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Los huevos fritos del Rey

Ignacio Martínez | 1 de diciembre de 2012 a las 9:23

San José de Madrid. Domingo 25, 14:30. El presidente del Gobierno pide a los periodistas que no le hablen de política el día en que se juega una de las partidas más difíciles de la joven democracia española; las elecciones catalanas. Rajoy había estado una hora con el Rey al que 48 horas antes habían realizado en esa clínica privada una complicada intervención de cadera. Tuvo un argumento para demostrar la buena salud del Monarca y, de camino, ofrecer un titular goloso a la prensa: el Rey había desayunado dos huevos fritos. Bingo. Media hora después, todos los telediarios adornaban sus crónicas con los huevos.

El Monarca hizo honor aquel día a las castizas aficiones de los borbones y pidió de desayuno la que podríamos considerar la comida nacional. Nos flagelamos constantemente con la idea de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, pero seamos sinceros, si se hace una encuesta entre el conjunto de la ciudadanía española sobre cuál es su plato favorito, los dos huevos con patatas ganan por goleada. Y habrá que convenir que se trata de una comida sencilla, adecuada para la humilde España de antaño y a la modesta España que propone para el futuro mi colega Enric Juliana.

Este ensayo, publicado por la editorial RBA, establece que la actual crisis económica no será un paréntesis en la historia de España, a pesar de que el discurso de los políticos juega con la metáfora tranquilizante de ese paréntesis. Juliana sostiene que España no regresará a las altas cotas de consumo, especulación y hedonismo de las últimas dos décadas. Y que en la nueva era este será definitivamente un país modesto.

La modestia que no siempre ha tenido buena acogida en el alma popular, pero ya ven que en materia gastronómica este pueblo no ha descarrilado. Lo que no indica que no haya habido burbuja en la materia: hemos visto surgir la tortilla de patatas líquida y las aceitunas líquidas, sin que se decretase que era alta traición. Pero las masas populares y la alta aristocracia han seguido fieles a los valores eternos, como la tortilla de patatas de toda la vida de dios. Afortunadamente el más moderno de nuestros chef andaluces, Dani García, que se encuentra estos días en Nueva York abriendo un restaurante con el genuino nombre de Manzanilla, ha adaptado con más estilo platos tradicionales como la papada de cerdo o el rabo de toro.

Rajoy dijo también a la salida del hospital que había hablado con el Rey de la vida misma. Ahora que preocupa tanto la marca España, los huevos fritos no son mala guarnición. Añadió el presidente que con don Juan Carlos no había hablado nada de política. ¿Semejante día y nada de política? No hay quien se crea esa cortina de humo. Si el infierno existe hay quien hace méritos. Con el estómago lleno.

España respira aliviada

Ignacio Martínez | 27 de noviembre de 2012 a las 13:21

Mas quería una mayoría excepcional y ha sacado un fracaso excepcional. Pocos casos más clamorosos de ineptitud estratégica pueden encontrarse en el entorno próximo. Quizá la aventura de Álvarez Cascos en Asturias en marzo. O un referente francés. Jacques Chirac, que era un político simpático pero candoroso, ganó las presidenciales francesas en 1995 y como tenía una cómoda mayoría de derechas en la Asamblea Nacional no disolvió inmediatamente para aprovechar el tirón de la campaña presidencial. Encima convocó las elecciones en 1997, un año antes del final de legislatura, en un alarde de torpeza, que llevó al socialista Lionel Jospin al palacio de Matignon como nuevo primer ministro.

Es uno de los precedentes que tiene la disolución del Parlamento catalán por un presidente que tenía un cómodo gobierno de derechas apoyado por 62 diputados y reclamó una mayoría excepcional, para sacar 50. Artur Mas no tiene el estilo espontáneo de Chirac, es lo que en Andalucía se definiría como estirado. Tan engreído que se creyó que la riada humana que se manifestó el 11 de septiembre en Barcelona estaba toda allí por la independencia. El resultado es muy decepcionante para él. El director de La Vanguardia dijo en RNE la noche electoral que CiU tendrá que meter el proyecto soberanista en el cajón. Declaración relevante en boca del responsable de un medio que ha animado a este movimiento en los últimos meses.

