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España respira aliviada

Ignacio Martínez | 27 de noviembre de 2012 a las 13:21

Mas quería una mayoría excepcional y ha sacado un fracaso excepcional. Pocos casos más clamorosos de ineptitud estratégica pueden encontrarse en el entorno próximo. Quizá la aventura de Álvarez Cascos en Asturias en marzo. O un referente francés. Jacques Chirac, que era un político simpático pero candoroso, ganó las presidenciales francesas en 1995 y como tenía una cómoda mayoría de derechas en la Asamblea Nacional no disolvió inmediatamente para aprovechar el tirón de la campaña presidencial. Encima convocó las elecciones en 1997, un año antes del final de legislatura, en un alarde de torpeza, que llevó al socialista Lionel Jospin al palacio de Matignon como nuevo primer ministro.

Es uno de los precedentes que tiene la disolución del Parlamento catalán por un presidente que tenía un cómodo gobierno de derechas apoyado por 62 diputados y reclamó una mayoría excepcional, para sacar 50. Artur Mas no tiene el estilo espontáneo de Chirac, es lo que en Andalucía se definiría como estirado. Tan engreído que se creyó que la riada humana que se manifestó el 11 de septiembre en Barcelona estaba toda allí por la independencia. El resultado es muy decepcionante para él. El director de La Vanguardia dijo en RNE la noche electoral que CiU tendrá que meter el proyecto soberanista en el cajón. Declaración relevante en boca del responsable de un medio que ha animado a este movimiento en los últimos meses.

Ayer el presidente de la Generalitat hizo de tripas corazón y convocó una rueda de prensa con Duran Lleida. Concretó que prefiere un gobierno de coalición, porque solo no tiene fuerza suficiente para apechugar con las deudas, los recortes y la triste realidad. Apunta a Esquerra y al PSC, con los que completaría unas mayorías muy distintas. Sigue empeñado, aunque sea de boquilla, en la consulta sobre el derecho a decidir. Pero la suma de escaños soberanistas en el Parlament ha bajado de 76 a 74, así que se podía haber ahorrado el viaje. Y de las diez elecciones autonómicas que ha habido en Cataluña desde 1980 la suma de CiU y ERC ha sido en cinco ocasiones superior a la que tienen ahora. Además, los votos que sacaron el domingo suman el 30,5% del censo llamado a las urnas.

El resto de las fuerzas han tenido resultados muy dispares. Los socialistas, el peor de su historia en unas autonómicas catalanas. El PP el más alto. Esquerra ha igualado su segundo mejor resultado de la serie, pero superado todavía por Carod en 2003, con 23 escaños. IC también logra su mayor número de diputados, si se exceptúa a su antecesor, el PSUC, que tuvo 25 en 1980. Y Ciudadanos, un partido fundado por intelectuales antinacionalistas, en tres citas con las urnas se ha consolidado definitivamente. Cataluña ha votado de manera muy plural, como suele; con sentido común. Y España respira aliviada.

Trabajando por su país

Ignacio Martínez | 18 de septiembre de 2010 a las 14:16

Zapatero ha dicho que un parado cuando está formándose está trabajando para su país. Y el personal se ha inquietado en grado sumo. El que menos ha pensado que es un paso previo para sacar de las estadísticas de desempleo a quienes van a esos cursos. Si seguimos ajustando las clavijas a delegados sindicales de empresas públicas poco cumplidores, a parados que no quieran asistir a cursos de formación o a los que cobran por nómina un salario alto, estaremos haciendo un ejercicio de rigor. Pero, al mismo tiempo, una injusticia. Porque, entre tanto, nada se dice, nada se hace, para regular la actividad de los bancos, para aumentar los impuestos de las grandes fortunas; para evitar una economía sumergida de 250.000 millones de euros, que generaría impuestos por 35.000 millones al año; o para controlar la verdadera renta de los profesionales liberales que no tienen nómina y declaran muy por debajo de sus ingresos.

