Archivos para el tag ‘Camps’

Por imperativo legal

Ignacio Martínez | 27 de mayo de 2012 a las 10:30

Quizá porque nos marcó el terrorismo de ETA y tenemos aversión a los partidos antisistema, pero rechina oír a los diputados de Izquierda Unida prometer sus cargos en el Parlamento andaluz por imperativo legal. Más allá de la estética, todo discurso tiene una responsabilidad, aunque sea de sólo tres palabras. Las que inventaron los de Batasuna para tomar posesión de su escaño en el Congreso sin romper con su independentismo violento. Me obligan, no tenía más remedio.
Entra dentro de este capítulo lo de la pistola en el pecho que dijo Esperanza Aguirre para justificar la fusión de Caja Madrid con Bancaja. Ellos no querían, los forzaron. Un malabarismo para desviar la atención de un fiasco que costará al erario público más del 2% del PIB nacional. Adornado con una explicación que demuestra la buena crianza de la presidenta y su perfecto dominio del inglés: shotgun marriage es casarse a la fuerza; de penalti, en castizo.

Y ahora padecen este síndrome de estreñimiento los socialistas andaluces. Resulta que han hecho los recortes en las cuentas de la Junta por imperativo legal. Empezó con la boutade el presidente Griñán y le ha seguido una consejera tan juiciosa como Aguayo, que esta semana ha atribuido en el Parlamento andaluz el 90% del ajuste presupuestario regional al Gobierno central. Ambos pasan por alto que el PIB andaluz imaginado por sus servicios para 2012 no se cumplirá. Habrá una desviación a la baja de 5.000 millones de euros. Lo que traducido a impuestos, cedidos o no, es más de la mitad del recorte andaluz. Pero nada, oficialmente les han obligado. El trazo gordo no admite matices.
Todo es fruto de la costumbre de escurrir el bulto. Los humoristas de este país le han sacado mucha punta a la cacería de Botsuana, pero el único responsable público que ha reconocido un error y ha pedido disculpas en este país ha sido el Rey. Con lo guapos que habrían quedado Dívar o Camps diciendo lo siento mucho, me equivoqué, no volverá a ocurrir. O Aguirre tras su asalto para hacerse con el poder en Caja Madrid. O Griñán asumiendo su cuota parte del ajuste andaluz. Pero no, en todos los casos se trata de fenómenos ajenos a la voluntad de los protagonistas. Forzados, irresponsables.

Contaminación: malos de película

Ignacio Martínez | 17 de diciembre de 2011 a las 11:33

La cumbre del clima de Durban ha terminado con un vago acuerdo, porque los países más contaminadores, India, Estados Unidos y China, se han resistido a compromisos mayores. Los que más polucionan no quieren una limitación internacional a las emisiones de CO2. La punta de lanza de este particular tridente ha sido la ministra India de Medio Ambiente, enrocada contra cualquier obligación legal, porque China emite cuatro veces más anhídrido carbónico por habitante que su país. Ha pasado lo de siempre; los unos por los otros y la casa sin barrer. En esta ocasión, los malos de la película son indios, chinos y estadounidenses.

En el episodio de Boliden los malos son suecos. Tiene bemoles que la empresa nórdica se niegue a hacerse cargo de la factura de la limpieza del cauce del Guadiamar y 5.000 hectáreas aledañas. Esos gastos los ha pagado de momento el bolsillo del contribuyente, por un importe cercano a los 90 millones de euros. Los seis millones de metros cúbicos de lodos contaminados y aguas ácidas fueron una pesadilla en aquellos meses de 1998. Pero hasta ahora el contaminador se ha ido de rositas. Ecologistas en acción culpa a la Junta de haber enfocado jurídicamente mal el caso. Y el Supremo parece que así lo ha entendido, al condenarla a pagar las costas procesales de su última demanda.

