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Celia ha vuelto

Ignacio Martínez | 19 de mayo de 2012 a las 11:14

Celia ha vuelto. Por todo lo alto. Poner a esta fuerza de la naturaleza a presidir un pleno del Congreso supone riesgos. Y es probable que la Cámara no tenga seguro contra catástrofes naturales. La diputada por Málaga ha montado un número el jueves a primera hora de la tarde, cuando presidía la sesión plenaria en ausencia del titular Jesús Posada, que después de comer acostumbra a pasear por los alrededores de la Carrera de San Jerónimo para fumarse un puro. Acertó a pasar por allí el presidente del Gobierno, también a pie, y acabaron cruzando el patio del Congreso hacia Casa Manolo, en la calle Jovellanos, con intención de tomarse un café.
El Manolo es el bar de la prensa por excelencia y por allí cayeron los colegas para tomarle el pulso al presidente. Mientras la cotización de Bankia se hundía, Rajoy explicaba relajado que hay que reorganizar Europa, que no por gastar más se crece más y que una vuelta de tuerca a las pensiones no está prevista. Entre tanto, en el pleno se producía una escena insólita: la presidenta de la sesión, Villalobos, la emprendió contra un diputado. La víctima de sus malos humores fue un socialista andaluz, José Martínez Olmo, una estrella ascendente en su partido, número uno en la lista por Granada el 20-N.
Este hombre, médico con amplio currículo docente, investigador e institucional, es la sombra de la ministra Ana Mato. Neófito diputado contra neófita ministra. Es evidente que él conoce mejor la materia. Y se lo hace ver siempre que puede, con modos poco corteses: le dice a Mato que no tiene ni idea, que le viene grande el cargo y otras lindezas. La ministra el jueves se quejó de la desconsideración de su adversario y el diputado le replicó que la presidenta no le había reconvenido en ningún momento. Y allí entró cual elefanta en cacharrería la vicepresidenta primera del Congreso a dejar su sello, acusando a Martínez Olmo de “machista”. El escándalo duró más de cuatro minutos. Doña Celia se encaró con las diputadas socialistas y con todo bicho viviente. Como en sus mejores tardes.
En la colección de Youtube están sus obras completas y sus frases lapidarias. El vídeo de 2007 en el que se desgañita¸ llamando a su chófer en la puerta del Congreso, al grito de “¡Manolo!, ¡coño!, ¡joder!”. Manolo no es más tonto porque no se entrena, sentenció. O el de abril de 2009, en el que monta en cólera contra Teresa Cunillera, que presidía la sesión, porque no le quiso dar la palabra por alusiones. Cunillera es un ejemplo de cómo los socialistas ponen de presidente a cualquiera, sostuvo. O el de febrero de 2011, cuando calificó del fascista más grande que había visto en su vida a José Bono, porque le había afeado que llamara “tontitos” a los discapacitados.

Vuelve Celia por sus fueros, como si quisiera demostrar que los del PP pueden poner de presidenta a cualquiera. Un experimento. Un detalle.

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Tontos, tontitos y fascistas

Ignacio Martínez | 26 de febrero de 2011 a las 9:04

Lo peor de Celia Villalobos no es su falta de pudor. Como en los exabruptos, fuera de sí, en la entrada al Congreso, en 2007, desesperada por el retraso de su coche oficial, al grito de ¡coño! y ¡joder! Su escolta y el chófer del Audi del que dispone como secretaria de la Mesa del Congreso fueron víctimas de su mal humor: “¡No son más tontos porque no se entrenan!”.

Lo peor de la antigua ministra de Sanidad y Consumo no es su actuación en el episodio del huesito. En enero de 2001, en plena alarma europea por el mal de las vacas locas, recomendó a las amas de casa que no usaran huesos de vaca para el caldo. Su colega de Agricultura, Arias Cañete, comía ternera en público, para demostrar que no había riesgo de contraer la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, y explicaba que la UE sólo considera material de riesgo la médula espinal. Pero Villalobos precisaba que ella se refería al espinazo y estudiaba prohibirlo por prudencia. Ocurrencias de su triunfante campaña municipal en Málaga en 1999, como poner una academia para enseñar a los hombres a freír huevos, no funcionaron en la Liga nacional.

Lo peor no es que montara en cólera en el Congreso en abril de 2009, indignada porque el secretario general del PSOE de Málaga, Miguel Ángel Heredia, había criticado con malas artes al alcalde De la Torre. Doña Celia se insolentó con la vicepresidenta de la Cámara, Teresa Cunillera, que dirigía el pleno. Fue llamada al orden y a la salida soltó que “los socialistas ponen de presidente a cualquiera”. Lo peor no es que montara este espectáculo para defender el honor de su sustituto en la Alcaldía, cuando en realidad lo detesta.