Ayer el presidente de la Generalitat hizo de tripas corazón y convocó una rueda de prensa con Duran Lleida. Concretó que prefiere un gobierno de coalición, porque solo no tiene fuerza suficiente para apechugar con las deudas, los recortes y la triste realidad. Apunta a Esquerra y al PSC, con los que completaría unas mayorías muy distintas. Sigue empeñado, aunque sea de boquilla, en la consulta sobre el derecho a decidir. Pero la suma de escaños soberanistas en el Parlament ha bajado de 76 a 74, así que se podía haber ahorrado el viaje. Y de las diez elecciones autonómicas que ha habido en Cataluña desde 1980 la suma de CiU y ERC ha sido en cinco ocasiones superior a la que tienen ahora. Además, los votos que sacaron el domingo suman el 30,5% del censo llamado a las urnas.

El resto de las fuerzas han tenido resultados muy dispares. Los socialistas, el peor de su historia en unas autonómicas catalanas. El PP el más alto. Esquerra ha igualado su segundo mejor resultado de la serie, pero superado todavía por Carod en 2003, con 23 escaños. IC también logra su mayor número de diputados, si se exceptúa a su antecesor, el PSUC, que tuvo 25 en 1980. Y Ciudadanos, un partido fundado por intelectuales antinacionalistas, en tres citas con las urnas se ha consolidado definitivamente. Cataluña ha votado de manera muy plural, como suele; con sentido común. Y España respira aliviada.

La bolsa o la vida

Ignacio Martínez | 29 de octubre de 2012 a las 13:27

Una encuesta de ayer en La Vanguardia arrojaba varios datos interesantes: un 80% de los catalanes quiere un nuevo estatuto fiscal. Más de un 70% desea un referéndum sobre la independencia y más de la mitad votaría a favor. Pero si consiguen pagar menos al erario público español, descendería en diez puntos esa mayoría independentista. La rebaja fiscal está servida. Sobre todo si se confirma que dentro de cuatro semanas, en las elecciones autonómicas adelantadas, de los 135 diputados del Parlament, 66 serían para CiU y 16 para Esquerra. El mismo sondeo dice que el PSOE cosecharía un nuevo batacazo, el PSC sacaría 18 escaños, 17 el PP, 13 ICV y 6 Ciudadanos. Siguiendo la tónica general, todos los partidos suben menos PP y PSOE, que pierden uno y diez diputados respectivamente. Y desaparece Solidaridad, que lideró Laporta hace cuatro años.

Este diario catalán ha tenido un gran protagonismo a la hora de crear el clima de opinión que se vive en Cataluña en este momento. Aunque ayer su director adjunto Enric Juliana recordara en su artículo dominical que el catedrático Francesc de Carreras, uno de los fundadores de Ciudadanos, en su habitual colaboración en el periódico calificó hace pocos días de iluminado a Artur Mas. Hizo más. Lean un trozo de su texto: “Parecía ser un político dispuesto al pacto, en la tradición catalana de Prat de la Riba y Cambó, es decir, un anti-Companys, un hombre de seny, alejado de la rauxa. Me equivoqué. El racionalista se ha transformado en un visionario decidido a que su país emprenda caminos ‘duros, muy duros’, a permanecer aislado del ruido mediático, es decir, de la opinión pública, a estar dispuesto cual mártir a ‘asumir el sufrimiento’, a tener esperanza basándose sobre todo en la fe. Me da miedo”. Hay que añadir que esta es una posición muy minoritaria entre los comentaristas del centenario rotativo.

El mismo diario publicaba ayer un editorial revelador, en el que hacía de puente entre el independentismo y la situación actual, que el Govern califica de expolio. Decía que en Cataluña no hay en estos momentos una apuesta definitiva por la ruptura, que hay solución. Y da pistas. Hace falta respeto mutuo, solidaridad equilibrada, reconocimiento de la nación cultural, autogobierno efectivo y derecho a decidir en el nuevo marco europeo que la crisis acelera. Por si no lo han entendido, un párrafo posterior lo explica más claramente: tenemos un Estado autonómico artificialmente hinchado y mientras en la mayor parte de España crece la opinión favorable a la recentralización, Cataluña y el País Vasco se mueven en la dirección contraria. No es un drama, dice el diario, es una contradicción que puede ser inteligentemente administrada.

