Archivos para el tag ‘Castro’

Novillada en plaza de tercera

Ignacio Martínez | 30 de junio de 2012 a las 9:42

Como si hubiese sido abducido por un fenómeno natural inexplicable, ha desaparecido la sesión de control al Gobierno regional en el Parlamento andaluz. En la legislatura anterior, cada quince días, los jueves había un interesante debate entre el presidente de la Junta y los líderes de la oposición, Valderas y Arenas. Hasta 2008 incluso cuatro partidos estaban representados en la Cámara, pero Andalucía haciendo honor a una regla no escrita según la cual las regiones más pobres tienen menos grupos en sus parlamentos autonómicos, pasó de cuatro a tres.
En esta ocasión se da la circunstancia inédita de que hay más grupos en el Gobierno que en la oposición, con lo que la sesión de control se convierte en una farsa: salen los portavoces de los partidos de la mayoría regional y le sacuden como a una estera al Gobierno de la nación. El presidente de la Junta se suma al escarmiento de gratis. Es ridículo. Se trata de un mitin institucional contra el Gobierno de la nación, en el que los problemas de Andalucía y la responsabilidad de la Junta brillan por su ausencia. Si antes para el PP todo era culpa de Zapatero, ahora para PSOE e IU todo es responsabilidad de Rajoy. La crisis no existía antes ni ahora. Ellos, a la peleíta.
El nuevo portavoz de IU sobrelleva con dificultad la contradicción entre el habitual discurso radical izquierdista y los recortes que está haciendo el Gobierno del que forma parte. La solución es fácil: “Vienen de Madrid todas las imposiciones para el brutal recorte que están sufriendo las políticas sociales en Andalucía”.

A Castro se le puede dar un margen porque es nuevo en el encargo y tiene que reciclar los mensajes de su organización. Pero el caso del portavoz del PSOE es más grave, después de tres años de ejercicio. Alguien debería terminar con tan evidente demostración de falta de preparación y capacidad. Aunque hay que anotarle un punto a su favor: afortunadamente ha abandonado uno de sus peores vicios, el reiterado y desmedido culto a la personalidad de su líder máximo, que puede que agradara a Griñán, pero sonrojaba a propios y extraños. El jueves, Jiménez dedicó su supuesta interpelación al Gobierno andaluz a arengar a la Cámara sobre la malvada era Rajoy, “que dejará tras de sí un país rescatado y con menos derechos”.
Cuando le tocó el turno al portavoz del PP constató una realidad: los socios del bipartito llevaban media hora criticando al Gobierno de la nación y eludiendo los problemas de Andalucía. Griñán hizo algo que nunca había intentado con Arenas. Le contestó en su primera intervención brevemente, y reservó su tiempo para la segunda dúplica, a la que ya no podía replicarle Rojas. Y entonces le lanzó decenas de preguntas que el popular no podía contestar. El debate de control al Gobierno andaluz ha muerto. Habría que darle con urgencia un entierro digno: lo del jueves fue una novillada en plaza de tercera.

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El ‘castrismo’ agoniza

Ignacio Martínez | 1 de marzo de 2010 a las 11:30

La dictadura cubana agoniza y este hecho biológico afecta a España de manera directa. Hay quien dice que Irlanda es el Estado número 51 de los Estados Unidos. Por las mismas razones sentimentales se puede decir que Cuba es la provincia número 51 de España. Más de un siglo después de la emancipación de la última colonia española, nuestro país sigue enganchado con la isla caribeña y sus habitantes. ¿También con su Gobierno? Sí y no. Desde la llegada al poder de Castro en enero de 1959, la dictadura de Franco primero y los gobernantes democráticos después han tenido debilidad por el dictador cubano. Excepción hecha del presidente Aznar, todo sea dicho. Hemos visto también que, desde Fraga a Chaves, los presidentes autonómicos cumplimentaban a Fidel, un mito para la izquierda mundial durante mucho tiempo y, en cierta manera, un héroe en el inconsciente colectivo español para gente de toda ideología y condición.