Ni siquiera lo peor es que esta semana se enfrentara al presidente del Congreso en una reunión de la Mesa. El PP solicitó la comparecencia del fiscal general del Estado, para que explique las investigaciones sobre los ERE en Andalucía. Bono les dijo debían reformular la petición, porque no se admiten comparecencias del fiscal sobre asuntos concretos. A continuación se debatió sobre el cupo de discapacitados en una convocatoria de plazas para personal del Congreso. Villalobos se refirió reiteradamente a los discapacitados como “tontitos” y Bono le afeó su “falta de sensibilidad social”. Ella respondió que era una expresión coloquial. Y a la salida sostuvo que el presidente del Congreso es el fascista más grande que ha visto en su vida y que ella se expresa como se habla en su tierra. Y esto sí que no.

Su chófer es tonto, los discapacitados son tontitos, Bono es un fascista y los andaluces somos unos ordinarios. No. Lo peor es que nos confundan a los andaluces colectivamente con semejante acopio de vulgaridad. Se puede utilizar el habla andaluza con urbanidad. Y también con la imprudencia de esta diputada. La falta de educación no es un comportamiento colectivo, sino un patrimonio personal e intransferible.

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Un puesto de verduras en el Congreso

Ignacio Martínez | 3 de abril de 2009 a las 11:52

En los primeros años de la Transición, Iñaki Gabilondo puso de moda un eslogan en la SER: “Siéntase orgulloso de ser andaluz”. Aquellas cuñas de la radio relataban glorias históricas o artísticas. Dos diputados por Málaga, del PSOE y el PP, hicieron un alarde de lo contrario el miércoles en un pleno del Congreso de los Diputados. Aquello acabó con un ataque de cólera y un espectáculo vulgar protagonizado por la ex alcaldesa de Málaga Celia Villalobos (PP). En las webs de internet los comentarios son muchos y subidos de tono: lo más general que le dicen a la buena mujer es verdulera.

El diccionario traduce esta palabra como “mujer descarada y ordinaria”. Es cierto que el ataque de cólera de Villalobos le sobreviene porque el diputado malagueño del PSOE Miguel Ángel Heredia insinuó que el alcalde de Málaga es un ladrón, porque se ha gastado un dinero para un cartel colocado en el paseo marítimo de poniente, en el que denuncia que el Gobierno no quiere prolongarlo.

Hay dos matices que hacer: es conocida la escasa simpatía que Celia tiene por su sucesor y cómo consiguió que su amigo Álvarez Cascos lo ninguneara cuando era ministro de Fomento. Por eso el ataque de cólera para defender el honor de De la Torre (PP) tiene algo de impostura. Pero la acusación de Heredia no es de recibo. Un alcalde debe informar a los ciudadanos sobre los asuntos trascendentes. Por el contrario, el PSOE está acostumbrado a inaugurar todo tipo de obras de Fomento en Málaga sin ni siquiera avisar al regidor de la ciudad. Claro que el alcalde, tan acostumbrado a los feos de Cascos, todavía podría pensar que ahora le tratan mejor.

Heredia dijo en el pleno, en referencia a De la Torre, una cursilería: “Quien tiene impunidad para robarte un céntimo, la tiene para robarte hasta el último”. Y Celia, inflamada, pidió la palabra por alusiones y porfió, con el descaro marca de la casa, con la vicepresidenta primera de la Cámara, Teresa Cunillera, que presidía la sesión. La diputada socialista por Lérida intentó, primero con aplomo y después alterada, calmar los ánimos de la ex alcaldesa. Sin éxito. Y la llamó al orden cuando gritaba desde su escaño a Heredia: “Ladrón tú, en Alcaucín, el pueblo donde gobernabas, eres un diputado indigno”. Como colofón, a la salida del hemiciclo soltó una última fresca: “Es que los socialistas ponen a cualquiera de presidente”.

En ese lado la han golpeado los comentarios de internet: “Los populares ponían a cualquiera de ministra de Sanidad”, “hemos pasado del caldito al plato de verduras” o “podía poner al lado del taquígrafo un puesto de verduras”. Ayer, más calmada, pidió disculpas a los socialistas. Pero lo hizo con otra impostura: “Esta no es mi forma de ser”. En fin, no fue un día para sentirse muy orgulloso de ser andaluz. Estas no son las efemérides que contaban las cuñas de Iñaki en los 70.