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Insultar no es gratis

Ignacio Martínez | 8 de septiembre de 2012 a las 9:18

En Bruselas van a multar hasta con 250 euros un insulto por la calle. Encabeza el catálogo de agresiones verbales el castizo acoso a las mujeres, que no es una exclusiva tradición española, como ven. De hecho, hace unos días el diario Le Soir explicaba un documental de una joven realizadora belga que ha puesto de manifiesto cómo a plena luz del día, de paseo por el centro de la capital de Europa, la autora era objeto de todo tipo de insultos, como puta o zorra, e insinuaciones sexuales. Y las grababa con paciencia, cámara en mano. Un estoicismo que ha tenido recompensa más allá de lo profesional. El Ayuntamiento de la ciudad y la fiscalía de Bruselas han redactado una normativa por la que los improperios pasan a ser una falta.

La medida tiene la dificultad de la prueba. Las palabras se las lleva el viento y pueden quedar impunes, pero nunca son gratis. Ofenden, hacen daño, socavan la dignidad de las personas. La norma prevé que la policía pueda multar en el acto, en caso de flagrante delito. Lo que es altamente improbable, a menos que los agresores verbales sean tan memos como zafios y realicen su acoso ante las barbas de los agentes. También se establece un sistema de denuncia para las víctimas, que en la mayor parte de los casos no perderán el tiempo en los trámites. El alcalde cree que estas sanciones administrativas influirán en la mentalidad de los ciudadanos. Las feministas las consideran insuficientes, porque no se cambian los estereotipos sexistas a través de la educación y la prevención.

En todo caso, los insultos nunca deberían ser gratuitos. Aunque gratis han salido los que el lunes dirigió a la presidenta regional Esperanza Aguirre un grupo de alumnos y sindicalistas, que boicotearon el acto de apertura del curso en la Universidad Autónoma de Madrid. No es nuevo, en otras universidades españolas ha habido grupos que han reventado actos de Felipe González, José María Aznar, Manuel Fraga o Santiago Carrillo. Mala educación y vileza en todos los casos. Pero éste ha tenido otras secuelas. Aguirre se ha olvidado de que viste la camiseta liberal, sinónimo de tolerancia, y ha pretendido que fue objeto de amenazas de muerte, porque algunos gritos despreciativos decían “¡muérete!” Un poco exagerado. Por el contrario, la lideresa popular ha estado en su sitio cuando ha mostrado su apoyo a la concejal socialista de Los Yébenes (Toledo) tras la difusión por las redes sociales de un vídeo íntimo para uso particular, que ha circulado por internet.
Olvido Hormigos no ha dimitido, después de recibir una avalancha de apoyos por Twitter, aunque estuvo tentada por los insultos y el acoso de algunos de sus vecinos, que el jueves tras el último Pleno municipal la recibieron a la salida al grito de “puta” y “zorra”. Las mismas palabras que le decían los gamberros bruselenses a la realizadora del documental. Pero aquí, sin multa; de gratis. Lástima.

El lobby es como el colesterol

Ignacio Martínez | 29 de mayo de 2010 a las 10:25

A Sarah Ferguson la cogieron con las manos en la masa hace una semana, cuando aceptaba 32.500 euros en metálico y pedía 400.000 más por conectar a un supuesto empresario con su ex marido, el príncipe Andrés de Inglaterra. El tipo, en realidad, era un periodista camuflado, que le ha sacado los colores a la ya de por sí sonrosada princesa consorte y duquesa de York. La señora no ha perdido la sonrisa, ni el humor británico. Unos días después, al presentar un cuento infantil en Nueva York, dijo que debería aprender de los inteligentes personajes de los libros de sus hijos. La Ferguson hace lobby desde que se divorció del tercer hijo de la reina Isabel II. Ésta puede ser una manera honrada de ganarse la vida. O no. El lobby es como el colesterol, que lo hay del bueno y del malo.
En Estados Unidos están regulados y hacen una labor importante de información, además de representar intereses concretos. Todo eso, si es transparente, tiene mucho de positivo. Si es opaco o bajo cuerda, puede caer dentro del código penal. En Bruselas, los funcionarios de la Comisión Europea que deben redactar un proyecto de reglamento o directiva suelen llamar a todos los lobbies concernidos. Si lo hacen bien y oyen a todo el mundo, incluso a quienes representan intereses encontrados, acabarán teniendo una buena visión de conjunto. Este es el lobby bueno.  

