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El encanto de los ‘ex’

Ignacio Martínez | 5 de febrero de 2012 a las 11:40

El encanto de los ex es extraordinario. Después de años atrapados en una institución, rodeados de problemas y aduladores, la presión de los disgustos y la enajenación de los piropos les instala en una burbuja, fuera de la realidad. Cuando se retiran, se relajan, les da el aire y cogen mejor color. Y es una delicia oírles, porque unen a tanta información adquirida en el ejercicio del cargo un sentido común recién recuperado. Algo así ha mostrado Zapatero en el Congreso del PSOE. Más que en el cónclave oficial, en su intervención la noche del viernes en la Ser. Habló de la crisis y los errores que cometió; de ETA y su final, que le hizo llorar; de los dos candidatos a sustituirle, sobre los que ha sido neutral de verdad, no como otros; de su vida de ex yendo al supermercado o a un restaurante con su familia. Estupendo.

Tengo un amigo muy cercano, votante socialista a pesar de que es muy crítico con el Gobierno andaluz, que me repite insistentemente desde hace meses que nos vamos a acordar de Zapatero. Es posible que la historia indulte a este ex presidente, como mejoró a Suárez, pero todavía está muy reciente su catastrófica gestión de la crisis. Sobre todo por negarla. Cuando ya había estallado la burbuja inmobiliaria americana, en septiembre de 2007, hizo un balance de su primera legislatura ante el Grupo Parlamentario Socialista que es de libro. Ya me lo han leído alguna vez. España ganaba la Champions League de la economía mundial. Decía el presidente que el país estaba más preparado que nunca ante una posible recesión, por la fortaleza de su economía, el dinamismo de la inversión, la solvencia de las empresas, la eficiencia de su sistema financiero y la acumulación de disponibilidades de las familias. Perfecto disparate en el análisis de la situación, que lo ha matado.

Todavía un año después, Solbes y Griñán prepararon unos Presupuestos para 2009 sobre el supuesto de un crecimiento del 1% del PIB. No vale decir que todo el mundo se estaba equivocando. En el mismo partido, el mismo país y el mismo tiempo, Castells previó recesión para Cataluña en 2009. Y acertó. Un respeto para los catalanes. Sobre todo para los Pujol, Roca, Maragall o Castells, que tienen el indudable encanto de todos los ex.

Un Wikileaks andaluz

Ignacio Martínez | 12 de diciembre de 2010 a las 13:20

El servicio diplomático de la nación más poderosa de la tierra ha sido pirateado por una arriesgada organización, cuyo líder está encarcelado en el Reino Unido, en oscuras circunstancias. Tan rara es la cosa, que todo el mundo cree ver detrás el enfado de Estados Unidos. Si los diplomáticos americanos intentaron forzar a fiscales y jueces españoles para que no procesaran a los soldados que mataron en Bagdad al cámara español José Couso, no veo por qué no iban a forzar a fiscales suecos y jueces británicos para meter entre rejas a Assange.

El Estado tiene el monopolio de la violencia en una democracia. Pero en ningún caso el de la información. Al contrario, el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos dice que todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión. Y ese derecho incluye no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Aunque en su libro Comunicación y poder (Alianza Editorial, 2009), el profesor Castells establece la tesis de que el poder es la capacidad de un actor social de influir sobre otros actores sociales de forma que se refuercen la voluntad, los intereses y los valores de quien está en el poder. Ya sabíamos que el poder no es un atributo: es algo que no se exhibe, se ejerce. Pero Castells añade que en el mundo moderno el poder se ejerce mediante el control de la información. Y Assange ha roto esta regla no escrita y, de camino, le ha tocado las narices a quienes mandan.

