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Pasar la gorra

Ignacio Martínez | 17 de septiembre de 2011 a las 19:43

Hay cosas en esta vida de una evidencia palmaria. Ejemplo práctico. Si fuera por la radio, pensaríamos que es una broma de un imitador. Le preguntan a Botín qué opina sobre el impuesto a los ricos y dice que no le gusta. Pero no es una broma, porque se le ve al hombre en la televisión, serio y desinhibido. “Lo he dicho una vez y lo repito, me parece que está muy mal que se vuelva a poner”. Respuesta evidente. Tan claro como si fuese de día. Podría sumarse a la moda de millonarios que se ofrecen a pagar más, como algunos franceses y alemanes. O directamente protestan como el americano Warren Buffet, que se escandalizaba este verano de pagar la mitad que sus empleados más distinguidos.

Pero no es el caso. Se sabe que el año pasado las autoridades francesas informaron a las españolas de que había tres mil españoles con cuentas secretas en Suiza, según una lista filtrada por el vengativo ejecutivo de un banco helvético. Entre los nombres estaban los Botín, que saldaron con 200 millones los impuestos de los últimos cinco años y están pendientes de ver qué hace la justicia con esa ocultación del patrimonio familiar, al parecer desde la guerra civil española. Aquí parece que el personal no está por que le pasen la gorra.

Otra evidencia. Todas las comunidades autónomas tienen un sistema para hacer su estadística de listas de espera para intervenciones quirúrgicas. ¿Todas? No, una pequeña comunidad se resiste a que le estropeen un cálculo que le sale monísimo, porque en vez de empezar a contar cuando el especialista decide que hay que operar, calcula desde que el paciente se ve con el anestesista. Madrid consigue así incluir a los beneficiarios de su sistema púbico de salud en las listas entre 20 y 40 días después que el resto de las autonomías. La explicación del consejero de Salud, si fuese en la radio, pensaría uno que es un imitador de broma. Pero es él, quien dice serio y enfadado que “es un nuevo ataque del Partido Socialista a un éxito comprobado de la Administración sanitaria madrileña y un compromiso acreditadamente cumplido por la presidenta Aguirre”. Ahí queda eso. Tan claro como si fuese de noche.

Sarkozy y Cameron se han apresurado a pasar por Trípoli para partirse el pecho en elogios a los rebeldes a los que ayudaron a derrotar a Gadafi. Los dos principales protagonistas de la intervención militar internacional en Libia han expresado su deseo más sincero de paz y prosperidad para este país que sale de una larga dictadura. Sarkozy ha dicho que apoyaron una causa justa, mientras trataba de desmentir que tras la guerra y su rápida visita se escondiese ningún mezquino interés. El presidente francés añadió que no tiene ningún acuerdo sobre las riquezas de Libia. Todavía. Porque ha ido a pasar la gorra. Tan evidente como la noche y el día.

Hartos de los políticos

Ignacio Martínez | 10 de mayo de 2010 a las 10:32

Leo en La Vanguardia una entrevista con Artur Mas, en la que el líder de CiU dice que Zapatero está acabado. Como suena, acabado. Es una opinión interesada; se van a enfrentar en la campaña electoral catalana dentro de seis meses. Pero aunque sea un punto de vista interesado, coincide con el de muchas personas, incluidos votantes y militantes del PSOE. En este momento, la credibilidad del presidente está bajo mínimos. Eso no significa que Zapatero no vaya a ser el candidato socialista, ni que no pueda ganarle a Rajoy. El inglés Cameron se ha llevado dos años con la mayoría absoluta virtual en el bolsillo y cuando ha llegado la semana pasada la hora de la verdad, no la ha conseguido. Rajoy debería tomar nota: no sólo Zapatero peca por inacción.

Veo una crónica de Bruselas, sobre las elecciones generales anticipadas que hay en Bélgica el jueves próximo, y resulta que hay una auténtica rebelión contra la ley que castiga con multa a quien no acuda a las urnas. En Europa es obligatorio el voto en Bélgica, Luxemburgo, Grecia, Italia y Chipre. En Luxemburgo, a los reincidentes les puede caer una multa de 1.000 euros. En Italia y Grecia no hay sanción, y se nota en la alta abstención. Pero en Bélgica son muy rigurosos; pueden sacar del censo a alguien, si se abstiene cuatro veces. Eso, y el sentido cívico de los ciudadanos, lleva a porcentajes de participación superiores al 90%. Pero en esta ocasión, flamencos y valones están hartos de tanta estulticia de sus dirigentes, tantas peleas por la lengua, tanto nacionalismo excluyente que ha bloqueado el gobierno del país en los últimos tres años. Y hay un movimiento popular que reclama la abstención.