O sea, en vez de la bolsa o la vida, la bolsa o la unidad de España.

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Monotema catalán

Ignacio Martínez | 14 de octubre de 2012 a las 12:00

Cataluña es el monotema. Ayer Rajoy, de turné electoral por el País Vasco, dijo finamente que fuera de España hace mucho frío. Lo explicó en dos tiempos. Uno. Fuera de España y de Europa se está en ninguna parte y condenados a la nada. Y dos. Apartarse de la Constitución es apartarse de la prosperidad y del empleo. Para lo que dice en privado es bastante. Recuerda a una frase envenenada que Paco Ordóñez le dirigió a Pujol tras una salida de tono, poco habitual por cierto en aquel president: “Salirse de España es salirse de la UE y de la OTAN”. Era finales de los 80 o principios de los 90.

En 2012, en la recepción del viernes en el Palacio Real, en los corrillos con los periodistas el presidente del Gobierno repetía sobre el asunto catalán que hay que calmar el juego y no hacer provocaciones. Preguntado por la frase de Wert, en la que sostenía que hay que españolizar Cataluña, tiró balones fuera. Pero es evidente que no le ha complacido. Como tampoco al Rey. Ha trascendido un comentario al presidente del Gobierno sobre la frase del ministro, a quien habría reprochado el desafortunado comentario. La Casa Real ha desmentido el contenido literal de la frase, pero es evidente que no ha gustado la ocurrencia tampoco en este ámbito. Para corroborarlo, basta oír al Príncipe Felipe hablar de rebajar la tensión.
Lo de prosperidad y empleo es de cajón. Si Cataluña es más del 20% del PIB nacional, su separación empobrecería al resto de España. Pero también a la liberada Cataluña. Y su entrada en la UE no tendría que ser vetada por el Gobierno español. Francia o el Reino se apresurarían a cortar de raíz cualquier intento de balcanizar a los grandes países de la Unión, por la cuenta que les trae.

Por cierto, Mas no fue a Madrid a la Fiesta Nacional. Ya estuvo ausente el año pasado. En esta ocasión tiene una excusa estupenda: tiene convocadas elecciones en noviembre y está de precampaña. Es el caso de Feijóo o López, que las tienen en sólo unos días. Pero los que no tienen excusa son Griñán o Fabra, que también faltaron, como los presidentes balear, cántabro o riojano. Habría que decirles que este tipo de actos no son opcionales, aunque sea puente. Y menos en estos tiempos que corren, en los que dentro de España hace demasiado calor.