Malos de estos, si uno se fija, hay muchos. El senador brasileño ponente de la nueva ley de bosques, que acaba de ser aprobada por la cámara alta de su país, defiende que se van a crear 35 millones de nuevas hectáreas para dedicarlas a la agricultura, a costa de zonas degradadas de la selva amazónica. La ley, sin embargo, es muy sospechosa, porque prevé una amnistía para quienes han deforestado la selva cuando era ilegal, para dedicarla a cultivos. Es verdad que Brasil va camino de ser la primera potencia agrícola mundial, pero también que es uno de los pulmones del planeta. Greenpeace considera que esta ley abre la puerta a las motosierras y a la destrucción generalizada en el Amazonas. Y califica como un desastre el texto aprobado.

Hay muchas otras clases de contaminación. Y otras clases de malos de la película. Uno de ellos, Álvaro Pérez, conocido como el Bigotes, acometió con dádivas de tal manera al presidente valenciano Camps, que lo contaminó. A él, familia y colaboradores les sacudieron varias docenas de trajes, americanas, pantalones, abrigos, chaqués, zapatos y complementos. Se supone que a cambio de nada, aunque la red sacó sustanciosos contratos públicos en Levante. Camps se ha sentado esta semana en el banquillo, dos de sus colaboradores ya han confesado su delito y pagado una multa. Poca cosa. Aunque no se han ido de rositas, como Boliden.

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Camps: muy tarde y muy mal

Ignacio Martínez | 20 de julio de 2011 a las 20:10

Camps debió dimitir cuando se hicieron públicas sus conversaciones con el jefe de la trama corrupta Gürtel en Valencia, en donde le decía amiguito del alma y lindezas como “te quiero un huevo” a El Bigotes. Literalmente, por conducta impropia. Debió dimitir antes de mentir a la opinión pública sobre el origen de sus trajes, en el que involucró temerariamente a su esposa. Dijo que los pagó con dinero de la caja de la farmacia de su mujer, pero ni en la contabilidad de la botica, ni en las cuentas de la sastrería se encontró el menor rastro del abono. Obviamente, tampoco tenía recibo alguno. Debió dimitir antes de obligar a dirigentes de su partido, como Cospedal y Barberá, a decir que regalos reciben todos los políticos, que ahí estaba Revilla con sus anchoas de Cantabria. Debió dimitir antes de volver a enrocarse en la teoría de que pagó los trajes, con la esperanza de que el voto masivo de los valencianos le exoneraría. Pero ni a Berlusconi, ni a Jesús Gil, ni a Camps, ni a nadie lo exonera un voto masivo. Rajoy no debió hablar con desdén de ‘tres trajes’, porque fueron varias decenas de trajes, americanas, pantalones, abrigos, zapatos y hasta un chaqué lo que le sacaron él y sus tres colaboradores a los mafiosos de Gürtel, según el fiscal. El juez instructor cifra los regalos en 40.000 euros. Y los encargos de la Generalitat y las empresas filiales a la trama de Correa van de siete a 17 millones de euros. Sobre que fueron regalos cortesía de Gürtel ya no hay la menor duda: hoy dos de los cuatro encausados valencianos lo han reconocido por escrito ante el juez. Y pudiendo haber utilizado cualquier criterio moral, ético o estético para dimitir, el buen hombre deja el cargo por una simple razón práctica: para no perjudicar la llegada al poder de su partido. Para que Rajoy llegue a La Moncloa. De sacrificio a España, nada de nada. Se ha ido cuando literalmente no tenía más remedio. Ha sido en todo el recorrido muy egoísta. Lo ha hecho muy tarde y muy mal.

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Camps, Griñán y Arenas en entredicho