El presidente del Gobierno es un hombre tocado por la buena fortuna. Contra todo pronóstico ganó las elecciones de 2004, previa tragedia terrorista y torpeza infinita del Gobierno saliente. E incluso ganó en 2008. Ahora la lógica y las encuestas nos dicen que perderá las de 2012, pero no se sabe nunca cuándo abandona la suerte a un político. Si alguien le hubiese dicho a Aznar, cuando abdicó en Rajoy, que su protegido iba a perder en 2012, no se lo habría creído. Y ya ven…

Antes de Zapatero, Aznar también estuvo tocado por la diosa fortuna. Se libró de una muerte cierta en un atentado de ETA; ganó a Felipe González en 1996, cuando el Gobierno socialista ya no aguantaba más, después de 14 años en el poder. Aunque lo hizo por la mínima y eso le causó una gran decepción, pero tuvo a su lado a Rato y Cascos, que compusieron unas alianzas estrechas y fértiles con los nacionalistas catalanes y vascos, para en el año 2000 sacar una mayoría aplastante y prescindir de sus molestos aliados de circunstancias. A Aznar le cogió una ola de crecimiento mundial espectacular que ayudó mucho a su milagro económico. Todo eso contribuyó a que perdiera el buen juicio y se metiera en avisperos como la guerra de Iraq. Pero aun así, el PP habría ganado las elecciones sin el atentado del 11 de marzo de 2004 y la pésima gestión que hicieron de la situación el propio presidente y su ministro del Interior.

Entonces la suerte se cambió de bando. Y tocó con su varita mágica a Zapatero. Personaje de muchos registros, pero su fuerte no son las frases afortunadas. Le dijo a los catalanes que les aprobaría el Estatuto que mandaran a Madrid, le dijo a la entera nación que lo que venía en 2008 no era una crisis sino una desaceleración. Y le acaba de decir al universo mundo desde Oslo que un parado en formación es un trabajador en activo. Un desliz grave. Por mucho que cuando realice afirmaciones inoportunas el presidente esté trabajando por su país.

Arenas, en busca de la alternativa

Ignacio Martínez | 15 de diciembre de 2009 a las 23:14

El horizonte de 2012 es la clave de toda la estrategia que Javier Arenas desarrolla en Andalucía, a un ritmo frenético, desde que hace un año y nueve meses perdiera por tercera vez contra Chaves las elecciones regionales. Es su última oportunidad. O no, porque éste no es el único papel político que juega en su partido. Hoy por hoy, es el hombre fuerte del PP nacional. Desde hace 18 años no falta ningún lunes por la mañana a la reunión de maitines de la sede del Partido Popular en la calle Génova de Madrid, 13 años con Aznar de presidente y cinco con Rajoy.

La preparación de las elecciones municipales y la designación de candidatos le permitirán dar paso a otra generación, y renovar la cúspide de su partido con gente joven. No es una novedad, ya lo ha hecho con mucha soltura o descaro, según se mire, para sustituir a presidentes provinciales con fuerte apoyo en la organización como Joaquín Ramírez en Málaga, o alguien con gran pedigrí institucional como Pedro Rodríguez en Huelva. También pretende alguna sonada apertura al centro y al andalucismo a modo de fichaje.

Todo esto ya lo tiene en la cabeza, pero no suelta prenda, por su particular manera de gobernar el partido, un liderazgo definido por distintas fuentes populares de manera diversa: personalista, autoritario o maniobrero, pero desde luego solitario. Siempre le ha gustado repartir los papeles entre sus principales colaboradores, y propiciar la rivalidad entre ellos: en los 90 entre el portavoz parlamentario Manuel Atencia y el secretario general Juan Ojeda, y en los 2000 entre la presidenta regional Teófila Martínez y el secretario general Antonio Sanz.

En la actualidad, la historia se repite entre el propio Sanz, como secretario, y la portavoz parlamentaria Esperanza Oña. Hay sesiones en las que ambos quieren replicar en simultáneo una alusión desde las filas socialistas, y se disputan la palabra o el amparo de la presidencia, para confusión de propios y extraños. El lado bueno de esta pugna evidente es que los dos son parlamentarios muy eficientes. Incluso hasta brillantes, aunque cortados por el mismo patrón: muy buenos en el juego duro y faltos de sutileza para la ironía o el sarcasmo.

Una de las máximas de Arenas es que la gestión de un partido es un máster en relaciones humanas. Hay que tener mucho cuidado con los movimientos y con los afectados colaterales. La administración de equipos es uno de sus cometidos más delicados. Ejerce, en todo caso, un hiperliderazgo indiscutido. La adhesión al jefe es tal, que recibe del orden de ocho o nueve invitaciones de boda al mes, de afiliados del partido. Uno de sus allegados sostiene que “es el que más manda porque es el que más trabaja“, quizá seguido de su fiel escudero Antonio Sanz.

El secretario regional del partido no genera muchos afectos en la organización. El PP reserva el papel de malo de la película a sus secretarios generales. Arenas ha comentado en alguna ocasión que cuando en enero de 1999 preparó con Aznar el congreso en el que iba a ser nombrado secretario del partido decidieron quiénes iban a seguir, entrar o salir de la dirección nacional. Entonces preguntó cómo se comunicaban los cambios y Aznar le contestó que él llamaría a los que seguían o se incorporaban y Arenas debía llamar a los que cesaban. Esta función la interpretaba, con mano de hierro, Álvarez Cascos, antecesor de Arenas en el cargo: tanto que le llamaban en general secretario.