Ha sido estupendo conocer las opiniones de los diplomáticos americanos de los actores que a lo largo del mundo controlan los medios para mantener el poder. ¿Se imaginan un Wikileaks en Andalucía? Y conocer de manera fehaciente lo que piensan nuestros gobernantes. Saber, por ejemplo la opinión de Griñán sobre Zarrías y viceversa. La de Chaves sobre Griñán. La de Arenas sobre los canónigos de Córdoba. La de los canónigos de Córdoba sobre Medel. La de Medel sobre Pulido. La de Pulido sobre Ávila. La de Ávila sobre Jara. Así no habría manera de ejercer el poder, según las tesis de Castells, pero sería muy entretenido. A que sí.

Más vale malo conocido

Ignacio Martínez | 16 de noviembre de 2009 a las 8:08

Los políticos se toman muy a pecho hacerse un hueco en el aprecio de los ciudadanos, pero se olvidan de seducirlos. La estrategia del ventilador, aquella que dice que el adversario es peor que uno, surte efecto pero es reversible: al competidor también le funciona. Así que los españoles van poco a poco dejando de tenerle ley a sus gobernantes e instituciones. ¿Con qué se quedan? Con lo más cercano, según una encuesta recién salida del horno del Centro de Investigaciones Sociológicas. Los ayuntamientos son lo más apreciado por los 4.000 consultados en 51 ciudades distintas. Por ser más preciso, la escala de mejor a peor la encabezan los servicios municipales, seguidos de ayuntamientos, gobiernos regionales y Gobierno de la nación.

A medida que el ámbito de actuación se aleja del ciudadano, éste pierde interés y afecto por la causa. Ayer, en este diario, Manuel Castells explicaba que es imposible que Europa consiga una unión política, porque no la quieren los ciudadanos, que confían en las instituciones europeas aún menos que en sus propios gobiernos; ni los países pequeños, que temen ser fagocitados por Alemania y Francia; ni los políticos, que no quieren perder el control de sus mecanismos de poder nacionales. Es una opinión, pero ahí queda. Con estos antecedentes, tiene mucha importancia el informe que a finales de febrero próximo entregue Felipe González a los líderes de la UE en una cumbre informal que se celebrará en Sevilla. González preside un grupo de reflexión sobre el futuro de la Unión Europea en el que están el ex presidente polaco Lech Walesa, el ex comisario italiano Mario Monti, el periodista británico Richard Lambert, ex director del Financial Times, y un arquitecto holandés, un economista austriaco, un catedrático danés, un alcalde alemán y una sindicalista francesa.

Esperemos que estas nueve sabias personalidades hagan aportaciones que saquen a los europeos de su letargo. En la encuesta mencionada más arriba el peor dato es que un 71% de los consultados afirma no haber participado jamás en reuniones de tipo político. El personal tiene otras inquietudes, mayormente relacionadas con el empleo y la crisis. Lo dice otro estudio, con el que el CIS nos sorprendió la semana pasada, en el que los políticos salían muy mal parados: eran el cuarto problema del país, tras el paro, la economía y la inmigración, ¡por delante del terrorismo! Los numerosos casos de corrupción que se han conocido en las últimas semanas han arruinado la imagen de la clase política. Lo curioso es que la mayor parte de estos escándalos de corrupción tienen su origen en gestiones municipales de diverso tipo, con lo que los resultados de ambas encuestas son abiertamente contradictorios. Al final, va a tener razón el refrán: el español piensa que más vale malo conocido que bueno por conocer.

Solbes se va

Ignacio Martínez | 14 de septiembre de 2009 a las 20:40

Se va Solbes. Le supongo espantado por tanto aficionado y aficionada manejando los mandos de la economía y el presupuesto nacional. Empezando por el aficionado-presidente, el hombre al que Jordi Sevilla pretendía explicarle en dos tardes lo que es la economía. Ambos están en desacuerdo con la política económica, con los bandazos y con las improvisaciones. También con el hecho de que cada vez más, como le pasó a Aznar en su segunda legislatura, todo lo decida el presidente, rodeado de un coro de aduladores.