Ignacio Martínez | 16 de julio de 2011 a las 11:11

El presidente valenciano va a ser procesado por cohecho impropio. Por soborno, para entendernos. Sostiene el juez que Camps y tres de sus colaboradores recibieron regalos por importe de más de seis millones de pesetas, algo menos de 40.000 euros, por parte de la red de corrupción conocida como Gürtel. Y para corresponder a tanta gentileza, le dieron en la Generalitat valenciana contratos por valor de unos siete millones de euros a tan desprendidos mafiosillos. No fueron tres trajes, como ha dicho con desdén Mariano Rajoy en alguna ocasión. En realidad, según la Fiscalía se trata de 39 trajes, 11 americanas, diez pares de zapatos, ocho corbatas, siete pantalones y dos abrigos. Después de haber dicho que pagó los suyos al contado, con dinero que sacaba de la caja de la farmacia de su mujer, la defensa del presidente Camps al final de la instrucción ha mantenido que los regalos los habría recibido en su calidad de presidente del PP de Valencia y no como presidente del Gobierno. Una argucia para aliviar eventualmente la pena.¿Qué dice Rajoy de esto? Nada. Tanto PP como PSOE tienen en casos así varas de medir que cambian por arte de magia. Procesan a tres altos cargos de Interior y toda la artillería pesada del PP, la política y la mediática, exige a Rubalcaba que retire su candidatura a la Presidencia del Gobierno. Procesan directamente al presidente de la Generalitat valenciana y el estado mayor del Partido Popular se pone a silbar. En el PSOE las gastan igual. Griñán se niega a modificar la ley electoral en Andalucía, pero Rubalcaba propone un cambio radical del sistema para las generales, con un colegio nacional para restos. Su modelo para España no vale en Andalucía. Los socialistas no tocan la ley electoral regional, aunque se sacan de la manga que los alcaldes no puedan presentarse. Un atropello: así restan al PP el tirón electoral de sus alcaldes en las capitales. Pero los alcaldes pueden ser diputados en el Congreso, con lo que el PSOE además de oportunista, peca de incoherente.

Y si volvemos al otro campo, Javier Arenas ha protagonizado un culebrón con su declaración de la renta del que debería avergonzarse. Se le llenaba la boca reclamando que nadie ganara más que el presidente de la Junta en la política andaluza, pero resulta que él ingresa casi el doble. En el Debate sobre el estado de la Comunidad se comprometió a entregar su declaración de IRPF. Tras diez días de demora, envió a los medios un acta notarial con algunos rendimientos netos. El asunto espinoso es un sobresueldo de su partido de alrededor de unos 15 millones de pesetas. Y él sostiene que es dinero para gastos de protocolo, donaciones y gastos sociales y lo justifica con 135 facturas, como diciendo que su mujer no es farmacéutica… Finalmente, ayer hizo pública su declaración: 142.69,06 euros de ingresos brutos.

Aquí se predican muchas letanías que no se practican. O, como sostiene el dicho popular, una cosa es pregonar y otra dar trigo.

Camps, Campanario y cintas de audio

Ignacio Martínez | 16 de abril de 2011 a las 10:19

Un tribunal dio ayer por buenas las cintas de audio grabadas durante la instrucción de la operación Karlos. Jesulín de Ubrique y Federico Trillo tienen algo en común, aunque no lo sepan; ambos quieren que se anulen unas escuchas judiciales para que salgan limpias de polvo y paja sus familias políticas en dos procesos distintos. El torero tiene sentadas en el banquillo de los acusados a su madre política y a su propia mujer, por urdir una trampa para que la señora cobrara una invalidez que no le correspondía, y el dirigente del PP tiene a decenas de correligionarios implicados en la operación Gürtel, grabados con sus abogados por orden del juez Garzón.

Jesulín es novato en estas lides y su abogado no ha conseguido anular las escuchas que implicaban a esposa y suegra del torero. Pero Trillo es un experto; ya consiguió hace 20 años que se anularan nada menos que 5.240 llamadas telefónicas entre dirigentes del PP valenciano, en el caso Naseiro. Las cintas y su contenido existen, pero no tienen validez penal. Así, podemos saber cómo se decían que estaban en política para forrarse; cómo discutían por una comisión del 2%, que había que aumentar para poderla repartir; cómo se querían venir a la Expo de Sevilla a pillar algo. En fin, una historia nada edificante.