Seguro que hay muchas más razones para explicar esta vinculación emocional con el líder cubano, pero una de ellas es que Castro acabó con Batista, un lacayo de los norteamericanos, que nos habían echado de la isla en el 98. Y encima se enfrentó, como David a Goliat, con el gigante estadounidense. Aparece como un vengador de nuestra propia historia. Pero cualquier simpatía que generase su trayectoria, por el motivo que fuese, está agotada hace tiempo. Y encima un albañil y fontanero de 42 años, negro, con escasa instrucción, humilde y reservado, poco dado al protagonismo, ha hecho temblar el escaso andamiaje que le queda a la dictadura comunista cubana. Orlando Zapata estaba condenado ¡a 36 años! por delitos de opinión, que se dice pronto. No es el único caso, hay 200 como él en la isla ahora mismo. Su muerte tras 85 días de ayuno ha generado una dura protesta mundial, incluido el presidente Zapatero, aunque con un retraso de 24 horas.

Hay, si se quiere, una cierta hipocresía en la indignación internacional. China contraviene de manera sistemática los derechos humanos y es evidente que en mayor cantidad que los cubanos. Sin embargo, el presidente Bush retiró al Gobierno de Pekín de la lista de peores violadores de las libertades de sus ciudadanos. Washington mantiene un bloqueo contra la isla caribeña, mientras hace negocios de todas clases con China, y acumulaba un déficit por balanza de pagos de 200.000 millones de dólares antes de la crisis hipotecaria de 2007. La Unión Europea también es cómplice comercial del gigante asiático: el último año antes de la crisis tuvo un déficit comercial con China de 130 mil millones de euros. Pocas censuras políticas recibe Hu Jintao de sus clientes cuando se mueve por el mundo y a los Castro todo bicho viviente les reprocha su régimen de falta de libertades.

Sea como fuere, el castrismo ha perdido todo halo de romanticismo que rodeara su causa. Su dictadura agoniza, sola y desprestigiada.

PP y Gürtel: España no es un estado policial

Ignacio Martínez | 9 de agosto de 2009 a las 8:40

¡España es un estado policial!, clama desde Marbella María Dolores de Cospedal, secretaria general del Partido Popular, persona de apariencia precavida, que suele leer todas sus declaraciones públicas. No es un acaloramiento repentino; el PP acusa al Gobierno de espiarle, con escuchas telefónicas ilegales; de perseguir a la oposición, de corromper la democracia, de poner en grave riesgo las instituciones. Estas descalificaciones implican a jueces, fiscales y policías. La sobreactuación de Cospedal empezó unos días antes, cuando pidió al Gobierno que se dedicara a perseguir a ETA y no al PP. Una secuela de la euforia popular ante el archivo provisional de la causa contra el presidente valenciano Camps en el caso Gürtel. Y una reacción a la torpeza de la vicepresidenta Fernández de la Vega, que se apresuró a pedir a la Fiscalía que recurriese el fallo del TSJ valenciano. En todo caso, resulta chocante esconder detrás del terrorismo los delitos de la trama de corrupción montada por Correa y ‘El Bigotes’ con la ayuda de dirigentes populares de Madrid, Valencia o Andalucía.

La teoría del complot del Estado contra el PP ya fue esgrimida con éxito en vísperas de las elecciones autonómicas en Galicia y el País Vasco: entonces en la operación Gürtel no había nada de nada; todo era producto del afán de protagonismo del juez Garzón y del interés malicioso del Gobierno por perjudicar a su rival. Cinco meses después, varios jueces han encontrado serios indicios de delito en numerosos dirigentes populares, alguno de los cuales ha tenido que dimitir como consejero autonómico, alcalde o concejal. La implicación alcanza a miembros del Congreso, Senado o Parlamento europeo. Incluso el tesorero nacional del PP ha sido imputado. Eran falsos los dos enunciados: no había complot y sí una trama corrupta bien ramificada.

