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Un puntal de la democracia

Ignacio Martínez | 19 de septiembre de 2012 a las 16:51

Carrillo ha sido una de las figuras clave de la Transición de España a la democracia, como secretario general del Partido Comunista de España. El PCE era conocido como El Partido, porque fue la única organización política opositora que operó en el interior del país durante la dictadura. Es curioso que dos personajes con tan escaso pedigrí democrático como Fraga y Carrillo, fuesen tan importantes en los tres años que pasaron desde la muerte del dictador hasta la aprobación de la Constitución. Y lo fueron. 

El Santiago Carrillo desaparecido ayer era un demócrata de pasado estalinista. El Manuel Fraga muerto en enero, un demócrata de pasado franquista. En la biografía de Carrillo siempre pesará que siendo responsable de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid durante la Guerra Civil se fusiló en Paracuellos del Jarama y en Torrejón de Ardoz a miles de presos a partir del 7 de noviembre del 36, cuando abandonó la capital el Gobierno de la República ante el empuje de las fuerzas rebeldes. Carrillo siempre negó su participación, pero es difícil creer que, aunque no diera la orden, no supiera nada.

Estalinista en los años 30, 40 y 50, protagonizó la desestalinización de su partido desde su llegada a la secretaría general en 1960, lo que no le impidió en el 64 expulsar a dos “intelectuales cabeza de chorlito” (así los calificó Pasionaria) como Claudín y Semprún. Se distanció de Moscú tras la invasión rusa de Checoslovaquia en el 1968. Fundó el eurocomunismo con el italiano Berlinguer y el francés Marchais. Y tras la muerte de Franco apostó por la democracia, aceptó la monarquía y la bandera nacional y se convirtió en un puntal del débil régimen naciente.

Pasaron muchas más cosas después. Una matanza de abogados laboralistas, militantes del PCE, a cargo de la extrema derecha en enero de 1977, enterrados de manera solemne, digna, sin un solo altercado, en una demostración de fuerza y temple. La legalización del Partido en abril de ese año y un airoso resultado en las dos primeras elecciones del 77 y 79, aunque esperaba medio centenar de diputados y obtuvo 20. Fue uno de los tres hombres (con el teniente general Gutiérrez Mellado y el presidente Suárez) que no se tiraron al suelo el 23 de febrero de 1981, cuando un grupo de guardias civiles al mando de Tejero secuestró al Gobierno y al Congreso. La debacle en 1982, con el arrollador triunfo del PSOE, acabó con su reinado en el partido: 22 años de máximo dirigente, un récord.

En lo personal ha tenido una vejez lúcida, larga, y razonablemente buena hasta los casi 98 que ya tenía. Gran conversador, tertuliano en la Cadena Ser, sus diálogos con antiguos adversarios políticos como Herrero de Miñón y Martín Villa son una muestra perfecta de que deja una España mucho mejor que la convulsa que vivió en los primeros dos tercios de su larga vida. Larguísima, para un fumador empedernido, que encendía un cigarrillo con la colilla de otro.

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Aznar rescata la peseta

Ignacio Martínez | 21 de febrero de 2010 a las 10:45

Aznar

 

Ignoro por qué se le llama peseta o peineta a ese corte de mangas a una sola mano que es elevar el dedo corazón en señal de desprecio hacia alguien. Es lo que ha hecho Aznar, siempre tan ufano de su capacidad de llamar la atención. Cuando el jueves le montaron la bronca durante la conferencia en la Universidad de Oviedo dijo con ingenio que hay algunos que no pueden vivir sin él. Pero después, a la salida, se le escapó ese gesto de rabia y mala educación tan impropio en un ex presidente del Gobierno, que ha dado la vuelta a España. Muy feo. Como fea fue aquella inefable intervención en un acto de promoción del vino del Duero, en 2007, en la que dijo que no le gustaba que le dijesen cuántas copas podía beber y a qué velocidad podía ir por una carretera. Una declaración más propia del cantante de una banda de rock, que de un ex presidente. Peor fue, sin duda, que involucrara a su país en una guerra como la de Iraq, sin tenerlas todas consigo, como demuestran las actas de su reunión con Bush en el rancho de Crawford en febrero de 2003.