Hacer el voto obligatorio siempre me ha parecido mal, pero mis amigos belgas lo encientraban normal. Lo que hace la costumbre. Votar es un derecho y como todos los derechos su ejercicio debería ser voluntario. Si se convierte en obligatorio, pasamos de un derecho a un deber. Y acabamos con uno de los termómetros para medir el grado de satisfacción de los ciudadanos con la democracia de la que disfrutan. Los trucos para camuflar el desinterés del público con los procesos políticos son muy variados. En Andalucía, sin ir más lejos, conocemos muy bien uno patentado por Manuel Chaves: evitar toda convocatoria por separado de elecciones autonómicas, para conseguir una mayor participación, al hacerlas coincidir con las generales. Pero las protestas por este abuso reiterado de los gobernantes socialistas no encuentran eco en el público. Nuestros políticos han pasado a ser la tercera preocupación de los españoles en las encuestas, tras el paro y la crisis económica. O sea, que empezamos a estar tan hartos de ellos, como los belgas.

Cualquier motivo es bueno para un escandalito. Arenas, como Cameron y Rajoy, lleva tiempo por delante en los sondeos de opinión. Pero se recrea demasiado en el regate corto. Queda la duda sobre si cambiará de registro tras las elecciones municipales y nos mostrará un perfil de estadista. Su último empeño es que no hubo que restaurar el palacio de San Telmo, sede de la Presidencia de la Junta, uno de los más importantes edificios del barroco andaluz. El presidente del PP andaluz considera su rehabilitación un despilfarro. Y ha construido un titular destructivo que repite sin cesar: Griñán se ha construido su Versalles. Pero ofrece una solución; si gana lo dedicará a Museo. Supongo que con el consiguiente despilfarro en la adaptación del edificio para su nuevo destino. A veces es para estar más que hartos.

Aire fresco anglosajón

Ignacio Martínez | 8 de mayo de 2010 a las 9:18

Las elecciones británicas son un soplo de aire fresco para el continente. Los modos son más corteses y la fórmula de elección, con su lado injusto, también tiene una vertiente de democracia directa, que tanto complace a los ciudadanos de los Islas y a algunos que no lo somos. Un sistema uninominal a una sola vuelta. Son distritos de 70.000 habitantes, con lo que un candidato independiente tiene posibilidad de hacer su campaña y darse a conocer a sus convecinos. Quien más votos saca se queda el escaño, lo que significa que todos los electores saben quién es su representante en los Comunes, no como en España que el candidato número 17 por Madrid de uno de los dos grandes partidos no sabe nadie ni cómo se llama ni qué cara tiene. Si los ciudadanos de un distrito tienen un problema, buscan a su diputado, quien por la cuenta que le trae se ocupará de encontrar una solución.

Si los diputados de un partido son díscolos con la dirección, pero tienen la consideración de sus votantes, difícilmente el aparato de la organización podrá desprenderse de ellos, porque ponen en riesgo la pérdida del escaño. E incluso si le expulsan lo pueden ver presentándose por su cuenta y conservando el acta de diputado. Y los diputados de un partido en el Gobierno pueden rebelarse contra su jefe, el primer ministro, y votar su sustitución. Ése es el poder que tiene un diputado en el Reino Unido y no tiene en absoluto en España.

El resultado electoral ha sido decepcionante o estimulante, según se mire. Cameron deberá gobernar con Clegg, un joven a quien recuerdo en los 90 en su despacho de la planta 10 del edificio Breydel de la Comisión Europea, en Bruselas, cuando estaba en el gabinete del muy listo, conspicuo y thatcheriano Leon Brittan. Sir Leon no pudo ganarlo para la causa conservadora y ahí lo tienen, de tercero en discordia. Clegg es nieto de una baronesa rusa, hijo de una holandesa, marido de una española. Y es moderadamente europeísta. Estaría estupendo de ministro de Exteriores en un Gobierno de coalición de conservadores y liberal-demócratas, con Cameron. Es un buen augurio en vísperas del día de Europa, que se celebra mañana, en conmemoración del 60 aniversario del discurso en el que Robert Schuman propuso la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero.