Lobby hacen aquí en España personajes que se dedican a promocionar establecimientos comerciales porque son famosos por sus hazañas en los ruedos, en las canchas de deporte o en el cine. Nada de eso es ilegal. A veces, se trata de famas conseguidas debajo del edredón de un reality, o simplemente en el papel cuché. Son lobbies más penosos, pero mueven a las masas, tienen tirón comercial y el dinero les quiere. Aunque convengamos que la señora Ferguson, sin tener la clase de su cuñada Diana, es más glamurosa que Belén Esteban. ¿O no? Pero su caso se separa de la legalidad y entra de lleno en el tráfico de influencias.

De eso también tenemos muy buenos ejemplos patrios. Sin ir más lejos, es lo que hacía El Bigotes cuando cortejaba a su amiguito del alma, el presidente de la Generalitat valenciana, a su familia, amigos y entorno político. Este es lobby del malo. Hay más: un tal Luigi, ex diputado del PSC en Cataluña, montó una trama corrupta bautizada como Pretoria, que cobraba 10 millones de euros por cada operación urbanística. El buen hombre mandaba sobre el alcalde de Santa Coloma de Gramenet, operaba en otros ayuntamientos y tenía de socios a un histórico ex consejero de Pujol y al secretario general de la Presidencia de la Generalitat con don Jordi. Lobby del malo, de nuevo.

También hay casos intermedios. Cuando éramos ricos, una vez organizó la ministra de Fomento Magdalena Álvarez una reunión de ministros latinoamericanos de Obras Públicas en Málaga. En una cena, en unos estupendos jardines, presencié cómo el secretario de un ministro, con su jefe y la esposa de éste presentes, se interesaba por unas entradas para ver al Real Madrid al domingo siguiente. Los ejecutivos de las constructoras presentes organizaron una carrera de sacos allí mismo, forcejeando por ver quién era el que los llevaba al palco del Bernabéu. Y hubo uno que estuvo más listo que los demás.

En fin, ya ven que hay quien vive del cuento, tan ricamente. Mejor que los personajes del libro que presentó en Nueva York la duquesa de ídem.

La nube

Ignacio Martínez | 19 de abril de 2010 a las 7:43

El actor británico John Cleese, uno de los fundadores de Monty Python, le cogió la nube en Noruega y tenía prisa por volver a casa; así que cogió un taxi de Oslo a Bruselas, para embarcar en el Eurostar e ir a Londres por el eurotúnel. El taxi le costó 3.800 euros. Supongo que se habrá alegrado de que Inglaterra dejara de ser una isla en 1994, gracias al enlace por tren de alta velocidad de París y Bruselas con la capital británica. Cleese es muy ocurrente. Fue él quien popularizó uno de los eslóganes de los Monty Python: Y ahora, algo totalmente diferente. Diferente es la nube global que ha lanzado el volcán bajo el glaciar Eyjafjälla, en Islandia.

Más de la mitad de los vuelos comerciales en Europa se han suspendidos este fin de semana; multitud de aeropuertos cerrados, incluidos diecisiete en España ayer. Desde que empezó este colapso aéreo, se han anulado unos mil vuelos con origen o destino en Málaga, Sevilla, Jerez, Granada o Almería. Aún ante semejante contrariedad, el heterodoxo Cleese no ha perdido su sentido del humor. Ha dicho que Islandia no puede controlar ni sus volcanes ni sus bancos, en alusión a su caos financiero cuando empezó la crisis económica.

