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‘Sálvame': pasión y cuernos

Ignacio Martínez | 16 de agosto de 2009 a las 13:05

El presentador de un programa sensacionalista de sucesos en la televisión brasileña ha sido detenido, acusado de organizar al menos seis asesinatos, con el objetivo de que su equipo fuese el primero en llegar al lugar del crimen y así aumentar los índices de audiencia. Para más inri, el tipo es un diputado electo en el Estado de Amazonas. Recuerdo que en la televisión francesa hubo un caso tremendo en los años 70: un campesino fue invitado a París durante unos días, a todo plan, por cuenta de un programa de telerealidad. Había salvado a unos paisanos de morir en un incendio e iba a participar en una emisión que recreaba la hazaña. Unos años después, sin embargo, en una situación similar no pudo sacar de una casa en llamas a sus ocupantes, que murieron. Desgraciadamente, se averiguó que él mismo había provocado el fuego: le había encantado ser un héroe televisivo. ¡¡Uff!!

Aquí, todavía no hemos llegado a tanto. Nuestros ‘héroes’ de este género se dedican más al sexo que a la sangre. Al sexo, en el sentido más trivial; tú-me-dejas, yo-me-vengo, toda-España-se-entera, yo-cobro. En realidad, sería más correcto decir que este tipo de espacios se dedica a los cuernos. Es lo que une a la ex del torero de Ubrique, la ex de Frade o a la ex de Pipi. Con sorpresa, en el lapso de pocos días leo en mis dos periódicos nacionales favoritos sendos artículos sobre el programa ‘Sálvame’ de Tele 5. Se adivina una cierta consideración por la-obra-bien-hecha, que no comparto. Entiéndase: comparto el respeto por la obra bien hecha, aunque sea de un género menor, pero no por la basura ‘de luxe’, que inunda las pantallas de nuestra televisión privada.

La escritora de novela negra Donna Leon, norteamericana residente en Venecia, ha arremetido en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander contra el autor de moda, el sueco Stieg Larsson. Leon encuentra la trilogía Millennium “patológicamente mala: los contactos sexuales son violentos; no hay pasión, tan sólo pasión por violencia o por venganza”. No critica la calidad, utiliza ‘malo’ como ausente de bondad. A mí me gustan los periodistas que escriben novelas bien hechas. Larsson ha hecho las delicias de millones de españoles en el último año: estoy convencido de que la semana pasada, cuando dijo eso del estado policial, Cospedal estaba con el tercer libro, fascinada con las historias de la säpo.

Hay otras novelas de periodistas que recomiendo: Delicioso suicidio en grupo del finlandés Paasilinna, o De un mal golpe de Félix Bayón. Hablo de los recientes, porque si no, habría que añadir que el gran Raymond Chandler ejerció entre otros oficios el de periodista. Su detective Marlowe, por mucho que le gustase el ajedrez y la poesía, tenía un punto canalla. Compruébenlo en El largo adiós. Por el contrario, el comisario Brunetti de Donna Leon, es un fiel esposo de una condesa profesora de literatura y devoto padre de dos hijos. Un hombre amable y muy formal. Se entiende que Leon encuentre ‘malo’ a Larsson. Por cierto, que ella no se ha dedicado al periodismo, sino a la publicidad. Me corroe la curiosidad por saber qué calificativo le pondría al placentero entretenimiento de nuestra televisión basura, con pasiones tan humanas.