Desde luego que el sistema británico también es injusto. Que los laboristas de Brown con el 29% de los votos saquen 258 escaños y los liberales de Clegg con el 23% tengan 57 diputados es para estar molesto. Para quitarle ese dolor de cabeza a los liberal-demócratas, el conservador Cameron deberá pagar un alto precio: una modificación del sistema que aumente la proporcionalidad sin perder la representación directa. Si lo logran nos darán ejemplo de buenas prácticas una vez más. Celebro que los británicos, por muy euroescépticos que sean, formen parte del club europeo. Nos aportan sentido práctico anglosajón en buenas dosis.

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Sopa luxemburguesa

Ignacio Martínez | 23 de noviembre de 2009 a las 11:16

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El jueves hubo mucha hipocresía en la designación de las personas que van a presidir el Consejo Europeo o dirigir la diplomacia comunitaria durante los próximos años. Comprendo el pasmo de la prensa continental, pero no lo comparto. Así suele suceder casi siempre; los líderes ponen en estos puestos a quienes no les hagan sombra. Merkel y Sarkozy seguirán teniendo su cuota de protagonismo internacional; igual que el primer ministro británico, sea el actual Brown o venidero Cameron. Y poco más. Europa seguirá hablando con muchas voces en los foros globales, donde cada líder quiere lucirse, aunque sea a costa de decir lo mismo que su vecino. Nos pasa en el Consejo de Seguridad de la ONU o en el G-20.

Aunque el resultado de la decisión es muy decepcionante. Si colocamos a Durao Barroso en una foto de familia con Van Rompuy y la baronesa Ashton, nos sale un discreto grupo de pitufos. Actores de reparto elegidos ex profeso, no se engañen. Mi colega Jean Quatremer ha publicado en el diario francés Libération con pelos y señales cómo Sarkozy vetó la elección de Jean-Claude Juncker, el primer ministro de Luxemburgo, como presidente del Consejo. Es una lástima que un político con su experiencia, europeo convencido, carismático, con autoridad natural y buen sentido del humor se quede sin un cargo que le iba a la medida. Ya cuando hubo que seleccionar al sustituto de Delors, Kohl vetó a Lubbers y Major a Dehaene. Y salió Santer, otro pitufo.

Barroso, un discretísimo presidente de la Comisión Europea, apareció la noche del jueves en la sala de prensa del Consejo de Ministros con un cubo que representaba la bandera europea, que el Enro Rubik en persona le regaló hace dos semanas. Era un presente para el primer ministro sueco, que tuvo que componer la elección de estos dos nuevos cargos, creados por el Tratado de Lisboa. Pero Barroso no pudo evitar poner su foto en el centro de una cara azul con las estrellas amarillas, flanqueada por las imágenes de Van Rompuy y Catherine Ashton. Pitufo vanidoso, este Barroso que consiguió el unánime voto de socialistas y populares españoles para seguir en el cargo. De Herman Van Rompuy se dice que es culto, aficionado a la poesía japonesa y muy maquiavélico. Dará que hablar este pitufo filósofo, que va a ganar 30.000 euros al mes, dicho sea de paso. Y con perdón de las feministas, la baronesa de currículum vacío hace aquí de pitufina.

Bromas aparte, a Zapatero una elección de perfil tan bajo le facilita destacar en la presidencia española, que se inicia en enero, con el estreno de los nuevos cargos. Será siempre más atractivo lo que tengan que decir él o Moratinos, que los discursos de sus homólogos Van Rompuy y Ashton. Así, todos contentos, menos Juncker, con el que el malvado Gargamel Sarkozy ha hecho una sopa luxemburguesa.

Andalucía necesita sus Obama o Cameron

Ignacio Martínez | 9 de noviembre de 2008 a las 14:00

Los ciudadanos necesitan líderes políticos que les transmitan seguridad y confianza. La lección de Estados Unidos al mundo esta semana no se termina en el hecho histórico de elegir a un presidente negro, por primera vez en sus 232 años de existencia. Hay mucho más. Nadie conocía a Barack Obama hace dos años en todo el mundo. Nadie. Su aparición fulgurante, su carisma, los elementos de novedad y modernidad que aportaba su candidatura se han llevado por delante la larga hegemonía conservadora republicana de 20 años, desde 1980. Obama es un liberal, que en la terminología norteamericana equivaldría a un izquierdista europeo, aunque en el universo político español no pasaría en muchas facetas de ser un centrista. En el otro campo ideológico, en el Reino Unido también se produjo un vuelco similar en la opinión pública con la aparición de David Cameron, quien con 39 años se convirtió en el nuevo líder del Partido Conservador en 2005. De ascendencia aristocrática, Cameron estudió en el colegio de Eton y se licenció en Economía, Política y Filosofía por la Universidad de Oxford. Su brillante entrada en escena forzó el relevo de Tony Blair, gastado por sus años de permanencia en el poder. El nuevo jefe conservador ha tenido fuelle para mantenerse destacado en las encuestas, frente el actual primer ministro laborista Gordon Brown.

