes Luciano Alonso. Si Galicia le da pie para respuestas evasivas, el Atlético le anima a la épica. A Griñán le gusta contar una anécdota de Harold Macmillan, el primer ministro conservador del Reino Unido entre 1957 y 1963: cuando dimitió, un periodista le preguntó qué había sido lo más complicado y contestó, muy británico, “los acontecimientos, amigo, los acontecimientos”. El candidato a la Presidencia de la Junta añade de su cosecha que “en política hay que saber navegar de bolina, con viento a favor y con viento en contra” . Y en este punto saca a pasear su espíritu colchonero: “Nosotros estamos muy bien dotados, porque los del Atlético estamos acostumbrados a luchar contra las adversidades”. La frase “los del Atlético” es una simplificación. Si no, que le pregunten este año a los seguidores del Cádiz, del Recre, del Córdoba o del Betis.

El próximo gobierno será un gabinete contra la crisis, pero no de tecnócratas. Griñán se muestra muy partidario de los Gobiernos políticos, más que de los técnicos: “Le doy un alto valor a la política; es una ciencia, un arte y una cultura, que va más allá del conocimiento de la materia que se gestione. Se trata de saber hacer, porque en la política, como en la vida, la línea recta no es siempre el camino más corto”. Y será también un gobierno con muchas mujeres, no sólo porque lo exija la ley: “Es más fácil trabajar con mujeres; son más concienzudas, muy trabajadoras y cumplidoras”. Lo que no es óbice para que uno de los pasajes de una de sus óperas favoritas, Rigoletto de Verdi, diga “la dona e mobile qual piuma al vento”. Además, le gusta todo lo de Verdi y todo lo de Mozart, en particular Figaro y Don Giovanni, que curiosamente trascurren en Sevilla. 

En materia musical es más clásico que moderno. Le gusta Moustaki, de sus años mozos, y siempre ha sido seguidor de los Beatles, pero más ahora, que necesita una pequeña ayuda de sus amigos.

El malagueño ‘emprenyat’

Ignacio Martínez | 18 de enero de 2009 a las 10:10

 

”La

 

El Gobierno andaluz probablemente no es consciente de que se está instalando en Málaga un sentimiento de malhumor con el proceso autonómico de impredecibles consecuencias. No es el único sitio. El proceso autonómico no avanza en la dirección a una construcción regional sólida, solidaria. El tribalismo andaluz está a flor de piel. La sensación en la periferia es que las autoridades de la Junta sólo ven eficiente aquello que se decide en Sevilla. Y esto nada tiene que ver con la ciudad, sino con la nomenclatura gobernante. Hay centralismo sevillano, porque la capital de la comunidad autónoma es Sevilla. Si fuese Antequera, habría centralismo antequerano. Para muchas cosas, hemos sustituido el centralismo nacional de la dictadura por 17 centralismos burocráticos. Un ejemplo: el Gobierno prepara la ley que debe trasponer una directiva europea sobre liberalización de servicios. En la memoria del anteproyecto se recoge que hay que modificar unas 7.000 disposiciones legales españolas de distinto rango, de las que 6.500 son autonómicas.

Este ánimo afligido de los malagueños recuerda al que los catalanes tienen respecto al resto de España. Enric Juliana acuñó un término en La Vanguardia en 2003 para definir un sentimiento de insatisfacción, que ha hecho fortuna; el catalán emprenyat. La traducción es elástica, iría desde molesto hasta jodido. Mi colega hace su balance: la agresividad del PP con el Estatut; la oposición a la opa de Gas Natural/La Caixa sobre Endesa, los apagones, el desastre del cercanías; los ataques de la Cope… También enfadados consigo mismos por su incapacidad de reacción.

Hay que cambiar situaciones, pero en Málaga hay una coincidencia generalizada, en personas de toda edad, ideología y situación social, de que la autonomía está siendo un mal negocio para su territorio. Lo dice el actual alcalde del PP, Francisco de la Torre, cuya falta de empatía con el presidente Chaves es evidente, pero también le pasaba a otro gran alcalde de Málaga, Pedro Aparicio, que era del PSOE y tuvo la misma falta de sintonía con el Gobierno socialista de Borbolla.