La operación Karlos es pecata minuta en comparación con el caso Naseiro, o el Gürtel, que ha tenido una de sus ramas también en Valencia, qué casualidad. La trama urdida en Ubrique es más propia de las hazañas de Torrente que del glamour de la boda Agag-Aznar de El Escorial, en donde actuó de testigo el padrino Correa. Se trataba de falsificar informes médicos para conseguir pensiones de incapacidad de la Seguridad Social. Los interesados abonaban entre 9.000 y 24.000 euros, para pillar una pensión fraudulenta. La España de Sálvame, que es lo mismo que decir la España de Torrente o las dos Españas de Belén y Campanario, tiene argumento y munición para semanas. La realidad supera a los culebrones ampliamente.

Pero en materia de culebrones, el PP valenciano supera todo lo conocido. El jueves, Ana Mato sufrió de lo lindo cuando en una conferencia de prensa todas las preguntas versaron sobre las demandas que las huestes de Camps habían puesto contra cuatro televisiones nacionales, TVE, Cuatro, Telecinco y La Sexta, por informar de la lista de imputados en el caso Gürtel que van en sus listas electorales para el 22 de mayo. El presidente valenciano ha conseguido que la televisión autonómica que controla ignore este caso, su partido pretende que se anulen las escuchas, asunto por el que puede ser inhabilitado el juez Garzón, y pretende además que los medios no informen de que una decena de candidatos están implicados en la trama de Correa.

Estos tics autoritarios y tramposos están muy lejos de las exigencias democráticas y más cerca del universo ético y estético de Torrente.

Ataque de rectitud

Ignacio Martínez | 6 de marzo de 2011 a las 13:23

Los dos grandes partidos sufren un peculiar ataque de rectitud. Practican una saludable tolerancia cero con las irregularidades de su rival y una permisiva manga ancha para las propias. Cospedal dice que con un solo ere irregular debería haber dimitido Griñán como presidente de la Junta. Zarrías sostiene que al PP lo corroe la corrupción. Lo de Cospedal no se sabe si es un ejercicio de cinismo o de inocencia. El presidente de Valencia está imputado por corrupción, pero en su partido le perdonan cualquier desliz, total por tres trajes no se habría vendido a la banda de don Vito Correa y El Bigotes.

El problema es que la trama corrupta hizo negocios por miles de millones de pesetas con la Generalitat valenciana y aunque no hubiese ningún delito penal, su responsabilidad política debería haber llevado a Camps a renunciar al cargo. Por decirlo con palabras de Cospedal, con un solo traje debería haber dimitido. Pero es que no son tres trajes. Según el auto de la Fiscalía, entre Camps y tres de sus íntimos colaboradores recibieron 39 trajes, once americanas, diez pares de zapatos, ocho corbatas, siete pantalones y dos abrigos. Ya tendrían que estar requetedimitidos. En Palma de Mallorca el PP ha montado ayer un circo: el amiguito del alma de El Bigotes ha firmado un manifiesto contra la corrupción.

En el otro lado, mientras Zarrías afirma que el PP no puede dar lecciones, Manuel Chaves declara sin apuro que las irregularidades de los eres en la Junta de Andalucía es sólo cosa de cuatro o cinco socialistas, que serán expulsados. Pasamos de los tres trajes a los cuatro granujas, poca cosa. Pero son cinco los imputados del caso Mercasevilla que eran militantes o dirigentes del PSOE, son varios los intrusos en los eres con el carné socialista, y más de cien mil millones, las pesetas gestionadas de manera arbitraria. No es posible que la responsabilidad política de este descontrol se quede en el simple rango de director general. 

Una perpleja opinión pública necesita un aumento sustancial de la rectitud interna en los dos partidos fundamentales de la democracia española. Pero no llega.

Tres tristes trajes

Ignacio Martínez | 16 de febrero de 2011 a las 13:27

Camps quiere a toda costa ser candidato a la Presidencia de la Generalitat valenciana. No para ganar; eso se da por descontado. La victoria del candidato que presente el PP allí está tan garantizada como lo estaba aquí en Andalucía en los años 80 la del cabeza de cartel del PSOE. Tan era así, que los socialistas se permitieron presentar tres candidatos distintos entre 1982 y 1990, los tres ganadores por mayoría absoluta. Pues allí, en Levante, a Camps, Barberá o González Pons les pasaría lo mismito el 22 de mayo. No. Lo que Camps quiere es que el pueblo soberano le absuelva.

