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Día de Europa

Ignacio Martínez | 9 de mayo de 2012 a las 10:51

El 9 de mayo de 1950, un día después del quinto aniversario del final de la II Guerra Mundial, el entonces ministro francés de Exteriores Robert Schuman propuso la creación de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero. Ese discurso fundacional de la Unión Europea comenzaba así: “La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan”. La UE nació en nombre de la paz mundial. Era obligado: entre 1939 y 1945 murieron en suelo europeo 36,5 millones de personas, más de la mitad civiles. La futura unión era el mecanismo para evitar que las naciones del viejo continente siguieran haciendo la guerra unas contra otras, como habían hecho a lo largo de su historia.

Poner en común la producción de carbón y acero suponía unificar la producción de armamento convencional. Schuman lo explicó: “Cualquier guerra entre Francia y Alemania no sólo resulta impensable, sino materialmente imposible”. En 62 años las cosas han cambiado mucho. En el momento de la propuesta de Schuman, Alemania era un país intervenido militarmente por las potencias ganadoras de la guerra. Para que el Gobierno francés lanzara la idea de la CECA hubo de hacer consultas previas con el Reino Unido y Estados Unidos. Aunque la República Federal Alemana se creó en 1949, no le fue reconocida la plena soberanía hasta 1955.

Hoy los intervenidos son otros. Irlandeses, portugueses, griegos. Y la potencia que impone sus condiciones es la derrotada Alemania de 1945. El fundamentalismo presupuestario ha llevado a los griegos a la ruina económica y la desesperación política. Las elecciones del domingo han hundido el sistema bipartidista heleno, y han convertido al país en ingobernable. La victoria de Hollande en Francia es un rayo de esperanza para que sea verdad la segunda parte del Pacto de estabilidad y crecimiento. Sin crecimiento, los países endeudados del sur van camino de la depresión. Lo que no significa olvidar los planes de austeridad.

Dos años antes de la alocución de Schuman, en el Congreso de La Haya se fundó el Movimiento Europeo, germen del Consejo de Europa y la UE. Entre el 7 y el 11 de mayo de 1948, 800 delegados se reunieron en la capital holandesa presididos por Winston Churchill. Allí estaban Adenauer, Macmillan, Mitterrand, Spaak, Spinelli, Madariaga…

Y pocos años después, en 1958, un joven y brillante licenciado en Derecho hizo su tesis doctoral sobre el ordenamiento jurídico de la CECA. Aquel joven profesor es el eminente catedrático Juan Antonio Carrillo Salcedo, hijo predilecto de Andalucía y gran europeísta, que hoy recibe en el Parlamento andaluz el Premio Blanco White del Consejo Andaluz del Movimiento Europeo. Hecho relevante: es la única cosa grata de la situación actual en todo este relato.

Rodríguez Carrión, un ‘joven’ maestro

Ignacio Martínez | 14 de mayo de 2009 a las 21:32

Me encanta esta imagen de Alejandro de 2005, todavía con su salud intacta a los 59 años y un gesto de satisfacción, de felicidad. Juraría que está hecha en Ronda, en el Palacio junto al Tajo en donde se celebran los cursos de verano de la Universidad de Málaga. Allí codirigió con su maestro Carrillo Salcedo un curso sobre Derecho Internacional aquel verano, la misma semana en la que yo dirigía uno sobre Periodismo. Me presentó a Carrillo, que era para él un referente tan grande que se decía carrillista. Acababa de terminar su casa de Mijas y la vida le sonreía. Tenía una mirada inteligente y una sonrisa cautivadora, seductora. Esta imagen es de dos años antes de que se le detectara el cáncer. Se le ve tan sereno, tan seguro, que parece increíble lo rápidamente que se ha deteriorado su salud.

Hace pocas semanas, en una de nuestras últimas conversaciones, Alejandro me contaba con pasión una idea que tenían en el movimiento solidario con el Sahara, del que formaba parte. Promover una candidatura a las elecciones del 7 de junio, con el objetivo de sacar un diputado que en el Parlamento Europeo defendiera la independencia saharaui. Lo explicaba convencido de que era posible lograr el eurodiputado en cuestión. Este es un rasgo de su personalidad que siempre me desconcertaba: tenía un idealismo absolutamente juvenil. Era un hombre maduro, con una enorme cultura, una formación extraordinaria, adquirida en varias universidades europeas y americanas: Granada, Oslo, Cambridge, Berkeley y Groningen, aunque como todas las personas verdaderamente sabias, se daba muy poca importancia. Pero la intensidad con la que se entregaba a sus ilusiones sólo es comparable a la de los jóvenes, con los que tan bien se llevaba en su actividad docente. Tengo para mí que la vocación por la enseñanza no es la principal característica de los profesores universitarios españoles. Un defecto que no tenía Alejandro. Presumía haber heredado esa pasión por la docencia de su maestro, el eminente catedrático Juan Antonio Carrillo Salcedo, hijo predilecto de Andalucía este año, a quien siguió en su Departamento de Derecho Internacional Público desde Granada a la Autónoma de Madrid y desde allí hasta Sevilla, antes de conseguir la cátedra de Málaga.