El último episodio de este culebrón lo ha protagonizado la consejera de Medio Ambiente, Cinta Castillo, que ha dejado pasmada a la afición de Málaga el pasado miércoles al justificar que ha decidido llevarse el centro de decisión de la antigua Cuenca Hidrográfica del Sur a Sevilla. La Cuenca Mediterránea Andaluza que tenía su sede en Málaga y la Cuenca Atlántica, que tenía sede en Jerez, desaparecen. En el nuevo esquema, las decisiones se tomarán en Sevilla.

La consejera se defiende con el argumento de que las decisiones ya se tomaban en Sevilla desde 2005. Hay funcionarios que lo discuten: en Málaga se han gestionado hasta ahora 100 millones de euros anuales de las licitaciones de una cuenca que comprendía Almería, el litoral de Granada, casi toda Málaga y el Campo de Gibraltar. Pero, en todo caso, el paradigma no se altera: lo que estaba descentralizado con la dictadura, lo centraliza la autonomía. Este y otros errores nos pueden llevar a una novedad en el mapa político; la sustitución del moribundo regionalismo/nacionalismo del PSA/PA, por partidos localistas que cumplirían en el Parlamento andaluz la misma función que los nacionalistas en el Parlamento nacional: la defensa de intereses territoriales no bien atendidos por los partidos actuales. El PP ya ha detectado el problema y si llega al poder ha ofrecido poner en Málaga la sede de organismos económicos como el Comité Económico y Social e incluso la Consejería de Turismo.

Justamente los asuntos financieros son el nuevo temor del malagueño emprenyat: está convencido de que si hay fusión de Unicaja y Cajasol, la sede estará en Sevilla. Así que no quiere fusión. Ésa es la marcha imparable de Andalucía hacia la deconstrucción regional.

La Andalucía invertebrada

Ignacio Martínez | 18 de mayo de 2008 a las 21:16

Rocío

 Mi admirado Carlos Colón arrancaba su artículo del viernes de la semana pasada con una afirmación muy arriesgada: “Nada vertebra Andalucía como el Rocío”. La justificaba con argumentos de cultura y devoción, que no es mi intención discutir, aunque no comparto en absoluto. No es sólo que piense que el Rocío no vertebra Andalucía. Es que dudo que haya algo que vertebre realmente Andalucía. Esta región tan grande y poblada está invertebrada, por utilizar la fórmula orteguiana, o inacabada si se usa un modo más simple.

Ortega y Gasset, en su ensayo La España invertebrada, estableció en 1921 un vaticinio que no se ha cumplido: que el desprendimiento de las últimas posesiones ultramarinas a finales del XIX era el comienzo de una dispersión interpeninsular. Aunque su análisis es válido ahora: sostenía que España se arrastraba invertebrada no sólo en la política, sino en la convivencia social. Y añadía que no podía esperarse una mejora apreciable mientras no se corrigiese ese defecto ocular que impide al español medio la percepción acertada de las realidades colectivas. Ortega encadenaba argumentos como que el particularismo y el individualismo conducen a la desintegración; que el español tiende a hacerse ilusiones sobre el pasado en vez de hacérselas sobre el porvenir, que sería más fecundo; que unas veces por excesiva estimación de nosotros mismos, y otras por menosprecio del prójimo, perdemos la noción de nuestros límites y comenzamos a sentirnos todos independientes. Y advertía que una nación es una ingente comunidad de individuos y grupos que cuentan los unos con los otros, con una mutua dependencia y coordinación.

La tesis de Colón y la teoría de Ortega son una buena piedra de toque para plantearse qué vertebra Andalucía. De entrada, estamos ante una sociedad muy tribal, que se define por dos sentimientos de pertenencia muy arraigados: el local y el nacional. Como decía el profesor Domínguez Ortiz, el andaluz es muy de su patria chica, de su pueblo, de su localidad natal, y también un español que se siente orgulloso de serlo sin complejo alguno. Pero, añado, que tiene escasa conciencia de su condición de andaluz y europeo. Es como si tuviésemos dos manos y dos pies y sólo utilizáramos una y uno.

Y, sin embargo, vivimos inmersos en el agravio permanente y en reclamar lo que tiene el vecino, bien porque nos estimemos mucho o menospreciemos al prójimo en cuestión. No pocos políticos locales y una buena parte de la prensa local parecen jugar el partido en la creencia de que contra Sevilla se vive mejor. En el debe está también Canal Sur, que no ha sido un motor de modernización. La televisión pública puede ser popular, pero nunca ordinaria.

