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Juergen Donges: “El ajuste anunciado va en la dirección correcta, pero no será suficiente”

Ignacio Martínez | 18 de mayo de 2010 a las 14:43

El profesor propone añadir una reducción un 10% todas las subvenciones cada año, eliminar ya la prestación por nacimiento, reducir la estructura del Gobierno y trasladar la austeridad a autonomías y ayuntamientos

 

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JUERGEN B. DONGES es uno de los economistas alemanes y europeos más prestigiosos. En la actualidad es director del Instituto de Política Económica de la Universidad de Colonia. En 1992 entró a formar parte del Consejo alemán de expertos económicos, organismo que presidió entre 2000 y 2002, y en el que estuvo bajo los mandatos de los cancilleres Kohl y Schroeder. Como su hermano mayor, el profesor Donges nació en Sevilla (octubre de 1940). Sus padres residían en esta ciudad, donde su padre trabajaba en el Banco Alemán Transatlántico. Cuando tenía un año, la familia se trasladó a Madrid. No es ésta su única vinculación con la región: su esposa, María Cruz Gutiérrez García, es malagueña, aunque se crió en Segovia. Donges ha sido profesor y ponente en cursos del Instituto Internacional San Telmo. Es catedrático emérito de la Universidad de Colonia y asesor científico de varias instituciones, como el Peterson Institute for International Economics (Washington), el Institute for Global Economics (Seúl), el European Centre for International Political Economy (Bruselas) o el Instituto de Estudios Económicos (Madrid). En las últimas semanas se ha mostrado muy crítico con lasmedidas de rescate decididas por la Unión Europea para Grecia y ha explicado que las instituciones alemanas están haciendo importantes recortes presupuestarios: hay municipios quebrados que están cerrando piscinas o centros culturales.

-El Parlamento alemán aprobó la semana pasada los planes de rescate a Grecia. ¿Le complace esta decisión?

-No demasiado. La ayuda financiera a Grecia le va a dar al Gobierno heleno un respiro, pero los problemas estructurales de la economía no se resolverán por sí solos. Me cuesta creer que Grecia en tres años pueda devolver los créditos recibidos. ¿De dónde van a sacar los recursos?

-¿Qué habría hecho usted?

-En este ejercicio y el próximo, la producción va a contraerse. Entonces habrá que hacer lo que ya ahora habría sido lo más adecuado: una moratoria y una reestructuración ordenada de la deuda pública, a cuenta de los acreedores griegos y extranjeros, bancos y compañías de seguro, fundamentalmente. Si los bancos pensaron en su día que estaban haciendo un buen negocio prestándole dinero al Estado griego, tienen que asumir las pérdidas al haberse equivocado. Por el contrario, el plan de rescate establece un peligroso precedente, al que recurrirán, si fuera necesario, gobiernos de otros países con problemas presupuestarios.

-¿Qué le parece el ajuste que ha anunciado Zapatero para España?

-Un recorte del gasto público era necesario, y lo previsto ahora va en la dirección correcta. Pero no será suficiente. Se podría haber abordado una reducción, de todas las subvenciones, digamos del 10% cada año. Y no hay razón alguna para esperar hasta enero para eliminar el cheque bebé; medida poco acertada desde el primer día.

-¿Algo más?

-Y una buena acción para crear credibilidad cara a la opinión pública española y europea hubiera sido remodelar la estructura del propio Gobierno; no se necesitan tres vicepresidencias, y algún ministerio es absolutamente superfluo, el de Igualdad el primero. Además, no sé si las autonomías y los municipios harán también un serio esfuerzo de ahorro o si lo anunciado por el presidente queda en papel mojado. Lo que no es bueno es reducir la inversión pública.

-¿No cree que la Unión Europea debería también tener un plan colectivo? Y, de camino, poner en práctica la unión económica creada en el Tratado de Maastricht.

-Unión económica hay. El mercado único está bastante bien desarrollado. Lo que no hay, es la unión política, y no veo que se produzca pronto. Por eso el Tratado de Maastricht requiere de los países miembros la sostenibilidad de sus finanzas públicas. Hay un límite para el déficit público y otro para la deuda total, el 3% y el 60% del PIB, respectivamente. Planes colectivos no harían más que liberar a los gobiernos de sus responsabilidades, y eso nunca es bueno. En la Eurozona tiene que haber la posibilidad de que un Estado declare la suspensión de pagos.