Nadie se cree que pagara los trajes de Milano. Por eso en su día Cospedal y Barberá dijeron aquello de que todo el mundo hace regalos y los recibe; que ahí está Revilla con sus anchoas. Pues eso, que el señor presidente de la Generalitat, al menos tres personajes de su entorno político íntimo, su señora esposa y su hija han sido víctimas de los halagos y las atenciones de El Bigotes, apoderado de la trama corrupta en Valencia, que consiguió un buen montón de contratos de la Administración autonómica. El asunto que deben dilucidar los jueces es si hay una relación causa efecto entre el cariño interesado de los amiguitos del alma y las facilidades que encontraron en la Generalitat.

El fiscal pide el procesamiento de Camps por cohecho impropio. Y en su auto hace inventario de la munición empleada para seducir al presidente y los suyos. A Camps le regalaron, según el fiscal, doce trajes, cuatro americanas, cinco pares de zapatos y cuatro corbatas. Y a tres de sus más directos colaboradores, en el PP valenciano o la Generalitat, 17 trajes, dos abrigos, nueve pantalones, una americana y un chaqué.

Rajoy dice cada vez que le preguntan por el procedimiento contra Camps que no se iba a vender por tres trajes. Pero es que se pone uno a sumar y no son tres tristes trajes. Ni tampoco estamos ante la conspiración que el PP pretendía en febrero de 2009, en vísperas de las elecciones gallegas, cuando Garzón inició la instrucción del caso Gürtel. Ni estamos en un estado policial, como Cospedal sostenía desde Marbella en el verano de 2009. Estamos ante la complacencia de un político con el jefe de una trama corrupta. Ignoro si se trata de cohecho impropio, pero desde luego es una relación impropia.

El fiscal podría ser parcial. Pero en un estado de derecho no es él quien decide, sino un juez. Sin ir más lejos, en el caso Faisán el fiscal pidió el archivo de la causa y un juez minucioso está instruyendo el caso, poniendo en evidencia a la cúpula de Interior. O como en el caso Mercasevilla, en donde la juez ha sido capaz de documentar los casos de falsos eres. Es una grave irresponsabilidad disparar contra el estado de derecho cuando a un dirigente de un partido le va mal en los tribunales. El Estado de derecho es intocable. Como el pianista del saloon.

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No es lo que parece

Ignacio Martínez | 25 de septiembre de 2010 a las 9:56

La mayor parte de los actos públicos, incluidas las cumbres mundiales, son ceremonias de cara a la galería. Se elige un marco incomparable, se preparan chistes que decir a los fotógrafos en la foto de familia y el guión ha sido cuidadosamente preparado por unos esforzados sherpas, así llamados literalmente en la jerga de la diplomacia internacional. Estos sherpas ayudan a sus jefes a llegar a la cumbre. Generalmente sin esfuerzo, porque todo está pactado de antemano. Y cuando no es así, como en la cumbre del clima de Copenhague, nada se resuelve.

La reunión del martes en la sede de Naciones Unidas de Zapatero con el rey Mohamed VI de Marruecos corresponde al modelo clásico. Nada es lo que parece. No están en una sala, sino en un pasillo, en el que han puesto mamparas a los lados. No recibe el presidente, sino el rey, que es jefe de Estado y por eso sólo está su bandera; pero Zapatero sale a recibirlo, porque llegó antes a la cita, como corresponde por su menor rango protocolario. Y no tienen nada que decirse, sino acabar con unas sonrisas con las desavenencias de este verano. Nada más. Salvo un desliz del presidente, que le dijo al monarca “lo más importante es la foto”. Eso sí que es lo que parece.