Entretanto, todas las capitales quieren un aeropuerto internacional, un palacio de ferias o un puerto de contenedores, desentendidas del principio de la especialización y la coordinación. Esto no significa que se renuncien a otras demandas: es razonable que haya una red de trenes de alta velocidad que conecte todas las grandes ciudades de la región, como es razonable que todas dispongan de buenos auditorios de música, por poner dos ejemplos fáciles. Por otro lado, las redes de infraestructura o culturales, vertebran. La autopista A 92 es la espina dorsal de Andalucía, pero falta la malla que la complete.

¿Vertebra la Junta de Andalucía?  O sea, el conjunto de instituciones del Estado para la administración de la autonomía. Sin duda, el poder político regional ha provocado que haya interlocutores a escala andaluza en todas las áreas de actividad. Es la teoría del ex presidente Rodríguez de la Borbolla, que hace 20 años ya estaba preocupado por la  vertebración regional. También ha vertebrado la cooperación empresarial. Uno de los grandes fenómenos sociales del último tercio de siglo es la aparición de una nueva clase social: empresarios en todas las provincias y todos los sectores que cooperan entre sí, que invierten juntos, que acuden a concursos en comandita.

Aun con todo eso, Andalucía sigue pendiente de un gran acuerdo regional en el que los distintos territorios se especialicen y cooperen. O estamos pendientes del liderazgo que lo propicie. Y la solución no está en el Rocío.

La muerte de un presidente

Ignacio Martínez | 5 de mayo de 2008 a las 0:41

La muerte del presidente Calvo Sotelo nos hace más viejos a algunos. También, en cierta manera, es como si este régimen constitucional, llegara a la mayoría de edad. Es el primer presidente de la democracia que muere y no había protocolos anteriores. El único entierro de Estado que recuerdo fue el del alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván. Tampoco hay costumbre en la democracia española de un trato oficial y deferente hacia los ex primeros ministros. En Estados Unidos se les llama presidentes durante toda su vida. Y se les tiene un respeto que aquí escasea. También es verdad que intervienen poco o nada en política interna. Al menos hasta que hemos visto a Clinton en ese tándem con su mujer que se ha dado en llamar Billary.

Cuando Calvo Sotelo fue elegido presidente por el Congreso tenía 54 años. Y nos parecía muy mayor. En este capítulo hay una cierta costumbre: los españoles hemos elegido siempre a cuarentones para primeros ministros. Suárez, Aznar y Zapateto llegaron al poder con los mismos años, 43. Y Felipe González no había cumplido aún los 40. En Andalucía la tendencia ha sido similar: Chaves fue presidente a los 45, Borbolla a los 37 y Escuredo, con 38. Así que Calvo Sotelo fue, con diferencia, el más mayor. Aunque cuando uno ve a Hillary con 60 y McCain con 71 presentándose a la presidencia de los Estados Unidos resulta que don Leopoldo era un chiquillo a sus 54. Recuerdo que era un joven periodista cuando cubrí la información para ABC de la visita del presidente Calvo Sotelo a Sevilla en una Semana Santa. Y era ya un veterano cuando un jurado presidido por él me otorgó el Premio Madariaga en 1997. Era un señor tímido, educado y atento. Ha sido definido con acierto como un burgués ilustrado.

Estuvo menos de dos años en el puesto, pero su gestión fue decisiva para abrir la puerta de España hacia Europa. Era ministro para las Relaciones con la Comunidad Económica Europea de Adolfo Suárez, cuando España solicitó oficialmente iniciar las negociaciones para su adhesión a la CEE, en 1979. Y era presidente del Gobierno cuando el 29 de octubre de 1981 España se integró en la OTAN. Calvo Sotelo pertenece a un grupo de personas imprescindible para el tránsito de la dictadura a la democracia. Tuvo distintos cargos en los últimos años del Régimen, pero creyó vivamente en la Monarquía constitucional. Es famosa una frase de Franco, que calificaba a la España forjada por los liberales como “bastarda, afrancesada y europeizante”. Pues bien, un hijo de la burguesía liberal española fue uno de los líderes de la integración de la España moderna en Europa, su territorio natural. Descanse en paz.