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Proclama catalana

Ignacio Martínez | 10 de octubre de 2012 a las 0:03

Una entrevista publicada en este diario hace nueve días ha provocado una protesta del Gobierno español ante la Comisión Europea. La vicepresidenta Viviane Reding le dijo a Fede Durán que la legislación internacional no dice nada acerca de la obligada salida de organismos internacionales de un territorio que se independice de un país miembro. Según eso, si Cataluña se separa de España no tendría que salir de la UE. Reding es luxemburguesa y se llama como el militar suizo gobernador de Málaga a principios del siglo XIX, en donde hay un Paseo con su nombre.
Theodor von Reding fue uno de los generales de la batalla de Bailén, artífices de la primera derrota de los ejércitos napoleónicos. Destinado después al frente de Cataluña como jefe supremo, resultó herido y falleció en Tarragona, donde está enterrado. Su lejana pariente también está vinculada a Cataluña. En la entrevista en cuestión presumía de ser una de las pocas personas no catalanas en recibir la Cruz de Sant Jordi. Distinción que quizá la invitó a decir que no pensaba ni por un segundo que Cataluña quiera dejar la Unión Europea.
Reding dijo lo que pensaba, Mas se agarró en los días siguientes al argumento, y Margallo intenta paliar la erosión internacional que el separatismo provoca en la imagen del país. La última intervención del ministro ha sido por el partido de fútbol entre el Barcelona y el Real Madrid del domingo. La bandera cuatribarrada que rodeaba el entero Camp Nou, los gritos de independencia en el minuto 17 y 14 segundos de ambas partes del encuentro, el entusiasmo soberanista cuando Messi puso por delante a su equipo… han llevado al alarmado Margallo a declarar que todo eso perjudica la Marca España. Y tanto.
El presidente del Barça, Sandro Rosell, que empezó su mandato evitando gestos catalanistas, para desmarcarse de su antecesor y enemigo Joan Laporta, se ha deslizado en las últimas semanas por el tobogán independentista. Una pena. Hay millones de aficionados españoles seguidores del Barcelona, que no son partidarios de separación territorial alguna. El Barça es más que un club porque trasciende lo deportivo. Y las fronteras.
Antes, también superaba al Madrid de Mourinho en deportividad. Pero la provocación y simulación de agresión por parte de Cesc Fàbregas en el campo del Sevilla, hace dos jornadas, descienden al conjunto de Vilanova a la misma categoría ética del portugués. Celebro que en La Vanguardia Enric Bañeres haya criticado las marrullerías de Cesc. El colega catalán fustiga a quienes alaban la simulación con el argumento mezquino de que el fútbol es de listos y que la obligación de todo jugador es sacar el máximo provecho de cualquier incidente. Un servidor, que es bético, se suma. Aunque me temo que los oportunistas seguirán abusando de los demás en el fútbol y en la política.

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El cuento de la lechera

Ignacio Martínez | 29 de septiembre de 2012 a las 12:05

Artur Mas va madurando su plan. Estrategia compleja, pero hoja de ruta precisa: elecciones autonómicas catalanas, derecho a decidir, independencia. La crisis es un magnífico aliado para cualquier despropósito. Mas ha visto su oportunidad y ha dirigido el descontento social hacia España. La deuda acumulada de Cataluña, de más de 40.000 millones de euros, es culpa de España que roba su dinero a la industriosa Cataluña. Por eso los recortes en sanidad o educación son culpa de España, que se queda al año 16.409 millones de los catalanes.

 
El lunes en El País los economistas Ángel de la Fuente y Sevi Rodríguez Mora publicaron un estudio desmenuzando esos datos, en el que llegaban a la conclusión de que en el más favorable de los escenarios, los costes de la independencia de Cataluña serían sustancialmente mayores que los beneficios. Primero descontaban de la cifra del expolio 5.148 millones, al calcular la balanza fiscal por el método del flujo de beneficio: le adjudican a Cataluña su parte correspondiente de lo que cuestan las bases militares, las embajadas o la agencia tributaria. La nueva nación tendría que pagarse un servicio exterior que aunque estuviese en la tercera parte de los países donde está el español, el coste para cada ciudadano catalán se multiplicaría por dos. Igual pasaría con su agencia tributaria, que además no tendría la capacidad de la española de detectar cualquier fraude en el resto del territorio nacional.

Y hay más. Habría una pérdida de economía de escala, que elevaría los costes de los servicios en un 25%. Tras el desmembramiento, se reduciría en un 5% la recaudación de la agencia tributaria y en un 1% la recaudación de la seguridad social. El PIB catalán bajaría un 9% por el efecto frontera, incluso en el mejor de los casos; o sea, separación amistosa y permanencia de Cataluña en la UE y el euro. Eso sin contar con lo más probable; que se produzca un efecto rechazo al producto catalán en el resto de España, su mejor cliente. Y que Francia o el Reino Unido se adelantaran a España y vetaran la entrada de la Cataluña en la UE. Córcega, el Ulster, etcétera, etcétera, pesan lo suyo.

