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“El nuevo orden mundial será tan injusto como el anterior”

Ignacio Martínez | 23 de noviembre de 2008 a las 12:26

 

La frase del titular no es mía. Sino de este señor que tienen en la imagen, el eminente catedrático de Derecho Internacional Público de la Facultad de Derecho de Málaga, Alejandro Rodríguez Carrión, dilecto discípulo del prestigioso profesor Carrillo Salcedo, con quien trabajó en las universidades de Granada, Autónoma de Madrid y Sevilla. “El nuevo orden mundial será tan injusto, al menos, como el anterior”, sostiene Rodríguez Carrión en una entrevista publicada el sábado en la edición de papel del Grupo Joly, pero no en la edición digital. Su explicación es que llevamos décadas de crisis de valores, normas o comportamientos, con más de un tercio de la humanidad viviendo por debajo del umbral de la pobreza y es un poco cínico hablar de crisis profunda cuando algo no va bien para el tercio rico.

El profesor afirma que es difícil encontrar en los últimos dos siglos un comportamiento tan arrogante por parte de una gran potencia como el del Gobierno del presidente Bush en Guantánamo. Hasta ahora, como en las dictaduras militares del Cono Sur o en la Puerta del Sol de antaño, las violaciones de los derechos humanos eran cosa de dirigentes con escaso compromiso con la civilización. Nunca se podía esperar de una potencia que pretende ser líder del mundo democrático civilizado. Y recuerda que el Comité Internacional de la Cruz Roja ha denunciado la violación de la Convención de Ginebra por parte de Estados Unidos en su base militar en Cuba.

El proceso iniciado en Washington la semana pasada se parece muy poco, en opinión de R. Carrión, al ultimado en Bretton Woods en los años 40. Entonces estaba en macha la Segunda Guerra Mundial y se convocó a todos los países del mundo excepto a los del Eje enemigo y ahora hay una guerra de finanzas y se reúne a un “grupito nada democrático”. Habría sido mejor una conferencia abierta con la participación de todos los estados interesados.

Cree que la política exterior de Obama será distinta de la anterior en una cosa: quiere renunciar al ciego unilateralismo de Bush y cerrará Guantánamo. Pero habrá pocos cambios en ayuda a los países subdesarrollados; no se limitará la capacidad contaminante de Estados Unidos, que supone la cuarta parte de las emisiones mundiales de CO2; no será parte de la Corte Penal Internacional; es dudoso su avance en derechos humanos, porque sigue siendo partidario de la pena de muerte y no parece dispuesto a forzar a la parte más intransigente en Oriente Medio a un compromiso de paz duradera. R. Carrión tiene la impresión de que África también es prescindible para Obama. “¿Qué le está importando, de verdad, a nuestro mundo la carnicería del Congo?”, se pregunta.

Sobre los paraísos fiscales, está convencido de que no interesa eliminarlos a quien sitúa allí la sede de sus empresas para evitar la imposición fiscal, ni a los que buscan opacidad en sus movimientos de capital. Y a la pregunta de si no estará en esos paraísos buena parte del dinero que se ha ‘perdido’ en esta crisis, responde: “El dinero, salvo para la gente modesta, no existe. Lo que existe, a esa escala, son movimientos contables”.