Entre las críticas en público, figura en lugar destacado Antoni Castells, el consejero de Economía de la Generalitat, que se ha mostrado en desacuerdo con la subida de impuestos de Zapatero. Castells tuvo el acierto de leer mejor que Solbes o Griñán los datos de los organismos internacionales a la hora de preparar los presupuestos de este año. Mientras unos preveían una subida del PIB del 1%, Castells ya sabía que entraríamos en recesión. Hoy ha dicho en una conferencia en la Caixa que se siente respaldado por el PSC, ante las molestias que en el PSOE han causado sus críticas al presidente. También ha insistido esta tarde en que frente a una crisis como ésta “los estímulos fiscales son importantísimos”.

Se fue Jordi Sevilla, se va Solbes y quedan pocos como Castells diciendo lo que piensan.

Espías autonómicos

Ignacio Martínez | 29 de junio de 2009 a las 8:14

”Conrado

Un amigo mío sostiene que la Unión Europea no se consolidará hasta que no tenga servicios secretos, medallas y guardia de honores. En Andalucía ya tenemos las medallas hace tiempo. Nos falta la guardia de honores. Sobre los espías hay división de opiniones: hay quien piensa que hubo seguimiento a los presidentes de las cajas sevillanas Beneroso&Benjumea, en tiempos de Chaves. Pero si lo hubo, fue obra de aficionados. Más profesional fue la labor de la unidad de seguridad de la Consejería de Interior de la Comunidad de Madrid. Era gente curiosa, que tenía fotos, itinerarios y relaciones de consejeros de la presidenta Esperanza Aguirre, e incluso de algún enemigo mortal, como el número dos de Gallardón. Pero al final no pillaron al padrino o madrina de la banda.

Estas cosas habría que regularlas: los servicios secretos son legales, aunque su actividad no lo sea. Si trasladamos a las autonomías los pilares necesarios para consolidar la UE, deberíamos crear los servicios secretos regionales. Sería empleo de calidad, relacionado con la innovación y las nuevas tecnologías, que entraría de lleno en la economía sostenible que propugna el presidente Zapatero. Y nos sacaría de apuros institucionales. Por ejemplo, el Gobierno andaluz no sabe lo que le ofrece la vicepresidenta Salgado a Cataluña para que acepte el nuevo sistema de financiación autonómica. Elena Salgado no se le pone al teléfono a la nueva consejera de Economía, Carmen Martínez Aguayo.

Este desaire exige una misión de buena voluntad, que quizá ejerza hoy el ex presidente Chaves en visita oficial a su sucesor, o una misión imposible, para saber lo que se traen los compañeros del partido Castells y Salgado. Los catalanes reclaman el 25% del dinero extra que se ponga encima de la mesa, pero, aunque se lo den, también andan mosqueados, porque el Gobierno está construyendo el modelo a partir de la cifra final, por lo que será difícil descifrar la letra pequeña del nuevo sistema.

El Gobierno vasco se había adelantado a todos: tenía en Cuba un representante económico, Conrado Hernández, que ha sido detenido por espiar para los servicios secretos españoles. Quizá era agente doble y también espiaba para los cubanos. O triple, y atendía a los vascos también. En todo caso, sus relaciones con la cúpula del poder comunista en la isla provocaron la caída de un vicepresidente, el ministro de Exteriores y el secretario personal de Fidel. Esto ni es broma, ni es nuevo. En los años 40, el Gobierno vasco en el exilio acordó con el FBI montar una red de espionaje en una docena de países de América Latina, financiada por Estados Unidos. La novela Galíndez, de Vázquez Montalbán, relata un caso real. Como ven, hay diversos precedentes; en esta materia vamos por el buen camino. Ya queda menos para la consolidación autonómica: sólo nos falta la nueva financiación y la guardia de honores.

