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Falta humor en la política andaluza. ¡Viva lo blando!

Ignacio Martínez | 24 de marzo de 2012 a las 12:31

Si hay algo que un servidor ha echado de menos en esta campaña electoral, que no será recordada por sus aportaciones a la historia de Andalucía, es la falta absoluta de sentido del humor. No hubo campaña más crispada, bronca, huera, decepcionante que esta que terminó anoche. Leo en un periódico que sonreír ante algo es proporcionar una alternativa, y pienso que pocas alternativas nos ha proporcionado esta lluvia de pedradas que acaba de terminar. Ni una ironía, ni un sarcasmo, ni una sonrisa.
Un famoso humorista francés, Coluche, anunció en 1981 que se presentaba a la elección presidencial que acabó ganando Mitterrand. En la explicación de su campaña lanzó un eslogan imbatible: “Coluche, el único candidato que no tiene ningún motivo para mentir”; consiguió un 16% de expectativa de voto. El viejo Mitterrand se inquietó y encargó a amigos del artista que le disuadieran. Ya lo hizo De Gaulle en 1965 cuando se presentó Pierre Dac, héroe de la Resistencia además de humorista. Creó el Movimiento Ondulatorio Unificado (MOU) y su lema era “los tiempos son duros, ¡viva lo blando! (mou en francés)”. Se retiró.

Aquí un tipo del corte de Gila haría estragos. Y Santiago Segura en un debate parlamentario llamaría la atención. No crean que es simple teoría. Sin ir más lejos, hace un par de años en Islandia un famoso humorista montó un partido protesta y en seis meses conquistó la Alcaldía de Reikiavik. El Partido Mejor desplazó a las siglas tradicionales con un programa que se declaraba abiertamente corrupto y aseguraba que no cumpliría sus promesas electorales. En España lo más cerca que tenemos es el Partido del Karma Democrático, fundado en Vizcaya por otro humorista, que sacó más de mil votos en las municipales de 2007 en Bilbao. Sus principios ideológicos eran fomentar el humor, el tapeo, el amor y la condonación de la deuda del Tercer Mundo. Su más conocido eslogan fue: “PKD el voto inútil. El voto como tú”.
Sin necesidad de acudir a ejemplos raros, en el propio Parlamento andaluz ha habido ilustres ejemplos de portavoces con fina ironía y buen sentido del humor. Por ejemplo el recordado Juan Santaella del PP, o Pepe Caballos del PSOE, o las ocurrencias de Antonio Romero del PCA, empeñado en la primera legislatura en mencionar a su pueblo en los discursos, para que Humilladero figurase en el Diario de Sesiones o los pildorazos de humor jerezano de Pedro Pacheco del PA. Pero más allá de las personas, nuestro Parlamento regional dio la vuelta al mundo con un ataque de risa colectivo acaecido en noviembre de 1994 bajo la presidencia de Diego Valderas, cuando primero Chiqui Gutiérrez del Álamo y después el mencionado Santaella fueron incapaces de articular palabra para llamar a los diputados a una votación nominal.

En nuestra política regional falta humor. Y, por ende, alternativas.

El regente Griñán

Ignacio Martínez | 6 de abril de 2011 a las 10:43

En política, como en la vida, hay instantes que cambian el curso de la historia. La noche del 21 de julio de 2000, la víspera de la inesperada elección de Zapatero como secretario del PSOE, el presidente de la Junta y secretario regional de los socialistas andaluces convocó a los ocho secretarios provinciales para pedirles que sus delegaciones votaran a Bono. Discreparon al menos tres: Moratalla, de Granada; Asenjo, de Málaga, y en menor medida Mellado, de Córdoba. Tres personas tensaron la reunión. Los dos primeros, el secretario de Jaén Zarrías y el portavoz parlamentario Caballos, aspiraban a cargos con Bono. Pero el más molesto con la desobediencia de los cuadros fue Luis Pizarro, convertido con el tiempo en un cuadro desobediente. Aquel plante, contra el liderazgo fuerte de Chaves y Pizarro, permitió el triunfo de Zapatero y cambió la historia.

Griñán ha ejercido hasta ahora un liderazgo débil. El presidente de la Junta tiene un hándicap: no se presentó como candidato y eso merma su legitimidad. Es como un regente hipotecado hasta que las urnas le den más autoridad. Transmite esa impresión en el Gobierno, pero aun más en el partido: le viene más grande el liderazgo del PSOE andaluz que la dirección de la Junta. A estas alturas quizá se haya arrepentido de haber reclamado todo el poder en el partido. Al fin y al cabo lo suyo fue un dedazo. La principal baza para el liderazgo forzado de Griñán fue la voluntad de Chaves, de la que ha prescindido.

Los políticos tienen mucha facilidad para prescindir de sus principios. Por ejemplo, Zapatero llegó al liderazgo del partido porque el PSOE estaba en crisis. No por haber perdido las elecciones, sino al revés: perdió las elecciones porque su modelo estaba agotado. Y la renovación fue el núcleo del discurso del dirigente leonés, que encandiló a los delegados. De aquel discurso nunca más se supo. Con la victoria en la mano, los jóvenes de Nueva Vía olvidaron el cambio de modelo de partido y se ocuparon de ganar las elecciones generales. Pero en diez años de liderazgo negligente de Zapatero el PSOE no ha recuperado ninguno de los grandes feudos electorales en donde gobernó por mayoría absoluta, como Valencia, Madrid o Murcia.

El regente andaluz también ha renunciado a algunos de sus más sólidos principios, como el discurso del mérito y la capacidad. No hay más que darle un repaso a su Gobierno o a su ejecutiva para ver que familia, provincia o género, tres pilares del equilibrio chavista, siguen siendo las pautas de los nombramientos. Con la agravante de que para rejuvenecer los cuadros dirigentes ha entregado el poder en el partido a una generación sin la capacidad ni la autoridad suficiente.

Pero lo grave ahora no es la levedad del liderazgo de Griñán, sino la incapacidad del Partido Socialista para reciclarse o al menos airearse. Demasiada tarea para un regente.