La filosofía ahora es la misma, pero la estrategia va más lejos. Al PP le irrita sobremanera que se hayan publicado sumarios declarados secretos, y pide un escarmiento. Pero incurre aquí en una grave contradicción. Sin el trabajo de la prensa no habríamos sabido nunca tanto de los casos Filesa, Naseiro, Gal, Gürtel o Yak-42. Son ventajas de un régimen de libertad de prensa como el que tenemos. Eso no habría sido posible en la Cuba de los Castro, en la Venezuela de Chavez o en la España de Franco, por poner ejemplos de estados policiales. Otra contradicción de Cospedal es hablar del riesgo de las instituciones. El bloqueo que desde hace meses ha montado el PP valenciano para impedir que su Parlamento regional designe senadora a la dirigente socialista Leire Pajín es un claro ejemplo de irresponsable política institucional. Ni estas ‘venganzas’ de Camps, ni las pataletas de Cospedal van a exonerar de los delitos de corrupción a los implicados en la trama Gürtel. El principal partido de la oposición debería dejar trabajar a jueces, fiscales, policías y periodistas. España no es un Estado policial, es el PP el que está en un estado de necesidad.

El ‘amigo’ chino

Ignacio Martínez | 21 de marzo de 2008 a las 22:35

Se atribuye a Mao Tse Tung la frase de que leer demasiados libros es peligroso. A todos los dictadores les da por lo mismo. Otro pensamiento del Gran Timonel es que la crítica debe hacerse a tiempo, no después de consumados los hechos. En aplicación de este precepto habría que reprochar a la comunidad internacional que mire para otro lado ante la falta de libertades en China, anfitrión de los Juegos Olímpicos de agosto en Pekín. Andan los tibetanos haciendo de David frente al Goliat chino ante la pasividad de propios y extraños. La revuelta del Tibet se extiende y con ella la represión, lo que pone en evidencia la violación de derechos humanos en un país con el que todo el mundo quiere hacer negocios y evita indisponerse.

China se mantiene como una dictadura comunista, confundida con el paisaje: a nadie parece incomodarle. En una visita hace dos años me llamó la atención que los dirigentes no mencionaban las palabras partido o comunista para definir a la dirección del país. El término sustitutivo era el gobierno. Y para referirse a los ciudadanos, se utilizaba otro eufemismo, el chino, como si hubiese sólo uno y no más de 1.300 millones. Así resultaba que el gobierno había decidido tal o cual cosa y al chino le había gustado o no. Sencillo y fácil de digerir.

China pretende perpetuar sus fronteras históricas. Desde el siglo XIII, Tibet ha estado bajo dominio mongol o del imperio chino y ha disfrutado de un cierto grado de independencia intermitente, segada de manera radical en 1950 por el Ejército Rojo. Si la operación militar de la semana pasada contra manifestantes civiles tibetanos la hubiesen ordenado los hermanos Castro en Cuba, se habría organizado un escándalo mundial. La hipocresía de las grandes potencias es infinita. Estados Unidos mantiene un bloqueo comercial implacable contra la isla caribeña, mientras hace negocios de todas clases con esta otra dictadura comunista. Un doble rasero evidente: el presidente Bush acaba de retirar a China de la lista de los peores violadores de los derechos humanos del mundo.

Pero Europa no es menos culpable. La UE tuvo un déficit comercial con China de 130 mil millones de euros en 2006; nos encantan sus productos manufacturados, tan baratos. Y no nos importa que los juguetes incumplan normas de seguridad comunitarias, ni que China se haya convertido en el primer emisor mundial de gases con efecto invernadero, ni que seis años después de entrar en la Organización Mundial de Comercio ignore las leyes de propiedad intelectual, ni que siga siendo un país altamente proteccionista.

La prensa extranjera tiene el acceso vetado al Tíbet y a los territorios limítrofes, tomados por las fuerzas armadas. No se sabe si los muertos han sido 16 u 80. No hay libertades ni hay información. Como diría Mao, leer demasiados periódicos es peligroso.