Somos herederos de tradiciones y creencias antiguas. Pensábamos como el ortodoxo poeta Jorge Manrique que es la muerte la que nos iguala a todos y resulta que no hace falta ponerse tan trascendente: tanto la crisis como esta nube han equiparado a grandes y pequeños, ricos y pobres. De pronto han ocurrido cosas totalmente diferentes. Angela Merkel, que volvía de Estados Unidos, tuvo que hacer noche en Lisboa; su colega noruego, Stoltenberg, hubo de quedarse en Nueva York; los reyes de España no pudieron ir al cumpleaños de la reina Margarita de Dinamarca. Y al jefe de la diplomacia sueca, Carl Bildt, le pasó lo contrario que a Cleese, cogió el Eurostar de Londres a Bruselas para seguir en coche hasta Suecia, pasando por Alemania y Dinamarca.

Los daños colaterales de la nube han deslucido el homenaje en Cracovia al difunto presidente polaco Lech Kaczynski, enterrado con honores de héroe de la patria en el Castillo de Wawel, junto a los reyes polacos de los últimos cinco siglos. Los líderes mundiales no han podido acudir a este funeral monárquico. Se ha frustrado en parte la iniciativa oportunista de su hermano Jaroslaw, que quiere aprovechar ahora la desventurada muerte de Lech para relanzar su carrera política. Los Kaczynski han representado en los últimos años en la Unión Europea el más rancio nacionalismo conservador, egoísta y cicatero. Es una paradoja que un suceso tan poco usual como esta nube nos muestre que Europa entera es muy pequeña y que sus intereses y amenazas nos igualan a todos. No es una mala lección para sus seguidores. Con un simple volcán, algo más prosaico que la muerte. Afortunadamente.

Horarios castizos

Ignacio Martínez | 15 de marzo de 2010 a las 7:42

Hay que aprovechar la crisis para corregir algunas de las ancestrales costumbres nacionales. Las reformas estructurales de las que tanto se habla son asuntos complicados, pero hay cosas más fáciles que podrían abordarse de inmediato. Por ejemplo, los horarios laborales. En España trabajamos más horas que en el resto de Europa, con una falta de productividad que sólo superan Grecia y Portugal. Los empleados en el sector privado son los que más horas trabajan en la UE y están entre los que menos rinden, según un estudio encargado por la multinacional de recursos humanos Adecco. Y hay que añadir que los funcionarios públicos tienen la jornada laboral más corta de la Unión Europea.

Los horarios laborales tan largos están motivados por la castiza tradición española de parar a mediodía un par de horas para comer. Cada vez que viene un grupo de funcionarios de la Unión Europea en misión de trabajo comentan que cuando les llevan a comer a las tres de la tarde están muertos de hambre. Y, encima, el almuerzo es largo y ancho, se pierden dos o tres horas y no quedan ganas de volver a arrancar por la tarde. De hecho, suele ser tan difícil recuperar el ritmo de trabajo, que sólo se consigue prolongando la jornada más allá de lo razonable. Se calcula que los trabajadores españoles trabajan 240 horas más al año que la media de los europeos. Esos mismos funcionarios comunitarios que nos visitan, cuando están en Bruselas paran menos de una hora para almorzar y están de vuelta en el trabajo -después de una breve pausa- a las dos de la tarde, para echar tres horas más y marcharse a casa a las cinco.

La Cámara de Comercio Americana en España alerta de que este sistema laboral de nueve de la mañana a ocho de la tarde es un lastre para atraer a empresas extranjeras. Pero además, se puede añadir que dificulta la vida personal o familiar, produce insatisfacción e incluso estrés entre los trabajadores.

Cambiar estos hábitos tiene que ser bastante más barato y sencillo que hacer una reforma del mercado del trabajo, del sistema de pensiones, o de la presión fiscal. Empezar muy temprano y terminar muy pronto, con media hora para comer, no parece que sea un desafío inalcanzable. Se podría adelantar el telediario de referencia de la noche y que empiece a las ocho de la tarde, como en Francia. Y así terminar una hora antes la programación y conseguir meter en la cama a los españoles más temprano. En fin, a esto se le podrían añadir otros pequeños detalles sin importancia, como aprender a ser puntuales o acabar con el estereotipo español de que dejamos los asuntos para el día siguiente con demasiada facilidad. A lo mejor conseguimos trabajar menos, rendir más y ser más felices. Parece hasta asequible.