Sea como fuere, cuando Juan Ignacio Zoido (nacido en 1957) dejó la secretaría general del PP andaluz, para ser candidato a la Alcaldía de Sevilla en las elecciones de 2007, los ocho presidentes provinciales propusieron para el cargo a José Luis Sanz (1968), pero Arenas nombró a Antonio. Otra de las máximas de Javier Arenas (1957) es que no siempre coinciden liderazgo y gestión, incluso que casi nunca coinciden. Y Antonio Sanz (1968) se dedica a la gestión en un partido presidencialista, lo que le obliga a muchas horas de despacho y a cargar con los problemas internos.

No hay un delfín, sin embargo. Un dirigente popular andaluz recurre al despiece silábico para explicarlo: “como se trata del fin del liderazgo de alguien, el interesado no está por la labor de alentarlo o adelantarlo”. Hay un pequeño cuadro de honor con los posibles candidatos a una eventual sucesión. En cabeza en el ranking, en este momento, está el presidente provincial y candidato a la Alcaldía de Córdoba José Antonio Nieto (1970), joven, audaz y buen orador. No está solo: junto a los Sanz, Oña (1957) o Zoido, también figuran los nombres de los alcaldes de Motril, Carlos Rojas (1970); de Adra, Carmen Crespo (1966), o de Marbella, Ángeles Muñoz (1960). E incluso el del presidente provincial y candidato a la Alcaldía de Jaén, Fernández de Moya (1969). Todos son diputados del Parlamento regional. “No es por nada, pero ahí hay un gobierno andaluz mejor y más joven que el actual de los socialistas“, sostiene orgulloso un destacado militante popular.

Pero en el PP no hay especulaciones. Muchos de los interlocutores de este reportaje sostienen que el hombre o la mujer que sustituyan a Arenas puede no estar en el candelero. Y todos coinciden en que al jefe no le gustan los delfines virtuales. “Eso ha perjudicado a Carlos Rojas, que ya no aparece destacado en las fotos, y puede dañar a José Antonio Nieto”. El de las fotos oficiales con Arenas es un capítulo que tiene expertos analistas en el lenguaje de los signos: “Si estás a su derecha o a su izquierda, o en la primera fila de una foto, en una reunión organizada por él en Sevilla, estás bien cotizado. En caso contrario, si estás en segunda fila o no apareces, estás en baja“. Hace dos meses organizó en Grazalema un fin de semana familiar con Rajoy. Y se hizo acompañar por el secretario regional, el presidente y la secretaria de Cádiz. Normal. Pero también iba en la excursión la alcaldesa de Marbella, Ángeles Muñoz, que es de otra provincia. El termómetro sucesorio se disparó. Sobre todo, porque las fotos elaborando queso payoyo en una granja escuela dieron la vuelta a España. Varios arenólogos de la mejor confianza, sin embargo, descartan que Titi Muñoz sea lo que los ingleses llamarían the coming woman.

Esta descripción se complementa con otra: Arenas tiene la virtud de colocar secretarios provinciales que no son del agrado de los presidentes, para estimular el espíritu de competencia. Se lo hizo en el pasado dos veces a Joaquín Ramírez. Y se lo ha hecho, sin ir más lejos, a Nieto en Córdoba, con Federico Cabello de Alba, antiguo comisario provincial de Policía. El liderazgo de Arenas está lejos del cesarismo de Aznar, pero no exento de algunos gestos sutiles, muy significativos: en las frecuentes reuniones de la organización en hoteles, a mitad de la sesión suele pedir un descafeinado de máquina con leche, para él solo, que se toma ante la atenta mirada de todos los demás.

La interpretación de los gestos de Arenas como símbolo de afecto o desafecto choca con su cordialidad natural. Quien le haya visto en los últimos meses en compañía de Esperanza Aguirre podría pensar que siguen teniendo la entrañable relación de antaño, cuando formaban con Piqué un grupo de la máxima confianza mutua, en el núcleo duro del aznarismo. Los dos son tan zalameros y se dedican tales piropos y carantoñas, que cualquiera diría que están en el mismo bando. Pero no, ahora están en campos enemigos. Aguirre quiso el puesto de Rajoy tras la derrota popular en 2008, y Arenas se convirtió en el principal valedor del presidente del Partido Popular. Sigue siendo un peso pesado en el epicentro del poder en el PP. A la pregunta de si Arenas tiene despacho en Génova, la respuesta es contundente: ¡una planta entera! La tercera, dedicada a la política autonómica y local, es su territorio: desde allí tiene línea directa con el poderoso secretario de Organización, Juan Carlos Vera. Circula la especie de que manda más que Cospedal. Algunos signos externos así lo muestran. Un parlamentario nacional recuerda que en la interparlamentaria del PP en La Coruña en octubre del año pasado la secretaria general no tenía un vehículo asignado y Arenas disponía de dos.