En fin, no soy precisamente del club de fans de Aznar y no estoy en contra de la protesta civilizada contra los personajes públicos. Pero el intento de reventar sus conferencias me parece una práctica deplorable. El problema es que se trata de un deporte para el que los españoles mostramos una gran destreza. Ya pasó, sin ir más lejos, en la Universidad de Granada en 2006 contra Manuel Fraga, con dos insultos que ahora se han usado contra Aznar, asesino y fascista. Y un año antes, el acusado de asesino fue Santiago Carrillo, el día en que iba a ser investido doctor honoris causa por la Autónoma de Madrid.

Estamos discutiendo sobre la falta de fineza del ex presidente y pasamos por alto el happening montado por estos jóvenes, ya sean de Oviedo, Granada o Madrid, y dirijan sus iras contra la derecha o la izquierda. Este país es hipertenso por naturaleza y no deberíamos meterle más presión. Aunque el presidente del Gobierno que hizo los deberes para que entráramos en el euro haya recuperado la peseta como moneda nacional.

El hombre predestinado

Ignacio Martínez | 17 de diciembre de 2008 a las 12:37

 

Treinta días y 30 noches después de su congreso, Izquierda Unida ha anunciado que tiene un nuevo coordinador general, que sustituye a Gaspar Llamazares. Parece un hombre predestinado. Cayo Lara, auspiciado por el aparato del Partido Comunista, ha ganado la elección a dos candidatos cuyos nombres no les ayudaban a convertirse en líderes nacionales. España no es la América de Obama. Los otros eran Eberhard Grosske y Joan Josep Nuet. Estados Unidos puede tener un presidente negro, pero quizá en la España actual los obreros, los despedidos de sus trabajos, los jóvenes hipotecados y los que ansían la igualdad, a quienes se dirige el nuevo jefe de IU, no están en disposición de entusiasmarse por un señor llamado Eberhard o Joan Josep. Desgraciadamente. Aquí somos de nombres más corrientes, como Adolfo, Felipe, José María o José Luis. Hasta el clásico Leopoldo fue un accidente.

Por su sonido, Cayo tampoco ayuda en el terreno de los significados. Puede confundirse con callo, término que ofrece contradictorias interpretaciones. Por el lado oscuro, dureza, fealdad o cicatriz. Por la vertiente positiva, dar el callo es trabajar mucho; y en Cuba, no doler ni los callos quiere decir gozar de muy buena salud. Pero con la y griega que le corresponde, su nombre tiene un significado más simbólico: un cayo es una isla rasa, arenosa, frecuentemente anegadiza y cubierta en gran parte de mangle, muy común en el mar de las Antillas y en el golfo mexicano. Y eso es IU en el actual océano político español. Una isla rasa, anegada por un sistema electoral que castiga a un partido que saca un millón de votos y tiene dos diputados, mientras el PNV con 300.000 votos consigue seis escaños.

Las raíces de la división en la familia comunista no tienen nada que ver con los arbustos antillanos, sino con una tradición que está muy explicada en Bucarest. Este documental es un homenaje de Albert Solé sobre la memoria perdida de su padre, Jordi Solé Tura, antiguo dirigente comunista y uno de los padres de la Constitución, que está enfermo de Alzheimer. Uno de los momentos más simpáticos de esta tierna película es el protagonizado por los hijos de dos de los máximos dirigentes catalanes del siglo XX, el escritor Sergi Pàmies, hijo de Gregorio López Raimundo, y Albert Solé. Pàmies cuenta que si entran cuatro comunistas en una habitación, a la media hora hay una escisión.

Eso sería antes; Cayo no tiene tanto margen. Precisamente, su nombre evoca tiempos pasados. Se llama igual que Cayo Julio César, el patricio militar y político que acabó con la república en la Roma imperial. Pero sobre todo, suena a antiguo su discurso invocando la huelga general. Pasionaria, de la que es un admirador, y Carrillo se llevaron toda la dictadura de Franco soñando con la huelga general política. Y Cayo Lara, el hombre predestinado, empieza por ahí.