Es indiscutible la culpa del resto de los españoles en el extraordinario superávit comercial catalán. Compramos mucho producto catalán. Y aquí sí que cada consumidor tiene la última palabra. Mientras que Mas acuna sus peticiones -pacto fiscal, derecho a decidir, secesión- cada hijo de vecino puede ir estudiando cómo puede sustituir a su proveedor catalán, ya sea de pizzas, de servicios financieros, de cava, de automóviles o de Colacao. Vayan pensando en la alternativa. Hay empresarios catalanes que ya han estudiado cómo sustituir a sus clientes y han llegado a la conclusión de que es una barbaridad la independencia, porque se los llevaría por delante. Lo han dicho Joan Rosell y Josep Piqué. No sabemos si Mas va de farol. Él tampoco debe saber si la alternativa a los proveedores catalanes va en serio. Así jugamos todos con las mismas cartas. Cada uno con su particular cuento de la lechera. Con una certeza, la independencia catalana empobrecería a España y a la propia Cataluña.

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El soufflé nacional

Ignacio Martínez | 25 de septiembre de 2012 a las 11:25

España era una amable macedonia y ahora es un violento soufflé. Era una ensalada de frutas desigual, en cuyo diseño se cometieron muchos errores. De alguno se habla poco: por ejemplo del concierto vasco o del convenio navarro, cuya continuidad aseguraba hace escasas fechas el secretario de Estado Beteta en Bilbao. Error su inclusión como disposición adicional primera de la Constitución y mayor aún el cálculo del cupo. De otros errores ni se habla. ¿Necesitábamos 17 comunidades autónomas? ¿Cantabria o Rioja, el puerto de Castilla y la cuna de la lengua castellana tenían que convertirse en unidades de gasto, con parlamento, tribunal de justicia, defensor del pueblo, etcétera, con 300.000 habitantes?

Pero no se hace una revisión crítica de cómo hicimos la macedonia. Estamos en la fase de inflar el buche, de sacar pecho. Oímos bienintencionadas ideas, como las del presidente andaluz: consenso, sentirnos cómodos, proyecto compartido o igualdad en la diversidad, que suenan desfasadas porque Cataluña ya ha roto el consenso constitucional. El soufflé empezó con la reforma del Estatut. Primero Zapatero dijo que aprobaría cualquier cosa que mandara Cataluña. Después los hermanos Maragall y compañía hicieron un Estatut maximalista. El Congreso no hizo honor al compromiso de ZP, pero dejó un texto razonable. Entonces el PP aportó su granito de arena a los despropósitos y recurrió el Estatut ante el Tribunal Constitucional. El TC planchó algunos aspectos simbólicos para el nacionalismo, que sacaron a la calle a decenas de miles de manifestantes. Y todos cabreados.

Empezamos esta etapa conflictiva con una crisis económica interminable: antes de dos años no remontará la economía. Con una inestabilidad política superlativa y la clase política sumida en el desprestigio. Y Cataluña apunta en todas direcciones. El domingo en La Vanguardia, Enric Juliana, disparaba contra los privilegios de vascos y navarros: “como consecuencia del armisticio de las guerras carlistas del siglo XIX, el País Vasco y Navarra, hoy las dos comunidades más ricas de España, no aportan nada a la caja común, mientras el resto del país se pelea a grito pelado sobre el reparto de los esfuerzos”. Hay muchas maneras de calcular las balanzas fiscales, pero en la mayoría el saldo vasco y navarro es positivo. Están subvencionadas por las otras regiones.

El presidente andaluz debe pronunciarse sobre el concierto vasco, y sobre qué estaría dispuesto a ceder a Cataluña, si está dispuesto a ceder algo en su federalismo cooperativo. Pero llegó a presidente del PSOE después de apoyar a Carme Chacón en el congreso de su partido. Y Chacón y el PSC pidieron un cupo como el vasco en las elecciones de 2008. Insisto, la dualidad de sus responsabilidades resta a Griñán margen y eficacia en la defensa de los intereses generales de Andalucía.