Obama tiene un plan

Ignacio Martínez | 3 de febrero de 2010 a las 18:18

A Zapatero lo ha abandonado su buena fortuna. Obama, ignorante del acontecimiento planetario, por la coincidencia de dos liderazgos progresistas a ambos lados del Atlántico, ha pasado olímpicamente de venir en mayo a Madrid para la cumbre entre Estados Unidos y Europa. Una reunión que del lado europeo iba a presidir Van Rompuy, pero que el Gobierno español quería celebrar en Madrid a toda costa. Por la foto, más que nada. Pero mientras Zapatero y Van Rompuy se peleaban sobre el lugar del encuentro, Obama jamás tuvo plan de viajar a Europa en mayo. Vendrá en noviembre a una cumbre de la OTAN en Lisboa y quizá vaya a Bruselas, ya sin presidencia española. Un descarrilamiento en toda regla del acontecimiento planetario.

Lo que sí tiene Obama es un plan energético para su país. La semana pasada, en su discurso sobre el Estado de la Unión, le dedicó un párrafo. “Para crear más empleo en el área de las energías limpias, necesitamos más producción, más eficacia y más incentivos. Eso significa construir una nueva generación de centrales nucleares limpias y seguras [ovación de 17 segundos]. Significa tomar decisiones difíciles como la de abrir nuevas zonas costeras para la extracción de gas y petróleo [ovación de 10 segundos]. Significa hacer una inversión continua en biocombustibles avanzados y tecnologías limpias del carbón [ovación de 9 segundos]. Y significa también aprobar un proyecto de ley integral sobre la energía y el clima con incentivos que hagan que la energía limpia sea la más rentable en Estados Unidos” [ovación de 8 segundos]. Senadores y congresistas aplaudían entusiasmados. Una diferencia profunda entre un liderazgo y otro.

Obama no sólo habló de energías limpias como suele hacer Zapatero. Habla de un mix de renovables, gas, petróleo, carbón, biocombustibles y nuevas centrales nucleares. El sainete nacional sobre la ubicación del almacén nuclear español para residuos de alta actividad ha incluido una declaración del presidente sobre la necesidad de esta instalación. Una prueba de realismo, que es la última faceta conocida de nuestro presidente, cuyo discurso público ha sido hasta ahora decididamente antinuclear. Él, que tanto se mira en el espejo de Obama, puede preguntarle mañana en Washington por los planes energéticos de Estados Unidos, que dedicará este año 34.000 millones de euros a financiar nuevas centrales nucleares.

España necesita muchas reformas. El mercado de trabajo, el recorte en el gasto público y las pensiones están sobre la mesa. Pero hay otras muchas que urgentes: un acuerdo sobre educación, que marcha por buen camino; una reducción drástica de la administración, que sólo están encarando algunos ayuntamientos como el de Jerez; y una política energética precisa, moderna, eficiente. Obama ha dado una pauta con su plan. A ver si cunde el ejemplo, ahora que el presidente español ya no confía en el azar. Afortunadamente.

Se busca un presidente para Europa

Ignacio Martínez | 30 de octubre de 2009 a las 8:52

Hoy hay cumbre de líderes europeos en Bruselas. Asisten pocos líderes de cuerpo entero; pero, en fin, es la época que nos ha tocado vivir. Allí discuten sobre quiénes pueden ser el presidente del Consejo Europeo y el ministro de Exteriores comunitario en los próximos dos años y medio, dos puestos creados por el Tratado de Lisboa, que parece que entrará en vigor el 1 de diciembre. Tony Blair sonaba mucho para presidente, pero sus colegas socialdemócratas lo han dejado caer del cartel. En cambio sube enteros Jean-Claude Juncker, primer ministro de Luxemburgo y decano del Consejo de Europeo en el que lleva 14 años, que se ha mostrado dispuesto para la tarea el martes en una entrevista en Le Monde.