La brava comisaria Vivien Reding, manteada por los líderes de la UE la semana pasada en una cumbre en Bruselas, ha comparecido en el Parlamento Europeo muy entera. Tan segura de sí, que ha insinuado que detrás de los ataques había machismo. “Si un hombre en política da un puñetazo en la mesa es considerado varonil, se defiende; cuando lo da una mujer, es una histérica”, dijo. Discrepo. Margaret Thatcher dio muchos puñetazos en la mesa durante los once años y medio que fue primera ministra, hizo la guerra de las Malvinas, se llevó por delante a los sindicatos del carbón, combatió al IRA en todos los terrenos… Y nadie llamó histérica a la dama de hierro. Probablemente Reding ha sido golpeada por ser miembro de una débil Comisión Europea o de un país pequeño, antes que por ser mujer.

Y aquí hay un caso de manteo nacional con un periodista extranjero. Mi colega y amigo Leo Wieland, corresponsal en Madrid del Frankfurter Allgemeine Zeitung, el más influyente diario alemán, escribió el domingo una crónica en tono desenfadado e irónico sobre la clase política española. No dejaba títere con cabeza. Pero lo que ha trascendido es que se trataba de un reportaje machista contra las ministras. Lo parece el título: las muñequitas de moda de Zapatero. Wieland, corresponsal durante muchos años en Moscú y Washington, es un periodista de primer nivel. Y dedica a Zapatero, Rajoy, Camps, Blanco, Duran Lleida o Anasagasti tal cantidad de sarcasmos hirientes, que se hace difícil aceptar que hizo un texto misógino. Eso sí, el lenguaje es duro y alejado de lo políticamente correcto. A veces, la pasión nos impide ver que las cosas no son lo que parecen.

El lobby es como el colesterol

Ignacio Martínez | 29 de mayo de 2010 a las 10:25

A Sarah Ferguson la cogieron con las manos en la masa hace una semana, cuando aceptaba 32.500 euros en metálico y pedía 400.000 más por conectar a un supuesto empresario con su ex marido, el príncipe Andrés de Inglaterra. El tipo, en realidad, era un periodista camuflado, que le ha sacado los colores a la ya de por sí sonrosada princesa consorte y duquesa de York. La señora no ha perdido la sonrisa, ni el humor británico. Unos días después, al presentar un cuento infantil en Nueva York, dijo que debería aprender de los inteligentes personajes de los libros de sus hijos. La Ferguson hace lobby desde que se divorció del tercer hijo de la reina Isabel II. Ésta puede ser una manera honrada de ganarse la vida. O no. El lobby es como el colesterol, que lo hay del bueno y del malo.
En Estados Unidos están regulados y hacen una labor importante de información, además de representar intereses concretos. Todo eso, si es transparente, tiene mucho de positivo. Si es opaco o bajo cuerda, puede caer dentro del código penal. En Bruselas, los funcionarios de la Comisión Europea que deben redactar un proyecto de reglamento o directiva suelen llamar a todos los lobbies concernidos. Si lo hacen bien y oyen a todo el mundo, incluso a quienes representan intereses encontrados, acabarán teniendo una buena visión de conjunto. Este es el lobby bueno.  

Lobby hacen aquí en España personajes que se dedican a promocionar establecimientos comerciales porque son famosos por sus hazañas en los ruedos, en las canchas de deporte o en el cine. Nada de eso es ilegal. A veces, se trata de famas conseguidas debajo del edredón de un reality, o simplemente en el papel cuché. Son lobbies más penosos, pero mueven a las masas, tienen tirón comercial y el dinero les quiere. Aunque convengamos que la señora Ferguson, sin tener la clase de su cuñada Diana, es más glamurosa que Belén Esteban. ¿O no? Pero su caso se separa de la legalidad y entra de lleno en el tráfico de influencias.

De eso también tenemos muy buenos ejemplos patrios. Sin ir más lejos, es lo que hacía El Bigotes cuando cortejaba a su amiguito del alma, el presidente de la Generalitat valenciana, a su familia, amigos y entorno político. Este es lobby del malo. Hay más: un tal Luigi, ex diputado del PSC en Cataluña, montó una trama corrupta bautizada como Pretoria, que cobraba 10 millones de euros por cada operación urbanística. El buen hombre mandaba sobre el alcalde de Santa Coloma de Gramenet, operaba en otros ayuntamientos y tenía de socios a un histórico ex consejero de Pujol y al secretario general de la Presidencia de la Generalitat con don Jordi. Lobby del malo, de nuevo.