Es curiosa la naturaleza. Alejandro aguantó hasta el sábado para recibir el Premio Blanco White, probablemente para no dar un disgusto a quienes promovieron su reconocimiento, y se ha marchado de inmediato para no dar que hacer a familiares y amigos. No le habían dado un solo premio en su vida y se opuso a recibir éste que instituimos en el Consejo Andaluz del Movimiento Europeo, del que él era vicepresidente, para distinguir a los andaluces significados en la defensa de Europa, como símbolo de la civilización, los derechos y libertades fundamentales y la paz. Cuando supo que estaba propuesto para el galardón, se resistió como pudo a la concesión. Los premios adquieren la categoría de los premiados. Así que, desde ahora mismo, éste ha entrado en la categoría máxima. La entrega se hizo el 9 de mayo, el día de Europa. Una fecha que en los últimos años habíamos celebrado con una sesión académica en el salón de grados de la Facultad de Derecho en Málaga. Un acto en el que siempre se ponía de manifiesto su magnífica oratoria. Era erudito, riguroso, ameno, divertido… y profundamente joven. También era sensible y entrañable. ¡Y tenía su carácter!

Alejandro ha sido un gran profesor de universidad. De los que creaba la ciencia que después enseñaba, de los que no se limitaba a exponer las doctrinas o las teorías de otros, de los que permitían a sus alumnos argumentar en contra. De los que presumía de sus dilectos discípulos. En la laudatio que preparó para la investidura de Carrillo Salcedo como doctor honoris causa de la Universidad de Málaga, mencionó a todos los profesores de su departamento: Magdalena Martín, Elena García Rico, Ana Salinas, Isabel Torres, Eloy Ruiloba. Ellos también están de luto. Precisamente ese día, el 25 de octubre de 2007, no pudo leer el elogio de su maestro. Tuvo un desfallecimiento y le ingresaron en un hospital: le detectaron el cáncer de pulmón contra el que ha luchado con tesón el último año y medio. Una lucha en la que ha estado también toda su familia, su esposa Victoria, sus hijos Jacobo y Jezabel, y hasta sus nietos Jaime y Luis.

La candidatura de apoyo al Sahara no se ha hecho finalmente. Pero seguro que de seguir entre nosotros Alejandro habría seguido trabajando con la pasión de un neófito por esta causa, como ha luchado a favor de muchas otras: estuvo contra el bombardeo de Kosovo, a favor de un Estado palestino, contra la guerra de Iraq o contra Guantánamo. Y eso que no era muy optimista sobre el futuro; pensaba que el nuevo orden mundial será por lo menos tan injusto como el actual.

La Europa de Francisco Arroyo y Alejandro Rodríguez Carrión

Ignacio Martínez | 11 de mayo de 2009 a las 12:14

Sigo con perplejidad la campaña de las elecciones europeas. No hay por parte de socialistas o populares ni una idea sobre el futuro de la Unión, aparte de que ambos son partidarios de que siga como presidente de la Comisión Durao Barroso, cuya gestión ha sido deficiente. Ayer en el mitin del PSOE Zapatero volvió a insistir en el moderno mensaje de que esta crisis es culpa de Bush, Aznar y sus amigos neoconservadores. Y Leire Pajín sigue con la perra de que el PP nos metió en la guerra de Iraq. Estuve en contra de esa guerra, pero no podemos seguir hablando de lo mismo ¡seis años después! Por su parte, Rajoy, para no ser menos, también tiró ayer de su fondo de armario favorito: Zapatero es incapaz de sacarnos de la crisis y España no puede seguir así. La cosa no da para más.

El sábado se celebró el día de Europa, en recuerdo del 9 de mayo de 1950, cuando el ministro de Exteriores de Francia Robert Schumann propuso la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. La Guerra Mundial había producido entre 1939 y 1945 en suelo europeo 36 millones y medio de muertos, civiles más de la mitad. Así se entiende que Schumann iniciara su discurso proponiendo la integración europea en nombre de “la paz mundial”.