Confieso mi admiración por Juncker, que a sus 54 años tiene una larga experiencia y mucho sentido del humor. Hay una anécdota suya en la cumbre de la UE celebrada en Sevilla en junio de 2002. Aznar, con la ayuda de Blair, llevó a este Consejo Europeo la propuesta de condicionar la cooperación con los países africanos a su colaboración en la lucha contra la inmigración ilegal. No se aprobó ese punto y en su conferencia de prensa final Juncker deslizó un sarcasmo sobre la osadía de la derecha europea: metía en ese saco al laborista Blair y a Aznar, compañero suyo de filas en el Partido Popular Europeo. Preguntado si había sido un desliz, reiteró sus críticas a esa propuesta, que también contó con la oposición de los nórdicos y Francia, entre otros.

Hay más candidatos para ser presidente europeo; la irlandesa Robinson o el holandés Balkenende por ejemplo. Todos tienen buen nivel, dicho sea de paso. No se repite la escena de la cumbre Corfú de 1994, cuando hubo que elegir al sustituto de Delors como presidente de la Comisión Europea. Debía ser uno de los padres del Tratado de Maastricht, democristiano y de país pequeño. Sólo los tres primeros ministros del Benelux cumplían las tres condiciones: el holandés Lubbers, el belga Dehaene y el luxemburgués Santer. Kohl vetó a Lubbers porque no había sido lo bastante entusiasta de la unificación alemana y Major vetó a Dehaene porque era demasiado europeísta. Veinte días después, en una improvisada cumbre en Bruselas, se designó al más mediocre de los tres. La Comisión Santer tuvo el honor cuatro años después de ser la única de la historia derribada por el Parlamento Europeo. El juego de los consensos puede poner en algún sillón al más tonto de los candidatos, simplemente porque no moleste a nadie.

Juncker cree que el presidente de Europa debe conjugar las ambiciones de los grandes y los pequeños países, del Este y del Oeste. Debe ser también un facilitador para la pareja francoalemana, que tutela la Europa unida desde su invención hace casi 60 años. Y piensa que él lo puede hacer bien. Un criterio que comparte un servidor de ustedes.

Peleas callejeras

Ignacio Martínez | 9 de septiembre de 2009 a las 6:26

El pasado fin de semana hubo movilizaciones con altercados para todos los gustos. En Madrid, un numeroso grupo de jóvenes acabó su botellón en Pozuelo con un enfrentamiento en toda regla contra la policía, quema de vehículos y un intento de asalto al cuartel policial. En Sevilla, un grupo de jornaleros del Sindicato Andaluz de Trabajadores invadió la sede de Canal Sur e intentó impedir la salida de un AVE con destino a Madrid. Y en el País Vasco, un comando de los cachorros de ETA metió fuego a varios coches en un garaje de Rentería. En vasco le dicen a esto kale borroka, en castellano lucha callejera. Es un asunto al que algún insensato quiere verle el lado romántico, como en aquella canción de 1968, Street fighting man de los Rolling Stones, que consideraba el verano un tiempo excelente para peleas callejeras.

Hay muchas maneras de protestar y reclamar. Las más fáciles, son contra el gobierno de turno, ya sea municipal, regional o nacional. En este campo trabaja el sindicato andaluz, que ya consiguió el 21 de agosto en Córdoba cortar la vía del AVE durante 90 minutos, retrasar ocho trenes y tomar la sede de CajaSur: pretenden una ampliación del subsidio agrario, por la crisis. Estos cortes de carretera o ferrocarril perjudican a los ciudadanos, que deben después pagar la factura de lo que se reclama. Pero ojo, si la crisis deja el campo andaluz más subsidiado, habrá pasado como un rodillo por su futuro.

Las más estúpidas son las manifestaciones gratuitas. Recuerdo que en febrero de 1998 unos belgas le estamparon unas tartas a Bill Gates en la cara. Ocurrió en Bruselas. El dueño de Microsoft, que contra su costumbre iba de chaqueta y corbata, no descompuso su ademán, aunque su rostro, sus gafas, su oreja derecha y su traje quedaron llenos de nata. Gates se lo tomó con humor: dijo que el dulce no estaba sabroso. Los autores de la agresión no reivindicaban nada: simplemente buscaban 15 minutos de gloria, al actuar contra una celebridad. Un acto de gamberrismo, vamos. Y además, barato. La condena de la justicia belga fue otra broma: 12.000 pesetas de multa. Esta es la liga en la que juegan los niñatos de Pozuelo de Alarcón, si no fuera por lo peligroso de su diversión. Lo hacen borrachos, sí, pero en la confianza de que la sanción será ridícula. (La kale borroka es otra historia. Terrorismo callejero a manos de canallas cómplices de asesinos).