También hay casos intermedios. Cuando éramos ricos, una vez organizó la ministra de Fomento Magdalena Álvarez una reunión de ministros latinoamericanos de Obras Públicas en Málaga. En una cena, en unos estupendos jardines, presencié cómo el secretario de un ministro, con su jefe y la esposa de éste presentes, se interesaba por unas entradas para ver al Real Madrid al domingo siguiente. Los ejecutivos de las constructoras presentes organizaron una carrera de sacos allí mismo, forcejeando por ver quién era el que los llevaba al palco del Bernabéu. Y hubo uno que estuvo más listo que los demás.

En fin, ya ven que hay quien vive del cuento, tan ricamente. Mejor que los personajes del libro que presentó en Nueva York la duquesa de ídem.

Rajoy: “Eeehhh…”

Ignacio Martínez | 10 de abril de 2010 a las 8:09

Tengo un amigo que se siente huérfano de partido, porque le parece que ni el PSOE ni el PP se merecen su voto. Y está el hombre melancólico porque no sabe qué va a hacer dentro de dos años en las elecciones generales. Es uno de los muchos ciudadanos de este país convencidos de que estamos ante el peor tándem presidente-del-Gobierno/jefe-de-la-oposición de la democracia española. Cada día nos ofrece alguna posibilidad de confirmar teoría tan pesimista. La última de Rajoy ha tenido como escenario Sevilla. Estuvo dos días escondido, tras levantarse el secreto del sumario de Gürtel, y después de que el hombre fuerte de su partido -Javier Arenas- convenciese a Bárcenas de apartarse voluntariamente del partido y de su ejecutiva, Rajoy por fin habló en Sevilla. ¿Cuál fue su palabra más repetida? Eeehhh… Parecía el número de un humorista que exagera ciertos rasgos del carácter de la persona que imita.

Rajoy es un hombre muy afable. Y eso es bueno y malo para según qué cosas. También encaja a la perfección en el tópico del gallego que no se sabe si sube o baja una escalera cuando te encuentras con él. En su breve rueda de prensa de Sevilla no sólo arrastró las eeeh o ehhh, sino que cuando entró en harina lo hizo resbalando. “Supongo”. “No lo sé”. Así de contundente fue el candidato a la presidencia del Gobierno cuando se le preguntó si Bárcenas seguiría en el Grupo Popular del Senado. Seguirá, ya verán, aunque dijo que es un asunto que decidirá el grupo parlamentario. ¿No le darán instrucciones al grupo? A la pregunta de si le seguirán pagando los abogados a Bárcenas, Rajoy rehusó contestar por dos veces. Es algo que decidirá el nuevo tesorero del partido. Como se ve, siempre es otro el que decide, ya sea Arenas, el Grupo Popular del Senado o Romay Beccaría.

Mientras tanto, el día anterior su rival ya se había proclamado de manera decidida contra la corrupción. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, tomó medidas para apartar a alcaldes y consejeros de su Gobierno atrapados en la red de Gürtel, cuando estalló el caso; mucho antes de que en la sede central de la calle Génova de Madrid se atreviesen con Camps, familiares y amigos de Valencia o con Bárcenas, el poderoso tesorero y gerente del PP durante casi 30 años. Un día antes de que Bárcenas aceptase dejar cargo, despacho y militancia en el partido, Aguirre ya le había señalado la puerta: sostuvo que ante la aparición de una duda razonable sobre la rectitud de la conducta de cualquier cargo público la norma debe ser el apartamiento de sus funciones hasta que se aclare la cuestión. Una vez más le ha ganado por la mano a Rajoy en determinación.

La lucha contra la corrupción exige algo más que buenas intenciones. Y las medidas contra los sospechosos no deberían ser tan premiosas o interesadas. Eso genera desconfianza en una ciudadanía que no está para muchos trotes, sino cansada, insegura y meláncolica.