-¿Puede quebrar un país?

-Sí, en cuanto los ahorradores nacionales y extranjeros ya no le presten dinero o exijan un interés altísimo a los bonos. En la historia ha habido muchas quiebras, las más recientes en Rusia en 1998, Argentina en 2001 e Islandia en 2009.

-¿Si es de la Zona Euro tiene más o menos posibilidad de quiebra?

-Una unión monetaria no es un paraguas seguro. Por ejemplo, California en Estados Unidos está al borde de la bancarrota. Pero los países afectados no desaparecen del mapa. Lo normal es que hagan de la necesidad virtud y se recompongan económicamente.

-¿Cree que en las última semanas se ha producido un ataque al euro?

-Este es el vocabulario de los políticos, que no quieren admitir que su gestión de los problemas de la economía es mala, y les duele que los mercados pasen factura. Cuando organizan planes de rescate a nivel europeo, como en el caso de Grecia, invitan a los inversores financieros profesionales a someter el euro a continuos tests de robustez. Sólo pueden ganar porque la apuesta de una devaluación del euro se cumple; o bien, porque si no se cumple, es el Estado quien actúa como el bombero de urgencia y son los contribuyentes los que pagan.

-El fondo de rescate europeo pactado el domingo en Bruselas no será santo de su devoción…

-El Fondo europeo de rescate no me tranquiliza demasiado. Es curioso que se quiera combatir una crisis financiera europea derivada del sobreendeudamiento de determinados Estados creándoles nuevas deudas. También me preocupa que con la decisión del 10 de mayo, nuestros líderes políticos hayan derogado dos reglas básicas de la unión monetaria: la del no rescate de un país insolvente por sus socios solventes y la de no financiación de déficits por parte del BCE.

-¿Tampoco tranquilizará a los mercados?

-Me temo que los mercados quieran comprobar si el euro se va a convertir en una moneda débil y si la unión monetaria va a dejar de ser un foco de estabilidad de precios para degenerar hacia una unión inflacionaria y una comunidad de deudores soberanos. La tranquilidad en las bolsas se hará esperar.

-Paul Krugman sostiene que el euro fue un error. ¿Usted qué piensa?

-Al principio me preguntaba si estábamos cogiendo el toro por el rabo, al anteponer la integración monetaria a la política. Pero los últimos diez años son una historia exitosa: el euro es apreciado como divisa de reserva y moneda de facturación internacional, el Banco Central Europeo ha adquirido una gran reputación y el objetivo de estabilidad de precios se ha cumplido bastante bien.

-¿Qué ha fallado?

-Fundamentalmente dos cosas. Por un lado, la falta de disciplina fiscal plasmada en la alegría del gasto público a crédito en casi todos los países. Y por otro, las subidas de los salarios por encima de la productividad, y la falta de competitividad o capacidad innovadora en los países menos avanzados. Alemania tiene una parte de culpa: el canciller Schroeder en 2005 se negó a respetar el Pacto europeo de Estabilidad y reducir el excesivo déficit que tenía el país. Codo a codo con el presidente francés Chirac descafeinó las reglas fiscales, hasta las poco rigurosas que tenemos ahora, que dañan la estabilidad financiera de la Eurozona.

-¿Piensa que en esta coyuntura sería adecuada para España una gran coalición al estilo de la alemana de la anterior legislatura?

-Una gran coalición sólo es factible si los partidos que la forman anteponen el bien común a objetivos ideológicos. El PSOE no es capaz, el PP sólo a regañadientes. En este sentido, la democracia española es todavía algo inmadura.

-Inmadura y gastosa.

-Tanto el Estado como los hogares tienen que ir reduciendo sus excesivos endeudamientos. Ahorrar. El Gobierno debe recortar el gasto que no sea productivo, como los salarios de los funcionarios, las subvenciones desmesuradas a empresas y regiones, y las prestaciones sociales a personas que no las necesitan. Los particulares tienen que renunciar al consumo ostensivo.

-¿Qué propondría para resolver el colapso inmobiliario en España?

-El ajuste del sector tiene que proseguir hasta que el stock de viviendas sin vender haya sido absorbido. Inevitablemente seguirán perdiéndose muchos empleos. No tiene sentido que el Estado intervenga en este proceso con ayudas financieras a constructoras o compradores de viviendas.