Un lío

Ignacio Martínez | 12 de septiembre de 2012 a las 10:28

Cataluña se tira a la calle para pedir la independencia y Rajoy dice que eso es un lío. Más plácidamente, casi de manera romántica, Juan Ignacio Zoido afirma que tiene a Sevilla en el alma y en la cabeza. El invitado de ayer al Foro Joly ejerce mucho más de alcalde de la capital de Andalucía que de candidato a la Presidencia de la Junta. Muchísimo más. De hecho, no se le adivina interés alguno en aspirar al sillón de San Telmo. Además de un análisis superficial de la situación que vivimos, en su intervención no dejó muchas pistas sobre su pensamiento ni sobre su estrategia regional. Eso sí, aparca, de momento, su empeño en reclamar un estatuto de capitalidad para Sevilla. De momento es una expresión que pusieron de moda los nacionalistas. A principios de los 90, el presidente Pujol pidió la cesión de la recaudación del 15% del IRPF, “de momento”. A finales de los 2000, los catalanes reclamaron el 50% del IRPF, “de momento”. Ahora exigen, “de momento”, un pacto fiscal como el vasco.

El término le viene como anillo al dedo al estilo dubitativo y galaico del presidente Rajoy. Él no iba a subir el IRPF, ni el IVA, de momento. Pasado el instante en el que lo afirmaba, cualquier momento era bueno. Prometió que no habría que pagar el IVA de las facturas antes de haberlas cobrado, pero “de momento” no le ha dado tiempo de implantar el nuevo sistema. Los pensionistas andan con las carnes abiertas, porque “de momento” no piensa tocarlas. Pues bien, Zoido, de momento, aplaza su reclamación de un estatuto de capitalidad.

El alcalde sevillano lanzó ayer una idea que ya han propuesto dirigentes de su partido como Cospedal o Feijóo, para sus territorios respectivos: hay que reducir el número de diputados del Parlamento de Andalucía. Y no propone una cifra, para no perjudicar el consenso antes de empezar. Pero lo que plantea es un lío, como diría Rajoy. Porque el número de diputados está en la letra de Estatuto de autonomía. El artículo 101.1 dice que textualmente que “el Parlamento estará compuesto por un mínimo de 109 diputados, elegidos por sufragio universal, igual, libre, directo y secreto”. Una ley electoral podría cambiar el número para aumentarlo, como sueña Izquierda Unida, pero bajarlo de 109 supone un cambio estatutario. Y si se cambia una coma del Estatuto hace falta un referéndum, salvo en unos contados artículos financieros que así lo advierten.

En todo caso, aceptemos que el presidente regional del PP hace su propuesta teórica como una medida de austeridad. Pero hay otra componente: el partido más votado se beneficia en varios escaños de una reducción del número de diputados. En Galicia y en Castilla-La Mancha, en donde gobierna el PP por mayoría absoluta, significaría casi garantizarles la permanencia en el poder. En Andalucía, sin mayoría absoluta y con la pérdida de expectativa de voto, a lo peor los populares serían más perjudicados que favorecidos. Lo dicho. Es un lío. Y un lío peligroso.

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Vienen curvas soberanistas

Ignacio Martínez | 11 de septiembre de 2012 a las 19:04

Vienen curvas soberanistas en España. Hoy es el día nacional de Cataluña. Al menos eso dice su Estatuto en el artículo 8. La Diada siempre ha sido ocasión para la reivindicación independentista, pero hoy se ha producido la mayor manifestación de la historia. La crisis ha dado alas a los separatistas. Los medios catalanes publican encuestas que sitúan a una mayoría de la población a favor de excluirse del resto de España. Los medios nacionales publican otras que dicen que una aplastante mayoría de españoles está en contra de semejante cosa. A pesar del habitual buen estilo catalán, su sentido común, su famoso seny, estamos en vísperas de un choque de trenes.

El día nacional de Cataluña en realidad celebra una derrota. Durante la Guerra de Sucesión española que entronizó a los Borbones, el 11 de septiembre de 1714 las tropas de Felipe V tomaron Barcelona, al mando del duque de Berwick, un general de origen inglés antepasado de la duquesa de Alba. Dentro de dos años se cumplen tres siglos y hay quien piensa en el 14 como una fecha fetiche. Como paso previo a otra vuelta de tuerca, el Gobierno autonómico de Cataluña reclama un pacto fiscal como el vasco. O sea, recaudar los impuestos en Cataluña y enviar a las arcas estatales una cantidad fija negociable. En el caso del País Vasco anda en unos 1.300 millones de euros al año.