Hay protestas más elegantes. Cuando le concedieron a Marlon Brando su segundo Oscar, por el Padrino en 1973, no fue a recibirlo y mandó en su lugar a recogerlo a una india para protestar del trato que la industria cinematográfica había dado a siux, cheyennes y demás. Elegante, quizá porque los Oscar no se entregan en verano, el tiempo excelente para las peleas callejeras, según Mick Jagger.

Los signos externos del poder

Ignacio Martínez | 7 de septiembre de 2009 a las 8:07

Como una medida de austeridad, la Consejería de Justicia ha retirado los coches oficiales de los que disponían los juzgados de guardia y ha restringido el uso de taxis. La decisión ha provocado protestas de funcionarios y magistrados de estos órganos judiciales. Este asunto tiene fondo. Un antiguo delegado de una consejería de la Junta en una provincia del litoral andaluz me confesó después de dejar el cargo que lo que peor llevaba con su cambio de actividad era no tener coche oficial. La razón fundamental por la que este dirigente socialista lamentaba haber perdido su automóvil con chófer era lo difícil que resultaba aparcar y llegar puntual a sus citas. Ignoro si también añoraba el ex delegado este signo externo de poder al que tan aficionados somos los latinos. Y no sólo los latinos, la ministra alemana de Sanidad, la socialdemócrata Ulla Schmidt, se vino en julio de vacaciones a España y se hizo acompañar por su Mercedes oficial. Se supo porque se lo robaron, aunque los ladrones ante el escándalo que se formó lo abandonaron rápidamente.

Hay casos peores: ya saben que el primer ministro italiano Berlusconi hasta utilizaba los aviones oficiales para desplazar a su finca de Cerdeña a los invitados a sus fiestas, acompañantes incluidas. Esto es subir de categoría los desplazamientos. Lo que me recuerda el caso de un comisario europeo, también latino, que dejó atónito al servicio jurídico de la Comisión cuando llegó a Bruselas en 1986. Entre la lista de artículos que todo funcionario comunitario puede comprarse sin IVA para su uso particular figuraba un vehículo. El comisario en cuestión mandó los papeles de ¡un avión! Después se sesudos informes, el servicio jurídico admitió el avión como vehículo de uso privado, porque no contradecía la letra del reglamento.

He leído no hace mucho que el parque móvil de todas las comunidades autónomas lo componen 1.220 coches. Así a bulto, parecen más. En todo caso resulta obscena la ostentación de coches oficiales en los actos de partido, cualquiera que sean sus siglas. Impresiona ver una larguísima fila con decenas de coches de ayuntamientos, diputaciones o consejerías, con sus respectivos chóferes. La presencia de numerosos cargos institucionales provocó este efecto en la reunión del Comité director del PSOE que ratificó en abril en Sevilla la candidatura de Griñán a la presidencia de la Junta. El asunto no es privativo de los socialistas: un accidente dejó el coche oficial de una concejal de Málaga en estado de siniestro total cuando lo utilizó un día de temporal para acudir a Sevilla a una reunión de la ejecutiva regional del PP.

Ahora que se habla tanto de austeridad, este asunto se presta al ahorro. No sería ninguna originalidad. He visto en los 90 llegar al primer ministro Poul Schlüter al Parlamento danés conduciendo su automóvil. Y el utilitario de Jean-Luc Dehaene, primer ministro belga en esa época, con su propietario al volante, salía en la televisión belga tanto como aquí el de María José Campanario a la salida de Ambiciones. El campechano primer ministro hacía declaraciones sin bajarse, con la ventanilla bajada. Jorge Muñoz informaba el sábado en el Diario de Sevilla de los recortes que la Consejería ha planeado para los juzgados. ¿Una medida prudente? Sería creíble si la Junta deja su parque móvil en la mitad o la tercera parte. Aunque esté tan difícil encontrar aparcamiento.