Griñán, el hombre tranquilo

Ignacio Martínez | 12 de abril de 2009 a las 16:34

El político más famoso del mundo, el presidente Obama, tiene prestigio de gran orador. Sus discursos se cuelgan en YouTube como si fueran canciones de culto, con millones de visitas. Pero Obama no escribe sus discursos. Se los hace un jovencito de enorme talento, Jon Fravreau. De hecho, pocos políticos escriben sus discursos; el dramaturgo y político checo Václav Havel es una de esas excepciones. Otra es José Antonio Griñán. El vicepresidente económico del Gobierno andaluz y candidato ‘in pectore’ a la Presidencia de la Junta no es economista, sino un hombre de letras. De hecho, quiso estudiar la carrera de Filosofía y Letras en los años 60, pero su tío Rafael Martínez Emperador, hermano menor de su madre, le recomendó que hiciese Derecho y preparase oposiciones a inspector de Trabajo.

Con 23 años sacó esas oposiciones con el número tres de la promoción de 1969. Con su tío trabajó cuando era director general de la Seguridad Social a mediados de los 70. Martínez Emperador fue asesinado por ETA en 1997 cuando era magistrado de la Sala de lo Social del Supremo. Un atentado que ha marcado su vida, como otros hechos menos dramáticos y más antiguos. Por ejemplo, una novela que leyó a finales de los 60, que es la que más le ha impresionado; ‘Guerra y paz’ de Tolstói. Es un dato relevante en una persona que lee cuatro o cinco libros al mes. Griñán es un gran lector y un cinéfilo empedernido. En particular del cine negro de los 50: hay películas que es capaz de explicar plano a plano y recitar todos sus diálogos.

Otra de sus grandes aficiones es la ópera. Se sabe de memoria obras completas, y se atreve a cantar alguna pieza. Ha utilizado con frecuencia este recurso para relajar a su equipo en los duros momentos de preparación de los presupuestos, cuando las cuentas no cuadran y aumenta la presión de las consejerías. Tiene la colección completa de los discos de Alfredo Kraus, con quien tenía una relación de amistad. Por cierto, que la redacción de los presupuestos de este año le ha costado fuertes críticas de la oposición, con razón, por su pretensión de que en 2009 subiría el PIB andaluz un 1%. Él se ha justificado con un dossier lleno de previsiones optimistas de organismos internacionales. Pero lo cierto es que mientras con esos datos Solbes y Griñán aventuraron un crecimiento para España y Andalucía, a su correligionario catalán Antoni Castells le salieron las cuentas de una recesión en Cataluña. Y acertó.

Aunque nacido en Madrid en 1946, José Antonio Griñán está muy vinculado a Andalucía. Es hijo de malagueña, marido de una sevillana, María Teresa Caravaca, y diputado por Córdoba. Dos de sus tres hijos, Ana y Miguel, nacieron en Sevilla, que fue su segundo destino como inspector de Trabajo en 1974, después de Zaragoza, donde nació su primogénito Manuel. Ahora tiene tres nietos y una nieta. Dos de su hijo mayor, residente en Madrid y casado con una gallega, vinculación que ha generado una amistad con sus consuegros, que le lleva a veranear todos los años a la tierra de su nuera. De su hija, que vive en Sevilla, tiene un nieto y una nieta. Sus allegados lo encuentran feliz de ser abuelo, tanto que era su argumento recurrente para negar cualquier posibilidad de aspirar a la Presidencia de la Junta.

Su parentela gallega ha ejercido influencia en su dialéctica. Hace un año, cuando comenzó su andadura el actual gobierno en funciones resolvía de manera galaico-teológica a la posibilidad de que Chaves no terminara la legislatura en el cargo: “Puede ser que sí y puede ser que no. En todo caso, es como Dios; si existe no interviene en la marcha del mundo. La eventualidad de un relevo es igual; no afecta a la marcha del Gobierno”.