-¿Acabaría con el Plan de Empleo Rural en Andalucía?

-Sí. El PER es un subsidio a todas luces pernicioso: demora el cambio de las estructuras económicas de Andalucía, distorsiona la movilidad geográfica e interempresarial, mantiene bajo el potencial de crecimiento y alto el paro laboral, promueve la economía sumergida. El coste fiscal es elevado. La tutela del Estado sobre los perceptores del PER es humillante en un sociedad civil libre.

-¿Qué opina sobre fusiones de cajas de ahorro y la dificultad de hacer concentraciones de entidades de distintas regiones.

-El sector de las cajas de ahorros ha sido afectado por la debacle inmobiliaria. Pero ya antes tenía problemas estructurales. La reconversión del sector es indispensable. Una pieza clave es despolitizar las cajas.

-¿Cree que la Política Agraria Común sufrirá muchos recortes?

-Hace ya varios años que la UE recompone esta políticas hacia un mayor uso de mecanismos de mercado. Esto es bueno por razones de eficiencia y confío en que se mantendrá la dirección. No hay ninguna razón económica o social para justificar un marco proteccionista en este sector.

-Habla de la necesidad de que España haga reformas. ¿Cuáles?

-Mercado de trabajo, sistema educativo, comercio al por menor, suelo, energía, transporte ferroviario y un largo etcétera. Es muy importante, por encima de todo, recuperar la unidad del mercado en España, actualmente amenazada de romperse, debido a las políticas regulatorias y lingüísticas por parte de diversos gobiernos autónomos.

-¿Hay que abaratar el despido?

-Sin duda. Tiene que haber una mayor flexibilidad en la contratación y configuración de los convenios laborales. Es necesario que las empresas puedan ajustar plantillas a los cambios de mercado, sin trámites burocráticos desbocados. Una mayor facilidad del despido significa una mayor facilidad de entrada en el mercado de trabajo.

-Usted sostiene que el modelo social europeo basado en un generoso Estado protector y distribuidor no es financiable ni eficaz. ¿A qué modelo nos dirigimos?

-Por ejemplo, a un sistema de pensiones que contenga mayores elementos de capitalización, es decir, ahorros individuales, para afrontar el reto del cambio demográfico. La elevación de la edad de jubilación es urgente. En la sanidad, necesitamos más competencia entre las compañías aseguradoras.

-La economía mundial mejora. En Alemania y Estados Unidos ha arrancado la economía.

-Lentamente, sí, gracias al empuje de los grandes países emergentes. En este ejercicio volveremos a tener un crecimiento positivo de la producción global y del comercio internacional. Pero el perfil será más plano que antes de la crisis.

-¿Se atreve a ponerle fecha final a la crisis?

-El enfermo ha salido de la UVI, pero sigue hospitalizado. La convalecencia durará dos o tres años más, como mínimo.

El virus de la felicidad

Ignacio Martínez | 15 de diciembre de 2008 a las 1:17

 

En los años 70 había una serie de dibujos animados cuyos protagonistas eran Leoncio y Tristán Tristón. Un león optimista incorregible y una hiena derrotista profesional. Se podría hacer el paralelismo con la visión de la crisis que tienen Zapatero y Rajoy. Felipe González ya se atrevió hace dos meses, en la presentación en Madrid del libro de Amparo Rubiales Una mujer de mujeres. Sobre la autobiografía de su amiga, dijo que Amparo dramatiza y se pone en lo peor, pero no es pesimista. Son pesimistas los que se ponen en lo peor y se resignan, no los que mantienen la rebeldía. El ex presidente criticó a los pesimistas y también a los optimistas patológicos: “Es muy cargante lo de ser optimista profesional”, añadió en alusión al buenismo de su sustituto al frente de la familia socialista.