Teléfonos móviles: el cargador universal

Ignacio Martínez | 30 de junio de 2009 a las 12:03

Hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad. Me emociona que la Comisión Europea haya conseguido que los fabricantes de teléfonos móviles se presten a un acuerdo voluntario para que todos los aparatos tengan el mismo cargador. No es nueva está práctica: cuando se preparaba el paquete de directivas para el Mercado Único de 1992 hubo que legislar para unificar los enchufes de electricidad o de teléfono. Aunque ahora parezca mentira, esto se arregló mediante una legislación precisa hace poco más de 15 años.

Ahora ha funcionado otro mecanismo distinto a la legislación: la persuasión, el acuerdo voluntario. Los lobbies están bien vistos en Bruselas. Se negocia mucho con ellos, a condición de que entre los interlocutores haya representantes de intereses encontrados. Por ejemplo: patronal y sindicatos.
En este caso, el equipo del comisario encargado de la Industria Guenter Verheugen, se ha sentado con los fabricantes y les ha conminado a acabar con el despropósito de que una misma marca tiene varios modelos de cargador. Esto genera miles de toneladas de residuos al año. Nokia, Ericsson, Apple, Samsung y Motorola, que acaparan el 90% del mercado europeo, han entrado en razón. A partir del año que viene se empezarán a vender móviles con cargadores de clavija USB compatibles unos con otros.

Hay 400 millones de móviles en Europa y se venden unos 180 millones al año, con lo que la renovación del parque de celulares será rápida. Hay quien se pregunta para qué sirve la Unión Europea. Ésta de la estandarización de normas es una de sus funciones esenciales y discretas.

Elecciones europeas: Un día para dudar

Ignacio Martínez | 7 de junio de 2009 a las 12:54

Si usted ha sobrevivido a esta campaña en la que los antagonistas se han despreciado con un ardor propio de enemigos. Si usted ha soportado la tesis de que el único culpable de la crisis es Zapatero; o, por el contrario, que los responsables son Bush, Aznar y sus amigos neoconservadores. Si ha superado las pruebas de fuego del Falcon de ZP, los trajes de Camps, la hija de Chaves o las profecías galácticas de Pajín. Si ha resistido las letanías sobre el aborto o la píldora del día después. Debo decirle que ha hecho el esfuerzo para nada.

Porque los diputados que hoy elija el pueblo español en las listas del PSOE y del PP para el Parlamento Europeo votarán lo mismo en siete de cada diez casos en Estrasburgo. No es una manera de hablar, sino pura estadística: el PPE y el PSE se pusieron de acuerdo en el 69,9% de los temas votados en la pasada legislatura. A eso añadan que ambos partidos, que tan sucia campaña han desarrollado, tienen el mismo candidato a la Presidencia de la Comisión Europea, Durao Barroso. Curioso, que este amigo de Bush y Aznar, anfitrión de la reunión de las Azores en la que se decidió la guerra de Iraq, sea el candidato de Zapatero. Vistos desde Bruselas, ni los populares son una pesadilla, ni los socialistas son zafios. Contradicciones de la vida.

En el camino se han quedado asuntos de trascendencia, como del futuro institucional de Europa, la energía, la inmigración o el estado del bienestar, que nuestros próceres han preferido evitar. Era más fácil señalar que el PP es partidario de la pena de muerte o del despido libre, aunque no sea cierto. O acusar al PSOE de machacar a la agricultura española, lo que tampoco es verdad. El tremendismo, la hipérbole, han acaparado los focos, los titulares. Se trataba de movilizar a los más próximos, a los incondicionales, dando por supuesto que los tibios hoy no votarían.

Si usted ha sobrevivido a todo esto, desde luego se ha ganado el derecho a dudar si vale la pena votar. Pero si necesita un argumento para decidirse, piense que tiene la posibilidad de ajustar las cuentas a los dos partidos frentistas: hay opciones para todos los gustos, lejos del reducido mundo bipartidista.