En la época en que llegó a Sevilla, al final de la dictadura, fue uno de los firmantes del documento de los 500, un escrito en el que por primera vez un grupo de altos funcionarios del Estado pedían democracia y amnistía. En esos años colaboró, junto a Joaquín Galán y su compañero de promoción Enrique Vila, con los despachos de Capitán Vigueras (Felipe González, Rafael Escuredo, Manuel del Valle, Ana María Ruiz Tagle…) y de José Julio Ruiz, vinculados a los sindicatos UGT y Comisiones Obreras, entonces ilegales. “Si había un expediente de crisis, los abogados laboralistas nos pedían que explicásemos a los enlaces sindicales los detalles de la tramitación”, explica uno de sus compañeros de entonces.

Es uno de los fundadores de la Junta de Andalucía. Entró en el primer Gobierno de Rafael Escuredo, como viceconsejero de Trabajo con su viejo amigo y colega de la inspección Joaquín Galán. Cuando llegaron, la Consejería tenía 58 funcionarios, y cuando se fueron cuatro años después, había más de 20.000. En aquellos primeros años de la autonomía estaba muy preocupado porque se notase que las políticas tenían una componente social. Suya es la frase de “hacer un nuevo mundo con viejas ideas como el diálogo político y el diálogo social”. En la segunda legislatura pasó a ser viceconsejero de Salud con Eduardo Rejón. Dada su condición de buen componedor, Rejón le encargó arreglar las relaciones entre la Junta y los colegios de médicos, que estaban envenenadas en aquellos tiempos. También puso en marcha el reglamento del SAS, que estaba recién constituido.

Cuando en 1987 nombran ministro de Trabajo a su amigo Manuel Chaves, se va de secretario general técnico del Ministerio a Madrid. En aquel equipo de dirección era famosa su preocupación por el lenguaje de los textos jurídicos, “para que lo entiendan los ciudadanos a los que van dirigidos”. Allí le coge la huelga general de diciembre de 1988. Volvió a Andalucía con Chaves en 1990 para ser consejero de Salud. En esa época se corrigió en parte el problema de la financiación de la sanidad andaluza. Enseguida se fue a Madrid de ministro de Sanidad (92-93) y de ese Ministerio pasó al de Trabajo, en donde dio una vez más muestra de su capacidad de convicción: consiguió con el Pacto de Toledo garantizar el sistema nacional de pensiones. Fue diputado en Cortes entre 1993 y el 2004, cuando de nuevo le reclamó Manuel Chaves para convertirlo en consejero de Economía.

Su fama de negociador ya se la ganó en el consejillo de viceconsejeros de la Junta en 1982. En aquellos tiempos fogosos a veces se generaban tensiones entre departamentos “y él solía sosegar esas situaciones”, cuenta uno de los protagonistas. Le iría bien el eslogan de Mitterrand en 1981: La fuerza tranquila o el título de una película clásica de John Ford: El hombre tranquilo. Su mano izquierda pasó a ser legendaria hace poco, cuando deshizo los entuertos que había entre la Iglesia Católica y La Junta a propósito de CajaSur, heredados de la época de la consejera Magdalena Álvarez. Su entendimiento con el obispo de Córdoba, monseñor Asenjo, desbloqueó la situación. 

Es muy aficionado a las carreras de fondo. Celebró su sesenta cumpleaños, corriendo una media maratón en Sevilla. Es de ejercicio diario, que recomienda como fuente de salud y recurso para rebajar la tensión. Es menos conocida su afición a las carreras de caballos, que le viene de su padre y han continuado sus hijos. Llegó a comprar en los años 70, con otros 36 amigos, la yegua Picarana que ganó dos carreras en Madrid y estuvo a punto de ganar una de vallas en el hipódromo de Sevilla, pero se cayó en el último obstáculo, cuando tenía asegurado el triunfo. Su padre, Octaviano, que fue director del Banco Mercantil e Industrial en Sevilla y consumado periodista hípico, tuvo incluso una revista especializada en la materia, Corta Cabeza, en donde el futuro presidente de la Junta escribió unas celebradas crónicas bajo el seudónimo de Riu Kiu, el nombre de su caballo favorito. Su hijo Manuel tiene ahora un caballo, Mendavia, que el viernes quedó segundo en una carrera en el hipódromo de Mijas.