A pesar de semejante advertencia, este artículo es un elogio del optimismo, con coartada científica. Un profesor de la Universidad de California, en San Diego, y otro de Harvard, en Boston, sostienen que la felicidad no es una experiencia individual, sino que depende de las redes sociales a las que se está conectado. Si sus familiares y amigos son felices, aumenta significativamente la posibilidad de serlo de cualquier persona. El trabajo se basa en un estudio de la salud mental de 5.000 mujeres y hombres realizado durante 20 años. La conclusión de este trabajo es que la felicidad es contagiosa; pero el virus se trasmite de manera muy compleja. Por ejemplo, si se tiene a un amigo feliz a menos de 800 metros, la posibilidad de ser feliz aumenta en un 42%. Pero si ese amigo vive entre los 800 y los 3.200 metros, entonces el estado de ánimo mejora sólo en un 22% de los casos.

Hay varios datos sorprendentes. Uno: la felicidad de la pareja sólo nos aporta un 8% de plus, mientras un hermano contribuye con el 14%, y un vecino optimista mejora nuestro ánimo en un 34%. Otro: la felicidad no sólo depende del número de amigos que se tenga, sino también de cuántos amigos tienen ellos. Es lo que se denomina centralidad: cuanto más central es una persona o mejor conectadas están sus amistades, más fácil es que se sienta feliz. Y uno más: no funciona con los compañeros de trabajo. Se supone que por la competitividad.

La investigación no sólo nos ha gustado a los legos en la materia. Un editorial de la revista The British Medical Journal la define como “innovadora” y afirma que “si la felicidad se transmite a través de redes sociales, también puede contribuir indirectamente a la propagación de la salud”. Hasta ahora sabíamos que la risa era contagiosa, pero el asunto es más trascendente, como se ve. Y útil para los tiempos de austeridad que vivimos y la época navideña que se avecina. Ya saben, contra la crisis cojan en modelo de Leoncio el león y olvídense de Tristán Tristón la hiena durante una larga temporada. Unos añitos.

La eterna juventud

Ignacio Martínez | 19 de noviembre de 2008 a las 11:40

Cuídese. Vivirá más tiempo y mejor. Parece una afirmación de Perogrullo, pero es la conclusión de una larga investigación de científicos de la Universidad de California sobre los telómeros, que son unos fragmentos de material genético que se encuentran en los extremos de los cromosomas. Estas estructuras microscópicas se degradan a medida que el cuerpo envejece. Pero hay tres cosas que las protegen: la práctica habitual de una actividad física, una dieta equilibrada rica en vegetales y baja en azúcar o grasa, y desarrollar técnicas de control del estrés, como yoga, meditación o ejercicios de respiración.
Esto lo definen los investigadores como vida saludable. Corren malos tiempos para proteger el patrimonio o el puesto de trabajo. Pero resulta que existe la manera de cuidarse los telómeros. Es más rentable y, además, es barato. Alargar la vida en buena salud está al alcance del común de los mortales y mejora el estado de ánimo. Eso sí, hay que controlar la ansiedad, hacer ejercicio físico y llevar una dieta que evite dulces y grasas. No es tan difícil.

Leo en La Vanguardia que midiendo la longitud de los telómeros se podría estimar la edad biológica de una persona y es posible que alguna empresa desarrolle un test en el futuro para averiguarlo. Esto me parece peor. Uno de los alicientes de la vida es no saber cuándo se termina. Como uno de los atractivos del deporte es la incógnita sobre el resultado. No resulta emocionante ver un partido cuyo marcador final conocemos. Y este argumento es todavía más válido cuando la competición es la vida propia. Están también los test genéticos que acabarán estableciendo qué enfermedad mortal vamos a contraer y cuándo, lo que no me negarán que generará ansiedad y psicosis. Aunque también puede llevarnos a tomar medidas para retrasar la aparición de la enfermedad e incluso a evitarla.

Hay investigadores españoles que se dedican a estas cosas también. Este diario publicó la semana pasada una investigación del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas y un grupo de la Universidad de Valencia para aumentar la telomerasa, que es la enzima que regenera los telómeros y evita que se acorten demasiado. Han conseguido alargar la vida de un ratón un 40%, incrementando la telomerasa en roedores resistentes al cáncer. Este tratamiento no se puede trasladar a los seres humanos, pero si se descubre cómo hacerlo sería el equivalente a envejecer mucho más tarde y poder vivir hasta los 120 años. Ya ven, el mundo no sólo no se acaba y la vida sigue, sino que el futuro nos depara acontecimientos extraordinarios, como la eterna juventud. Ya me lo han leído otras veces: el que no se consuela es porque no quiere.