Sus relaciones con Cospedal no son un idilio desde hace años, pero tampoco malas. De hecho, no tiene enemigos en el partido. Quizá sólo haya tenido uno claro: Eduardo Zaplana, rival encarnizado desde que ambos eran dirigentes de las juventudes de la UCD. Está a partir un piñón con Gallardón, y su relación con Rajoy no ha hecho más que consolidarse. En la convención de Barcelona de hace un mes llamó mucho la atención su ausencia en la clausura del domingo. Lo que pocos saben es que se llevó, mano a mano con Rajoy, toda la tarde del sábado preparando el discurso final del presidente de su partido.

Este escenario de afectos y confianza, lleva a algunos en el PP a pensar que Arenas podría ser vicepresidente en un eventual Gobierno de Rajoy en 2012. Una teoría que se basa en la hipótesis de que el PP sea el partido más votado en España y en Andalucía, pero no tenga mayoría para gobernar aquí. No obstante, Arenas repite a quien quiera oírle que si se dieran esas circunstancias, se quedaría cuatro años más en el Parlamento andaluz, para llegar a San Telmo en 2016. Aunque lleva toda la vida en la política, el presidente regional del PP no tiene todavía los 52 años; los cumplirá en dos semanas, el día de los Santos Inocentes. Y su currículo como parlamentario andaluz no llega a cuatro años en total.

En su haber está que ha sido vicepresidente del Gobierno y ministro en tres carteras distintas. En su contra, una cierta leyenda de que no es capaz de crear equipos: “Es más hombre de favoritos que de equipos. Y para consolidar su liderazgo indiscutible le falta un equipo al que mandar, como el que fue capaz de crear en su momento de mayor capacidad, cuando llegó al Ministerio de Trabajo en 1996“. En el interior del partido, no todo son lisonjas, como puede verse. Sus críticos, todos anónimos, insisten en que “está siempre enredando, nunca quieto, rodeado de una corte de aduladores”. Pero él, parece que lo sepa. Un observador interno hace un curioso paralelismo: “es tan distante con los cercanos, como sólo Chaves era capaz de ser”. A lo que la misma fuente añade “una cordialidad en el trato directo, similar a la de Escuredo o la de Griñán”.

En el PP se miran en el espejo del PSOE, para según qué cosas. En el entorno del presidente regional admiran la capacidad de los socialistas para “cerrar sus crisis con un mensaje único”. Otros consideran que “en el PSOE el poder orgánico significa algo, en el PP nada”. Una de las coincidencias de todos los dirigentes populares consultados es el respeto a los alcaldes de las grandes ciudades, todos ellos vicepresidentes regionales del partido, en una Ejecutiva que tiene más de 150 nombres. Arenas parece siempre muy seguro de sí. Se le atribuyen dos grandes capacidades. La primera, es su memoria prodigiosa, que le permite reconocer en Córdoba a una persona a la que vio en un mitin varios años antes en Palma de Mallorca, o recordar el nombre de cualquier militante de un pueblo.

La segunda es su mentalidad ajedrecística: mueve los peones con gran habilidad. A veces se equivoca. Y, a veces, lo reconoce. Por ejemplo, admite que fue un error defenestrar al alcalde popular de Almería Juan Megino en 1999. Un fallo que le costó la alcaldía y una escisión. En las tareas pendientes de Arenas para el año próximo, destaca aumentar la calidad de las propuestas alternativas de su partido en asuntos económicos, fiscales, presupuestarios o educativos. También, mejorar la ubicación social del PP en Andalucía: los votantes del partido se consideran más centristas que las siglas. Abrirá la organización a figuras destacadas de la sociedad, entre las que no estará Manuel Pimentel. Ambos han recuperado la amistad perdida, pero el dirigente añorado por algunos en el PP se ha desenganchado por completo de la política y es irrecuperable. Entretanto, Arenas sigue con su ritmo frenético, a base de 2.000 kilómetros a la semana por las carreteras de Andalucía. En busca de una alternancia difícil pero posible al Gobierno de la Junta.