Entre las novedades que aportan estos nuevos líderes del siglo XXI hay una gran transversalidad, tolerancia, respeto por los adversarios. Como el presidente francés Sarkozy, que nombra a socialistas para puestos de tanta responsabilidad como ministro de Exteriores. Cameron llamó mucho la atención cuando dijo que en su gabinete habría más mujeres, más homosexuales y más diversidad racial. La pregunta que me hago es dónde están nuestros Obama, nuestros Cameron, en Andalucía. Manuel Chaves llegó a la presidencia de la Junta en 1990, un año después de la toma de posesión de George Bush padre en Estados Unidos. Después de su mandato, vinieron los ocho años de Clinton y los ocho de George Bush hijo. Y ahora ve llegar a Obama hasta 2012. Por bien que lo haya hecho el presidente andaluz, después de 22 años nos merecemos algo de variedad en la escena política andaluza y que los socialistas presenten otro candidato. La encuesta que publicó este diario el domingo 19 de octubre no dejaba lugar a dudas: eso es lo que piensa el 73% de los consultados, entre ellos el 64% de los votantes socialistas.

Pero pedirle al que gana que se vaya es más reprobable que pedírselo al que pierde. Casi un 58% de los encuestados hace tres semanas opinaba que Javier Arenas no debería ser el candidato del PP. En otros lugares no es normal que el perdedor repita. En Alemania, por ejemplo, Helmut Kohl se enfrentó a cinco líderes socialdemócratas. Y los Vogel, Rau, Lafontaine y Scharping, conforme iban perdiendo, dimitían. Arenas, por el contrario, despide a los presidentes provinciales que ganan elecciones, pero él se dispone a intentarlo por cuarta vez.

Y en su entorno se producen episodios de fundamentalismo religioso. Ignoro si piensa dimitir el actual vicepresidente de Unicaja, Manuel Atencia, ex portavoz popular en el Parlamento Andaluz, ex diputado en el Congreso y supernumerario del Opus Dei. Pero en su calidad de miembro del movimiento objetor contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía ha hecho gala esta semana de su triunfo contra un Estado “que pretende algo tan terrible como adoctrinar a nuestros hijos, inmiscuyéndose en los derechos que tenemos los padres”, según ha declarado a Europa Press. El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ha suspendido cautelarmente la obligación de cursar esta asignatura a los hijos del ex diputado. Atencia anima a otros padres a presentar sus reclamaciones. No sé si dirige este proselitismo a los 2,2 millones de clientes de Unicaja. O si con su activismo incumple la LORCA, que le obliga a abstenerse de actividades políticas partidistas una vez nombrado para un cargo en la primera caja de Andalucía, magníficamente remunerado, dicho sea de paso.

En todo caso, no acabo de entender la guerra del PP y la cúpula de la Iglesia Católica española contra esta asignatura que pretende enseñar a los alumnos “los principios democráticos de convivencia y los derechos y libertades fundamentales”, como recoge el artículo 27.2 de la Constitución. Hasta alguien nada sospechoso como Berlusconi acaba de poner una asignatura de Ciudadanía y Constitución en los trece cursos de la enseñanza obligatoria italiana. Educación cívica. Normal para la derecha italiana, insoportable para una parte de la derecha española. En Valencia, el Gobierno de Camps obliga a dar esta materia en inglés, a profesores que no saben el idioma para alumnos que no lo entienden. El resultado es un 99% de suspensos. Rajoy calificaría esto de broma si lo hubiese hecho un adversario político. Pero, bromas aparte, aquí el nudo gordiano del movimiento objetor, auspiciado por el PP y la Iglesia, es el matrimonio de los homosexuales y que pueda presentarse en esta asignatura como uno de los modelos normales de familia. Una actitud que está a años luz de Cameron o de Berlusconi. Es lo que tiene el fundamentalismo religioso, que lo extrema todo.

En fin, en las elecciones de 2012, los dos candidatos que disputen la presidencia de la Junta deberían ser líderes del siglo XXI. Modernos, no importa cual sea su ideología, como Obama o Cameron.