Es elocuente, seductor y buen conversador, de la escuela de Felipe González, como otro felipista clásico, el ministro Rubalcaba. Hombre culto, de los que pueden regalar un libro del poeta del siglo de oro Garcilaso de la Vega. Es tímido si no tiene confianza, pero le sobra sentido del humor. Se diría que es coqueto, cuida mucho sus corbatas aunque presume de que no las compra. Se entiende que se ocupa de esa tarea su mujer, ‘Mariate’ en el círculo familiar. Algún amigo próximo dice que no lleva bien la edad, que se siente más joven que lo que su físico dice.

Nunca ha tenido cargos orgánicos en el partido, aunque es miembro del comité federal. Los máximos dirigentes del PSOE andaluz hablan de él con gran respeto. “Se ha sabido ganar la confianza del partido”, sostiene Luis Pizarro, vicesecretario regional. En el partido dicen que Andalucía vive un momento histórico, por el relevo y por la crisis. Chaves, que le ha propuesto para el cargo, tutelará su primer mandato presidencial: se quedará como secretario general hasta el próximo congreso del PSOE andaluz, que se celebrará tras las elecciones de 2012. Aunque será una tutela amistosa: ya ha dicho que sólo le dará consejos si se los pide.

El momento es histórico también en materia futbolística: después de un primer presidente de la Junta sevillista, Escuredo, y dos béticos, Borbolla y Chaves, llega el turno a un colchonero. El Atlético de Madrid es el club de los amores de Griñán, Zarrías y el consejero de Deportes Luciano Alonso. Si Galicia le da pie para respuestas evasivas, el Atlético le anima a la épica. A Griñán le gusta contar una anécdota de Harold Macmillan, el primer ministro conservador del Reino Unido entre 1957 y 1963: cuando dimitió, un periodista le preguntó qué había sido lo más complicado y contestó, muy británico, “los acontecimientos, amigo, los acontecimientos”. El candidato a la Presidencia de la Junta añade de su cosecha que “en política hay que saber navegar de bolina, con viento a favor y con viento en contra” . Y en este punto saca a pasear su espíritu colchonero: “Nosotros estamos muy bien dotados, porque los del Atlético estamos acostumbrados a luchar contra las adversidades”. La frase “los del Atlético” es una simplificación. Si no, que le pregunten este año a los seguidores del Cádiz, del Recre, del Córdoba o del Betis.

El próximo gobierno será un gabinete contra la crisis, pero no de tecnócratas. Griñán se muestra muy partidario de los Gobiernos políticos, más que de los técnicos: “Le doy un alto valor a la política; es una ciencia, un arte y una cultura, que va más allá del conocimiento de la materia que se gestione. Se trata de saber hacer, porque en la política, como en la vida, la línea recta no es siempre el camino más corto”. Y será también un gobierno con muchas mujeres, no sólo porque lo exija la ley: “Es más fácil trabajar con mujeres; son más concienzudas, muy trabajadoras y cumplidoras”. Lo que no es óbice para que uno de los pasajes de una de sus óperas favoritas, Rigoletto de Verdi, diga “la dona e mobile qual piuma al vento”. Además, le gusta todo lo de Verdi y todo lo de Mozart, en particular Figaro y Don Giovanni, que curiosamente trascurren en Sevilla. 

En materia musical es más clásico que moderno. Le gusta Moustaki, de sus años mozos, y siempre ha sido seguidor de los Beatles, pero más ahora, que necesita una pequeña ayuda de sus amigos.