Con motivo del día de Europa, el Consejo Andaluz del Movimiento Europeo concede unos premios a andaluces destacados por su europeísmo. Este año el Premio Blanco White ha sido para dos ilustres malagueños, el presidente de la Audiencia, Francisco Arroyo, y el decano de Derecho, Alejandro Rodríguez Carrión. En el acto de entrega, en el Ayuntamiento de Málaga el sábado, Arroyo recordó que a diario los magistrados españoles luchan contra la delincuencia organizada y el blanqueo de capitales, resuelven litigios conyugales de matrimonios con dos nacionalidades, dictan sentencias sobre secuestro de menores por los propios padres con desplazamiento a otro estado, emiten órdenes europeas de detención, estudian insolvencias de empresas con intereses en varios estados comunitarios… Ésta es la Europa real.

Como la del Derecho, al que ha dedicado toda su vida docente e investigadora Rodríguez Carrión dilecto discípulo del profesor Carrillo Salcedo, en cuyo departamento de Derecho Internacional Público trabajó en Granada, Madrid y Sevilla, antes de ser catedrático en Málaga. Además de sus muchos méritos académicos, en Alejandro destaca su dedicación particular a la defensa de los pueblos más débiles del planeta. Sencillamente porque tienen los mismos derechos que los más fuertes. Estos valores de la civilización, las libertades y la paz son los que Europa representa en el mundo. Ésa es la Europa de Francisco y de Alejandro. Me gustaría notar antes de que termine la campaña, que es también la de nuestros dirigentes políticos.

“El nuevo orden mundial será tan injusto como el anterior”

Ignacio Martínez | 23 de noviembre de 2008 a las 12:26

 

La frase del titular no es mía. Sino de este señor que tienen en la imagen, el eminente catedrático de Derecho Internacional Público de la Facultad de Derecho de Málaga, Alejandro Rodríguez Carrión, dilecto discípulo del prestigioso profesor Carrillo Salcedo, con quien trabajó en las universidades de Granada, Autónoma de Madrid y Sevilla. “El nuevo orden mundial será tan injusto, al menos, como el anterior”, sostiene Rodríguez Carrión en una entrevista publicada el sábado en la edición de papel del Grupo Joly, pero no en la edición digital. Su explicación es que llevamos décadas de crisis de valores, normas o comportamientos, con más de un tercio de la humanidad viviendo por debajo del umbral de la pobreza y es un poco cínico hablar de crisis profunda cuando algo no va bien para el tercio rico.

El profesor afirma que es difícil encontrar en los últimos dos siglos un comportamiento tan arrogante por parte de una gran potencia como el del Gobierno del presidente Bush en Guantánamo. Hasta ahora, como en las dictaduras militares del Cono Sur o en la Puerta del Sol de antaño, las violaciones de los derechos humanos eran cosa de dirigentes con escaso compromiso con la civilización. Nunca se podía esperar de una potencia que pretende ser líder del mundo democrático civilizado. Y recuerda que el Comité Internacional de la Cruz Roja ha denunciado la violación de la Convención de Ginebra por parte de Estados Unidos en su base militar en Cuba.

El proceso iniciado en Washington la semana pasada se parece muy poco, en opinión de R. Carrión, al ultimado en Bretton Woods en los años 40. Entonces estaba en macha la Segunda Guerra Mundial y se convocó a todos los países del mundo excepto a los del Eje enemigo y ahora hay una guerra de finanzas y se reúne a un “grupito nada democrático”. Habría sido mejor una conferencia abierta con la participación de todos los estados interesados.

Cree que la política exterior de Obama será distinta de la anterior en una cosa: quiere renunciar al ciego unilateralismo de Bush y cerrará Guantánamo. Pero habrá pocos cambios en ayuda a los países subdesarrollados; no se limitará la capacidad contaminante de Estados Unidos, que supone la cuarta parte de las emisiones mundiales de CO2; no será parte de la Corte Penal Internacional; es dudoso su avance en derechos humanos, porque sigue siendo partidario de la pena de muerte y no parece dispuesto a forzar a la parte más intransigente en Oriente Medio a un compromiso de paz duradera. R. Carrión tiene la impresión de que África también es prescindible para Obama. “¿Qué le está importando, de verdad, a nuestro mundo la carnicería del Congo?”, se pregunta.

Sobre los paraísos fiscales, está convencido de que no interesa eliminarlos a quien sitúa allí la sede de sus empresas para evitar la imposición fiscal, ni a los que buscan opacidad en sus movimientos de capital. Y a la pregunta de si no estará en esos paraísos buena parte del dinero que se ha ‘perdido’ en esta crisis, responde: “El dinero, salvo para la gente modesta, no existe. Lo que existe, a esa escala, son movimientos contables”.