El argumento de quienes defienden esta estrategia es que Cataluña está discriminada respecto a Euskadi. Lo que es cierto. Fue un error meter en la Constitución los privilegios forales vascos y navarro y fue un error aun más gordo calcular el cupo tan bajo. Pero establecido este principio, también hay que recordarle a los amigos catalanes tres cosas. 1. Que los territorios no pagan impuestos, sino las personas físicas o jurídicas. Un catalán y un andaluz con los mismos ingresos pagan igual cantidad. 2. Que deberían de alegrarse de tener un superávit comercial en el mercado nacional sin parangón en la mayor parte de los grandes países europeos. Eso sólo debe ser motivo de queja para los demás. Y 3. Si se aplica en el interior de Cataluña el principio de que los territorios pagan impuestos, resalta lo absurdo de la medida: ¿Aceptarían en Lérida, Tarragona o Gerona que el mayor porcentaje de inversiones se hiciese en Barcelona, que es la que más paga? Por la misma razón, ¿aceptarían los barceloneses que el mayor porcentaje de servicios estuviesen en la capital? ¿Aceptarían en la capital que los barrios más ricos recibieran más atenciones?

En fin, lo que único que hay que celebrar hoy en el resto de España es que la vía catalana a la independencia es pacífica. La derrotada vía vasca, de violencia terrorista, afortunadamente no ha tenido epígonos en otros lares. Pero, con todo y con eso, vienen curvas.

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Feria política

Ignacio Martínez | 10 de septiembre de 2012 a las 11:10

Fin de semana preelectoral. Feria de políticos, con latiguillos, eslóganes y la inevitable descalificación al adversario. El folklore habitual. Hay elecciones el 21 de octubre en el País Vasco y Galicia. Mañana se celebra la Diada más soberanista en Cataluña desde la llegada de la democracia. La prensa catalana nos recuerda que en este momento un referéndum sobre la independencia tendría un 51% de votos favorables, quince puntos más que hace diez años. Los oportunistas, los egoístas, los extremistas, los populistas, le sacan rendimiento a la crisis.
El descrédito de la política y de los políticos no sólo ocurre en España. Como consuelo repasen las encuestas para las elecciones del miércoles en Holanda. Los dos partidos que han copado las instituciones del país durante décadas, en régimen de alternancia, democristianos y socialdemócratas, apenas aspiran a una cuarta parte de los escaños. La crisis ha reventado el bipartidismo en países pobres del sur de Europa, como Grecia, y también en ricos del norte como Holanda. La consecuencia es más radicalismo.
En particular llama la atención la irrelevancia de la Democracia Cristiana neerlandesa, partido hegemónico durante medio siglo, que puede conseguir 13 de los 150 escaños del parlamento holandés. Este bache de las dos familias que crearon lo que hoy conocemos como Unión Europea tiene una clara consecuencia inmediata en el vacío ideológico en el que se mueve la UE, como pollo sin cabeza.
¿Pasará algo así en España? Puede, aunque todavía no se ha desatado la fuerza centrífuga que lo genere. Pero hay tiempo para que se produzca el fenómeno. El País adelantaba ayer un capítulo del próximo libro de César Molinas en el que comparaba la clase política española con los controladores aéreos, porque piensan más en su interés particular que en el general. La acusaba, entre otras cosas, de haber generado la burbuja inmobiliaria y la de las infraestructuras. Las críticas se multiplican. En fin, faltan más de tres años para las próximas elecciones generales y hay tiempo para que prenda la llama de la desafección política.
Unas elecciones en las que podríamos encontrar a alguno de los protagonistas del 21 de octubre. Se da la circunstancia curiosa de que los dos candidatos a la reelección en las elecciones vascas y gallegas, son los delfines favoritos de sus jefes de fila actuales. Entre los posibles recambios a Rajoy, seguro que el presidente del PP prefiere a Feijóo. Y no es un secreto que Rubalcaba piensa en Patxi López como posible candidato socialista a la Presidencia del Gobierno, si no hay adelanto electoral. Bueno, se comenta que Griñán piensa en sí mismo para semejante cosa. Pero esa ya es otra historia.