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Huelgas fuera de cacho

Ignacio Martínez | 9 de octubre de 2009 a las 7:30

Un grupo significativo de jueces españoles se quitó ayer la toga, se puso el mono de obrero e hizo huelga. Aquí hay mucho espíritu de clase, así que sobra materia prima para fundar un poderoso sindicato, aunque ignoro el color que cabría ponerle. El sindicato de pilotos utiliza el azul cielo. En este gremio tendría sentido el negro, por la seriedad del cargo, el color del uniforme de trabajo y porque es lo que se ve con los ojos cerrados: la Justicia es ciega, como saben. Convocó la Asociación Profesional de la Magistratura. Y según el Consejo General del Poder Judicial paró menos de una cuarta parte de los 4.500 jueces españoles, pero los convocantes, como todo sindicato que se precie, elevaron el número de sus seguidores.

A los jueces más conservadores no le han gustado las negociaciones con el Ministerio, ni el plan de modernización del Gobierno, ni el silencio de las comunidades autónomas. La modernización del ministro Caamaño incluye una inversión de 600 millones de euros en tres años y el aumento de la plantilla en 600 jueces. La APM sostiene que desde febrero el colapso de la Justicia en España ha empeorado. Caso aparte es si un poder del Estado puede ir a la huelga. Creo que no debe, pero es evidente que sí puede: ya lo han hecho dos veces. Y tan poder judicial son los jueces en España, como en Portugal, Francia e Italia y en esos Estados tienen reconocido el derecho de huelga.

Otros sindicatos, sin problema de identificación por su color, el rojo, han reventado ayer la entrada a Sevilla por las autovías de Madrid y Málaga, la circunvalación y en varios polígonos industriales. Los obreros del metal se quitaron el mono de trabajo y se pusieron la toga: sentenciaron a decenas de miles de trabajadores a llegar tarde al trabajo, al médico o a sus obligaciones diarias. Esto lo hace el Sepla y enseguida lo tachamos de sindicato amarillo, egoísta, elitista. Con los compañeros del metal la cosa cambia, por la respetable historia que tienen detrás. En los años finales de la dictadura el Sindicato del Metal era una leyenda en Sevilla; montaron huelgas con Franco todavía en El Pardo. Ahí comenzó Comisiones Obreras en Andalucía. Me pregunto si aquellos duros sindicalistas habrían secuestrado a una ciudad como ayer hicieron sus sucesores.

Es curioso cómo los trabajadores de pequeñas empresas se quedan en paro y están en la más absoluta indefensión, pero los sindicatos de grandes compañías como Santana Motor, Delphi, Astilleros o Boliden se enganchan a que el Estado les resuelva con una subvención o cortan el puente sobre la Bahía de Cádiz, las entradas de Sevilla y lo que se tercie. Hay algo de elitista, egoísta y hasta amarillo en el empeño.

Total, que ayer han coincidido unos funcionarios de Justicia y unos obreros del metal en dos protestas fuera de cacho. Con ventaja. Y el perjudicado en ambos casos ha sido el sufrido ciudadano de a pie.

Concertación social: Duros y fotos

Ignacio Martínez | 26 de julio de 2009 a las 1:02

 

Si la cara es el espejo del alma, Celestino Corbacho es un duro. Después de un soñador como Caldera, Zapatero quería un pragmático de ministro de Trabajo. Claro que este tipo de personaje de la escuela de Humphrey Bogart suele tener poca habilidad para la sutileza. El Gobierno quería una foto con sindicatos y empresarios, para vender al país que hay un pacto social. Algo alentador, con más de cuatro millones de parados. Por cierto, que uno de cada cuatro parados españoles es andaluz y uno de cada cuatro trabajadores andaluces está en paro.

Con lo que no contaba Zapatero es con una CEOE, la gran patronal, empeñada en reformar en profundidad la contratación, el despido y las cotizaciones a la Seguridad Social. El presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, un liberal a ultranza, se ha olvidado de que cuando empezó la crisis sacó bandera blanca y pidió un paréntesis en la economía de mercado. En pleno paréntesis parece irresponsable meterle una terapia de caballo a las relaciones laborales. Sería más razonable concretar el nuevo modelo cuando se salga de la crisis.

En todo caso, Corbacho ha destapado la caja de los truenos. Acusa a la CEOE de pretender el despido libre, querer dejar a los trabajadores en la indefensión y no ser representativa. Ha dicho que el 80% del tejido productivo está formado por pequeñas y medianas empresas; o sea, que la CEOE sólo representa al 20%. Tiene razón, pero a los sindicatos les pasa lo mismo. Comisiones Obreras y UGT no suman más del 10% de los trabajadores españoles. No es que la montaña no haya sido capaz de parir un ratón, es que no hay montaña, por lo que se ve.

Estas hostilidades no influirán en el acuerdo de concertación social andaluz que el presidente Griñán quiere firmar en octubre. Ese pacto no corre riesgos: no se habla sobre cotizaciones o despidos, sino de agilizar la licitación pública, fomento del empleo o reformas en educación, que la Junta podría hacer sola. También hay mucho dinero para formación que gestionan una patronal y unos sindicatos agradecidos. Tienen la misma representatividad que sus homólogos nacionales, pero aquí no hay duros. Habrá foto.